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Adiós proyector

Aksarlian, Analía

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXIV.

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXIV.

ISSN: 1668-1673

XVIII Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación 2010.

Año XI, Vol. 14, Agosto 2010, Buenos Aires, Argentina. | 210 páginas

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Contacté al mejor inversor y desarrollé el mejor producto. Todo estaba listo para la presentación más prometedora de mi vida. Todos sentados, café servido. Sólo faltaba algo: El proyector”. Ese querido instrumento que sintetiza lo que leí cientos de veces para repetir como un loro y resume “sin errores de ortografía” lo que necesito que mi cliente recuerde. Pero, tampoco hay que darle todos los méritos al proyector. Gran parte de su trabajo se lo debo a la tecnocracia de mi computadora. Me llamaron por el interno diciendo que no había ningún proyector disponible. El éxito de la reunión dependía de mí. Comencé tiritando y terminé llorando. No pude superar la separación con mi proyector.

Esto parece un cuento increíble, pero pasa. Alguna vez habrás tenido que escribir un texto sobre un asunto que, tal vez, conocés perfectamente, pero igual recurriste a buscadores de información para indagar cómo explicarlo. O llegaste al examen y los últimos quince minutos antes de rendir, te sentaste en el piso del pasillo, abriste tu mochila, descubriste que habías dejado los apuntes arriba de tu escritorio y entraste en el pánico de la laguna.

Es común depender de algo para sentirnos seguros. Pero, cuantas más armas tengamos para expresarnos, mejor podremos defendernos frente a las adversidades. Estas armas son: la capacidad para la comprensión lectora y la expresión oral y escrita.

Los jóvenes llegan a la facultad por razones varias que no hace falta detallar. Es sabido que, previamente, han terminado con éxito (o con suerte) sus estudios secundarios y se supone que disponen de ciertos contenidos básicos de redacción y comunicación. Sin embargo, muchos de ellos no pueden escribir correctamente un curriculum vitae.

¿En quién recae esta responsabilidad? Aunque parezca una obviedad, necesitan un apoyo extra para dar forma a sus textos y ese apoyo lo han encontrado en la tecnología. El famoso corrector ortográfico ha evitado más de un papelón escénico. De todas formas, sería muy ingenuo confiar a una máquina la conjugación correcta de los verbos, la combinación de los pronombres y la coherencia gramatical. Por lo menos por ahora.

A pesar de estas dificultades, dentro de la formación académica, la expresión oral y escrita no suele tener una puntuación del uno al diez. Una vez escuché que algunos profesores bajan puntos de los exámenes por errores ortográficos. Un atropello, ¿no? ¿Cómo van a calificar insuficiente a un examen lleno de contenidos bien fundados, por una b fuera de lugar, una z mal puesta o unas tildes sin colocar? Lo novedoso de esto es que un 10 (diez) que se transforma en 7 (siete) después de aplicar la norma, obliga a que los textos de los exámenes empiecen a tener mejor calidad de escritura.

No estoy diciendo que así hay que disciplinar a los estudiantes, quizás no sea la forma. Lo que sí valido es la necesidad de concientizar sobre la importancia de la redacción y la ortografía y colaborar, desde nuestra posibilidad, para formar comunicadores más independientes en este aspecto. Escribir a conciencia nos saca de un estado de mediocridad y dependencia y es mucho más valioso que pasar el corrector. Esto lo afirmo porque creo que nuestra manera de expresarnos, construye en el otro una imagen de cómo somos. Nos brinda un estilo, una personalidad, un status.

Los humanos funcionamos como sistema, donde todas nuestras partes están interrelacionadas y, como todo sistema, cuando una de las partes no funciona, las restantes se ven afectadas y alteran su funcionamiento. Dicho de manera más explícita, si sabés mucho pero no podés expresarlo correctamente, no alcanza. Y esta es una realidad que afecta a un número importante de personas. Las carencias que salen a la luz a la hora de expresarse, son cada vez mayores. Delegamos más y aprendemos menos. Pocos se animan a “decir” con palabras. Y de los que se animan, no todos “llegan”. Una historia contada implica siempre una interacción entre el que dice, lo que se dice y el que recibe. “El arte de escribir bien para comunicar mejor” es una frase muy escuchada que describe de manera inmejorable un compromiso como comunicador, cualquiera sea el área desempeñada. A la corta o a la larga, nuestra capacidad para expresarnos claramente, nos coloca en un nivel de competencia superior a otra persona que no logra hacerlo.

La tecnología podrá salvarnos de un error ortográfico (aunque no siempre), pero no nos dará un texto exitoso. Podemos copiar y pegar información, o podemos ser auténticos y que otros quieran copiar lo nuestro.

Vocabulario relacionado al artículo:

escritura . proyecto . texto .

Adiós proyector fue publicado de la página 13 a página13 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXIV.

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