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Hacia un conocimiento más reflexivo

Macchiavelli, Lorena [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXV

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXV

ISSN: 1668-1673

XIX Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación 2011

Año XII, Vol. 15, Febrero 2011, Buenos Aires, Argentina | 215 páginas

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Resumen:

Se realiza una reflexión académica dentro del contexto de la materia “Introducción a la Didáctica”, impartida en la Facultad de Diseño y Comunicación de la Universidad de Palermo. Está centrada en el análisis de los cambios que se están produciendo respecto del sistema educativo. En una sociedad sobre-informada la transmisión de conocimientos (si es que tal transmisión tiene lugar, ya que algunos autores disienten en la utilización de dicho término) por parte del profesor al alumno no tiene sentido si este último no comprende qué hacer con esos conocimientos.

Palabras claves: análisis – reflexión – información – cambios – tecnología – rol – profesor.

El futuro será para aquéllos que desarrollen lo que denominan ‘habilidades o técnicas de pensamiento crítico’, Es decir, aquéllos que sepan asimilar información, adaptarse a los cambios y tomar decisiones a una velocidad creciente, algo para lo cual –afirman- no preparan las escuelas hoy en día. ‘La escuela del mañana’, tal como lo entienden los Toffler, resulta muy distinta de las actuales. Para empezar, porque deberían funcionar las 24 horas del día, ofrecer un servicio adaptado a las necesidades y los intereses de cada chico y de las empresas, y con una currícula interdisciplinaria no sólo en cuanto contenidos, sino también por sus exponentes. ¿Por qué? Porque las clases deberían darlas no sólo los maestros –que a su vez deberían pasar parte de su tiempo en el mundo empresarial- sino todos aquellos que tengan algo para dar.1 

Alvin y Heidi Toffler

En estos tiempos, se modifica el rol del docente: éste debe explicar al alumno la finalidad del conocimiento, enseñarle a aprender y a reflexionar. Se enfatiza la importancia del recorte didáctico: lo esencial no es ofrecer al alumno un cóctel de saberes sino ofrecer aquellos que exhiban una finalidad. Esto es, al decir de Perkins, el conocimiento como diseño.

En consonancia con lo pregonado por los Toffler, se augura que las universidades del futuro se caracterizarán por ser más adaptadas a la tecnología, participativas e integradas y con tutorías más individualizadas. Según la especialista en educación Elena Sevillano, la clase magistral tiende a desaparecer, así como el aula magna que se reservará únicamente para exposiciones puntuales de expertos. La formación será ‘semipresencial’, en clase, en casa o en grupo por la Red. La parte presencial, que nunca llegará a desaparecer, según los expertos, será más participativa. Las aulas tendrán acceso a Internet y serán personalizadas. Cada alumno llevará su notebook a la clase. 

Las aptitudes y los conocimientos del docente continuarán siendo valorados. Los docentes más aptos, los “eruditos” mantendrán la distancia de la clase magistral, pero reemplazándola esta vez, por la labor de un equipo docente que se encargará de atender más directamente a los alumnos. 

Se tenderá a privilegiar el método interactivo (en sus dos versiones: aprendizaje cooperativo y autónomo) por sobre el expositivo. 

Se cree que algunos docentes que acostumbraban a traer su clase preparada y ensayada y que no daban lugar al cuestionamiento por parte de sus alumnos, no podrán sobrevivir a estas clases más pequeñas e interactivas. No es que el rol del docente pierda protagonismo como expresa Prendes Espinosa, sino que su participación cambia, el docente se vuelve un tutor, un dinamizador de los grupos. 

Cambiará la propia estructura física del aulario, para permitir una mayor interacción. “Las aulas tendrán un entorno semicircular, con una pantalla donde proyectar imágenes”2 expresa Javier Uceda, rector de la Politécnica de Madrid. El método colaborativo puede hacer uso de la computadora a la hora de realizar la tarea en el aula. Como señala Prendes Espinosa: “Desde un principio, el trabajo en pequeños grupos se impuso en el trabajo con ordenadores; esto obedeció más a una escasez de recursos que a una actitud intencional. Teníamos muy pocos ordenadores y se fue gestando una forma de trabajo en pequeño grupo que potenciaba el desarrollo de actividades con muchos de los elementos del trabajo colaborativo […]. Hablaríamos por tanto de una dimensión doble del ordenador: como herramienta relacionada con la tarea y como herramienta de comunicación para desarrollar la interacción grupal en procesos no presenciales”3 . 

Todos estos cambios conllevan a algunas problemáticas: una es la relacionada con la brecha tecnológica entre las distintas universidades. Preocupación que atañe especialmente a la universidad pública en los países menos desarrollados. Otra es la que se manifiesta respecto de que este desarrollo de la virtualidad desemboque en mayor tiempo de trabajo y stress por parte del docente. Actualmente surge en forma palmaria la creciente participación de los usuarios en la elaboración de contenidos en la red y cómo el rol de los mismos ha dejado de ser pasivo frente a los nuevos medios de comunicación. El usuario de los medios es hoy también generador de información. Esto se ha vuelto una complicación para muchas organizaciones que han perdido el control en la emisión del mensaje. En forma paralela y como consecuencia natural de esta nueva sociedad hiper informada, el rol del alumno también se ha vuelto más activo. Las fuentes de enseñanza ya no se reducen al profesor como en tiempos pasados. Alumno y profesor tienen manejo de las fuentes, por lo tanto, el poder del profesor ya no deviene del manejo de las mismas. Es más, el alumno se ha tornado un generador de contenidos. 

Ante el exceso de información en la sociedad de hoy es prioritario desarrollar en los alumnos la capacidad de discernir el conocimiento significativo del superfluo. “Un solo ejemplar de la edición dominical del New York Times contiene más información que la que una persona culta del siglo XIX consumía durante toda su vida”4 . El problema no es acceder al conocimiento sino qué se hace con todo ese conocimiento. 

Los especialistas expresan que no se pondrá el acento en los apuntes dictados sino en el aprendizaje activo. Sobrevendrán más seminarios y tutorías, y los grupos serán más reducidos. Esto combatirá el conocimiento olvidado, el conocimiento inerte, el conocimiento ingenuo y el conocimiento ritual, es decir, el conocimiento frágil que es aquél que resume a los anteriores. 

El conocimiento frágil es aquél que será olvidado en algún momento. También es frágil el inerte que es aquél que los alumnos poseen pero al que no pueden darle aplicación práctica. Es el típico conocimiento que se obtiene de los manuales pero al que no se lo relaciona con ninguna situación real. El ingenuo es aquél que toma la forma de teorías ingenuas o estereotipos, incluso luego de haber recibido el alumno una instrucción considerable. El ritual está dado por el que adquiere para enfrentar las tareas escolares, conservándose en forma subyacente el conocimiento ingenuo. 

El síndrome del conocimiento frágil se manifiesta tanto en la escuela primaria, como en la secundaria y en la universidad. El conocimiento frágil puede originarse en la falta de aptitud por parte de los profesores en relacionar los conocimientos con situaciones prácticas. El alumno no entiende el propósito de lo que estudia. Es un conocimiento inerte, sin ninguna intención práctica. Puede ocurrir que el profesor en un afán de motivar al alumno presente el conocimiento a través de un juego por ejemplo, pero que el alumno si bien motivado, no entienda tampoco la propuesta. El alumno se divierte, está motivado pero sigue sin comprender la razón del juego. Es que los alumnos no han sido adoctrinados en el desarrollo del sentido crítico. 

El mismo alumnado desconfía cuando se le propone debatir sobre una idea, presentar posiciones en pro y en contra. Disfrutan con la propuesta pero no la perciben como un momento de aprendizaje. Más bien se hacen las siguientes preguntas: ¿A partir de acá tenemos que tomar apuntes? ¿Qué nos van a tomar en el examen? Vienen aleccionados desde hace años para absorber conocimientos en forma superficial que retendrán momentáneamente para luego desechar por completo. La motivación del alumno pasa generalmente por la futura evaluación: presto atención porque esto es lo que me van a tomar. Sin embargo, ningún tipo de reproche ha de hacérseles cuando el sistema educativo ha tendido a generar en ellos dicha respuesta. Es decir se ha inclinado a estimular la búsqueda de la recompensa extrínseca –en este caso la buena nota- en desmedro del interés intrínseco. 

Existe también cierta resistencia en los alumnos para desarrollar un pensamiento crítico. Como dice Villarroel: “El alumno se caracteriza por una casi total pasividad frente al proceso de enseñanza. Asume a conciencia su papel de recipiente. Todo lo espera del profesor, lo que lo lleva a someterse – voluntariamente- al paternalismo docente. De hecho, las pocas innovaciones que se han hecho para cambiar lo característico del sistema de enseñanza tradicional, han contado casi siempre con el rechazo de los alumnos. Una innovación que pretenda dar a los alumnos más independencia y responsabilidad, supone para ellos el incremento de la incertidumbre, inseguridad y angustia. Su meta más importante es la identificación plena con el profesor”5 . 

Esto se asemeja al concepto de actitud displicente a la que alude Zygmunt Bauman en su obra “Vida de Consumo”. El autor indica que existe una tendencia a adoptar tal tipo de actitud hacia el conocimiento, el trabajo o el estilo de vida, generada por el embotamiento de la capacidad de discriminar. 

Resulta una paradoja expresar que el exceso de información es un mal de la sociedad democrática, fruto del reconocimiento de la libertad de expresión como una garantía fundamental para la preservación de este sistema. Libertad de expresión sin filtros que requiere de una selección, organización e interpretación activa de la información para su asimilación por parte de los destinatarios. 

En todo caso el sistema democrático bien entendido comulga con un individuo cuyo perfil sea más responsable, autónomo y preparado en la interpretación de los mensajes. 

Para alcanzar a un individuo con pensamiento propio se debe partir de un alumno que ostente también dicho pensamiento. Será menester dejar de lado, por ejemplo, una de las ideas que expone Alicia Camilloni cuando se refiere a la didáctica ordinaria: “Si el alumno lo dice o lo escribe, lo sabe. Quien acepta esta afirmación sin discusión omite preguntarse si aquello que el alumno dice o escribe en clase o en una instancia de evaluación del aprendizaje es lo que cree realmente o si sólo repite lo que sabe que se espera que él diga o escriba”6 . 

El aprendizaje del alumno no deviene únicamente de la labor del docente. Expresa Edith Litwin: “Llegar a saber algo implica una acción situada y distribuida. Esto es así por la naturaleza social y cultural del conocimiento y por la naturaleza social y cultural de la adquisición de ese conocimiento.[…] frecuentemente la escolaridad convencional ignora la influencia de la cultura escolar en los aprendizajes escolares.” 

Un fenómeno que acontece y que está en boga en la actualidad, es el de las redes sociales. El mismo pone de mayor manifiesto la naturaleza situada del conocimiento. Paralelamente con estas tendencias, afirma Mariano Fernández Enguita, catedrático de sociología en Salamanca y promotor del portal INNOVA de educadores en red: “La Universidad del siglo XXI dejará de estar casi limitada al aprendizaje inicial para convertirse en escenario natural de la formación permanente y en socio habitual de la formación continua. En una economía del conocimiento, se producirá una estratificación vertical, horizontal y funcional de las titulaciones: vertical porque veremos una pérdida relativa de valor del título de grado y un papel más determinante y diferencial de los posgrados; horizontal porque se dará más importancia a en qué universidad se ha obtenido un título; funcional porque títulos del mismo nivel y centro tendrán un valor de mercado muy distinto según su especialidad. En una sociedad global “destacarán unos cuantos títulos de reconocimiento transnacional”7 . 

Sin embargo, y teniendo justamente en cuenta esta propensión a la globalización en relación al sistema educativo, se erigen algunas voces en contra, según expresan Cristina López Meyer y Humberto Roitberg: “La función de la universidad va más allá del otorgamiento de un número limitado de títulos a una élite de profesionales; muy por el contrario, debería ser una palanca para el desarrollo económico, socialmente integrador”8 .

Notas 

1 El mundo que viene, Revista La Nación del 1/02/2009. 

2 Sevillano Elena, Aula del Futuro, profesor del Pasado, Diario El País del 09/01/2008 

3 Paz Prendes Espinosa, El trabajo colaborativo: Un mé- todo de enseñanza-aprendizaje, Universidad de Murcia 

4 Ramonet Ignacio, La Tirannie de la Communications, Paris, Galilée, 1999, pág.184. Citado en: Bauman, Z., “Vida de Consumo”, Fondo de Cultura Económica, 2007. 

5 Villarroel César, La enseñanza universitaria: de la transmisión del saber a la construcción del conocimiento. Educación Superior y Sociedad - Vol. 6 N°1. 

6 Camilloni, Alicia, El saber didáctico, Editorial Paidós, Buenos Aires, 2008. 

7 Sevillano Elena, Aula del Futuro, profesor del Pasado, Diario El País del 09/01/2008 

8 López Meyer, Cristina; Roitberg Humberto, Desafíos de la Universidad en una época de crisis.

Referencias bibliográficas 

- Alconada Mon, Hugo, El mundo que viene, Revista La Nación del 1/02/2009. 

- Bauman, Zigmunt (2007) Vida de Consumo, Fondo de Cultura Económica. 

- Camilloni, Alicia (2008) El saber didáctico. Buenos Aires: Paidós. 

- Prendes Espinosa, M. Paz, El trabajo colaborativo: Un método de enseñanza-aprendizaje. Universidad de Murcia. 

- Sevillano, Elena, Aula del Futuro, profesor del pasado. Artículo del Diario El País del 09/01/2008. - Villarroel, César A., La enseñanza universitaria: de la transmisión del saber a la construcción del conocimiento. Educación superior y Sociedad – Vol. 6 N° 1. 

- Litwin, Edith (1997) Corrientes didácticas contemporáneas. Buenos Aires: Paidós. 

- López Meyer, Cristina; Roitberg Humberto, Desafíos de la Universidad en una época de crisis. IV Encuentro Nacional y I Latinoamericano: “La Universidad como Objeto de Investigación” 7, 8 y 9 de octubre de 2004 - Tucumán, Argentina.

Abstract: The article proposes an academic reflection within the context of the subject “Introduction to Didactics”. It is centered in the analysis of the changes that are taking place with respect to the educative system. In a society over-informed, knowledge transmission on the part of the professor to the student does not have sense if this last one does not understand the real value of that knowledge. 

Key words: Analysis - reflection - information - changes - technology - role- professor. 

Resumo: Realiza-se uma reflexão acadêmica dentro do contexto da matéria “Introdução à Didática”, dada na Faculdade de Design e Comunicação da Universidade de Palermo.

Ele se concentra na análise das mudanças que se estão produzindo respecto do sistema educativo. Numa sociedade mais relatada a transmissão de conhecimentos (se é que tal transmissão tem lugar, já que alguns autores discordam na utilização de dito termo) por parte do professor ao aluno não faz sentido se este último não compreende que fazer com esses conhecimentos.

Palavras chave: análise – reflexão – informação – mudanças – tecnologia – papel – professor

(*) Lorena Macchiavelli. Licenciada en Publicidad (1995). Abogada (2005). Docente de la Universidad de Palermo del Departamento de Comunicación y Creatividad Publicitaria de la Facultad de Diseño y Comunicación.

Vocabulario relacionado al artículo:

adaptación . información . participación del docente .

Hacia un conocimiento más reflexivo fue publicado de la página 186 a página189 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXV

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