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Un universo sintético

Berdichevsky, Hernán

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ISSN: 978-987-1374-18-2

Comunidad de Tendencias 2012 Hernán Berdichevsky Andy Cherniavsky Diego Dillenberger Gustavo Domínguez Gonzalo Fargas Miki Friedenbach Marcelo Gordin Javier Iturrioz Gabo Nazar Sebastián Ríos Fernández Marcelo Salas Martínez Ricky Sarkany P

Año VI, Vol. 17, Julio 2012, Buenos Aires, Argentina | 116 páginas

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“Mantener los ojos abiertos, estar despiertos frente al mundo que nos rodea.”

Hernán BerdichevskyMis padres son arquitectos y tengo dos hermanos, yo soy el del medio. Mi hermano menor, Julián, también es arquitecto y mi hermano mayor es músico (ex de la banda Rata Blanca). Durante toda mi adolescencia fui su fan. En mi casa había guitarras eléctricas y chicas.

Mis padres fueron universitarios de la UBA y siempre amplificaban las habilidades de cada uno de sus hijos. Yo dibujaba de chiquito, sigo haciéndolo y me encanta. Mi mundo por entonces era el cómic. Buceaba en Tintín y me perdía, la línea clara, los colores, lo grueso, lo prolijo, lo elegante. Siempre me interesó la historieta europea y, aparte, hacía mis propias historietas.

Tuve un par de maestros como Oscar Smoje, gran pintor, o Ana Reissner, y estudié también con Hermenegildo Sabat, un experto. Por otro lado me gustaba el cine, me gustaba filmar y tenía películas en Súper 8.

Cuando terminé el secundario no existía la carrera de Diseño Gráfico. Entonces me anoté en Arquitectura. En la mitad del CBC apareció Diseño como carrera y me cambié. Aunque por esa época la carrera de Diseño era muy nueva y no se hablaba tanto de la misma en la sociedad, yo me metí de lleno, y me fascinó.

Creo que siempre me llegan los maestros en el momento que me tienen que llegar y me enseñan lo que me tienen que enseñar por que yo estoy despierto como para aprenderlo. No todo es una coincidencia. Cuando gané un concurso en la Subsecretaria de la Juventud con Mónica Van Asperen, éramos el agua y el aceite, pero congeniamos para ese proyecto y nos fue bien. Nos llevamos un premio y me ofrecieron trabajar en la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires. Fue durante el gobierno de Suárez Lastra en 1985. Era el retorno de la democracia, una ebullición impresionante.

 

Siempre supe que quería algo diferente

Cuando uno dice: Quiero construir lo mío, no tiene idea que es el lo suyo en realidad: Sabés que querés construirlo, pero no sabés que es.

Siempre supe que quería algo diferente. Tuve un encuentro hace poco con mi jefe de cuando trabajaba en la Municipalidad y me dijo: Desde que entraste supe que ibas a seguir y que ibas a llegar a donde estás ahora. Con 25 años de diferencia entre el dicho y el hecho, es muy fácil decirlo. Supe toda la vida que tenía algo diferente. Nunca supe que era. Quizás tampoco lo se ahora. Creo que el diseño tiene que ser directo, tiene que ser limpio, tiene que servir, tiene que ser elegante y, aparte, tiene que ser lindo. Creo que con Nobrand y la marca del Bicentenario pasó eso. Fue como salir de los mensajes recargados y dar mensajes puros, lindos. Vuelvo un poco a Tintín: cuando me metí con Tintín era suave, los colores, los dibujos, era un universo muy bello. Y en cierta manera, nosotros siempre con el estudio, con la marca, creamos un universo muy particular.

Se trata de un universo bastante personal. Es sintético, hasta casi infantil, puro. La verdad, si puedo ayudar a comunicar mejor, más claro y a dar mensajes positivos en vez de mensajes negativos, he cumplido mi objetivo en esta vida.

 

Tres minutos y medio

Mi proceso creativo hoy por hoy son las dos horas que tengo de ida y vuelta desde mi casa al trabajo en auto. Después, en los tres minutos y medio que tardo en agarrar una computadora, que no suene el teléfono, que no entre un mail, que no entre un mensaje de texto y que no suba alguien a preguntarme algo porque, en esos tres minutos y medio, la idea que vengo macerando y macerando, se convierte en un diseño.

Para mí la creatividad es el buen uso de los recursos que uno tiene, que son todos diferentes. Mi creatividad es esa, si me das cuarenta horas para pensar no se que hago. Más me limitás, mejor funciono.

Las personas no están muy acostumbradas a la libertad creativa. A los diseñadores del estudio les digo: Dale, hacélo. Y me dicen: Pero ¿cómo? Como vos quieras, respondo. Muchos salen corriendo porque quieren que les digas: Quiero esto, con tal color o con tal letra. Es bueno hacer las cosas diferentes. En cuanto descubrís alguna que anda, ya está, resolviste el trabajo de un mes en un día. Eso es creatividad también.

 

Surgió de las tripas

Para mí arrancar un emprendimiento no es sentarme con alguien y decidir: ¿En qué invertimos? ¿Cómo está el mercado? Nosotros pensamos al revés, desde el corazón al bolsillo. Pasamos hambre al principio, pero así es como somos. Nobrand fue un emprendimiento que surgió de las tripas. Al idear estos íconos argentinos en realidad no pensamos en hacer un emprendimiento. Queríamos decirle al mundo que todo lo que se veía de la Argentina no era así.

La única manera en que podíamos y queríamos hacerlo era a través de la Comunicación, del diseño, de los símbolos. Y surgió como una necesidad de expresión y no como una necesidad de lucro. Recién después dijimos: ¡Epa! Quizás podamos transformarlo en algo que económicamente funcione.

Puede que todo esto tenga que ver con que soy caprichoso. Por ejemplo, hace tiempo diseñamos una colección de gemelos. Yo uso dos veces al año gemelos, en un casamiento y en otra fiesta. Me parece que es uno de los detalles más elegantes que puede tener una marca. Por esto los diseñamos, los mandamos a hacer, hicimos un packaging de cuero, y resultaron espectaculares. Lo más raro de todo es que se están vendiendo. Mi socio Gustavo me decía: ¿Se van a vender? Y a mí no me interesaba si se iban a vender o no porque, antes de morirme, yo quería tener mi línea de gemelos y punto. Y como Gustavo es un compañero del corazón en esto, me dijo: Bueno vamos. Sumado a esto, la suerte nos acompañó, los gemelos se venden y visto con orgullo mí marca.

 

Sólo cuatro líneas

La Argentina es una fábrica de íconos y yo tengo la capacidad de sintetizar. Esa capacidad hace que mientras uno me habla yo voy pensando en que son cuatro líneas, es este símbolo, este color. Eso lo aprendí un poco de Sabat. Yo tenía 18 años cuando una vez me sentó en un cuarto alejado de donde estaba todo el mundo y agarró un libro.

Eligió un dibujo de Botticelli, complicadísimo, me dio un papel y me dijo: Copiálo. Yo venía de una experiencia más adolescente, de un taller de pintura con chicos que hacíamos modelo vivo. Era un gran cambio, pero él me decía: Vos mirá y ahí vas a encontrar.

Creo que la síntesis es eso. Es llegar a lo profundo de las cosas. Muchas agencias en el mundo venden Branding, pero lo nuestro es diferente. Nos respalda el hecho de haber ganado el proyecto Bicentenario, de haber trabajado para Caracas, para Berlín, para Brooklyn, para Winnipeg.

Mi producto no es un producto tan exportable. Podés exportar un mate, pero no vas a exportar mate a todo el mundo porque no todo el mundo toma mate. Lo que si podés exportar es el know how. Si bien tardamos años en darnos cuenta, es lo que hicimos y funciona. Una vez que decodificamos cuales son los íconos de Berlín, por ejemplo, todo eso se convierte en un producto de Nobrand pero de Berlín. Así, mi modelo emprendedor es vender el know how, la idea de decodificar una cultura y la identidad de un país y convertirla en producto.

 

Llegar dentro

Me gustaría trabajar hasta el último día de mi vida. La verdad es que adoro lo que hago. No me cansa para nada. En este momento creo que trabajo doce horas por día y lo único que me hace volver a mi casa es mi familia. Creo que lo que hago puede cambiar de cierta manera un poco lo que la gente piensa del Diseño, de la Comunicación, de los problemas. Tomando como ejemplo lo de los Derechos Humanos que estamos haciendo en Winnipeg, Canadá, se trata de hacer un dibujo y que lo puedan leer millones de personas que hablan 35 idiomas diferentes.

Eso es un don que alguien me dio y quiero compartirlo.

Conociéndome, todo lo que podría haberme dicho, en algún momento, a mí mismo no me hubiese servido para cada. Porque en realidad ahora con el diario del lunes diría: Llegás, tranquilo. Las cosas van apareciendo, las tenés que resolver, el destino está semiconstruido y uno también ayuda a construirlo.

Me voy despertando a medida que envejezco. Y me voy dando cuenta de que la vida no es tan sencilla como uno quiere que sea o como le gustaría que sea. La Argentina también es un país bastante conflictivo.

Mi equipo y yo estuvimos involucrados de alguna manera con el Bicentenario, con el diseño de los símbolos. Esto me llevó a pensar porqué no podremos darnos cuenta de las cosas que le pasan al otro, que le duelen.

Finalmente, todos tenemos algo dentro, algunos más lindo, algunos más feo, algunos mejor, algunos peor, pero la realidad es que todos tenemos algo y cada uno tiene diferentes maneras de llegar a encontrarlo. No estoy hablando del interior, ni del alma, pero sí de lo que uno es como comunicador, como diseñador o lo que sea que haga. Creo que siempre es bueno intentar llegar ahí. Cuando uno llega siente que parte del camino está hecho y que lo demás ya es menos áspero.


Un universo sintético fue publicado de la página 15 a página17 en EMPRENDEDORES

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