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A-létheia. El espejo líquido de la verdad

Los Santos, Gabriel Claudio [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº X

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº X

ISSN: 1668-1673

XVI Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación 2008.

Año IX, Vol. 10, Agosto 2008, Buenos Aires, Argentina. | 212 páginas

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Cierto día, un domingo (como no recordarlo), uno de esos en el que las ilusiones se tiñen de púrpura y acompañan al sol de la tarde. Estaba fresco. El otoño se había adelantado. Todo se adelanta hoy día. 

Entré al bar y me acomodé en una mesa junto a la vidriera. Es un bodegón que no busca ganarle al tiempo, sino que está orgulloso de correr con él. 

Llegué temprano al encuentro. Mientras esperaba paseé la vista por el lugar. Miré a la gente, mesa a mesa, cara a cara, gesto a gesto. No había nadie conocido. El murmullo era intenso y monótono. No se sabe porqué, pero la clientela es, en su mayoría de docentes ¿Será Boedo un barrio de docentes? 

Escuchar en este recinto hablar de educación es lenguaje común. En la ventana la oscuridad de la calle y las luces convertían al vidrio en un espejo casi líquido, sibilino. Como mirarse en el agua de un estanque mágico, ingrávido. Veía la vereda y esperaba, cuando el cristal me develó la figura de un hombre alto y viejo que entraba al bar con otro, un poco más morrudo y bastante más joven. 

El mozo se acercó a mí y levantando su voz por sobre el murmullo, preguntó: 

- ¿Qué va a tomar? 

Mientras los hombres se acomodaban en la mesa ubicada detrás de mí, el más viejo preguntó, siguiendo el hilo de una conversación ya empezada: 

- ¿Puede enseñarse arte? Y agregó mientras se sentaban. 

¿No será la enseñanza del arte una forma de estafa, de fraude? 

No pude contestarle al mozo y se fue hacia otro cliente más decidido. Giré sobre mi silla para verlos. El viejo, que pudo haber sido profesor de matemáticas o de música, aritméticamente bien vestido, traje gris, lentes y bigote reglamentario; el otro de jean, rostro fresco y saco, parecía profesor de literatura o lengua. Ambos callaron al verme, inmediatamente volví a mi posición inicial y me dediqué a escuchar y a mirarlos a través del espejo de la noche en la ventana. 

El joven quiso romper el silencio cuando el viejo lo interrumpió con otra pregunta: 

- ¿La enseñanza es educación? 

El silencio se tragó el murmullo del bar y los ojos del joven profesor de literatura se encontraron con los míos en el frío líquido de la ventana. Llegó el mozo y el viejo profesor sentenció: 

- Dos cafés. 

Al instante el mozo estuvo junto a mí: 

- Un café. Dije sin dejar de mirar al joven. 

El viejo golpeteaba la tabla con la punta de sus dedos, como apurando una respuesta. Nos dejamos de mirar. Me apoyé en el respaldo de la silla para facilitar la escucha. La pregunta pesaba sobre el ruido de las tazas que el mozo apoyó sobre la mesa. 

El viejo profesor tomó de un solo trago su café amargo y el joven profesor lo revolvía largamente. El tiempo se detuvo en esa mesa y los negros ojos del joven se hundieron en el ojo negro de Polifemo, de su pocillo. 

- “Enseñar no es educar”. Dijo repentinamente el profesor de literatura. – “No si al hablar de educación nos remitimos al concepto griego de Paideia. La educación, en estos términos, es el principio mediante el cual la comunidad humana conserva y transmite su peculiaridad física y espiritual. El hombre sólo puede conservar y propagar su forma de existencia a través de las fuerzas que le han dado origen, la voluntad conciente y la razón.” 

El matemático o músico se ladeó en su silla, el literato prosiguió: 

- “El hombre crea la historia, la sociedad humana es autocreación: de lenguaje, de arte, de normas, de valores, de individuos en los cuales está masivamente incorporada la institución de la sociedad.” 

El viejo se apuró y agregó con cierto tono irónico: 

- “Entonces, si la enseñanza del arte puede considerarse como una parte de la educación, ¿Cree usted que es bueno que los artistas eduquen a nuestros jóvenes?, es mas, ¿Le parece que es bueno incorporar el arte a la currícula educativa? ¿No fue Platón quien dijo que había que expulsar a los poetas de la Polis?” 

El joven bebió un sorbo de agua, buscó en alguna parte la respuesta y se lanzó: 

- “Si el ser que crea es fundamentalmente bueno, como sostenía Platón, ¿Cómo es posible comprender que el mismo espíritu humano que concibió la democracia, la libertad y la belleza, haya ideado y materializado la Santa Inquisición, Auschwitz y la bomba atómica?” Pausa densa Siguió. 

- “¿No será que el hombre en esencia no es bueno, ni malo?; y precisamente porque la historia es creación, la cuestión del juicio y de la decisión se presentan como un tema radical y no superficial que determina el destino de lo producido por la comunidad humana. En estos términos el arte no puede ser malo o bueno, ingenuamente separado de los propósitos que se quiere conseguir a través de su uso. El arte como physis 1 , que tiene su origen en la imbricación del hombre como parte del flujo de la vida y atado a las leyes de la realidad, no puede ser una visión utilitaria, catalogable; medible de lo no mensurable, de lo artístico.” 

El profesor de matemáticas llamó al mozo ante la mirada lejana del profesor de literatura. 

- “Un artista puede educar, transmitir su técnica - su arte sin error -, su sistema, su método pero no puede enseñar la iluminación, la pulsión vital que es flujo y reflujo, la verdad como a-létheia 2 , como revelación.” 

El mozo llegó y el viejo pidió: 

- “Otro café.” 

El mozo miró al hombre joven, que aún no había probado su café anterior: 

- “Nada gracias.” Contesto. 

La silla se tornó piedra, granito griego, teatron. Miré de nuevo a través del vidrio-espejo y me encontré con el seño iracundo del matemático, que no me registró y preguntó: 

- “¿Y entonces?” 

- “Un poeta puede instruir a su alumno acerca de la métrica y la rima de un poema pero no puede enseñarle poesía, porque ella ocurre en tanto forma particular bajo la cual el espíritu se manifiesta, permitiendo su acceso a la verdad. Esta “verdad” que el arte hace surgir, que debe ser producida para que ocurra, sólo puede existir si al nacer, muere. Si la apariencia misma pertenece a la esencia, la verdad no es, sino apareciera.” 

El mozo llegó con el café pero el profesor de literatura no lo advirtió y continuó con su argumentación: 

- “El arte es una fuerza reflexiva que, al tiempo que plantea su objeto lo disuelve produciendo en la relación sujeto–objeto la formación de un sistema donde no se elaboran formas estáticas, sino formas que mutan en permanente cambio.” 

El joven dejó de hablar con la misma súbita convicción con la que había comenzado y se tomó su café frío y dulce, trago a trago. El viejo, taza en mano, se vio en el negro ojo de su abismo. 

- “¿Cómo enseñar el devenir?” 

Murmuró el profesor de literatura o de lengua después del último trago de café. 

- “Quiero ser claro” (dijo el profesor de matemática o de música). “Lo que estoy preguntando es, (perdiendo la forma) tenemos que permitirles a los artistas educar. ¿Si o No?” 

Un golpe helado cortó el húmedo cristal de la ventana. El viejo, el joven y yo nos cruzamos en la virtualidad del espejo. Otro golpe me llevó a la calle, al rostro de mi amigo bañado por la verde noche del mercurio. Volví al espejo, pero ya estaba solo. El profesor joven comenzó a decir algo, mientras dejaba dinero sobre la mesa, que no pude escuchar. El profesor viejo replicó, en tanto se ponía de pie, pero tampoco escuché. Ambos se dirigieron hacia la puerta y salieron. 

Mi amigo entró, con la solapa de su saco volada sobre el cuello, su eterno morral y el viejo pantalón de vestir marrón, como siempre, como todos. Afuera las personas corrían, el vidrio se constelaba de pequeñas gotas y el cielo se quebraba. El maestro de bellas artes se sentó frente a mí. 

- “Llegué justo.” 

Dijo mientras se alisaba los cabellos húmedos con la mano derecha. Ser diestro, sólo para peinarse. 

- “Estaba pensando”. Dijo. “Ya no se qué enseño. Estoy seguro que no puedo educar a nadie para ser artista, a lo sumo, lo puedo instruir en unas cuantas técnicas y procedimientos. Pero todo en algún momento caerá en desuso. Así estoy, esa es mi verdad, hoy.” 

Se puso de pie, se quitó el saco y lo colgó en el perchero, tenía la camisa húmeda y los hombros cansados. Se sentó, se metió en su morral y mas tarde salió: seco, menos pálido con un boceto en la mano. Sin emitir palabra comenzó a dibujar sobre el dibujo. Tenía un minúsculo lápiz negro entre los dedos de la mano izquierda… Ser zurdo, sólo para crear. Relámpagos. Llueve fuerte en Buenos Aires, las lluvias se adelantaron. Todo se adelanta hoy día.

Notas 

1 Physis: (del griego) lo que crece desde adentro: Natura (latín) naturaleza. 

2 A-létheia: (del griego) lugar / cueva donde se oculta la verdad. Verdad revelada.

Referencias bibliográficas 

- Cacciari, M. (2000) El dios que baila. Buenos Aires: Paidós. 

- Castoriadis, C. (1986) La polis griega y la creación de la democracia revista: Le Débat nº 38. 

- Dobal, L. (2006) Artistas y educadores, Buenos Aires: UNSAM. 

- Jaeger, W. (1980) Paideia. México: Fondo de Cultura Económica. 

- Platón. (1995) Diálogos. México: Colección Austral, Espasa-Calpe.


A-létheia. El espejo líquido de la verdad fue publicado de la página 23 a página25 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº X

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