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Mi reino por una salida de campo

Africano, Leandro [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VII

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VII

ISSN: 1668-1673

XIV Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación 2006:"Experimentación, Innovación, Creación. Aportes en la enseñanza del Diseño y la Comunicación"

Año VII, Vol. 7, Febrero 2006, Buenos Aires, Argentina | 272 páginas

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En los casi diez años que cursé materias de diferentes carreras de la Facultad de Ciencias Sociales hasta que finalmente me gradué en Comunicación, nunca absolutamente nunca, hice una salida de campo con un profesor. Cursé y aprobé materias teóricas, proyectuales, más o menos didácticas, con y sin buenos profesores, con buenas y malas notas pero no experimenté lo que era una salida de campo para materias de Ciencias Sociales. 

Muchas veces me pregunté cuáles deberían ser los motivos de la ausencia de esta práctica y hasta lo cuestioné delante de los profesores quizás suplicando que implementaran esta metodología. Nunca obtuve una respuesta contundente y mucho menos claramente explicativa. 

Por eso recurrí a mi memoria y me acordé de que en la escuela primaria y hasta en el desprestigiado colegio secundario había hecho salidas de campo. Obviamente mucho más lúdicas y más divertidas casi siempre ligadas a la importancia que significaba no tener clase ese día, pero es increíble pensar que a más de veinte años de esas experiencias escolares aún las tengo presente en mi autobiografía escolar. 

Con el título de Licenciado en Comunicación en la mano y sabiendo que si podía transmitir conocimiento éste sería siempre ligado a las ciencias sociales o la humanística, me propuse que de tener la oportunidad de estar al frente de una clase haría realmente lo imposible por planificar una salida de campo. 

Y así fue. La oportunidad la tuve justamente cuando me ofrecieron estar al frente de la materia Teorías de la Comunicación, que está dentro de los programas de las carreras de Publicidad y Relaciones Públicas de la Facultad de Diseño de la Universidad de Palermo. En este sentido sabía desde un primer momento que tenía por delante todo una tarea de experimentación e innovación no porque me sintiera un profesor con capacidad, sino porque quería evitar mi propia frustración que había tenido en mi vida universitaria y por sobre todas las cosas no quería ni siquiera intentar transmitírsela a mis nuevos alumnos. 

Hice una salida de campo, ¿Seré conductista? 

La primer gran excusa para planificar una salida de campo en un programa de Teorías de la Comunicación la encontré en un libro contemporáneo denominado Los No lugares. Allí el autor Marc Auge caracteriza a nuevos espacios emergentes con el termino “no-lugares” que nota empíricamente la extensión de nuevos espacios en nuestro mundo, espacios de circulación que nos hacen sentir que la tierra es pequeña, espacios de comunicación (con el tiempo espacios virtuales) , o más bien de consumo, puesto que gran parte de lo que circula tiene como objetivo el hacer circular los productos (y finalmente los hombres que los producen) para que la actividad de consumo reproduzca esta sociedad misma. Esos espacios de circulación, de comunicación y de consumo incluso los medios técnicos que permiten frecuentarlos o concentrarlos (el aeropuerto, el supermercado, la autopista etc.), es lo que él llama el no-lugar. 

Asimismo, el no-lugar no se caracteriza solamente por una pérdida de identidad, instituye en medio de la super complejidad refugios reglamentados al seno de los cuales todos los que los utilizan son puestos en pie de igualdad. En el extranjero, el no lugar es a menudo el primer lugar en donde se refugia el viajero que pierde las referencias, como logró ilustrarse en la película Perdidos en Tokio sobre los occidentales acantonados en su gran hotel en Tokio. 

La segunda gran excusa que tuve fue la necesidad de que la cursada tuviera un Trabajo Práctico Final, es decir algo así como el lugar ideal donde depositar todo lo investigado en una salida de campo. 

Planteado así, esta especie de desafío académico articula toda la metodología empirista con un objeto o fenómeno a estudiar que está motivado por un texto teórico. Luego, divididos en grupos de no más de tres alumnos y con una guía de observación (que no es más que un listado de catorce preguntas teóricas para encauzar la salida de campo) marchamos hacia un espacio que según los términos del autor podría considerarse un “no lugar” en la ciudad de Buenos Aires: el sitio elegido fue el MALBA (Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires). Mi presencia en el MALBA tenía una función clara: Consejero teórico-práctico. ¿Por qué? Porque una de las primeras conclusiones que logré con esta experiencia que ya lleva más de tres cuatrimestres es que los alumnos están como impedidos metodológicamente de anclar la teoría con la práctica y con su cotidianeidad. Perciben que son dos campos incomunicados y hasta enemigos entre sí. Les resulta inimaginable que un museo una cancha de fútbol o incluye el boliche de los sábados pueda ser abordado desde una perspectiva teórica y reflexionar sobre ellos. Cabe mencionar que ir a un estadio de fútbol o una disco hubiera sido un poco más difícil sobre todo en los horarios de la cursada. 

Pues bien, luego de que la experiencia fue aprobada en general por los alumnos y que en caso todas las cursadas las respuestas que volcaron en la guía de observación fueron la base desde donde desarrollaron el trabajo práctico final, llego el planteo pedagógico personal: El trasladado de una experiencia que se fundó en las ciencias biológicas y en la necesidad de obtener datos duros a las ciencias sociales ¿Habrá afectado a alguien? ¿Estarán ofendidos mis grandes maestros de la Teoría Crítica y de la Escuela de Francfort? ¿Me habré convertido en un conductista al mejor estilo Skinner? ¿Estaré condenado a recibir los aplausos de los pedagogos norteamericanos y el rechazo de los europeos? 

Yo espero que no y la verdad es que me sigo guiando desde el punto de vistas didáctico por la luz cognitivista, pero realmente quiero compartir esta experiencia para indagar sobre nuevas formas de promover el aprendizaje.

Conclusión 

Muchos de los aprendizajes que realizamos los seres humanos pueden explicarse mediante las teorías conductistas, pero esto no es posible en todos los casos. En este sentido, y tratando de completar y superar el punto de vista conductista, desde los años cincuenta algunos psicólogos empiezan a presentar nuevas formas de plantear y abordar los problemas psicólogos; de estos nuevos planteamientos, en los años sesenta, surgirán las llamadas teorías cognitivas o cognitivistas. En relación con el aprendizaje, dichas teorías tienen en cuenta el proceso implicado en la adquisición de los conocimientos y las interacciones que se producen entre los diferentes elementos del entorno. Su objetivo fundamental será el estudio de los procesos internos del sujeto en contraposición al conductismo (que se ocupaba de estudiar y controlar las variables externas). Los cognitivistas se han dedicado de manera especial al estudio de los procesos de la memoria (y de los procesos relacionados con ella: atención, percepción, lenguaje, razonamiento, aprendizaje, etc.). 

Y para ello parten de la creencia de que es la mente la que dirige a la persona, y no los estímulos externos. El sujeto es considerado un ser capaz de dar sentido a lo que aprende; es decir, el organismo recibe la información, la procesa, elabora planes de actuación, toma decisiones y las ejecuta. Y además se produce continuamente un reajuste entre el organismo y el medio. 

Entonces me pregunto ¿Lo habré logrado con la salida de campo?


Mi reino por una salida de campo fue publicado de la página 17 a página18 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VII

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