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En busca del error perdido

Dozo, Dardo; Kricun, Claudia [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXI

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXI

ISSN: 1668-1673

XVII Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación 2009.

Año X, Vol. 11, Febrero 2009, Buenos Aires, Argentina. | 195 páginas

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Tal vez pueda encuadrarse dentro de una experiencia áulica o dentro de una estrategia de enseñanza, algo que los pedagogos buscamos incansablemente para intentar acomodar ciertos conocimientos dentro del espacio de aprendizaje del alumno. Tantas veces nos hemos cruzado en mesas de exámenes o pasillos y comentado sobre lo preocupante que resulta el tema de las faltas ortográ- ficas en alumnos universitarios; algo más que nos dice sobre la deficiente formación que brinda el secundario no sólo en nuestro país ya que se ha evidenciado, gracias a la creciente comunidad de alumnos que provienen de otros países, que es un punto neurálgico dentro de la formación de los estudiantes más allá de las fronteras, algo que trasciende y atraviesa la enseñanza, por lo menos, en nuestra Latinoamérica. Un tema más que alarmante y que nos invita a pensar, a intentar instrumentar los medios para intentar lograr un cambio profundo en nuestros jóvenes. Algo que preocupa y algo en lo que es menester preocuparse. Todos podemos dudar, equivocarnos, cometer errores que pueden deberse a tantos y tantos factores que invaden nuestro tiempo. La velocidad en las comunicaciones, el chat (algo que no empleamos personalmente pero que está y debemos atender), el msm, las comunicaciones en sí para no extendernos en demasía sobre algo que todos, absolutamente todos conocemos. Ya hace tiempo pensamos, ambos en nuestras respectivas cátedras, cómo aspirar a modificar en los alumnos errores que se presentan palabra tras palabra. El primer recurso utilizado ha sido, y es, el incentivar la lectura dentro del espacio áulico. Para ello implementamos un trabajo práctico donde se le pide a los alumnos que se presenten, el día que se lleva adelante el mencionado trabajo, con algún libro que haya sido o sea importante para ellos. Ese libro que les ha gustado por algo, que los ha conmovido, ese libro que por algo se hizo presente en su pensamiento en el momento del práctico enunciado. El que deseen con la amplitud que ello implica. Es así que año tras año nos hemos encontrado con alumnos, que aportaron autores tales como Saramago, Kundera, García Lorca, Miller, Calderón de la Barca, Kafka, sólo por nombrar algunos de nuestros preciados pensadores literarios. No todos, obviamente y como hemos dicho, pero sí alumnos movidos por excelsos autores. Pero ello no bastaba, el error en el momento de escribir persistía y no se modificaba. Dejamos de contestar ese famoso “profesor, tal o cual palabra, ¿Se escribe con...?. Nada contestado. Como podríamos decir sentados a la mesa de un café, nos debíamos morder la lengua para no contestar el cómo escribirlo y el decirles, entonces, “busquen en el diccionario”. El diccionario. Allí otro tipo de trabajo. Plantear, el uso del diccionario dentro de ejercitaciones de lo más diversas; hasta incorporar alguna palabra de uso no cotidiano dentro de otro trabajo práctico eje de nuestra cátedra que es la escritura de un breve libro de cuentos que los alumnos realizan y del que hemos escrito ya en otra oportunidad. Incorporar el uso del diccionario a partir del juego con las palabras, la búsqueda de las mismas, ese “cómo escribirlas” que tantas dudas presentaba en más de una ocasión. Pero tras probarlos una y otra vez el error persistía en el momento de corregir algún escrito de los alumnos. Y aquí fue que surgió el evaluar que debíamos implementar otro trabajo para apreciar si se lograba modificar tal falencia. Allí nació un trabajo práctico que hemos dado en llamar “En busca del error perdido” parafraseando el título de la película que ya todos hemos evocado. Titular de ésta manera el mencionado trabajo surgió al pensar tantas veces que una palabra mal escrita puede variar absolutamente el significado del mensaje. Vale aclarar que este práctico lo estamos llevando adelante en este momento para poder corroborar si con el mismo se logra modificar ese desconocimiento o falta de atención en el alumnado a la hora de escribir. La consigna se basa en buscar en medios gráficos errores ortográficos y citar, luego, la regla o la definición de la palabra. Buscar y fundamentar el error encontrado. Diarios, revistas, volantes entregados en vía pública, carteles publicitarios, señales municipales, libros; sólo un pedido, que no lo busquen en internet ya que, pensamos que coinciden, es la mayor fuente de horrores ortográficos. El trabajo consiste en encontrar entre quince y veinte piezas. Luego presentar la carpeta por escrito explicando, dentro de una breve introducción cual ha sido el enfoque del trabajo, luego las piezas con el error marcado y explicado y, por último, una conclusión exponiendo si corroboraron o no lo que pensaban antes de comenzar con el trabajo y el aporte que el mismo les ha brindado. Acto seguido planteamos la instancia oral donde cada alumno presenta su investigación utilizando, para la misma, una presentación en Powerpoint (para que apliquen otro de los trabajos de cursada que es la utilización de recursos de exposición) delante de sus compañeros. Estamos observando que muchos de ellos, cuando la labor se realiza con la seriedad y el compromiso que corresponde dentro del ámbito de estudios, comienzan a apasionarse al encontrar errores que antes no observaban. Comienzan a darse cuenta que los medios los brindan con excesiva gentileza. Falta tiempo para poder evaluar qué sucede con el trabajo planteado; tiempo y continuar tal vez modificando consignas, diagnosticando los espacios donde el acierto o el desacierto se hace presente pero, sobre todo, el encontrar el punto certero que permita arribar al objetivo planteado. 

Citaremos, a continuación, la conclusión de uno de los trabajos de la alumna Paula Romero: “Son muchas las causas que han conducido a la ortografía a la situación de menosprecio en la que hoy se encuentra. A partir del análisis de algunas de ellas o de algunos casos en especial, podemos determinar que estos errores se comenten cuando traducimos gráficamente nuestros pensamientos. El caos ortográfico que existe actualmente en el ámbito escolar o académico, requiere una inmediata toma de conciencia de un problema cuya solución no sólo es competencia de las autoridades educativas, sino que implica todos los sectores sociales: alumnos, profesores, medios de comunicación, etc. El punto sería facilitar desde los primeros niveles de escolarización textos seleccionados que se adecuen a los niveles de maduración intelectual de los lectores a quienes van dirigidos, ya que desde pequeños, en muchos casos, existe el rechazo a la lectura. Esto impide el contacto directo con las palabras. Al docente, al adulto, le corresponde la tarea de desarrollar en los pequeños una actitud favorable hacia la lectura, esto sin duda habrá de contribuir a su formación integral, ya que la lectura no sólo permite la fijación visual de la ortografía de las palabras, sino también la asimilación de su significado contextual. De ésta manera la lectura se convierte en el mejor de los recursos para escribir las palabras con la exactitud que el uso de la lengua exige”.

Puede ser un pequeño, muy pequeño aporte dentro del ámbito universitario. Pero muchas veces lo pequeño logra movilizar lo grande. Ejemplos sobran. 


En busca del error perdido fue publicado de la página 87 a página88 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXI

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