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El desafío docente frente a los estudiantes ingresantes

Domeniconi, Paula [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº IX

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº IX

ISSN: 1668-1673

XVI Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación 2008.

Año IX, Vol. 9, Febrero 2008, Buenos Aires, Argentina. | 211 páginas

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Varios son los desafíos que un docente se plantea a la hora de planificar una materia. Retos que involucran saberes pedagógicos, cuestiones personales, preferencias profesionales y tareas de actualización de los contenidos, entre otros. Pero al margen de los desafíos comunes a los docentes de todas las áreas, más allá de los niveles educativos y sin importar la geografía, hay uno en particular que en mayor parte deben enfrentar los docentes de materias de primer año de las distintas carreras universitarias, y es el que consiste en despertar en el estudiante ingresante la necesidad de convertirse en universitario.

El docente que se encuentra con estudiantes que ingresan a la universidad tiene la enorme responsabilidad de presentarle e involucrar al alumno en un mundo donde las asignaturas se interrelacionan y los conocimientos se suman para ir conformando un entramado de conocimientos, técnicas, prácticas y destrezas que le van a permitir convertirse en un profesional.

Por lo general, el estudiante que ingresa a la universidad es recientemente egresado del colegio secundario (aunque existen excepciones, obviamente) y está acostumbrado a otra dinámica áulica, habituado a otra postura frente al aprendizaje, y en su universo las evaluaciones son más la posibilidad de conseguir una buena nota que la necesidad de probarse a sí mismo cuánto pudo aprender de una determinada asignatura. No es mi intención hacer un análisis crítico sobre el estado de la educación media, sino más bien poner sobre el tapete una realidad que nos toca vivir como docentes universitarios de los primeros años y reflexionar sobre el rol que debemos desempeñar como tales.

Salvo algunas singularidades, un estudiante que recién ingresa a la universidad es un alumno que está más acostumbrado a repetir y a copiar que a elaborar, procesar y repensar lo que se le presenta, y en este contexto queda en las manos del docente universitario algo que desde mi punto de vista puede llegar a ser mucho más valioso que transmitirle los contenidos de su materia, y que por lo tanto debería ser incluido a priori en su intención pedagógica: la estimulación del alumno para ayudarlo a posicionarse en el mundo universitario, acompañándolo en el camino que lo lleve a convertirse en un estudiante de grado.

Dentro del mundo universitario, los contenidos no son simplemente dados por los docentes, sino que son compartidos con los alumnos en quienes se debe alentar el espíritu crítico, el ansia por acceder al conocimiento, por buscar más información, ayudando a que el estudiante comprenda que el aprendizaje es un proceso vivo y dinámico, donde un concepto puede tener distintas definiciones según los distintos encuadres, teorías, profesores, bibliografías y/o materias.

Este espacio nuevo, con nuevas reglas y convenciones, es un lugar donde el alumnado puede elegir con quien compartir la carrera, donde la lectura crítica es bienvenida y sobretodo, puede y debe ejercitar su voluntad por aprender, y si es necesario forzar los límites exigiendo y ofreciendo a sus profesores nuevos puntos de vista, enfoques y divergencias, para enriquecer los debates y de esta forma colaborar en su propio proceso de aprendizaje. Un ingresante a la universidad comienza a ejercer su derecho a la autonomía, es alguien que está empezando a construir consciente o inconscientemente su proyecto personal, su plan de carrera, su actividad profesional, algo que dará un determinado tinte a su futuro modo de vida. Es lógico y esperable que semejante tarea genere inseguridades y dudas respecto de lo que se está encarando. Forma parte de nuestro compromiso como profesores crear un espacio donde el estudiante, al ir acercándose a los contenidos de una carrera, pueda reflexionar acerca de su decisión vocacional, ya sea para reafirmarla o bien para rectificarla, y sin por eso vivirlo como una experiencia de fracaso, abriendo las condiciones de volver a ejercer su posibilidad de elegir, y de poder pensar que todos los conocimientos adquiridos serán capitalizables a la hora de ejercer una u otra profesión. Debemos ayudarlos a comprender que el examen final lleva una nota numérica que es resultado de un proceso de aprendizaje pero mucho más importante aún, es un escalón que los acerca al mundo profesional. En un contexto social en el que la inmediatez es un valor por si mismo, nosotros como docentes, podemos colaborar para que los alumnos comiencen a pensar en el largo plazo ayudando a que comprendan que el camino de la formación es tan extenso y fructífero como cada uno se plantee que lo sea, y que el hecho de transitar ese recorrido nutriéndose de pluralidad de conocimientos, diversidad de criterios, respuestas y nuevas dudas es lo que los irá convirtiendo en verdaderos profesionales.

Ser universitario implica organizar sus propios tiempos, prioridades e inquietudes, forjar hábitos de estudio personales, aquello que antes se presentaba como obligatorio, ahora pasa a depender de la voluntad del estudiante, y el rol de estimulador del docente es fundamental en este punto, ya que debemos trabajar en aclarar que si bien puede no haber obligatoriedad, existe un compromiso de cada estudiante con su propio interés que señala la conveniencia de leer un determinado texto, o de ejercitar un determinado cálculo.

Como docentes debemos poder transmitir que a veces con responder lo que se pregunta alcanza y que no hace falta que se reciten todos los conocimientos adquiridos para rendir más y es nuestra obligación desarrollar estrategias de enseñanza teniendo en cuenta las características del grupo y de esta manera abrir las puertas del claustro dándoles la bienvenida a nuestra universidad y facilitándoles su inclusión en un mundo del que se deberán apropiar transitando un camino individual de cambios de paradigmas.

Los docentes son más recordados y reconocidos por sus alumnos por aquello que los identifica como personas (sean características positivas o negativas), mucho más que por los contenidos que uno pueda buscar transmitir en una determinada cursada. Obviamente seremos buenos docentes en la medida en que podamos encontrar un equilibrio entre aquello que comuniquemos como personas y lo que transfiramos como educadores. Tenemos frente a nosotros alumnos que vienen a una universidad a aprender contenidos de sus docentes, pero que también pueden aprender características de determinados modos de vida, detalles, ideas, estilos que puedan tomar de nosotros como personas. Y nosotros también debemos pensar que ese alumnado que tenemos enfrente está conformado por individuos con inquietudes y miedos a quienes podemos ayudar desde muchos y distintos ángulos. En este punto creo que es importante aclarar que no es mi intención, ni está dentro de la competencia del docente dar un enfoque terapéutico al acompañamiento y apoyo del que hablo. Simplemente se trata de enseñar teniendo en cuenta las circunstancias y las realidades del otro.

La intención y buena voluntad del educador quedará plasmada en el alumnado ingresante únicamente si en el intercambio se nos acepta como posibles referentes, docentes y profesionales. Y esta idea es la que me permite cerrar mis reflexiones: el proceso de enseñanza/ aprendizaje funciona cuando ambas partes ponen al descubierto su voluntad de ser partícipes del mismo.


El desafío docente frente a los estudiantes ingresantes fue publicado de la página 152 a página153 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº IX

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