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Niní Marshall y Lucille Ball: El rol de la mujer en la comedia

Osterhage Russo, Michelle

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº24

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº24

ISSN: 1668-5229

Ensayos sobre la Imagen. Edición V Trabajos de estudiantes de la Facultad de Diseño y Comunicación

Año VI, Vol. 24, Octubre 2009, Buenos Aires, Argentina | 120 páginas

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El ensayo se propone una comparación entre el trabajo de las actrices Niní Marshall y Lucille Ball: de los personajes que interpretaban y de la temática que ambas comediantes/actrices abarcaban haciendo hincapié en la representación de la mujer en la comedia tomando en cuenta su contexto histórico.

Se analizan en este ensayo las películas de Niní Marshall: Hay que Educar a Niní (1940, dirección: Luis César Amadori), Quiero Ser Bataclana (1941, dirección: Diego Romero) y la serie I Love Lucy (papel con el cual Ball logró un éxito mundial).

Se eligen a estas actrices ya que, ambas eran pioneras de la comedia en sus respectivos países (Argentina y Estados Unidos) alrededor de la misma época (años 30, 40 y 50) aportando a la visibilidad de la mujer en un género dominado por hombres. A su vez, ellas también comparten un éxito en la radio que tuvieron antes de lograr alcanzar la fama en el cine y la televisión. La gran mayoría de sus personajes eran mujeres aparentemente ingenuas que se enfrentan a un mundo cínico y patriarcal, llegando así a meterse en problemas los cuales eran el punto de partida de las situaciones cómicas que elaboraban no solo con diálogos sino también con el uso de la comedia física.

En esta primera instancia se desarrolla el contexto histórico de los países en los cuales vivían ambas actrices ya que, sucedieron varios hechos que afectaron al mundo y tuvieron repercusiones en la sociedad, no solo para los diferentes estratos sociales, a nivel laboral y político sino también para la mujer. A su vez, es importante hacerle énfasis a los contextos históricos de cada país para así entender con qué se enfrentaba cada una de estas actrices para poder trabajar como comediante y mujer en una industria que más allá de haber estado dominada por hombres también estuvo fuertemente restringida a nivel político y social.

Luego se analiza a los personajes de Niní Marshall en Quiero Ser Bataclana y Hay que Educar a Niní y al personaje de Lucille Ball en I Love Lucy ya que, estos presentan características en común, tanto en la construcción del personaje, su entorno socio-laboral, y en el uso que ambas actrices (y directores) le dan a los diferentes elementos de la puesta en escena (en especial la música, la vestimenta, el cuerpo y el espacio).

Se remarca que como I Love Lucy fue una serie que duró una totalidad de seis años, se analizarán los tres primeros episodios de la primera temporada (Episodio Piloto, The Girls Want to Go to a Nightclub y Be a Pal) para así poder delimitar el análisis y poder utilizar ejemplos específicos.

La fama de estas dos actrices llega antes de la llegada de la Segunda Guerra Mundial; Niní Marshall en el programa radial La Voz del Aire, en 1934, empieza a interpretar a la cancionista internacional Ivonne D'Arcy (que todo lo imitaba y que todo lo cantaba)1 y para 1938 fue contratada para su primera película Mujeres que Trabajan en donde encarnó a uno de sus personajes más famosos de la radio Catita. Paralelamente, en Estados Unidos Lucille Ball también obtuvo algo de fama en programas de comedia en la radio como voz invitada en programas como The Wonder Show para luego pasar a formar parte del elenco de The Phil Bakers Hollywood Radio Show.

Es importante resaltar esta etapa en la vida de ambas actrices ya que, gracias a su trabajo en la radio aprendieron a medir los tiempos para otorgarle efectos cómicos a ciertas situaciones y también a usar y modular sus voces para exaltar o exagerar una situación o personaje que interpretaban.

Una vez que estalla la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), Argentina mantiene su neutralidad durante todo el conflicto; Esto trae consigo dos consecuencias importantes: hay una fuerte inmigración europea y por otro lado un crecimiento del desarrollo industrial.

La clase obrera ahora busca reclamar las injusticias que se les imponía. A principios de los años 40, el presidente de la República Argentina era Roberto María Ortiz (elegido en el año 1938).

Durante su gobierno se realizaron reformas en la administración de justicia y en la enseñanza y cultura en general. También estaba decidido a encarar una política destinada a terminar con el fraude y la corrupción política que caracterizaron a la década infame pero en julio de ese mismo año, una grave diabetes lo obliga al a delegar el mando a su vicepresidente, el conservador Ramón Castillo quien no estaba interesado en continuar con las reformas de Ortiz.

El incumplimiento del gobierno hacia el pueblo y sobre todo la lucha de las clases obreras fueron temas tocados por el cine de la época y el protagonismo no solo se vuelca a las clases obreras sino también hacia la mujer.

En los años 30, la situación del país exigía que las mujeres participen en el ámbito laboral, otorgándoles un rol importante en la sociedad; pero, cabe resaltar que los medios de entretenimiento de la época (el Radioteatro en específico), ignoraron este cambio importante en la sociedad y continuaron realizando papeles estereotipados de la mujer, en donde ésta es siempre sumisa y sometida al personaje del hombre.

Cabe resaltar también que este estereotipo continuó incluso con la llegada del cine sonoro, en donde personajes interpretados por actrices como Libertad Lamarque eran (por lo general) personajes débiles, siempre a la espera de un galán que los ayudaría a salir del mundo en que se encontraban.

En cambio, ya para los años 40, aunque seguían existiendo estos personajes, también se crearon personajes como Niní (interpretada por Niní Marshall) en Hay que educar a Niní cuya persona no solo representaba la lucha de la clase obrera sino también la posición de la mujer como par del hombre.

A su vez, en los Estados Unidos a causa de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), el papel de la mujer en la sociedad también fue afectada. Al igual que las mujeres en Argentina (que salieron al ámbito laboral debido a la crisis de los años 30), las mujeres en este país tuvieron que ocupar los puestos laborales de los millones (aproximadamente 10 millones) de hombres que salieron a luchar en la guerra. También el gobierno tuvo que reclutar a millones de mujeres para que trabajasen en empleos no tradicionales, construyendo y reparando los vehículos y las armas utilizadas en la guerra. Esto lo hacía mediante una propaganda que fue enfocada de diferentes maneras a lo largo de toda la guerra: había propaganda que apelaba al patriotismo de la mujer (sin ellas no se podía ganar la guerra), otras que mostraban el trabajo no tradicional como algo glamoroso, también había propagandas que exaltaban los beneficios de tener un empleo: el dinero y la independencia y otros que simplemente recordaban a las mujeres que sus esposos, hermanos e hijos estaban arriesgando sus vidas y que ellas también deberían contribuir en algo. Como resultado de la propaganda, para julio de 1944 más de 19 millones de mujeres eran ciudadanas empleadas de los Estados Unidos.

Esto da como resultado que las mujeres se dieran cuenta de las diferencias, prejuicios e injusticias que había en su ámbito laboral respecto al género. Su paga era inferior a la de los hombres (muchos consideraban que el trabajo de las mujeres era más fácil que la de los hombres por lo que no había necesidad de igualar el salario de ambos), no tenían los mismos derechos, ni deberes (al principio de la guerra, aunque el país necesitaba mano de obra, muchos empleadores rehusaron contratar a mujeres pues creían que no podían igualar la calidad de trabajo de un hombre y si las contrataban eran con condiciones de pago y negligencia de derechos, como seguro médico o pago de horas extras).

En 1945, al terminar la guerra, los soldados norteamericanos regresaron a casa, poniendo en peligro los trabajos de las mujeres.

Es en esta instancia cuando muchas cuestionan su rol en la sociedad y deciden luchar por mantener sus puestos de trabajo y recibir los mismos derechos que sus contrapartes.

En el plano cinematográfico, en la década de los 40 en Estados Unidos, surgió un nuevo género: el film noir que eran películas de crimen dramático influenciados por el Expresionismo alemán, cuyas historias iban a la par con la estética del mismo: trataban usualmente acerca de hombres desesperados y sin esperanza que llegan a un punto en sus vidas donde la ambigüedad moral reina. Estos hombres son juguetes del destino y caen víctimas de una mujer: la femme fatale, un personaje que vive de manera no convencional, que utiliza su sexualidad para conseguir todo lo que quiere de su “víctima” y que usualmente resulta muriendo por ir en busca de sus deseos sexuales y por representar una amenaza para la vida estable del matrimonio, familia y la posición sumisa que le otorgaba la sociedad a la mujer.

Este estereotipo fue un arma de doble filo ya que, por un lado estos personajes eran representados como mujeres fuertes que rehusaban aceptar los roles tradicionales impuestos por la sociedad. Usaban su sexualidad y belleza para conseguir lo que querían y por lo general no sentían culpa por ello. Si se analiza de forma positiva, la femme fatale puede verse como el símbolo de la liberación femenina, el cual, como ya se mencionó, estaba dando sus primeros pasos tentativos durante la II Guerra Mundial. Pero, por otro lado, también había una clara visión de la mujer como objeto sexual y, este tipo de mujer en particular fue vista como una escoria para la sociedad, lo cual no hacía nada para mejorar la imagen de la mujer independiente en general.

En estos años, Lucille Ball surge como Lucy Ricardo, un ama de casa no tan típica quien a pesar de amar a su esposo y tratar de cumplir con el rol de mujer y esposa, intenta hacerse una carrera. Su personaje es la antítesis de lo que es la femme fatale pero, no quita que al igual que ésta, haría casi cualquier cosa para conseguir lo que quiere. Lucy era el ejemplo más claro de la perseverancia femenina y de cómo una esposa quien es delegada a tareas que no quiere cumplir puede ingeniar formas de desempeñar su rol como ama de casa y hacer otras cosas por fuera de la casa que la apasionen como persona.

Ahora, para poder analizar de manera conjunta las películas de Niní Marshall y la serie de comedia de Lucille Ball, primero se deben contextualizar estos. En Hay Que Educar a Niní el personaje principal quiere ser una actriz famosa pero aún no lo ha logrado, pertenece a una clase social más bien baja y busca conseguir dinero para poder casarse con su prometido.

A su vez, en Quiero ser Bataclana, el personaje de Marshall, Catita, aspira a tener éxito como bailarina, también perteneciendo a una clase social media baja. A pesar de pertenecer a esta clase social, los personajes de Niní Marshall están en un constante roce con la sociedad alta, y de este roce es donde surgen muchos de los conflictos que llevan a situaciones cómicas y al desarrollo de la historia.

Paralelamente, esta aspiración por querer pertenecer y triunfar en el mundo del espectáculo es compartida por el personaje de Lucy Ricardo (interpretado por Lucille Ball) en I Love Lucy. Su esposo recientemente ha alcanzado el estrellato por lo que se deduce que previamente a esto, eran una pareja que luchaban económicamente. Ahora, el ama de casa vive en la sombra del estrellato de su esposo y siempre busca maneras de conseguir esta fama, yendo contra los deseos del esposo quien no ve en ella ningún talento de verdad y desea que se quedara en casa y se preocupe por los quehaceres cotidianos. Este menosprecio por el talento de las mujeres es visto también en las comedias de Niní Marshall. Ella (al escribir muchos de sus diálogos) aprovecha su poca estatura, su físico y su voz (los cuales no eran el prototipo utilizado para una protagonista de esa época) para crear situaciones en donde los demás le dicen que nunca podrá conseguir la fama por ser torpe o fea o no tener una voz para cantar. Estos usualmente son hombres poderosos dentro del espectáculo (como el capitalista en Quiero ser Bataclana) o mujeres que hacen papeles de divas como la actriz principal en Hay que Educar a Niní.

Los personajes de Marshall no se inmutan y se rebelan contra ellos para probarles lo contrario al final. Lo mismo sucede con el personaje de Ball quien a pesar de las constantes trabas que le pone el esposo, logra siempre aparecer de alguna u otra forma en el programa de televisión que él protagoniza y dirige.

Continuando con el análisis fílmico, en los tres casos hay un claro trabajo meta narrativo, el cual es trabajado a través de las dos actrices. Un claro ejemplo es la presentación de la protagonista. Al igual que en las películas hollywoodenses, la aparición de Niní en Hay que Educar a Niní utiliza una serie de códigos para identificar a la misma. El primer plano que vemos de Marshall es un plano medio, en donde sale parada frente a una cámara de filmación durante un rodaje. Ella está en medio de otras personas quienes están trabajando a su alrededor tratando de perfeccionar el encuadre. Esta presentación se compara con la presentación de las protagonistas en la era del star system de Estados Unidos, en donde hubo una glamourización de la protagonista (casi siempre una estrella muy famosa, encasillada en cierto papel): Niní tiene la pose y los aires de una actriz importante pero hay una gran diferencia entre esta presentación y las que se dan en las películas de Hollywood (por lo menos en las del género dramático); al ser ésta una comedia, se burla de su propia construcción, haciendo que la verdadera actriz (en la película que se filma dentro de la misma película) salga y bote a Niní quien estaba ocupando su lugar como una stand in. A su vez, el personaje de Niní ya no es presentada como una estrella callada y refinada como se parecía en un principio sino la vemos como una mujer extrovertida, ruda y poco gentil, la total antítesis de las estrellas hollywoodenses e incluso argentinas de la época.

En I Love Lucy hay una presentación de los personajes por medio de un narrador quien comienza describiendo dónde viven los dos protagonistas mientras se muestra un plano general de una ciudad. Luego, la cámara se va aproximando a un edificio mientras el narrador explica que allí es donde viven ellos. Una mano entra a encuadre y quita una de las paredes del edificio (que ahora es presentada como una simple maqueta frente al espectador) para que así la cámara pueda ver a Lucy y Desi (su esposo) durmiendo. Aunque no hay un uso directo de la meta narración en este caso específico, se le muestra al espectador que el sitio donde se presentan estos hechos no es real, es un lugar especialmente construido para mostrar a los dos personajes que el narrador está describiendo.

Lucy es presentada desde un principio como una mujer cuya imagen es totalmente opuesta a la concepción de una esposa/ama de casa de la época. Es torpe, pleitista y en muchos aspectos podría ser considerada poco femenina (en su forma de vestir y caminar).

Regresando al uso de lo meta narrativo, en Quiero Ser Bataclana esto se ve en las escenas en donde los actores están ensayando frente a un público. A pesar de tomar lugar en un teatro, la cámara está en la posición del público y los personajes están actuando para ésta poniendo en evidencia que hay algo (la cámara) entre ellos y el espectador.

Como ya se mencionó anteriormente, en I Love Lucy, Desi es director y protagonista de un programa de televisión y al igual que en la película anterior cada vez que está frente a un público, éste y todos los personajes en encuadre miran a la cámara, a su vez se ve las cámaras y todo el equipo técnico filmando el programa.

El uso de la meta narración en estas tres instancias juega un papel fundamental ya que, utilizan este recurso para burlarse de sí mismas y exaltar el carácter cómico de las actrices quienes actúan para un público ficticio (el que está dentro de la película) y real, los espectadores quienes están (gracias a la posición de cámara) en la misma posición que el público ficticio por lo que hay, un cierto grado de interacción entre las actrices y los espectadores. Un claro ejemplo de esto se ve en Quiero Ser Bataclana, cuando Catita está bailando para el público. Toda esta escena está presentada desde un plano general en donde ella se mueve por todo el escenario moviéndose de manera muy cómica y actuando específicamente para el espectador de la película.

En cuanto a los personajes en sí, como ya se ha mencionado, rompen por completo los estereotipos femeninos de la época.

Esto lo hacen, no solo mediante su actuación y las historias planteadas sino también mediante el uso de varios recursos de la puesta en escena. Para señalar algunos: los personajes que interpretan las actrices suelen recurrir a los disfraces para salir de ciertos problemas o por necesidad (ya que los tres están dentro del mundo del entretenimiento). Este recurso lleva a que los personajes puedan mostrar otra dimensión de su personalidad. Un ejemplo claro, es cuando el personaje de Niní en Hay que Educar a Niní se viste de colegiala; utiliza ropa más apretada y chica y, junto con el maquillaje y el peinado da como resultado que haya un resultado cómico muy efectivo en donde el espectador ve claramente que una mujer está vestida de niña (de hecho la ropa exalta la apariencia mayor de la actriz) pero todos los personajes dentro de la diégesis del film piensan que es una colegiala. Esto se da por la actuación de Marshall que con su voz particular (la cual sube de tono y exagera para las escenas donde hace de niña) y los gestos y movimientos que utiliza, exude un aire pueril que el personaje de Niní no había mostrado anteriormente. Al disfrazarse de niña, su trato con los demás personajes también cambia. Sigue siendo igual de directa y descarada como lo es sin disfraz pero, ahora los demás personajes le hacen caso a sus demandas y quejas y ella se aprovecha completamente de esta situación.

Lo mismo pasa con Catita, de nuevo se remonta a la escena donde baila sola para el público. Con el disfraz que utiliza, el espectador puede apreciar con mayor claridad los movimientos torpes y cómicos que la actriz hace. Su actuación en este momento es mucho más exagerada que en otras escenas, lo cual es permitido por el carácter casi caricaturesco del disfraz.

Además éste acentúa los movimientos que hace Catita lo cual aporta a la comicidad del momento.

A su vez, en la serie de Ball, hay una escena en particular que puede compararse con las dos anteriores. Es una escena del primer capítulo, donde aparece de sorpresa en el programa de su esposo vestida de payaso. Lucy ya de por sí es un personaje extravagante y llamativo pero este vestuario le da la oportunidad de explayar su talento en lo que concierne a la comedia física, haciendo malabarismos, montando bicicleta, y tocando la trompeta sin miedo a gesticular de manera exagerada y de moverse por todo el escenario y jugar con todos los elementos que se encuentran en éste.

Hay que recordar que en esta época, en donde predominaba el star system de Hollywood, era casi inconcebible que una actriz saliera de las convenciones establecidas por el mismo, en donde la mayoría de las actrices tanto en cine como televisión estaban encasilladas en cierto perfil y mostradas de manera muy estilizada, elegante y glamorosas incluso en el género de la comedia, en donde la mujer protagonista podía tener una función en el desarrollo de las situaciones cómicas (usualmente por medio del diálogo) pero, por lo general, su rol principal era ser un recurso para actor/comediante masculino, el cual era el que llevaba a cabo los recursos físicos de la comedia.

Aquí se debe enfatizar el trabajo físico que ambas actrices le otorgan a sus actuaciones. Aunque los diálogos en tanto las películas de Marshall y la serie de Ball están muy bien trabajados, fluctuando entre comentarios disparatados y fuera de contexto a observaciones sarcásticas o irónicas que revelan de una manera amena algún problema social del momento por más insignificante que parezca (en el caso de Lucy, al recalcarle en el primer episodio que éste nunca se hubiera casado con ella si hubiera sabido cómo era su cara por las mañanas sin maquillaje y quedando éste callado, le exige que le diga que la ama tal como es… este momento subraya la importancia que las personas le dan a la estética femenina y el efecto que tiene con respecto a la seguridad de la mujer y lo poco sensibles que pueden llegar a ser los hombres con respecto a ello a pesar de ayudar con esta tendencia) es en lo físico donde estas comediantes se separan de los demás.

En el caso de Lucille Ball, su manera de interactuar físicamente con los diferentes elementos a su alrededor (como por ejemplo, una simple mesa, se convierte para ella en un recurso que utiliza para forzar la atención de su marido, inclinándose torpemente sobre ella o sentándose encima de la misma de manera insinuante mientras se atora fumando un cigarro) y su manera de gesticular exageradamente ante ciertas situaciones, sin miedo a cómo se ve ante la cámara es lo que la separó de sus contemporáneas que actuaban en el cine (ej: Vivien Leigh, Rita Hayworth, Betty Grable, quienes superaban en fama a Lucille pero por lo general se encasillaron en roles melodramáticos a pesar de que participaron en películas de comedia en algún momento de sus carreras) y la hizo una pionera para todas las comediantes estadounidenses que vinieron luego (como Mary Tyler Moore y Carol Burnett, ambas personalidades icónicas de la televisión Estadounidense).

Y, al otro lado del espectro, está Niní Marshall quien, a diferencia de Lucille Ball –la cual tenía un aspecto aceptado por la industria estadounidense (era alta, delgada, pelirroja de facciones finas y agradables… aunque su voz dejaba mucho por desear)– tuvo que luchar contra todas las concepciones establecidas por la industria argentina (quien imitaba en casi todos los aspectos a la industria estadounidense, especialmente en lo que concertaba al sistema de actores y los estereotipos que este implicaba). Marshall era de estatura baja, no era esbelta, no tenía facciones típicas de una mujer que buscaba introducirse al cine, en general no personificaba el prototipo que los estudios buscaban en esa época. Pero utilizó todo esto a su favor, creando con sus personajes un paralelo de su propia vida: mujeres que tienen que luchar contra los prejuicios de la sociedad para conseguir un objetivo deseado, siempre buscando hacer reír al público pero, de manera indirecta despertar una consciencia colectiva acerca de la posición de la mujer en la sociedad.

Marshall utilizaba éstos para desarrollar situaciones cómicas.

Su voz en particular era un instrumento que, para otros hubiera sido una traba a la hora de aparecer el cine sonoro, pero ella lo utiliza para hacer de una escena que podía haber resultado insulsa y aburrida en un momento de gran atractivo para el público. En Quiero Ser Bataclana, en una de las primeras escenas donde Catita y los demás empleados del espectáculo están celebrando en el tren, todos están divirtiéndose y cantando.

Hay un plano general en donde se ve a los personajes principales, secundarios y extras. En este plano todos se encuentran cantando una canción típica y la figura que sobresale de todas las demás es Niní Marshall. Esto no se da por su atuendo, ni por su posición dentro del encuadre, ni por su estatura, ni por ningún otro factor más que su voz, el cual es un chillido en comparación a la semi armonía que los demás pasajeros ha establecido vocalmente. Luego de este plano, se pasa directamente a un primer plano de Catita terminando de cantar las últimas estrofas mientras los demás se quedan callados y la observan. Niní, con su voz aguda y poco agradable, se convierte en el centro de atención, un papel usualmente otorgado a la diva hermosa con una voz que iguala su belleza.

A la misma vez, crea un momento de comicidad para el espectador, quien no tiene más remedio que reírse de su voz particular. De esta manera, Niní rompe con los estereotipos y crea otros parámetros para la mujer en el cine; la cual queda establecida gracias a Marshall, que no tiene que ser bella, ni esbelta, ni tener una voz espectacular para poder ser parte de esa industria tan superficial.

Enfocándonos en otro aspecto, se debe hablar del rol que tuvieron ambas mujeres en impulsar sus carreras y en las consecuencias que tuvo la fama en sus vidas ya que, a pesar de ser reinas de la comedia, la vida de ambas estuvo llena de trabas, censura y mucho sufrimiento. Se recalca este aspecto privado porque, a pesar de ella, su talento y su trabajo nunca decayeron a pesar de lo que estaban pasando lo cual de por sí es digno de admirar.

Como se mencionó anteriormente, Niní Marshall escribía la mayor parte de sus diálogos y creó todos sus personajes (ej: Niní, Cándida, Catita, etc). En 1943, tuvo que enfrentarse a una censura del gobierno autoritario quien estableció que la capacidad de Niní de reproducir rasgos del habla de los diferentes sectores sociales y colectividades era una deformación del idioma que ponía en riesgo la pureza de la lengua para el pueblo que no podía discernir2. Ante esta censura tuvo que irse a México donde continuó teniendo éxito, no solo en este país sino en Cuba, y varios países de Latino América al igual que en la comunidad latina de los Estados Unidos.

Lucille Ball fue la primera mujer en tener su propio estudio (Estudio DesiLu) que realiza series famosas como Star Trek y Misión Imposible. Junto a su esposo idean la técnica de utilizar tres cámaras en un set de televisión que se usa hasta el día de hoy. Aunque no ha sido censurada de igual manera que Niní, su vida estuvo más a la disposición de los tabloides que la anterior y tanto su carrera como su vida personal estuvieron siempre bajo un microscopio.

Como conclusión, se puede decir que estas dos mujeres a pesar de vivir y desarrollar sus carreras en ámbitos muy diferentes han tenido un fuerte impacto dentro de su cultura y se han configurado como modelos de mujer donde tanto las mujeres contemporáneas como las representaciones se sienten atraídas.

Cambiando de alguna manera la forma en cómo se veía la mujer y abriendo camino para futuras actrices del género.

Notas

1 http://www.dialogica.com.ar/unr/postitulo/medialab/2005/05/biografia_de_nini_marshall.php

2 http://www.almargen.com.ar/sitio/seccion/cine/nini/index.html

Bibliografía

Etchelet, Raúl (2007). Niní Marshall. La Biografía, Editorial Biblos Artes y Medios.

Maranghello, César (2005). Breve Historia del Cine Argentino, Editorial Laertes.

Recursos electrónicos

Sitio oficial: www.lucy-desi.com


Niní Marshall y Lucille Ball: El rol de la mujer en la comedia fue publicado de la página 77 a página80 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº24

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