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  4. El hermano y sus determinaciones según género

El hermano y sus determinaciones según género

Constristano, Ana; Luque, Luis

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº13

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº13

ISSN: 1668-5229

Proyectos jóvenes de Investigación y Comunicación. Proyectos Pedagógicos. Proyectos Ganadores.

Año IV, Vol. 13, Diciembre 2007, Buenos Aires, Argentina | 109 páginas

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Como su nombre lo indica, este trabajo describe las características del rol social de “hermano” atendiendo a los reclamos y demandas relacionados con el género. Sin duda, fue el que llegó a una mayor objetivación de su tema, debido a la dedicación y creatividad desplegada por los integrantes del grupo. Entre sus múltiples aciertos se destacó la adopción de un particular protocolo de entrevistas en profundidad: mientras que para sondear la realización dramática y la fachada del hermano recurrieron a informantes que tuvieran hermanos, para el análisis del ideal social prefirieron indagar entre hijos únicos.

Ideal

4.1 El hijo único.

Una de las primeras caracterizaciones sociales que se hacen acerca de los hijos únicos en la sociedad los define como carentes de la posibilidad de compartir: egoístas. Si bien el sentimiento de querer que las cosas “sean para uno” está presente en todos los seres humanos, parece que el hecho de no haberse criado con un hermano con quien compartir todo acentúa este “defecto” en estas personas. Esto se evidencia, claramente, en algunas de las frases utilizadas por los informantes:

“... uno quiere todo para sí y de hecho, como decía antes, a mí me cuesta mucho compartir con el resto de los mortales...” (HU1).

Resulta interesante esta última frase en la que pareciera que pueden residir dos conceptos importantes. Por un lado tenemos una primera lectura, que sólo roza la superficie de la situación, en la que se puede interpretar que los hijos únicos se consideran casi dioses o por lo menos “por sobre los mortales”. Por otro lado, tenemos una segunda lectura, un poco más profunda: el hijo único no cree estar por encima de los demás sino que se evidencia el hecho de “no pertenecer” a un grupo del cual en su interior se siente excluido”. […]

4.3 Presiones de los hijos únicos.

Dentro del imaginario social existe la creencia de que los hijos únicos no tienen presiones durante la formación ideológica que van recibiendo por parte del equipo familiar, pues al tener “todo para ellos” o “todo a su disposición” no padecen de la competencia que se genera entre hermanos, ya sea por objetos materiales como por el amor paterno/materno.

Lejos de esta caracterización estereotipadora se encuentra la realidad de la situación: el ser “único” presupone que todas las miradas familiares así como los deseos, logros y frustraciones paternos se centran dentro de este objeto “único”. Esta concentración de expectativas depositadas en un único ser producen una presión muchas veces antagónica ya que los deseos por parte del padre pueden ser muy diferentes a los que tiene la madre. Es en estos casos en donde los hijos únicos sufren no solo la presión de ambos padres por concretar sus objetivos no alcanzados, sino que también sufren la presión de no saber como complacer a ambos.

Como resultado de esto veremos que en su mayoría, los hijos únicos tienen un común denominador en su personalidad: una muy alta autoexigencia. Dicho de otra forma, el deseo del hijo único por satisfacer todas las expectativas familiares genera en su actuación la necesidad de cumplir todas las demandas que aparecerán a lo largo de su vida por parte de la gente que los rodea, lo cual los empujará al intento de sobresalir del resto para sentirse autorecompensados. Esta situación no es parte de su fachada sino que pertenece a su actuación. Clarificándolo un poco: no se trata de ser el mejor por un sentimiento egocéntrico, se trata de ser el mejor para sentir que, en todo momento, se complace a los espectadores. Esto no supone una sobreactuación de su papel, sino que forma parte de las necesidades intrínsecas a ese rol.

4.4 El deseo de tener un hermano.

Como se expuso en la introducción del presente análisis, la decisión de entrevistar a un hijo único surge como manera de poder describir el ideal socialmente construido del hermano. (…) Esta hipótesis presupone que exista el deseo de tener un hermano por parte del hijo único. Ir un paso más allá supondría, ergo, asumir lo siguiente: si existe el deseo consciente de un hermano, entonces nuestra unidad de análisis estará renegando, en parte, de su situación actual de único. Entonces que, por ejemplo el informante HU1 afirme: “...en la vida he sido bastante solitaria y no le tengo miedo a la soledad...” se contrasta con este deseo de tener un par con el que compartir todo como se ve en los siguientes ejemplos:

“... me creo dos hermanos así de una. Uno más grande que yo, los dos varones, porque yo quiero ser la única nena...” (HU1).

“... Hoy por hoy, yo soy hija única, yo siempre desee tener un hermano. Yo el pedía a mi mamá...” (HU2).

 “... hermano mayor, un varón que me cuide. Que me enseñe cosas...” (HU3).

“... Si una hermana, en ese entonces yo quería una hermana. Hermano no, porque muy de la guerra, varonero...” (HU4).

“... Si fuera por el lado laboral quisiera un hermano, ahora si fuera por el lado afectivo quisiera que sea una hermana...” (HU5).

Estas frases no sólo ejemplifican lo expuesto anteriormente, sino que muestran dos temas interesantes: por un lado hay una fuerte necesidad de mantener esa unicidad característica del hijo único (no hay que olvidar que nuestra unidad de aná- lisis se ha criado como tal, y por ende perder por completo el modelo en el que se presenta su personalidad supondría renegar totalmente de ella) y por otro se evidencia no solo el hecho de la búsqueda de afecto sino también la conveniencia que representaría tener hermanos, lo cual generaría, por un lado la posibilidad de desligar ciertas responsabilidades que recaen en su totalidad en el hijo único y por el otro la posibilidad de pertenecer a ese grupo del cual se siente excluido. […]

4.7 Demandas posibles hacia ese ideal.

Hay dos ejes centrales que giran alrededor de las diversas demandas existentes por parte de los entrevistados hacia estos ideales:

En primera instancia existe la necesidad de que este ideal comparta las cargas y responsabilidades recaídas en el hijo único a fin de diversificar la presión recibida por parte del equipo familiar. Lograr la diversificación de la misma permitiría al hijo único no tener que estar constantemente atendiendo el deseo de cada integrante del elenco familiar.

En segunda instancia obtener contención por parte del ideal le brindaría parte de la capacidad necesaria para poder afrontar su autorealización como persona que intenta cumplir sus objetivos y no complacer a los objetivos de otros. Esta necesidad de contención es una de las pruebas de la autoexigencia de los únicos ya que no siempre es posible complacer los deseos del elenco y más si los mismos son diversos o inclusive antónimos.

 “... una hermana menor que me pudiese contener en la parte afectiva hacia mis viejos sería algo que me cerraría redondito... (HU5).

Nótese que una vez más caemos en un concepto visto en varios puntos anteriores: conveniencia. Como puede verse en las citas, las demandas al ideal varían en función del objetivo que pretende alcanzar el hijo único.

4.8 Comportamiento del ideal.

Primordialemente se cree que el hermano sería una figura con personalidad propia pero que a la vez se comporta casi de la misma manera que el hijo único, tiene sus propios gustos, toma sus decisiones pero, casualmente, coinciden a la perfección con las preferencias del hijo único. Otra coincidencia importante, radica en el deseo de que el hermano no solo cumpla su “función” de hermano, sino que también se comporte como amigo.

El análisis de las entrevistas determina que el comportamiento del ideal no solo complementa al hijo único, sino que también funciona como escudo protector contra las demandas o culpas que, normalmente deberían ser asumidas por él. Al punto de que, en algunos casos, hasta existe el deseo de tener un gemelo/a que no solo piense como el hijo único, sino que también cumplimente funciones de confusión ante la presencia de otras personas.

“... Soñaba con tener una gemela porque tenía la ilusión de que me iban a confundir, me gustaba ese juego. O tenía la ilusión de que a futuro íbamos a compartir los novios... (HU4).

En otros casos se deposita, en la ilusión del ideal, la posibilidad de subsanar ciertos “defectos” presentes en el hijo único, como ser el egoísmo o la dificultad para socializar.

En otras palabras, el comportamiento del hermano ayudaría a que el hijo único perdiera su condición de solitario, tanto por el hecho de poder pertenecer al grupo del cual, como se explicó en puntos anteriores, se siente excluído, como por el hecho de que le sería más fácil socializar con desconocidos. “... Entonces, a veces. creo que necesitaría ese tipo de vínculo de hermanos como para la socialización, ahora ya es tarde y es imposible, pero creo que me hubiese ayudado por ese lado...” (HU1).

Esta búsqueda de identificación en el ideal es un punto más que demuestra y acrecienta la característica de solitario del hijo único, quien en la mayoría de los casos, busca en ese ideal la contención necesaria para afrontar y superar las demandas y presiones ejercidas por la familia. […]

4.10 Preferencia entre ser único y tener un hermano.

A lo largo del presente capítulo se ha mostrado que, lejos de lo que normalmente se piensa de los hijos únicos, todos comparten o han compartido en algún momento de su vida, el deseo de tener un hermano que, si bien responde a puntuales necesidades o carencias, existe. Esto no significa que nuestra unidad de análisis no esté a gusto con su situación o que reniegue totalmente de ella, sino que evidencia la búsqueda de perfección inherente en el carácter del único; la misma búsqueda que le es inculcada y a veces impuesta por parte de su equipo de actuación (la familia).

Podríamos agregar, inclusive, que el verdadero deseo del único en su búsqueda, es obtener lo mejor de ambos mundos: preservar su individualidad y personalidad junto con la presencia de un par todo comprensivo y confi dente que está cuando él lo necesite en el momento en que lo necesite, dicho de otro modo, un hermano que supere sus características de hermano e inclusive de amigo, de cualidades utópicas pero que, a la vez, no opaque su situación de unicidad frente a sus logros obtenidos.

En otras palabras, y como se ha visto a lo largo del presente capítulo, el ideal socialmente construido de un hermano en el imaginario de un hijo único, responde a las carencias y necesidades que en éste se tejen, producto de las frustraciones, deseos e ideología socialmente impuesta por parte del equipo familiar, de lo que se desprenden importantes consecuencias para el ideal socialmente construido de hermano en general.


El hermano y sus determinaciones según género fue publicado de la página 19 a página20 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº13

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