1. Diseño y Comunicación >
  2. Publicaciones DC >
  3. Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXVIII >
  4. Para pretender primero hay que proveer. La responsabilidad y el compromiso docente

Para pretender primero hay que proveer. La responsabilidad y el compromiso docente

Bruno, Adriana [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXVIII

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXVIII

ISSN: 1668-1673

XX Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Facultad de Diseño y Comunicación. Universidad de Palermo

Año XIII, Vol. 18, Febrero 2012, Buenos Aires, Argentina | 208 páginas

descargar PDF ver índice de la publicación

Ver todos los libros de la publicación

compartir en Facebook


Licencia Creative Commons Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional

Resumen:

El compromiso de los docentes comienza a ser materia de discusión ante las evidencias de una realidad nacional, que ha generado un entorno socioeconómico en el que las personas, para sobrevivir, buscan alternativas diversas para sobrellevar las adversidades que les presenta el entorno. La prueba tangible de esto, está relacionada a que muchos profesionales ven en la docencia un refugio para sobrevivir por cierto tiempo; y la consecuencia de esto es que se convierten en profesores sin vocación, que transmiten y contagian desgano a sus alumnos. 

Palabras clave: educación – responsabilidad – compromiso – docente – ética – maestro.

Si los valores dominantes se concentran en el individualismo, el consumismo, la indiferencia frente al destino de los demás, y la falta de responsabilidad colectiva; es de esperarse que estas conductas debiliten el tejido social y conduzcan hacia un orden de inequidad social, y probablemente una extensión de la corrupción.

Como docentes tenemos la responsabilidad pública de formar a los estudiantes para que puedan desenvolverse en la sociedad y que también puedan mejorarla; pero para lograrlo debemos vencer tres prejuicios muy arraigados: 

 1. Que se puede instruir sólo con conocimientos sin valores. La institución educacional es un lugar de convivencia donde se aprende a relacionarse con la autoridad y con los demás y donde se accede a modelos de conducta. Intentar no formar en valores es formar en perplejidad y duda, en desorientación. 

2. Que formar en valores es formar de manera dogmática y cerrada. Por el contrario, la ética de la responsabilidad exige una relación dialéctica entre los principios éticos y sus consecuencias, de tal forma que la sabiduría moral llega a ser la forma correcta de interpretar esos principios. 

3. Que si el sistema no funciona, la culpa es del Estado o del Ministro de turno. Eso es verdad, pero no toda la verdad. Todas las manos cuentan y la responsabilidad pública es de todos los que estamos implicados en el proceso.

Educar es una inversión más general, que tiene que ver con una sabiduría teórica y práctica, con un enseñar a vivir desde un punto de vista no sólo técnico, sino humano. 

 Enseñar a vivir es enseñar a ser responsable, a sentirse corresponsable de lo público, de lo de todos. Nuestra época es la de la individuación basada en la competencia agresiva y en la reivindicación de derechos desprovistos de deberes. Formar en ética, en corresponsabilidad, es formar en atender al otro, es, por tanto, formar a contracorriente, sin esperar nada más que la satisfacción de actuar como se debía. 

En primera instancia, como docentes debemos: 

1. Guiar a los alumnos en el uso de las bases de información y conocimiento así como proporcionar acceso a los alumnos para usar sus propios recursos. 

2. Potenciar que los alumnos se vuelvan activos en el proceso de aprendizaje autodirigido, en el marco de acciones de aprendizaje abierto. 

3. Asesorar y gestionar el ambiente de aprendizaje en el que los alumnos están utilizando los recursos. Ser capaces de guiar a los alumnos en el desarrollo de experiencias colaborativas, monitorizar su progreso; proporcionar feedback de apoyo a su trabajo y ofrecer oportunidades reales para la difusión del mismo. 

4. Propiciar el acceso fluido al trabajo del estudiante en consistencia con la filosofía de las estrategias de aprendizaje empleadas y con el nuevo alumno-usuario de la formación.

Además, es función del docente tratar de hacer muy consciente y lúcida la elección a la que el alumno se enfrenta. Debe aportarle la máxima información posible acerca de las alternativas donde elegir y proveerle de las capacidades que le permitan: 

• Un conocimiento adecuado de sus intereses, capacidades y recursos. 

• Un conocimiento adecuado de la oferta educativa y de las vías que abren y cierran las distintas opciones. 

• Un conocimiento de las exigencias que implica la inserción en el mundo laboral. 

• Una toma de decisiones utilizando estrategias que le permitan clarificar lo que quiere; identificar las alternativas y valorarlas en función de criterios que definan los costos, beneficios y riesgos probables en cada opción; buscar información que le permita reducir la incertidumbre y, finalmente, sopesarlo todo y decidir. 

Todo esto implica cambios en nuestra propia formación: 

• Ser usuarios sofisticados de recursos de información 

• Prepararnos para un nuevo rol de profesor “guía y facilitador” de recursos que eduquen alumnos activos, que participan en su propio proceso de aprendizaje 

• La gestión de un amplio rango de herramientas de información y comunicación actualmente disponibles y que pueden aumentar en el futuro 

• Las interacciones profesionales con otros profesores y especialistas de contenido dentro de nuestra comunidad y fuera de ella.

Pero para el logro de todo lo expuesto, creo que es fundamental cuestionarnos profundamente acerca de nuestro compromiso en la práctica docente diaria. Sin duda, el trabajo como docente es uno de los más comprometedores a los que un ser humano se puede entregar, porque la carga de responsabilidad es tal que el error más pequeño, incluso involuntario, puede coartar el ánimo del alumno que deposita en nosotros la esperanza de mejorar sus condiciones de vida. Bajo esta premisa, quienes tomados este camino como forma de vida debemos ser concientes de que se trata de una labor titánica en la que el deseo de superación constante, el conocimiento de nuestra área de especialidad y sobre todo, la disposición de aprender de cada experiencia de nuestra vida, son mucho más que una obligación.

Sin embargo, el compromiso de los docentes comienza a ser materia de discusión ante las evidencias de una realidad nacional, que ha generado un entorno socioeconómico en el que las personas, para sobrevivir, buscan alternativas diversas para sobrellevar las adversidades que le presenta el entorno. Prueba tangible de esto tiene que ver con que muchos profesionistas ven en la docencia un refugio para sobrevivir por cierto tiempo; y la consecuencia de esto es que se convierten en profesores sin vocación, que transmiten y contagian desgano a sus alumnos. 

Por la naturaleza de su importancia social, la docencia no puede ser un trabajo de oportunismo e improvisación. No es ético optar por una labor en la que individuos, con necesidad de trascendencia, que tendrán sobre sus hombros la responsabilidad de sostener el desarrollo y la economía de nuestro país, el desarrollo y economía personal, el crecimiento como seres humanos y ciudadanos comprometidos con su medio, se entreguen con plena confianza a esos docentes “supuestamente comprometidos”. Si entendemos que como docentes tenemos en nuestras manos a un sujeto para apoyar, participar o influir, en su educación y en su formación, entonces comprenderemos que la esencia de nuestro compromiso docente radica no sólo en nuestra formación, sino en las tareas desarrolladas diariamente en el aula, dirigidas a lograr la generación de un cambio conductual en los alumnos que están bajo nuestra responsabilidad y ejemplo.

Para identificar qué rol o modelo desempeñamos en el aula, Gauthier y Tardiff establecieron una clasificación que describe a los individuos dedicados a la tarea de enseñar, tomando en cuenta sus actitudes, su desempeño, su responsabilidad y el nivel de compromiso asumido dentro del aula con los alumnos y el resultado de su proceso educativo. Así, tenemos los siguientes tipos de docentes:

• Maestro natural: docente dedicado a trasmitir un saber, un conocimiento, a cumplir con un horario y con un programa. Su responsabilidad máxima es “llenar” de conocimientos el cerebro de sus alumnos, considerando que su mente es una tabula rasa, una pizarra en blanco sobre la cual puede implantar muchos conocimientos, considerados por él como importantes y necesarios. Este docente considera que el conocimiento colocado en la mente es acumulativo y el conocimiento posterior va edificándose sobre el existente. En este modelo no entra la interpretación activa o constructiva. Son docentes con una posición unilateral, de sabelotodo, cuyo “prestigio” se basa en una figura de “genio” presuntuoso por formar alumnos considerados como “modelo” por la cantidad de conocimientos acumulados, exámenes resueltos a la perfección y llenos de información, que saben mucho, aunque entienden poco. 

• Maestro artista: le interesa la participación de sus alumnos, y sí los hace colaboradores del proceso de formación, pero como sujetos activos y no reflexivos; es decir, ve a los alumnos como aprendices o simples imitadores, pretende la adquisición del saber hacer, sólo demuestra o enseña una actividad eficaz donde exige al alumno ser hábil y práctico, pero no reflexivo. El discípulo no sabe cómo hacer y puede aprender si alguien que sabe y tiene experiencia le muestra. El maestro artista se cataloga como experimentado en el dominio de su materia o asignatura. Practica constantemente con “dinámicas o técnicas grupales”, basándose en la idea de que el constante intercambio y puesta en común del conocimiento reafirman y retroalimentan los conocimientos adquiridos a través de una clase teórica. Le interesa mucho estar a la vanguardia, por no decir “a la moda”, en lo referente a estrategias pedagógicas, pretende dominar o especializarse en ellas para convertirse en un “experto teórico”. El maestro, como experto y guía, lo decide todo, lo sabe todo; el alumno se limita a recibir y asimilar sin tener conciencia de la utilidad de esos conocimientos. 

• Maestro científico: parecido al anterior, por el estricto cumplimiento de los programas y de la transmisión de un vasto número de conocimientos, pero a diferencia de éste, desempeña su labor docente basado en la idea de que el alumno aprende a partir de exponerle hechos, principios y reglas de acción que debe asimilar, recordar y después aplicar. Este maestro parte de la suposición de que los alumnos ignoran casi todo y, precisamente, ese “saber” está, principalmente, en la mente del profesor, en los libros, mapas, bases de datos, enciclopedias y todas aquellas fuentes de conocimientos dignas de ser consultadas. Así, para él, es suficiente presentarles e indicarles a los alumnos cómo localizar la información y de ahí adquirir los conocimientos generadores de su aprendizaje. Aquí se permite el ensayo y el error, pero sólo bajo la responsabilidad del alumno. Si fracasa, será su “culpa”, porque el docente cumplió con generar el aprendizaje y comprobar que se adquirió mucha información, aunque no le interesa saber si para los alumnos esa información es útil o no, si puede o no aplicarse, y mucho menos, si todo lo aprendido va a transformar su manera de vivir. 

Según los autores, los modelos citados muestran las características de docentes no comprometidos y relativamente comprometidos. Los modelos siguientes responden a los más comprometidos y a los totalmente comprometidos. 

• Maestro animador-terapeuta: es el mejor ejemplo de docente más comprometido, tanto en su labor como respecto a sus estudiantes. Este docente empieza por cuestionarse de manera cotidiana algunos aspectos primordiales: ¿cómo formar y educar al mismo tiempo, qué enseñar, por qué y para qué enseñar, cómo hacer participar al estudiante como sujeto activo del proceso pedagógico, cómo apoyarlo a enfrentar su problemática personal, familiar y social? Y todo esto sin quedarse sólo en los cuestionamientos, sino encontrando las respuestas para generar acciones y llevarlas a la práctica dentro y fuera del aula. Su visión del estudiante es considerarlo como un ser humano en formación, al que se debe apoyar en el desarrollo pleno de todas sus capacidades, para que pueda convertirse en un sujeto transformador de su entorno. Este tipo de docente es consciente de que el proceso pedagógico es un constante interactuar con un sujeto poseedor de otras y menos experiencias, con diferentes conocimientos, pero con actitudes y capacidades potencialmente iguales, permitiéndole con esto una mejor adquisición de conocimientos y un compartir experiencias para el logro de una formación integral (física-mental y espiritual) que le dé la oportunidad de enfrentar y modificar su realidad. 

• Maestro profesional: este responde a cómo es o debe ser un maestro totalmente comprometido con su tarea docente, que debe tener como punto de partida el conocimiento y la reflexión de su tarea, de manera tal que pueda proveer a sus alumnos de condiciones favorables al logro de la experiencia del aprendizaje, a partir del diseño de sus cursos. Aquí se conceptualiza al docente como un ser capaz de sustentar sus acciones en la racionalidad, considerando siempre su experiencia, los principios que posee, sus capacidades, alcances y limitaciones, sus conocimientos y sus estrategias didácticas. Su tarea no sólo es cumplir con la transmisión de conocimientos o la generación de aprendizajes significativos en sus estudiantes; en realidad, su trabajo se convierte en compromiso cuando busca la superación constante en todas las áreas de su vida: profesional, personal, física y emocional. 

De todo esto se desprende la necesidad y la importancia de que los docentes nos propongamos como tarea esencial el diseño de nuestros propios cursos, buscando así profesionalizar nuestro trabajo y como forma de participar en la construcción de los proyectos educativos institucionales, orientados al logro de una educación de calidad. 

Además, no debemos olvidar que la educación es un proceso esencialmente social, que no puede construirse individualmente y que requiere de la participación y el enriquecimiento del trabajo colectivo, la consulta, la retroalimentación con los colegas y la escucha a los alumnos, quienes pueden darnos ideas o aportes para un adecuado desarrollo de nuestro quehacer docente y el cumplimiento de un verdadero compromiso ético. Compromiso ético irrenunciable y compromiso epistemológico ineludible, porque se “enseña y forma” no sólo por los conocimientos seleccionados, sino también por las actitudes asumidas. De allí nuestro doble compromiso: epistemológico, con los conocimientos, y ético, con los valores que refleja la tarea diaria dentro y fuera del aula. 

Por otro lado, es cierto que todos tenemos derecho a trabajar, lo cual no se discute, pero ante el compromiso adquirido debemos: 

• Comprender que el docente tiene un compromiso total con su profesión y debe esforzarse por dar lo mejor de sí, porque no basta con ser erudito en un área del conocimiento, hay que saber transmitir conocimientos para que todos los comprendan. 

• Entender que el profesor no tiene que ser una enciclopedia viviente, es perfectamente válido reconocer que no sabemos algo y que es preferible decir “no sé” a buscar explicaciones “bajo la manga”, que desinformen a los alumnos o que denoten que se quiso salir del paso con un acto irresponsable. 

• Buscar nuevas fuentes de conocimiento y comprender que con un capital cultural más rico las posibilidades de interacción son mayores, tanto sea en tópicos de la profesión como en aspectos didácticos que favorezcan el desempeño ante el grupo. • Establecer que la actitud asumida es la clave para salir adelante. No es ético “tirar la toalla” ante los primeros obstáculos que se enfrentan en el proceso. Ante la adversidad se debe sonreír, ante la duda se debe cuestionar, ante el temor se debe conocer. 

• Ubicar la verdadera especialidad, porque aunque se tenga un título profesional siempre hay disciplinas que son mejor dominadas que otras, por lo que no se puede ser profesores “todólogos”... zapatero a su zapato.

Todos sabemos que la educación es la base del progreso en cualquier parte del mundo y en la medida que nuestro compromiso como docentes se haga más expreso y se recupere la vocación de servicio, podremos tener aspiraciones de grandeza sustentadas en hechos y no en sueños.

Referencias bibliográficas 

- Kliksber, Bernardo (2004) Más ética, más desarrollo. Buenos Aires: Temas Grupo Editorial SRL. 

- Delors, Jacques (1996) La Educación Encierra un Tesoro. Informe a la UNESCO de la Comisión Internacional sobre la Educación para el Siglo XXI. Compendio UNESCO. 

- Diaz Mendez, David A. (2004) Entre la necesidad y la ética, ¿el compromiso docente en crisis?. (Ponencia). México: IDES. 

- Gauthier, C. y. Tardiff, M. (1996). La Pedagogía. Teorías y prácticas de la antigüedad a nuestros días. Canadá: Gaetan Morin. 

- Gonzalez Capetillo, Olga y Flores Fahara, Manuel (1999) El trabajo docente. México: Trillas-ILCE.

Abstract: The commitment of professors has become an issue at the present educational scenario. People facing social and economics global crisis have to look for diverse alternatives to bear environment adversities. Many professionals, for example, have found in teaching a transitory employment resource. As a consequence, those professionals become professors without a real vocation, who transmit lack of enthusiasm to their students.

Key words: education – responsibility – commitment – professor – ethics- teacher 

Resumo: O compromisso dos professores está se tornando um assunto de discussão sobre a evidência de uma realidade nacional, que criou um ambiente sócio-económico em que as pessoas, para sobreviver, buscam alternativas diversas para sobrelevar as adversidades que lhe apresenta o ambiente. Prova tangível disso tem a ver com que muitos profissionais vêem no ensino um refúgio para sobreviver por algum tempo, ea conseqüência é que eles se tornem professores sem vocação, que transmitem e contagian desgano a seus alunos.

Palavras chave: educação – responsabilidade – compromisso – docente – ética – professor.

(*) Adriana Bruno. Licenciada en Relaciones Públicas (UADE). Técnica Superior en Producción Gráfica (Fundación Gutenberg). Edición Editorial (UBA - En curso). Profesora de la Universidad de Palermo en el Departamento de Comunicación Corporativa - Empresa en la Facultad de Diseño y Comunicación.

Vocabulario relacionado al artículo:

estrategia pedagógica . responsabilidad profesional .

Para pretender primero hay que proveer. La responsabilidad y el compromiso docente fue publicado de la página 105 a página107 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXVIII

ver detalle e índice del libro