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Imaginario y realidad en las carreras de comunicación

Knop, Fabiola [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VII

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VII

ISSN: 1668-1673

XIV Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación 2006:"Experimentación, Innovación, Creación. Aportes en la enseñanza del Diseño y la Comunicación"

Año VII, Vol. 7, Febrero 2006, Buenos Aires, Argentina | 272 páginas

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El objetivo de este escrito es -como primera medida- establecer una clara asociación entre las carreras que engloban el campo de la comunicación, a saber: Relaciones Públicas, Publicidad, Eventos, entre otras, y su inclusión en el mercado laboral; incluyendo en forma transversal el concepto de imaginario social.  A este panorama cabe añadir que, desde hace ya varios años, los citados campos profesionales y otros que se han abierto - como la Comercialización y la Promoción, entre otros- se ocupan de manera creciente por egresados de licenciaturas a veces afines y a veces incompatibles al menos a primera vista, a la vez que comienzan a aparecer egresados de licenciaturas de más reciente expansión -como Relaciones Internacionalesque también compiten con los comunicadores en diversos campos profesionales. 

Ahondando definitivamente en el tema que nos compete, podemos entender que la construcción de imaginarios se hace a partir de una realidad misma, que a su vez contribuye a la explicación de dichas construcciones. De hecho esta relación es planteada por Eduardo Colombo (1993: 7-8): 

La imaginación, lo imaginario, evoca en su acepción corriente la producción de ilusiones, símbolos, quimeras, evasiones siempre de la dura realidad de los hechos. El mundo imaginario, así definido por la tradición estética o científica, queda reservado al dominio de la literatura, de la poesía o de las artes. A lo imaginario se opone, entonces, la realidad. Y como el poder político se ocupó siempre de organizar las relaciones sociales y económicas, el mundo moderno le cede lo real como campo de acción, le otorga como instrumento la razón despojada de falsas creencias e ilusiones, y como ley el «realismo político». 

De aquí que el imaginario social del comunicador cuente con una especificidad propia, cuya creación como totalidad abstracta depende de particularidades tanto espaciotemporales como individuales. Es decir, se trata del cúmulo de historias de vida de los diversos actores que han participado directa e/o indirectamente en dicha creación. De manera directa intervienen las escuelas de Comunicación, mediadas por dimensiones espaciales -como la ubicación geográfica- y temporales, como los momentos coyunturales que forman parte de la biografía institucional construida por autoridades y académicos ubicados en momentos particulares de dicha biografía -que orientan la estructuración y sucesivas reformas curriculares-, así como los egresados que a su biografía exitosa sumen los estudios cursados en una determinada institución. En consecuencia, independientemente de la formación de los profesionales de la comunicación, sea o no universitaria, contribuye también a la creación del imaginario del ejercicio profesional, sobre todo en los campos «tradicionales» que son los privilegiados en la formación de comunicadores. Asimismo, su papel en el proceso tiene dimensiones espaciotemporales similares, determinadas por su participación en los diversos momentos de la construcción de un campo profesional particular, que a su vez determinará su peso en momentos coyunturales de la creación del imaginario social. Una carrera como Publicidad acredita dicha teoría, desde el punto de vista que quince años atrás, eran muy pocos los docentes con título. En su gran mayoría eran profesionales formados en Agencias o Licenciados en Ciencias de la Comunicación, pero no Licenciados en Publicidad. La única formación era la práctica, la del día a día, pero no la Universitaria. 

Esta primera mirada nos conduce al plan o proyecto de vida - según el caso- desde la perspectiva de los diversos actores: Estudiar una carrera y ejercerla en el ámbito previamente seleccionado; planearla orientada a la formación de futuros comunicadores que se inserten profesionalmente en los campos trazados; ser docente e investigador en las áreas seleccionadas; formar una empresa propia con los amigos... en suma: Hacer lo que realmente queremos hacer. 

Los medios de comunicación –por su parte- ocupan un lugar preponderante en la creación de los imaginarios, no sólo por la vitalidad de sus sistemas simbólicos empleados en la construcción de la realidad social como -siguiendo a Colombocreación de lo imaginario, sino también por la fuerza de los comunicadores en tanto sistemas simbólicos. 

Por su parte, el sistema simbólico de la Tecnología reviste al menos dos mediaciones, producto del proceso de conversión de los sistemas análogos a digitales. La primera es con los medios de comunicación; la digitalización ha multiplicado las posibilidades de transmisión y recepción de las señales radiofónicas y televisivas; en consecuencia, han aumentado las posibilidades de acceso tanto por los usuarios como por el mercado laboral. En consecuencia, en este ámbito la tecnología comparte el sistema simbólico de los medios de comunicación, puesto que la mayoría de las carreras de Comunicación cuentan con equipo análogo; por lo tanto, esta última práctica se desarrolla en el campo profesional. La segunda mediación, es la que se vincula a Internet y a sus posibilidades de acceso igualmente por los usuarios y el mercado laboral, que gradualmente ha abierto sus espacios a los profesionales de la comunicación. 

Se debe tener muy en claro la capacidad con la que deben contar las Universidades para dar respuesta a esta mediación tecnológica, visto desde la posibilidad de poseer un equipamiento tecnológico sólido, hasta la suma de docentes capacitados para formar egresados que puedan incursionar en este campo profesional. 

En consecuencia, podemos entender que, en la creación del imaginario social del comunicador, se debería incluir la totalidad del cúmulo social de conocimientos a socializar, en este caso relacionados con la formación de comunicadores y su inserción en el mercado laboral. Dicho cúmulo social de conocimientos debería estar conformado al menos por los generados por las instituciones con respecto a su licenciatura, el cuerpo de conocimientos propio de la comunicación y la perspectiva de los empleadores. De aquí que, es muy importante la función de una Bolsa de Trabajo que pueda insertar a los estudiantes en el campo laboral, desde el marco Universitario, ya que los perfiles que se soliciten por los empleadores de Empresas o Agencias son absolutamente ceñidos al tipo de enseñanza propia del contexto Facultativo. 

Por lo que se refiere a la información/conocimiento generada por las instituciones con respecto a su licenciatura -y sin afán de generalizar-, cabe preguntarse si es veraz o simplemente atractiva para los estudiantes. Es decir, si se tiende a presentar los aspectos legitimados (prestigio institucional, profesorado, trayectoria de los egresados etc.), mientras se ocultan las carencias o limitaciones inherentes a nuestra práctica educativa (actualización curricular, situación de los laboratorios en materia de actualización de equipo y posibilidades de satisfacer las necesidades docentes) y las oportunidades reales de ejercicio de la profesión. Esto último en un auténtico diálogo con la sociedad para conocer sus demandas y con los empleadores, al menos en lo referente a los campos de trabajo, a la saturación de algunos y a la apertura de los nuevos; incluso, pareciera que en muchos casos ni siquiera hay diálogo con los egresados. 

La búsqueda profesional hoy, se inclina por egresados con este perfil, que puedan solucionar problemas inmediatos de diversa índole, en los que la comunicación funge como mediadora entre los actores participantes en dicha problemática. La experiencia de los profesionales –sobretodo en carreras como Publicidad y Diseño- ha sido de gran ayuda para iniciar a los estudiantes, pero siempre que se sume a una cierta experiencia docente, básica en la socialización de conocimientos cuando está debidamente fundamentada. 

En conclusión, podemos decir que el imaginario social del comunicador ha trascendido a quienes hemos considerado como sus principales creadores: Académicos, estudiantes, egresados y empleadores. Los medios de comunicación, como principales alimentadores de este imaginario, constituyen una entidad aparte que desde hace algunos años también alimenta a otros actores, principalmente a los empleadores a los empíricos y a estudiantes y egresados de otras licenciaturas, quienes buscan acceder a un mercado de trabajo que no se ha legitimado para los egresados de una profesión, sino para quienes cubran un perfil demandado determinado.

Finalmente, no debe perderse de vista que la institucionalización y legitimación de las prácticas educativa y profesional no es exclusivamente responsabilidad de los actores que hasta aquí se han presentado, también lo es de actores externos igualmente involucrados en estos procesos. Pero lo que sí es nuestra responsabilidad, y debemos asumirla como tal, es la incorporación del cúmulo social de conocimientos a la práctica educativa del comunicador, con miras a que suceda lo mismo en el ámbito laboral. Un desafío que, siempre tratándose de educación, vale la pena afrontar.

Bibliografía 

Colombo, E. (1993). El imaginario social. Montevideo: Editorial Nordam Comunidad.


Imaginario y realidad en las carreras de comunicación fue publicado de la página 136 a página138 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VII

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