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Mismidad y otredad en la realización documental

Falcone, Jorge [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VII

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VII

ISSN: 1668-1673

XIV Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación 2006:"Experimentación, Innovación, Creación. Aportes en la enseñanza del Diseño y la Comunicación"

Año VII, Vol. 7, Febrero 2006, Buenos Aires, Argentina | 272 páginas

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“De la piel hacia fuera, sabemos,

y sabiendo nos domiciliamos en el mundo,

nos sentimos entre las cosas como si estuviéramos en casa,

en el domo, nuestro domicilio.

¿Y qué pasa de la piel para adentro?”

Rodolfo Kusch

Geocultura del Hombre Americano

A tod@s l@s estudiantes de Cine y TV

que no filman solamente para la facultad.

Toda conducta humana carece de inocencia. Con esta premisa abordé, en los tempranos 60s mi vocación por el cine documental. Realizando en mi ciudad natal un inolvidable seminario con Jorge Prelorán, creador de las etno-biografías cinematográficas (Medardo Pantoja, el pintor de la puna, Damasio Caitruz y los araucanos de Ruca Choroy, etc.); integrándome más tarde al taller de cine de Gerardo Vallejo (Grupo Cine Liberación), deslumbrado ante la visión y revisión de su imperdible documental El camino hacia la muerte del Viejo Reales (1968), para viajar juntos a Humauaca, a mediado de los 80s, a filmar el Tantanakuy infantil, producido por Jaime Torres; y ahora contando con el infrecuente privilegio de encabezar un taller de video documental integrado por estudiantes secundarios, hijos -en su mayoría- de trabajadores rurales oriundos del norte argentino, y -desde hace dos o tres cuatrimestres-, en paralelo con la actividad anterior, una cátedra específica en la Facultad de Diseño y Comunicación de la Universidad de Palermo. Es la coincidencia en el tiempo de estas dos últimas experiencias -vinculadas por un mismo quehacer pero protagonizadas por estudiantes provenientes de diferentes universos y, por ende, imaginarios sociales- el factor que motiva las reflexiones que deseo exponer en este artículo.

Suscinto repaso del arte de documentar mediante el cine 

Desde el Bisonte de Altamira hasta el programa Photoshop, la humanidad no ha podido resistir la tentación de documentar su devenir. En el acto fundacional del cinematógrafo, como no podía ser de otro modo, la mirada de Einstein chocó con la de Merlín. En efecto, fue en el propio Día de los Inocentes de 1895 cuando los inventores Lumiére conocieron al imaginero Meliés. Ellos ensayarían luego el camino del noticiero. Más adelante, desde las frías estepas rusas trascenderían las hazañas de David Kauffman, ese gran experimentalista censurado por la burocracia stalinista que se haría llamar Dziga Vertov. Entre las dos guerras mundiales crecería en el Reino Unido la tensa relación entre Robert Flaherty y John Grierson, acaso representativa de similar tensión entre lo exótico y lo social, entre paternalismo y solidaridad. A propósito del primero -y ya que numerosos especialistas lo consideran el pionero del género en cuestión- conviene repasar algunos conceptos alusivos, pertenecientes al antropólogo tucumano Adolfo Colombres. En su canónico tratado Cine, antropología y colonialismo (Ediciones del Sol / CLACSO, 1985), el estudioso sostiene: “Con respecto a Moana of the South Seas (1923-1925), Flaherty declaró que no le interesaba la decadencia de esos pueblos como consecuencia de la dominación blanca. Su fin era mostrar la originalidad y majestuosidad de los mismos ‘antes de que los blancos anularan no solamente su personalidad, sino a los propios pueblos, ya en vías de desaparición’. Su actitud ratifica tal condena, considerándola fatal, inevitable. No se trataba de ayudar a estas sociedades, sino de rezarle un responso. Vemos entonces que, al igual que la antropología, el cine antropológico es desde sus comienzos connivente con el colonialismo”. 

Ya en los convulsivos 60s, ora desde algunas experiencias encaradas por Godard en las postrimerías de la nouvelle vague, ora desde el Nuevo Cine Latinoamericano, el documental transita de un hacer SOBRE “el otro” a un hacer CON “el otro”. A partir de una Revolución Digital plenamente vigente, el contradictorio escenario que nos propone el Siglo XXI está signado por un derrumbe de la fe en la imagen (Tom Hanks estrecha su diestra a Kennedy) así como por la proliferación de minúsculos, dúctiles y portabilísimos equipos de registro que cada vez nos ubican más cerca de un cine verdaderamente autógrafo (“La dignidad de los nadies”, Pino Solanas).

Documentando en paralelo desde diferentes enclaves sociales 

Como expliqué en el primer párrafo de este artículo, a lo largo del año 2005 tuve la invalorable posibilidad de experimentar con el género documental desde dos geografías socioculturales bien diferenciadas: La primera remite al Taller de Video Documental “Valles Calchaquíes”, desarrollado a partir de un subsidio de la gobernación bonaerense concursado como Proyecto Adolescente, en la localidad de Arana, Partido de La Plata, y constituido por 18 alumnos de bachillerato, miembros todos de familias de escasos recursos. La segunda remite al dictado de la materia Taller de Creación V (Realización Documental), encarada con estudiantes de 3er Año de la Carrera de Cine y TV (UP), miembros en su mayoría de clase media pudiente. Hechas las salvedades del caso respecto a los diferentes niveles de enseñanza que transitan los estudiantes en cuestión (secundario en el primer caso, universitario en el segundo), la desigual formación original (bachillerato, carrera específica) y el ámbito continente desde el que se encaró cada experiencia (ONG, claustro académico), trataremos de sondear coincidencias y divergencias a la luz de una práctica común, consistente en acometer el desafío de documentar la realidad en base a temas de libre elección. 

En el primer caso (ONG) desarrollamos un ciclo lectivo de carácter anual; en el segundo (UP), dos cursadas de carácter cuatrimestral. Durante la primera mitad del año 2005 el Taller de Video Documental Valles Calchaquíes. 

-encarado como tal al efecto de indagar en nuestras raíces culturales- se dedico a interiorizarse sobre los pormenores del fenómeno cinematográfico, acopiar los recursos expresivos básicos del nuevo lenguaje, y visionar copioso y diverso material del género. Cabe destacar que, siendo sus integrantes particularmente tele y cyber-adictos, como ocurre con frecuencia, hubo que conjurar -en principio- la tentación de hacer ficción, y particularmente una ficción tan alienante como la posible invasión de platos voladores a la zona semi rural que habitan los talleristas (hasta hace poco, dicha tendencia involucraba también a la mayoría de los estudiantes de cine del país). Para mediados de año, la decisión de trasladarse a Santiago del Estero con el fin de averiguar porqué muchos de sus padres desarrollan sus vidas fuera del terruño ya era una decisión tomada. Una empresa, como se podrá apreciar, de neto corte existencial. 

En la cátedra específica de la Facultad de Diseño y Comunicación, durante el primer cuatrimestre, con estudiantes dotados de buena base lingüística, cinéfilos en su mayoría, y autores de numerosos cortos (intra y extra académicos), la hora de filmar encontró a tres equipos constituidos por alrededor de 4 o 5 integrantes c/u. Los temas escogidos fueron: El furor de los celulares, el skateboarding como deporte; y el desinterés del público por el cine nacional. En este caso, es evidente que el primer tema atañe -en tanto usuarios- a la mayoría del grupo, el segundo sólo a un núcleo específico que practica tal actividad, y el tercero -en tanto estudiantes de cine- a todos. 

Las primeras apreciaciones del docente a cargo de ambas experiencias reconocieron -en principio- una mayor audacia por parte de los talleristas de Arana, a partir de su decisión de viajar “hacia lo desconocido” con el fin de re-conocerse. Así como una cierta apatía por parte de los estudiantes de la UP, verificada por la decisión de no trascender los hábitos y costumbres de su inmediatez sociocultural, con la única excepción del equipo que resolvió indagar sobre la menguada aceptación que tendría por parte de un público mayoritario la producción cultural a la que decidieron dedicar su profesión. En resumen, y sin pasar por alto las variables diferenciales ya consignadas, ante un docente convencido de que es el trabajo ¨CON el otro” la experiencia en la que el documental despliega toda su dimensión reveladora, la segunda experiencia se reveló, a todas luces, epidérmica.

Elevando la apuesta 

La segunda mitad del año encontró a los talleristas de Arana estudiando los orígenes, la flora, fauna, demografía, y los mitos de una provincia que ya se revelaba como el enclave más austral del Imperio Inca en nuestro país, y organizando paralelamente ese viaje destinado a descubrir acaso las causas profundas del desarraigo. 

La afortunada reasignación de la cátedra documental en la UP me permitió, durante el segundo cuatrimestre, expresar mi insatisfacción respecto a los logros parciales obtenidos con la promoción anterior, así como formular una autocrítica docente basada -a mi entender (y fundamentalmente)- en el equívoco criterio de libre albedrío con que se habían encarado los temas la última vez. En esta ocasión, la remisión al web site del Movimiento de Documentalistas -al que adscribo- por parte de un núcleo de padres de las víctimas de la Masacre de República Cromañón, nos colocó en la ruta de un doble desafío, profesional y humano: El de hacernos cargo del primer filme sobre el hecho, que además cuenta con fecha programada de estreno (30 de diciembre 2005, 1er aniversario de la tragedia); y el de bucear en las causas profundas de un fenómeno culturalgeneracional como el rock, que -acaso como pocos- expresa tanto una rebeldía visceral contra el orden establecido, como un nihilismo digno de indagación en cuanto a la estrecha frontera que separa sus excesos de la muerte. El proyecto fue asumido de inmediato y con sumo entusiasmo por la totalidad del curso. 

La empresa originalmente propuesta por el taller de Arana sirvió para que sus integrantes se re conocieran UNOS allá, y OTROS acá, donde les toca en suerte vivir. Su resultado es un documental de 36’ íntegramente realizado en formato digital, y bautizado Santiagueños, dentro y fuera del pago. Se prevé exhibirlo durante el IV Festival Tres Continentes del Documental, Caracas 2005, como ilustración de la conferencia de quien escribe estas líneas, titulada El documental como herramienta de identidad cultural. Y más tarde estrenarlo ante nutrido público de la localidad desde la que se concibió, y donde residen varias personas que brindan su testimonio en pantalla. Paralelamente a este acto de autoreferencialidad, ya no contemplativa sino transformadora, los estudiantes de la UP cursantes de Taller de Creación V durante el segundo cuatrimestre del mismo ejercicio lectivo, estrenarán públicamente su documental -ya bautizado Cromañón, retazos de la memoria- ante los familiares que nos convocaron para realizarlo, en la misma ocasión en que los obreros de la mosaiquera recuperada Zanón de Neuquén donen un mural alusivo al hecho denunciado. Tal vez entonces experimenten la conmovedora satisfacción de saber algo más de su generación, que es la misma de los 195 pibes que se quedaron para siempre en un boliche inmundo del barrio del Once, merced a la venalidad empresaria e institucional. 

En síntesis, que si no anquilosamos nuestra práctica pedagógica, siempre estamos en condiciones, junto con los estudiantes, de trascender alguna nueva frontera de nosotros mismos.


Mismidad y otredad en la realización documental fue publicado de la página 85 a página86 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VII

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