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Estrategias de evaluación y calificación. Su aporte al desarrollo sustentable de la enseñanza

Incorvaia, Mónica Silvia [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Actas de Diseño Nº10

Actas de Diseño Nº10

ISSN: 1850-2032

V Encuentro Latinoamericano de Diseño "Diseño en Palermo" Primer Congreso Latinoamericano de Enseñanza del Diseño

Año V, Vol. 10, Marzo 2011, Buenos Aires, Argentina | 264 páginas

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Todo proceso de enseñanza requiere de un resultado tangible que demuestre la asimilación del conocimiento adquirido. Para ello, el docente recurre a la evaluación de ese aprendizaje a través de la calificación que determinará el grado de conocimiento que hemos puesto en práctica.

La palabra evaluación abarca mucho más que la suma de lo aprendido: nos posibilita incluir actividades, metodologías e instrumentos utilizados para poder arribar al fin propuesto.

Si partimos de la definición que evaluar es estimar los conocimientos, aptitudes y rendimientos de los alumnos, podemos observar que estas definiciones ya se daban en el transcurso del siglo XX, definiendo la evaluación como:

El proceso de juzgar el valor o la cantidad de algo por medio de una cuidadosa medida las actividades gracias a las cuales el maestro o cualquier otra persona relacionada con la educación trata de medir el proceso del aprendizaje o de una situación educacional determinada. Por evaluación académica comprendemos la apreciación de los resultados de la acción de la enseñanza programática. (Lemus, p. 39)

Cuando nos referimos al diseño en general, estamos hablando de un proyecto o plan que posibilite la concepción original del objeto u obra determinada. En nuestro caso, el diseño abarca varias disciplinas, que pueden tener un eje en común, tal como la capacitación para el desarrollo de una actividad o profesión mediante la elaboración de un plan específico.

Así, debemos tener en cuenta que necesitamos de la conjunción entre la teoría y la práctica para establecer pautas evaluativas que posibiliten el fin propuesto, estableciendo validez y sustento a nuestra propuesta.

Por lo tanto, cuando abordamos una prueba debemos tener en claro el contenido educativo, los métodos y materiales que vayamos a utilizar y especialmente los objetivos de la materia, para poder considerar, entonces, que esa prueba tiene sustento curricular y/o programático.

Esta es, según nuestro criterio, la característica más importante desde el punto de vista de la evaluación del rendimiento académico.

Como el Diseño comprende diversas carreras, con especializaciones precisas, que van más allá del mero conocimiento empírico, la sustentación del aprendizaje y su consiguiente evaluación, devienen en poder equilibrar ambos aspectos, partiendo de una sólida enseñanza teórica que permita la aplicación de lo aprendido en las respectivas profesiones proyectuales.

El compromiso docente basa su cometido en la obligación contraída entre los fines propuestos y los resultados que se logren.

Desde este punto de vista, debemos considerar como prioritario determinar el colectivo al cual nos dirigimos y plantear las pautas en función del nivel intelectual, cultural y social que lo compone.

Quizás uno de los desafíos del que damos cuenta permanentemente, tiene que ver con este aspecto esencial: la heterogeneidad del grupo que está frente a nosotros.

De acuerdo con las normas establecidas en la metodología de enseñanza, además de este aspecto mencionado, podríamos considerar tres rasgos esenciales para la adquisición del conocimiento, que podríamos categorizarlos en:

• Perdurabilidad: Entendiendo por tal la adquisición de mecanismos de estudio sustentables y permanentes.

• Transferencia: El modo de aprovechar los recursos adquiridos para aplicarlo en otras instancias de estudio.

• Metacognición: En función de la aplicación de las estrategias que se han desarrollado para lograr una autonomía creciente en el desempeño profesional.

Así, debemos considerar cuáles son nuestros fines y metas desde el punto de vista pedagógico, para elaborar un plan educativo acorde con el sistema en el cual estamos insertos.

El primer punto por considerar nos remite a los objetivos generales de los distintos planes de estudios de cada carrera y por consiguiente de las diversas materias que lo componen.

Partiendo de este preconcepto, podemos establecer cuáles serán los objetivos específicos que deberán tener una correlación directa con la disciplina en la cual desarrollamos la labor docente.

Algunas de las materias que componen la currícula universitaria son comunes a varias carreras, pero se deberá considerar que no todos los alumnos que las cursan tienen los mismos intereses y capacidades.

Muchos de ellos, presentan deficiencias precisamente en las materias denominadas “electivas”, a las cuales accedieron sin tener una noción precisa de la aplicación o la articulación con su carrera específica.

Por lo cual deberemos precisar una fórmula de estimulación que permita luego confeccionar una guía de evaluación lo suficientemente amplia como para contemplar estos aspectos.

Con motivo de la exposición realizada en el Museo Nacional de Bellas de la ciudad de Buenos Aires, en homenaje a los 50 años de la creación de la Bauhaus, el entonces embajador de la República Federal Alemana, Luitpold Werz, manifestaba lo interesante del “intensivo training (sic) esclarecedor y ordenador de las propias ideas de sus conductores que hoy podemos constatar en sus escritos y en la obra de su madurez”. (1970, Introducción) A su vez, comentaba que aún después de su cierre, en 1933, su influencia continuó gracias al espíritu renovador que sus profesores transmitieron.

Podemos tomar de estas palabras dos aspectos referidos al planteo inicial: el intensivo training y el espíritu renovador al que alude su autor.

En el primer caso, nos referimos al training como la capacidad de experimentar, aplicar y trabajar dentro de una metodología práctica que brinde el entrenamiento acorde para desempeñarse en el rango profesional establecido.

El entrenamiento surge a través de los exámenes finales de cada cursada. En esta instancia, tres elementos deben ser tenidos en cuenta: la presentación formal del material solicitado, la defensa del trabajo específico y la exposición del conocimiento.

Estos aspectos configuran un muy interesante sustento que permite poner en práctica mecanismos esenciales para la futura vida profesional.

El trabajo en sí establece la habilidad y originalidad de la propuesta, la defensa de lo realizado posibilita apreciar el grado de compromiso que se ha tenido con el tema y el discurso sirve de pauta para la demostración de ese saber adquirido. Locuacidad, capacidad de transmitir la información, planteo, enunciación configuran conductas específicas imprescindibles que deberán considerarse en el momento de la evaluación.

Tampoco podemos omitir la presentación formal, la calidad académica y la creatividad de la propuesta.

Oportunamente, hemos comentado que si bien es una verdad inobjetable que el fin de todo docente es enseñar bien, a veces no basta con la propuesta académica, sino que es necesario “acomodar” esa propuesta en función del elemento humano que nos ha tocado capacitar. Entendiendo por tal no bajar el nivel de enseñanza (y en este punto podríamos decir de evaluación), sino hacerlo asequible al grupo que se encuentra frente a nosotros.

El profesor Daniel Dei, en su libro La Tesis, considera que una de las misiones básicas que las universidades deben cumplir es “la transmisión al más alto nivel de conocimientos actualizados de diversas disciplinas” (2006, p. 19).

La tecnología que disponemos nos ha abierto las puertas a innumerables posibilidades de capacitación, pero el sustento teórico ha disminuido quizá la capacidad de poder transmitir ese cúmulo de conocimientos que se observan en la práctica.

El segundo aspecto, en relación con el espíritu renovador, supone la posibilidad de poder brindar elementos originales que se adapten a las necesidades actuales. Esa búsqueda debe estar dada desde la base y le corresponde al docente aportar todo lo que esté a su alcance para lograr los cometidos que se ha propuesto.

Mucho se ha escrito al respecto, considerando que un docente que carece de entusiasmo o se muestra impaciente o agresivo en cuanto a la asimilación de conocimientos por parte de un alumno, no podrá crear estímulos suficientes como para despertar ese interés y esa devolución que esperamos.

Por lo tanto, los objetivos que en suma constituirían lo que deseamos lograr del alumno, se tornan una tarea básica que es necesario plantear, desarrollar y retroalimentar en forma permanente.

El atrapante universo del diseño está compuesto por elementos actuales, tangibles y reconocibles desde todos sus aspectos. Tanto sea en moda, como en fotografía, diseño gráfico, industrial o editorial, resulta imprescindible el estar atento a lo que surge permanentemente. Múltiples son las posibilidades y también las exigencias a las cuales nos someten el mercado.

Por lo tanto, la base de sustentación debe estar dada por la impronta personal y académica que cualquiera de nosotros quiera darle.

El prestigio de una marca, un sello o un producto realza a quien lo ejecuta y destaca el origen de donde proviene su autor. Con lo cual constituye un referente interesante el centro de estudios donde se realizó la capacitación y la formación profesional.

Por eso es tan importante analizar y adaptar, siempre que las circunstancias lo permitan, la currícula de cada carrera en función de estas premisas.

Los contenidos académicos son imprescindibles, y es allí donde la evaluación debe ser lo suficientemente contundente como para reafirmar la propuesta que acompañamos con palabras tales como “esfuerzo compartido”, “innovación”, “diferenciación”, entre otros.

Para llegar a tales aspiraciones, partimos entonces de claras propuestas de conocimiento y precisas pautas de evaluaciones.

El rango tecnológico y la instalación de valores diferenciales nos permitirán caracterizar qué es lo que evaluamos y en qué forma lo hacemos.

Según los casos específicos, podremos priorizar el trabajo práctico o el módulo que consideremos más importante o el producto final que se destaque.

Pues no se trata solamente de evaluar al alumno sino también de evaluarnos a nosotros mismos, observando cómo cuanto de lo transmitido ha sido asimilado o, lo que es mejor, reelaborado.

Quizá porque muchas veces nos cuesta reflexionar sobre nuestra propia capacidad para hacer uso de actividades que promuevan la práctica del conocimiento.

Por lo tanto, y como primer paso, debemos demostrar la utilidad y posibilidad de aprovechar la instancia evaluativa como parámetro para medir la capacidad del alumno de expresarse y hacer sustentable la propuesta inicial.

Debemos lograr convencerlo para que a su vez se “convenza” de la factibilidad de su proyecto que, en un período determinado, puede ser la base de un emprendimiento propio.

El examen no será, entonces, un simple trámite burocrático, sino la posibilidad de empezar a desandar un camino de alta exigencia profesional.

Adrián Lebendiker, en una publicación oficial del Gobierno de la ciudad de la Ciudad de Buenos Aires, comenta:

Es por todos conocidos que el campo de trabajo específico de los profesionales del diseño ha sido la proyectación (sic) de productos: muebles, medios de transporte, objetos cotidianos, indumentaria, accesorios, entre los más conocidos. A esto debemos agregarle el diseño de la información y la comunicación visual, más conocido como diseño gráfico. En cambio, si elevamos la lupa por sobre el producto vamos a poder observar un sistema de relaciones que lo vinculan con las materias primas que lo componen, las tecnologías, procesos y recursos humanos que lo transforman, los canales que lo comercializan y lo acercan a los consumidores y los diferentes medios que lo comunican. (2005, p. 9)

Para poder lograr este cometido, entonces, debemos basar la formación profesional brindada en una resultante de alta calidad, tanto teórica como práctica donde todos estos aspectos serán considerados, y que el alumno sepa, desde el comienzo de su carrera, que se tendrán en cuenta estos mecanismos para su futuro desenvolvimiento profesional.

Es muy gratificante observar que algunos de los Proyectos de Grado que conforman la tesis final académica, se basen en trabajos finales de cursada o, a veces, hasta en las consignas dadas en clase que empezaron siendo meros ejercicios prácticos y lograron alcanzar el rango de un trabajo de suma importancia.

Esta posibilidad, nos permite aunar esfuerzos para poner en marcha el mecanismo de la instancia evaluativa con sustento académico, haciendo hincapié en la importancia de la unificación de una buena presentación, original y renovadora, junto con un planteo coherente y sostenible.

Resulta impensable, en la actualidad, carecer de capacitación acorde con la profesión elegida, capacitación que se desarrolla a través de toda una vida y que enriquece las habilidades propias y las adquiridas.

El célebre fotógrafo norteamericano, Paul Strand, quien llegó a ser director del Departamento de Fotografía y Cine del Ministerio de Educación de México y profesor universitario, escribía en 1923 en su conocida Carta a los estudiantes de fotografía: “Todos somos estudiantes, algunos lo son por más tiempo que otros, más experimentados.

Cuando dejen de ser estudiantes, puede que dejen de estar vivos en lo que concierne al sentido de su trabajo”.

Hoy, pese a la distancia temporal que nos separa de esta carta y a su circunstancia, debemos comprometernos en un esfuerzo mutuo para que la evaluación no sea un momento de neurosis colectiva y estallido de nervios. Debe configurar una ocasión propicia culminante en donde las reglas de juego sean claras, tanto para el alumno como para el profesor.

Establecer un compromiso formal que nos lleve a buen puerto, en donde se pueda apreciar la capacidad personal y el nivel del conocimiento adquirido, y en donde se distribuyan pautas y tareas que nos enriquezcan a todos.

Cualquier disciplina de las áreas de Diseño puede cumplir estas premisas básicas, tornando así en un producto final útil, tanto desde lo intelectual como desde lo pragmático, que aporte, que sume en la aventura maravillosa del aprendizaje y del conocimiento humano… Que de eso se trata…

Referencias Bibliográficas

Bayer, H. Bauhaus, 50 años. (1970). Buenos Aires. Museo Nacional de Bellas Artes.

Dei, H. D. La tesis. Cómo orientarse en su elaboración (2006). Prometeo. Buenos Aires.

Lafourcade, P. Evaluación de los aprendizajes. (1969). Buenos Aires. Kapelusz Lebendiker, A. En torno al producto. (2005). Buenos Aires, Centro Metropolitano del Diseño.


Estrategias de evaluación y calificación. Su aporte al desarrollo sustentable de la enseñanza fue publicado de la página 91 a página93 en Actas de Diseño Nº10

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