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Fotografiar

Chame, Andrea [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VII

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VII

ISSN: 1668-1673

XIV Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación 2006:"Experimentación, Innovación, Creación. Aportes en la enseñanza del Diseño y la Comunicación"

Año VII, Vol. 7, Febrero 2006, Buenos Aires, Argentina | 272 páginas

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«El fotógrafo es un individuo de sensualidad gozosa, porque el ojo manipula los sentidos y no las ideas. 

Es voyeur, sumamente habilidoso y algo espía». Walker Evans.


Existen tantas maneras de fotografiar como de ver, tantas realidades como personas observan sus apariencias. 

La fotografía es una manifestación creadora del ser humano y como tal tiene sus bases en la ética y la estética. Aquello que resulta aparente en la foto, se convierte muchas veces en un testimonio que transmite ideas y que a su vez contiene un criterio estético. 

La apariencia en la imagen es el alma de la foto. James Frazer en su libro La rama dorada , nos habla del alma como sombra y reflejo, es el alma la que se traslada a la imagen del espejo. De allí a la representación fotográfica hay un pequeño paso. El mismo Frazer nos cuenta que los aldeanos de Sikhim llamaron al primer fotógrafo «el endemoniado de la caja» porque se llevaba sus almas. Es la propia representación la que se pone en juego a través de la imagen fotográfica. Es aquello que la fotografía parece poder captar a través del objetivo. A veces es lo invisible a los ojos o será el ojo el que crea imágenes al mirar.

La fotografía materializa lo visible y es precisamente en ese punto que se abre el abanico posible de los tan diversos modos de ver y al mismo tiempo de ser vistos. Lo visible no existe en ninguna parte. Lo visible como dice John Berger ¨…no es mas que el conjunto de imágenes que el ojo crea al mirar. La realidad se hace visible al ser percibida ¨. 

Cuando algo es visto pasa a ser parte de nuestro medio de vida y ya no podemos desconocerlo. Lo visible transmuta en un invento hecho por la visión. 

La fotografía hace visible la visión, permitiéndonos ver nuestro propio pasado. La fotografía provoca el impacto de la visión porque la pone en primer término. Nos hace ver antes que podamos pensar y analizar lo que vemos. Es un medio directo sobre nuestra sensibilidad antes que sobre nuestro intelecto. Luego establecemos relaciones entre lo que vemos y lo que sabemos, pero lo que sabemos afecta también la forma en que vemos y el círculo de la visión parece hacerse mas amplio y complejo. 

La visión fotográfica, es un acto de decisión voluntaria, elegimos ver, miramos y somos mirados. La visión que producen las imágenes fotográficas son en realidad nuestro propio modo de ver, las fotos nos muestran hechos, situaciones pero también vemos en ellas al fotógrafo que las realizó. Ver es previo a la acción de fotografiar. Ver es prever. La visión fotográfica produce una textualidad y se puede a través de ellas articular preguntas y respuestas. La imagen promueve un relato en un animado intento de resolver una pregunta que permanece como motor de búsqueda para la realización misma. Una fotografía no es meramente el resultado del encuentro entre un acontecimiento y un fotógrafo, fotografiar es un acontecimiento en sí mismo, como repetía Susan Sontag. Es nuestra percepción de una situación la que se articula con las intervenciones que hace la cámara, el fotógrafo acecha detrás para crear un diminuto fragmento de otro mundo: el mundo de crear imágenes.

Las fotografías implican que sabemos algo sobre el mundo, son fracciones de tiempo y de espacio. En un mundo gobernado por imágenes fotográficas todas las fronteras se vuelven arbitrarias. 

¿Qué importancia tiene en el fondo calificar al fotógrafo de reportero, testigo o artista? La fotografía, no es un proceso intelectual y lo que cuenta en ella es el placer del ojo del fotógrafo y del espectador. La cámara lleva al fotógrafo a crear a través de la visión, al mismo tiempo el fotógrafo se proyecta en todo lo que ve y sus fotografías son el estímulo que despierta experiencias en quienes las observan. 

Las fotos, entonces, son textos que se dejan leer, en ella aparecen quien mira y quienes son mirados. Este cruce, este ida y vuelta es el que genera un testimonio. En consecuencia la imagen atestigua y se vuelve mediadora entre el espectador y la realidad. Las imágenes en forma de fotografías recrean la mirada de alguien sobre alguien y para alguien. Es en este punto que las fotografías construyen una textualidad, discursos particulares llenos de significados. 

Producir imágenes cobra sentido en esta superposición de intereses que le dan importancia, existencia y la hacen perdurar, permanecer entre nosotros. ¿Cuál es el motor que nos lleva a tomar una imagen y no otra o a guardar algunas de ellas? ¿Por qué la gente guarda fotografías? Algunas personas guardan todo, otras prefieren deshacerse rápidamente de algo que ya usaron. ¿En qué lugar quedan la imágenes fotográficas? Dependerá de la costumbre guardar o tirar? Guardamos recuerdos. La fotografía mantiene vivos esos recuerdos, nos vincula a situaciones particulares, específicas, cargadas de sentimentalismo. 

Las fotografías como dice Benjamín, rinden culto a los seres ya desaparecidos, a situaciones irrepetibles, pasadas que despiertan nuestra emotividad. Por eso guardamos, coleccionamos nuestros propios recuerdos y nuestras propias imágenes. 

Una colección según el diccionario es ¨ un conjunto ordenado de cosas, por lo común de la misma clase, reunidas por su especial interés y valor ¨. 

Pero, ¿Qué motivos existen detrás de una colección? ¿Por qué elegimos cosas (imágenes) y las ponemos juntas con otras? El álbum familiar se ha vuelto nuestra forma cotidiana de coleccionar, nuestra memoria individual. Los museos coleccionan la memoria social generando espacios de sentido. La colección responde a los significados que como hombres sociales le damos a esas imágenes. La memoria personal sólo retiene lo que es importante para sí, volviéndose parcial e incompleta, con el tiempo se deteriora y al morir la persona, todo ese caudal memorioso muere con ella. 

Fotografiar es extender la mirada del fotógrafo. En forma de imágenes fotográficas los acontecimientos reciben nuevos significados, trascendiendo la dualidad entre lo bello y lo feo, lo verdadero y lo falso, lo útil e inútil. 

Fotografiar es fijar esa memoria, es retener los hechos visuales, tanto en lo individual como familiar y social. La memoria fotográfica produce el milagro de fijar el recuerdo y los sentimientos. Una colección fotográfica, entonces, sostiene la memoria.


Fotografiar fue publicado de la página 53 a página54 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VII

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