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La doctrina Monroe y el intervencionismo estadounidense

Ariztizabal, Silvia

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº30

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº30

ISSN: 1668-5229

Ensayos Contemporáneos. Edición IV Escritos de estudiantes. Segundo Cuatrimestre 2009

Año VI, Vol. 30, Julio 2010, Buenos Aires, Argentina | 94 páginas

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Desarrollo: La “Doctrina Monroe”: “América para los Americanos”

La “Doctrina Monroe” es sin duda uno de los grandes temas de la historia de las Relaciones Internacionales del continente americano. Originalmente formó parte del mensaje anual del presidente norteamericano James Monroe al Congreso de los Estados Unidos. El mensaje contenido en el discurso señaló ideas que ya estaban establecidas en la política exterior de los Estados Unidos. Básicamente la idea de la separación geográfica, política, económica y social del Nuevo Mundo con respecto al Viejo Continente, destacando los intereses americanos, los cuales se originaron mucho antes de la independencia norteamericana de Gran Bretaña.

Sin embargo, esta declaración hecha por el entonces presidente Monroe no fue tenida en cuenta durante muchos años.

El siglo XIX en EEUU se caracterizó por ser una etapa de debilidad militar y conflictos internos debido a la conquista del Oeste y la guerra por la liberación de los esclavos entre las dos facciones enfrentadas: el Norte y el Sur. Recién en las últimas décadas de ese siglo esta nación se ubicó como una de las mayores potencias mundiales. De este modo, la declaración del entonces presidente fue tenida en cuenta, convirtiéndose en lo que hoy conocemos con el nombre de “La Doctrina Monroe” y haciendo de ésta la piedra angular de lo que es hoy la política exterior norteamericana.

Un poco de Historia

Para entender más claramente la arbitraria aplicación de esta doctrina durante las últimas décadas del siglo XIX y su posterior aplicación hasta nuestros días es necesario echar un vistazo al contexto histórico en el que se dieron y sus orígenes, dados en la Europa de 1800 y producidos por la definitiva derrota de Napoleón Bonaparte por parte de la alianza conformada por las potencias Europeas de la época: Inglaterra, Rusia, Prusia y Austria.

A consecuencia de esto y para evitar que en la región se volvieran a dar hechos de similares características, se reunieron en el Congreso de Viena en 1815 para restaurar la Europa pre-revolucionaria y continuar con el régimen absolutista. Sin embargo, no lograron revertir los cambios heredados de la Revolución Francesa y la Revolución Industrial. Su principal opositor fue la burguesía. El continente sufrió una reestructuración geográfica y los estados más fuertes obtuvieron las mayores ventajas.

Se instauraron los principios teóricos de la llamada “legitimidad”, resumido como el derecho divino por herencia real, por lo que no importaba si el gobernante era o no de la misma nacionalidad que sus súbditos. Esta legitimidad monárquica llevó de regreso al trono a dinastías reinantes antes de 1789, especialmente a los Borbones franceses.

Algunos de los principios básicos asumidos fueron el del Absolutismo, en donde al obtener el Monarca su poder de Dios, no debía ser obstaculizado por ninguna Constitución ni principio, aun el de soberanía nacional. El del Equilibrio, un principio de inspiración británica que impedía la expansión de una potencia a costa de otra, cuya finalidad era la de evitar conflictos en Europa. Por otra parte se instauró la costumbre de realizar congresos, los cuales eran foros donde se discutía la forma de resolver los conflictos internacionales y evitar que se empleara la guerra como recurso para resolver disputas entre naciones. Este principio tuvo una enorme repercusión en la diplomacia internacional. Y finalmente el de Intervencionismo, en el que las potencias firmantes se comprometían a intervenir en aquellos territorios en que, perteneciendo a otra potencia, surgieran movimientos populares que pusieran en peligro los otros principios señalados.

Es a partir de entonces que los Estados Unidos deciden dar la espalda a Europa, manifestando abiertamente su rechazo hacia sus políticas. Rechazando la principal preocupación del Viejo Continente, que era España y el triunfo de un gobierno de corte liberal, que a los ojos del resto se manifestaba como un peligro latente en contra de la restauración.

En el acta final del congreso de Verona se aprobaba la intervención armada a España por parte de la Alianza, aún en contra de la negativa de Gran Bretaña. Es así como en 1823 es restituido Fernando VII en el trono español. Frente a esto Inglaterra vive con preocupación la posibilidad de que esta alianza ayude a España a recuperar sus colonias en América, en plena campaña de independencia, hecho que no convenía a esta potencia, porque se ponía en riesgo el rentable comercio que los británicos habían establecido con ellas desde el inicio del proceso. Es por esto que le ofrecen a los Estados Unidos la elaboración de una declaración conjunta de oposición contra la intervención Europea en América.

Si bien los estadounidenses no aceptaron la propuesta Británica, el 2 de Diciembre de 1823 James Monroe presenta en su discurso algunos puntos importantes sobre las relaciones internacionales que dejarán clara la posición de los Estados Unidos en cuanto a su política exterior. Tomando las propias palabras de la doctrina podemos aclarar ideas: "Los continentes americanos (...) no podrán considerarse ya como campo de futura colonización por ninguna potencia europea." "El sistema político de las potencias aliadas es esencialmente distinto (...) del de los Estados Unidos de América. Considerando todo intento de su parte por extender su sistema a cualquier porción de este hemisferio como peligroso para nuestra paz y seguridad." "No nos hemos entrometido ni hemos de entrometernos con las actuales colonias o dependencias de ninguna potencia europea." "Nunca hemos intervenido en las guerras de las potencias europeas sobre cuestiones concernientes a ellas, ni se aviene a nuestra política hacerlo.” Hubo un factor importante por el cual los norteamericanos rechazaron la propuesta británica: el hecho de que Canning, ministro inglés, proponía que ambos bandos se comprometieran a no adquirir ninguna parte de la América española.

Este compromiso podría resultar un inconveniente en caso de que Cuba, aún colonia española, se uniera a los Estados Unidos, en otras palabras Inglaterra podría frenar el expansionismo Norteamericano.

Desde el principio, Estados Unidos, tenía muy claro su propósito: el expansionismo en América. Desde finales del siglo XVIII ya había firmado varios tratados para fijar límites con Canadá y comprar el territorio de Louisiana a Francia, reclamando por otra parte los territorios de Florida y Texas. La expansión hacia el oeste era considerado un asunto interno y no una política exterior, era “Destino Manifiesto”. Como consecuencia, durante el siglo XIX, la política exterior de los Estados Unidos fue básicamente realizar el “Destino Manifiesto” del país y mantenerse libres de compromisos del otro lado del Atlántico.

Ante la amenaza de una posible incursión de la Santa Alianza en América, la Doctrina Monroe convertía el océano en un foso de protección. Si hasta entonces, la regla fundamental de la política exterior norteamericana había sido que los Estados Unidos no se dejarían involucrar en los conflictos europeos.

Gracias a la declaración de Monroe, Estados Unidos daba el gran paso al declarar que Europa no debía interferir en los asuntos de América. Y la idea de Monroe de lo que constituía los asuntos americanos de todo el hemisferio occidental era realmente expansiva.

Es así como los Estados Unidos se convierte en una especie de poder absolutista dentro de América, dando la espalda al viejo continente y otorgándose la autoridad moral para expandirse a la fuerza y convertirse en una potencia mundial, primero al conquistar el Oeste y la guerra contra los indios, luego contra México y Texas. No consideraban su expansionismo como política exterior sino que lo hacían con la conciencia tranquila, es decir que la política exterior de los Estados Unidos consistiría en no tener política exterior

La Doctrina Monroe, piedra angular de la política exterior estadounidense

La doctrina Monroe fue aplicada por primera vez en Texas, puesto que era para los Estados Unidos un riesgo el tener tan cerca una región independiente, que podría unirse a cualquier potencia, convirtiéndose en un gran peligro. Sin embargo esta doctrina era aplicada desde dos puntos de vista, según le conviniera a los estadounidenses. Es así como no se inmiscuyeron en los hechos de la desembocadura del Rio de la Plata en la que Gran Bretaña y Francia desarrollaron un plan conjunto de intervención armada. Los Estados Unidos sólo intervenían en regiones en las que la Unión tenía intereses específicos, aunque fueran los interesados quienes solicitaban directamente la intervención de la potencia del Norte del continente.

Es así como llegamos al día de hoy, en que los Estados Unidos son la gran potencia mundial, enfrentados en la Segunda Guerra Mundial al eje Roma-Berlín-Tokio, en la que permitieron el ataque a Perl Harbour para ingresar al conflicto, pese a su Gran Doctrina de no intervención en asuntos europeos, hasta poner fin a la guerra en el momento de lanzar la bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki, sin ningún tipo de remordimiento, enfrentándose a otra potencia durante la época de la guerra fría: la Unión Soviética.

Su escalada de dominio se afianzó con la creación de entidades de alcance internacional como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), puesto que ya no solo era un dominio regional, sino que creció y se extendió a hasta llegar a cualquier país que pudiera representar intereses reales o potenciales, bajo la dominación económica del Gigante del Norte. Se crearon organismos como la Organización de Estados Americanos (OEA) cuya sede se encuentra curiosamente en el corazón del dominio político y militar norteamericano, en el corazón de Washington D.C. Intervinieron en Vietnam y en Cuba con la invasión a la bahía de Cochinos, de las que no salieron bien librados. Luego Grenada, Kuwait- Irak y la Guerra del Golfo en la década de los 90, con las consecuencias que todos conocemos y por los intereses que todos conocemos, el petróleo. En el año 2001 un hecho que para muchos es más un auto-atentado que un atentado por parte del mundo Árabe, en el que murieron miles de personas, hecho que dio pie a muchas acciones bélicas por parte de los Estados Unidos. La caída de las Torres Gemelas.

Muchos de los que vieron la transmisión y el momento en que se derrumbaron estos dos gigantescos rascacielos dudaron del atentado, se realizándose miles de investigaciones, deducciones y pruebas de todo tipo que llevaron a la realización de documentales Todos sabemos que el Estado, como bien dice Michell Albert en su libro Capitalismo contra capitalismo: “(…) sirve a los grupos de presión, y estos con frecuencia los componen empresas y corporaciones (…)”, puesto que son estas empresas y corporaciones las poseedoras de capacidad económica y organizativa suficientes para influir en la gestión pública y la generación de políticas para inclinar la balanza a su favor, e incluso, llegar a desestabilizar el mercado y hasta algún pequeño país o gobierno que les sea adverso, aun por encima de la generación de conflictos, golpes de estado, invasiones, pobreza y hambre.

Por otro lado, el sistema capitalista americano nos presenta esa ya conocida voracidad dentro del mercado, incluso ha desarrollado un altísimo nivel de comercialización en labores profesionales como el derecho y la medicina, en donde las personas son catalogadas como potenciales clientes generadores de ganancia, en lugar de individuos con necesidades y derechos, esto no es más que el reflejo de una economía capitalista basada en intereses privados que se han expandido a otros lugares del mundo, fuera del rango de dominio que propone la doctrina Monroe.

¿Quién es realmente el causante de todos estos hechos que han provocado ruinas, conflictos bélicos, homicidios en masa, invasiones, hambre, pobreza y desolación, crisis a nivel mundial, culpas a terceros, tomas de gobiernos e implantaciones de leyes marciales, juicios militares y tantos otros dramas que hoy son moneda corriente en todo el mundo, ese mundo al que llamamos civilizado? Tal vez algún día podamos obtener respuestas a tantas preguntas, o quizás nunca. Y en no muy largo plazo nos veamos inmersos en este mundo que ya está globalizado en muchos aspectos. Inmersos en esas 4 o 5 zonas que a su vez son gobernadas por un único Gobierno, un Gobierno mundial, bajo una misma moneda impuesta por los intereses de los Norteamericanos, como el Amero, cuya imagen en uno de sus lados curiosamente es el continente americano, es así como surge esa gran pregunta que todos nos hacemos hoy, ¿a dónde irá a parar este mundo conflictivo y loco en el que vivimos? Esta es la pregunta que me formulo todos los días, cuando veo las noticias que llegan de todos los rincones del planeta, cuando veo como se terminan recursos y fauna que antes eran comunes, cómo se generan guerras de poder e intereses.

¿Tendrán razón todos aquellos, quienes ven el futuro de nuestro planeta con preocupación y desconfianza?, Quizás la solución no se encuentre en la idea de un mundo globalizado y bajo un único gobierno, sino en ideales tal vez utópicos, como el que propone Samir Amin en su libro sobre el capitalismo en una época globalizada, tan convulsionada como la que nos ha tocado vivir.

Tal vez Manuel Castells Olivan, sociólogo español, tenga razón: “Los estados-nación sobrevivirán, pero no así su soberanía”.

O también las reflexiones del gran ícono de la sociología Max Webber “es un mundo que no tiene solución”


La doctrina Monroe y el intervencionismo estadounidense fue publicado de la página 65 a página67 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº30

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