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¿Son urbanas las tribus? La violencia simbólica como punto de partida del análisis teórico

Gómez del Río, Gabriela [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXI

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXI

ISSN: 1668-1673

XVII Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación 2009.

Año X, Vol. 11, Febrero 2009, Buenos Aires, Argentina. | 195 páginas

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En el marco del desarrollo del área de proyecto de graduación (PG) el estudiante debe poder encarnar desde una perspectiva nueva el rol de analista, nueva en el sentido que es un proceso que exige abarcar y describir su tema aplicando la teoría como base de aquello que ha hecho de modo práctico. Esto no quiere decir que su trabajo práctico no involucre teoría sino que el anclaje del trabajo generalmente es otro. 

En su PG el estudiante debe poder dar cuenta sobre los aspectos centrales del campo de su disciplina, y también ratificar su dominio sobre los mismos en el desarrollo de su trabajo. Es decir, que en principio, el PG tiene la intención de que el estudiante pueda dar cuenta sobre si ha incorporado o no el conocimiento sobre su disciplina como resultado del paso por su cursada académica. Debe poder demostrar que conoce en profundidad la base de la misma, para así poder construir enunciados argumentativos, reflexivos y demostrativos sobre aquello que desea mostrar. Por lo tanto debe poder construir sentido sobre el tema que desea determinar. 

Este artículo tiene la intención de reflexionar sobre la práctica que implica pensar un PG. Ésta implica poner en acción conceptos con los que se trabaja para construir sentido, en base a la teoría que ampara al proyecto práctico (núcleo del PG) que el alumno intenta enmarcar. Es decir, que se intentará discutir cómo se echa mano a esos conceptos para luego así ejemplificar cómo se los aplica. Habitualmente los conceptos con los que se trabaja para construir un objeto de estudio en el marco de un proceso indagatorio se utilizan para que en relación con otros aspectos se pueda argumentar la idea del proyecto de graduación. Es por esto que se considera fundamental ahondar en estos porque se infiere que los conceptos que se escogen para elaborar una idea son determinantes porque es a partir de ellos que ésta se materializa.

En acción 

Según la disciplina a la que pertenece cada estudiante varían los conceptos que manejan en sus discursos de base. Al ser carreras que apuntan a la comunicación y al diseño, es decir que el eje de éstas es poder comunicar mediante acciones o productos. Por lo tanto, siempre está implícita la presencia de un “otro” al que hay que comunicarle algo. Es ante la explicación sobre cómo es ese “otro” para el que se pensó el núcleo del PG que aparecen conceptos como: audiencia, target, consumidor, adolescente, televidente, receptor, blanco, actor social, entre otros, según sea la perspectiva teórica con la que se esté trabajando. Pero en esta ocasión y por la relevancia que ha tomado de un tiempo a esta parte, el concepto a discutir es: tribu urbana. Si bien no es exclusivo de una disciplina, en la que más aparece es en la carrera de Diseño de Modas. 

El que primero nomina 

El neologismo tribu urbana ha sido empleado, por primera vez, por el sociólogo Michel Maffesoli en su libro titulado El tiempo de las tribus, publicado en el año 1990. Silvia Friera, periodista de Página/ 12, lo designa en la entrevista que le hizo, durante su visita a Buenos Aires en el año 2005, como “padre de tribalismo y el nomadismo”, haciendo hincapié en el recorrido teórico del catedrático y su repercusión en el marco académico. A su vez el sociólogo Diego Padilla, oriundo de Chile, señala que el neologismo ha sido empleado por primera vez en un artículo periodístico, publicado en el The New York Times por Ethan Watters en el año 2001. Bien podría entenderse, al reducir –arbitrariamente- este análisis a los dos documentos enunciados, que Watters claramente leía en francés. Sin embargo, éste autor se ocupó en darle otra perspectiva al neologismo en cuestión. Señala Padilla que una tribu urbana “es un grupo de personas solteras con intereses comunes que disfrutan de un mismo estilo de vida urbano y que se relacionan a partir de sus gustos y preferencias cotidianas, conformada generalmente por jóvenes”. (2007, www.visionciudadana.cl/ tribus-urbanas-buscando-el-reconocimiento-social-2/) En cambio el sociólogo francés Maffesoli (2005) marca que “… como categoría antropológica, la tribu siempre existió. Pero en la historia de la humanidad ha tenido mayor o menor importancia. Cuando yo acuñé el concepto de tribu, lo hice para señalar una gran diferencia con el siglo XIX, culminación del modernismo: ese fue, justamente, el momento de la superación de la tribu…”. El autor explica que fue durante este periodo que fueron sucediéndose “contratos sociales” y que éstos podrían entenderse que fueron haciéndose “carne” a partir de las instituciones sociales como por ejemplo: la escuela y el matrimonio. Las tribus que existían en ese entonces eran “naturalmente” y por ende durante este estadio resultaban marginales. Es decir, fuera del proceso civilizatorio en términos de Elías (1987), señalando que “el proceso civilizatorio supone una transformación del comportamiento y sensibilidad humanos en una dirección determinada”. (p. 449). Marcándose así que es civilizado socialmente hablando y qué no lo es, estableciendo reglas de consumo y aplicabilidad “normal” de esos bines. En cambio las tribus que surgen o mejor dicho que resurgen a partir de mitad del sigo XX y principalmente a finales de éste y principios del siglo XXI, practican la marginalidad como centro de su práctica en las urbes contemporáneas, llamando así la atención de aquellos que los rodean.

Este pequeño y muy breve recorrido intenta dar cuenta que el que primero nomina es quien marca el imaginario a seguir con respecto a dicha nominación que implícita o explícitamente da cuenta de una violencia simbólica para con aquel que es nominado. Es por esto que es muy importante indagar la génesis de aquellos conceptos centrales con los que se vaya a trabajar para argumentar una idea. 

Pensando para analizar 

Entonces, siguiendo ambos planteos podría decirse que a lo que se denomina como tribu urbana es en definitiva un grupo de jóvenes que se jacta de mostrarse de manera incivilizada y/o distinta a la que se espera socialmente, ante los civilizados y/o que actúan como se espera. Ahora bien, aquí surge otro concepto por demás complejo a la hora de pensar en el concepto tribu urbana, que sería el concepto de: juventud. Margulis (1994), sociólogo argentino, señala que este concepto apela más que a una condición natural, apela a una construcción social argumentada a partir de elementos biológicos y que en muchas circunstancias se torna contradictorio. Es una denominación que emplearon aquellos que querían diferenciar a éstos (los jóvenes) de los adultos en la década del sesenta. Por consiguiente, el problema al pensar un análisis en base a este concepto se presenta por partida doble. En primer lugar, implica poder distinguir y comprender el concepto tribu urbana que aparentemente contiene jóvenes, representando éstos últimos el segundo problema. 

Se acuerda con Margulis (1994) que la comunicación es cultura. Entonces “No nos apercibimos de la cultura que compartimos, no tomamos conciencia de ella sino cuando llegamos a sus límites, cuando confrontamos con la incomunicación, con la Cultura Otra, con el Otro”. (p.13) El limite de “ese otro” se construye a partir de la mirada de aquel que rotula y que según su criterio “civilizado” amerita que se denomine como tribu porque alude a una Cultura Otra, como explica el autor, infiriéndose así la suficiencia del dato edificado para etiquetarlos como tal. 

Aquí se ha llegado al nudo de este entramado: si comunicarse implica que ante ese “otro” se debe lograr establecer una comunicación, es decir un entendimiento, una comprensión porque supuestamente entre sí comparten códigos comunes, entonces ¿Qué pasa cuando se quiere denominar algo que no termina de entenderse? Y si no se logra poder hacerlo estrictamente ¿Surge inseguridad ante lo inabarcable? 

Como se explicó anteriormente la comunicación está compuesta de signos y la categoría por excelencia que los contiene es el lenguaje. Con el lenguaje que cada uno codifica y decodifica en términos de Hall (en Entel, 1995), se piensa el mundo en el que se habita. Wittgenstein (1988), filósofo austríaco, señala que todas las palabras designan algo pero que nunca dan cuanta de “ese algo” de manera absoluta sino que su entendimiento depende del contexto en el que sean enunciadas, el autor denomina a esto como “juegos del lenguaje”. Es decir que, afirma Wittgenstein, “El significado de una palabra es su uso en el lenguaje” (p.61) Por otro lado, Voloshinov (1992) quien aborda el estudio del lenguaje bajo una perspectiva teórica socio-histórica, señala que “todo producto ideológico posee una significación” (p.31), es decir, que se representa y reproduce una significación dada que depende de la época y grupo social que lo reproduzca y represente, haciendo que su acento valorativo tenga un carácter multiacentuado. Al darse un valor al signo en tanto el grupo que lo haga propio implica una lucha, es decir que sobre la denominación de algo del mundo se entremezclan orientaciones diversas, textualmente “El signo llega a ser la arena de la de clases”. (p.49) Un lucha entre los que nominan y aquellos que son nominados. Podría pensarse entonces que la denominación de grupo de jóvenes que opta por un estilo distinto al constante, amerita suficiente índice para aquellos que los estudian y por ende para poder encajonarlos como tribu, es decir incivilizado y/o bárbaro. Vale entonces pensar que esta denominación tiene sentido en tanto el contexto (“juego”) que se enuncie. Vale aclarar que se entiende que la idea de civilización comienza con la modernidad y no hay nada esencialmente bárbaro sino que depende del juego en el que se describa y quiénes lo hagan. 

Este recorrido presenta una propuesta que engloba una mirada sobre cómo comprender un concepto con el que se pretende trabajar, cómo se constituye y cómo se utiliza teniendo en cuenta que, en principio, el concepto etiqueta ya sea sujetos, prácticas y/o instituciones. Como por ejemplo el neologismo tribu urbana. El estudiante ante la exigencia de tener que explicar aquello que se hizo en la práctica describe a la misma a partir de los ejes del trabajo, es por eso que en varios de los núcleos de diseño aparece dicho neologismo y es a partir de este que se piensa su contexto teórico. Una de las primeras inquietudes que surgen es ¿Cómo un estudiante de diseño enfrente el trabajo de campo bajo la premisa de cazador?, es decir debe poder “cazar” jóvenes –o no- que pertenezcan a una tribu urbana ¿Cómo piensa su objeto de estudio? ¿Cómo se construye él frente a ese “otro” a analizar? ¿Qué espera encontrar? ¿Cómo incorpora la actitud de cazador y qué entiende por tribu? Estos son algunos de los interrogantes que surgen a partir de pensar sobre cómo será el vínculo que se establezca entre el observador y el observado.

En campo 

Urresti (1994), sociólogo especialista en juventud, describe a la tribu como “receptáculos en los que se agrupan aquellos que se identifican con un look ampliado” (p. 163), esto quiere decir que a ese “otro” que se encuentra por fuera de su mundo de pertenencia se lo re-corta de forma intergrupal en forma negativa o intragrupal de manera positiva. Son los objetos de pertenencia los que los nuclean, dan cuenta de su emparentamiento con un grupo a partir de sus consumos culturales. Señala el autor que, y siguiendo la metáfora de tribu urbana por ende de incivilizados, son un conjunto de jóvenes “alrededor del fuego de los mismos bienes de consumo, acompañados de maneras precisas sobre como debe concretarse ese consumo” (p. 164). Es decir, que hay marcado para cada uno de sus integrantes un claro camino a seguir sobre qué debe consumirse y cómo. 

Entonces, si se sigue el hilo de estos planteos el estudiante devenido en analista pretende encontrarse con grupos conformados por personas de corta edad que demuestran su “rara conducta” mediante una operacionalización distinta de productos culturales a fines. Como por ejemplo, los sites de contacto como MySpace y Facebook sin obviar los blogs, fotologs y todo aquello que implica “habitar” en la web. 

Entonces, se genera el planteo del PG, es decir el análisis a partir de la nominación que plantearon aquellos que han estereotipado a estos jóvenes mediante una nominación como tribu urbana que si se piensa críticamente es más violenta que descriptiva.

Fuentes 

Así como el estudiante genera datos mediante el análisis de sus trabajos de campo, no hay que olvidar que parte de cómo se entiende a aquello con lo que pretende encontrarse está recortado por los medios de comunicación, fuente de datos para seguir construyendo sentido. Es decir que parte de los documentos que los observadores recortarán para argumentar alguna de las posturas tomadas surgirán de los artículos periodísticos que encuentren. 

A modo de ejemplo sobre como aparecen estereotipados estos jóvenes se presentan dos artículos periodísticos de agencias distintas. El primer artículo fue extraído del semanario Perfil, titulado “Radiografía de los emos: quiénes son y por qué sufren”, publicado el 17 de agosto del 2008, que explica en su cuerpo aquello que se propone pero no se exponen argumentos que den cuenta de la supuesta “radiografía” que implicaría poder “ver” lo interno, sino que toda la descripción del artículo se centra en el análisis externo de dicho grupo. El mismo presenta una fotografía en donde hay tres jóvenes que son supuestamente emos, de los cuales salen flechas (cual microbios de laboratorio) que explican sintéticamente qué es lo que llevan puesto y cómo se peinan. En el desarrollo del artículo para describirlos se pueden leer distintos calificativos que enumeran a esta tribu como: ermitaños exhibicionistas; comparaciones con la película El extraño mundo de Jack; se reproducen como Gremlins; son contradictorios por definición; su ropa es tan oscura como su ánimo; no saben modular solo se expresan mediante monosílabos; caminan de la mano; introvertidos; resultan un retrato. Para que no queden dudas sobre la violencia simbólica de dicha descripción, en el artículo, se genera un cuadro explicativo sobre “estos otros” que se subtitula “Un mundo ¡Pum! para abajo”. 

El segundo artículo ha sido extraído del diario La Nación y se titula “Tribus Urbanas, lugares de pertenencia”, publicado el 15 de septiembre de 2008, los describen también de un modo similar, aunque la representación de estos grupos es aun más peyorativa que en el artículo nombrado anteriormente. En este caso se muestran “caricaturas” de todas las supuestas tribus que coexisten en la “gran ciudad”, todas ellas representadas con la “actitud” que le correspondería a cada una según la interpretación de quien la construye para su reproducción. También hay dos fotos, donde se los muestra hasta con un aire “naif” rotulándoselos como: floggers, emos, raperos, cumbieros, visual kei, gothic lolitas, antiemos, fox, góticos y antifloggers. También en este caso en lo único que se hace hincapié es sobre sus consumos culturales. En este artículo la voz referente es el mencionado sociólogo Urresti (propulsor de la denominación “tribu”) y al contrario que en otras notas sobre tribus, pero ya no desde lo conceptual sino desde lo material, se adjudica a “estos otros” como producto exclusivo de sus progenitores. 

Se puede reconocer en estos ejemplos que ambos aluden al imaginario reforzando estereotipos de un modo más violento que descriptivo y que sin una postura crítica se reproducirá “tal cual” en los proyectos de grados que sigan dicha corriente. 

De la fuente al escrito académico 

Con este tipo de fuentes se encontrará el estudiante y deberá poder analizarlos como dato con el objetivo de argumentar su núcleo, es por esto que se entiende que para algunos ámbitos ciertas nominaciones hasta son “optimas” y ahorrativas, pertenecen al “juego” que se está jugando en términos de Wittgenstein. Pero para dar cuenta de un conocimiento bajo una perspectiva que implica la construcción de un objeto apuntando a una conducta reflexiva y en constante vigilancia, como explica Bourdieu (1999), es más que peligroso adoptar conceptos sin ponerlos previamente bajo la lupa, es decir sin aplicar sobre los mismos un pensamiento crítico.

Entonces, al pensar el análisis que dé cuenta de una postura sobre un núcleo determinado, ¿No ameritaría cuestionar con qué conceptos se está trabajando? ¿Cuál es su historia? ¿Por qué se utilizan éstos y no otros? Podría extrañarse la mirada de los conceptos y sus aplicaciones naturalizadas. Si esto es así, podría ser posible tratar de comprender las prácticas de un grupo de jóvenes que se desenvuelven en un determinado contexto y en un determinado tiempo sin que perder la emoción de hacerlo. Entonces ¿Es necesaria la violencia simbólica como arma de construcción?

Siendo la duda la herramienta por excelencia que ayuda a reflexionar y a encontrar nuevas y novedosas miradas sobre algo que aparentemente todos ven y conocen, cabe por lo tanto comenzar por ella. Entonces, al pensar un análisis que tiene como eje de tareas a dicho neologismo, podría comenzarse por la siguiente pregunta: ¿Las tribus son urbanas?

Referencias bibliográficas 

- Bourdieu, P. (1999) “Comprender”, en La miseria del mundo, FCE: Buenos Aires 

- Elías, N. (1987) Bosquejos de una teoría de la civilización. El proceso de la Civilización. México: Fondo de Cultura Económica. 

- Freira, S. (2005) “La política existe como la luz de una estrella muerta” (20, sep) recurado 13 de Septiembre 2008 disponible en http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/2-487-2005-09-20.html 

- Hall, S. (s.f.) “Codificar y decodificar”, tomado de Entel, A. (1994) Teorías de la Comunicación. Docencia: Buenos Aires; y de una traducción de cátedra de Poccioni, T. (1994) mineo, UNLP: La Plata. 

- Himitian, E. (2008, 15 de septiembre) Tribus Urbanas, lugares de pertenencia. La Nación, p. 16. 

- Margulis, M. y otros (1994) Introducción. En La cultura de la noche. Buenos Aires: Espasa Calpe argentina S. A. 

- Padilla, D. (2007) Tribus urbanas: buscando el reconocimiento social. Disponible en http://www.visionciudadana.cl/tribus-urbanas-buscando-el-reconocimientosocial-2/ Radiografía de los emos: quiénes son y por qué sufren (2008 17 de agosto) Perfil. p. 69. 

- Urresti, M. (1994) sobre Tribus Urbanas. En Margulis, M. y otros (1994) La cultura de la noche. Buenos aires: Espasa Calpe argentina S. A. 

- Voloshinov, V. (1976) El sigo ideológico y la filosofía del lenguaje. Parte I, cap. 1 y 2. Parte II, cap. 1 y 2. Nueva visión: Buenos Aires. Wittgenstein, L. (1988) Investigaciones filosóficas. Crítica- UNAM: México.


¿Son urbanas las tribus? La violencia simbólica como punto de partida del análisis teórico fue publicado de la página 109 a página112 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXI

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