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De cómo las señoritas Del toboso y Dulcinea tuvieron que apelar a la ayuda de Miguel y William para enfrentar a las fuerzas del mal y así poder culm

Calascibetta, Flavia

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº13

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº13

ISSN: 1668-5229

Proyectos jóvenes de Investigación y Comunicación. Proyectos Pedagógicos. Proyectos Ganadores.

Año IV, Vol. 13, Diciembre 2007, Buenos Aires, Argentina | 109 páginas

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Luego de culminar el comentario sobre las pinturas de Velazquez no teníamos otro fin que llegar a nuestro siglo y alcanzar nuestro trabajo práctico a la facultad. Sin embargo, las misiones nobles no se llevan a cabo con facilidad. Siempre deberán sobrellevar una pesada carga las personas que intentan enfrentar a las envidias y a las miserias que las amenazan con el fin de denostarlas. Sabíamos que en el presente estarían aguardando los Cíclopes. Y después de muchas reflexiones, llegamos a la conclusión de que los gigantes de un solo ojo nos esperaban para secuestrar nuestro trabajo de estudio; que tanto siglo, penares y viajes nos llevó las energías en pos de realizarlo. Para darnos ánimo y encontrar respuestas, hicimos una desviación en nuestro camino de regreso. Necesitábamos asesorar nuestra inexperiencia belicosa ya que temíamos que al regreso nos esperaría lo peor. Y para ello nos acercamos a la casa del manco de Lepanto, experto en las lides de las batallas y que por haber combatido en la guerra había perdido una mano que le coronaba por ende el apodo. Al ingresar a la casa de Don Miguel de Cervantes encontramos que acababa de pasar a la inmortalidad. Luego de dar las condolencias, alguien nos acercó un incunable de su obra más maravillosa y luego de los agradecimientos correspondientes calzamos el libro de Don Quijote en el morral de Rocín. Si bien el cumplido nos enorgullecía, consideramos que el signo de la partida de Don Miguel no era un buen augurio para nuestro deseo de regreso victorioso. Sin embargo, teníamos una carta en la manga que no nos fallaría. Guiamos entonces nuestra cruzada hacia Inglaterra, para que nos ayudara Don William. Quien mejor que él, testigo de tanta crueldad y confabulaciones palaciegas, para ayudarnos en el asesoramiento para enfrentar a nuestros enemigos descomunales. Y aquí sí que nuestro desconcierto fue mayúsculo. Al adentrarnos en sus aposentos, descubrimos que acababa de fenecer. Saludamos doloridas por la perdida a los presentes y nuevamente recibimos a cambio un tomo original. Cuando calzábamos en la alforja de Ante el libro de la historia de Hamlet, estábamos agobiadas. Habíamos perdido a los dos aliados principales que posibilitaron el inicio de nuestro trabajo práctico, y lo que es peor, no tendríamos ayuda para el combate desparejo que nos esperaba. ¿Cómo era posible que tremendos genios hubieran perecido el mismo día? ¿Por qué lo divino o el azar se los llevaba casi en el mismo momento? Otra vez el capricho de los tiempos unía a éstos hombres. Tanto para casi escribir al mismo tiempo sus mejores obras, que ahora llevábamos con nos junto con el estudio realizado, como para casi concluir en un mismo minuto sus afamadas subsistencias. Nos miramos y comprendimos. Con la experiencia de las horas atravesadas en nuestro viaje al Barroco, decidimos que el sino nos obligaba a retornar al presente en soledad. Aún sabiendo que el mensaje era claro. La coincidencia fue desterrada y encaramos nuestro destino de ser doblegadas al mismo tiempo por los Cíclopes, como los dos hombres por nosotras admirados. Al llegar a la esquina de Córdoba y Mario Bravo estaban parapetados los monstruos que nos destruirían. Con sus dentaduras afiladas en forma de carcajada con salivas de gula por digerirnos. No llevábamos armas. Decidimos que Rocín y Ante no merecían el mismo final que nos llegaría y los despedimos. No sin antes tomar los libros de Miguel y William, que acompañarían a nuestro trabajo practico en el camino de tan terrible enfrentamiento. 

Los cíclopes comenzaron a correr hacia donde nos hallábamos. Sus enormes pisadas retumbaban en el asfalto de la calle. Decidimos retomar nuestros antiguos nombres. Y fuimos nuevamente Marina y Flavia, ya que Dulcinea del Toboso tampoco merecía un fin tan atroz. Cuando nos miramos por última vez a manera de despedida, tomamos nuestras manos con el orgullo de la aventura realizada. Los cíclopes abrieron sus fauces al mismo tiempo que cerramos nuestros ojos. Ya sentíamos sus alientos fétidos cerca de nuestros rostros. Uno de ellos atronó con voz sonora que le entregáramos el trabajo práctico y que con eso se darían por satisfechos. Las dos negamos con las cabezas al tiempo que tomamos la carpeta Barroca con fuerzas. Después de todo eso nos había unido en amistad eterna. Los incunables de William y Miguel cayeron en la acera. Y cuando los enormes se predisponían a engullirnos algo inesperado aconteció. 

Y fueron Hamlet, Don Quijote y su amigo Sancho Panza, quienes afloraron de sus escritos. Y con espadas de ficción enfrentaron la contienda. Defendiéndonos de los agresores. Y por si la fuerza no alcanzaba, aparecieron las huestes de Fortimbras, las cuales reforzaron la retaguardia con hidalguía. Y ni que hablar de alguna figura Angelical o Santa, que por su fulgor no supimos individualizar, que surcó los aires como apoyo desde lo aéreo. 

Cuando la batalla culminó, nuestros defensores triunfantes sonrieron. Y luego de mirarnos se despidieron con caballerosidad. Y allá partieron, entre reflexiones sobre si “era más elevado para el espíritu sufrir los dardos de la insultante fortuna o si frente a un piélago de calamidades hacerles frente y acabar con ellas”. Y regresaron a sus libros para quien quisiera volverlos a leer para revivirlos en sus historias. 

Quien es oriunda de Bielorrusia, como la del sur de Italia, conocidas como Marina y Flavia, hemos comprendido la “preocupación por las pasiones del alma”. En cuerpo propio. Y transitamos con “naturalidad los sentimientos, la composición, las expresiones y los gestos. Con estética y de manera emocional. Afirmando los sentidos y valorando la naturaleza. En medio de un espacio infinito, repleto de claroscuros”. Con la defensa de éstos caballeros y con haber sido modelos vivos de algunos pintores del barroco entendimos aquella “sensualidad, plena de colores”. 

Y es indudable que ésta fabula medio “mitológica y Sacra” que hemos desarrollado, tuvo para nosotras una “apariencia de realidad con sensación de trascendencia” Ayudándonos a conocer más de “lo interno de nuestra humanidad”. Supimos por los artistas conocidos y los escritores leídos de la “misión metafísica de sus obras” 

A la manera de lo clásico, también tomado por el Barroco, nuestra historia tuvo un principio y un nudo con descenlasces heroicos. Otorgado por nuestros defensores. 

O fabricado por nuestras imaginaciones. Sólo queda ahora, entregar nuestro trabajo. Así que luego de sepultar a nuestros cíclopes agresores, que como símbolo de lo antibarroco poseían un solo ojo. Decimos, que no nos resta más que entregar éste trabajo práctico a quien quiera saber de nuestros sinsabores y alegrías. 

Con la certeza de haber aprendido. 

Con la belleza de saber que el apropiarse de un conocimiento trasciende con creces las fronteras de la obligación de entregar un trabajo. 

Flavia y Marina 

En Europa, de 1600 a 1750. 

Hasta el año 2007, Ciudad Autónoma de Buenos Aires.


De cómo las señoritas Del toboso y Dulcinea tuvieron que apelar a la ayuda de Miguel y William para enfrentar a las fuerzas del mal y así poder culm fue publicado de la página 15 a página16 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº13

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