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Ver más allá

Dillenberger, Diego

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ISSN: 978-987-1374-18-2

Comunidad de Tendencias 2012 Hernán Berdichevsky Andy Cherniavsky Diego Dillenberger Gustavo Domínguez Gonzalo Fargas Miki Friedenbach Marcelo Gordin Javier Iturrioz Gabo Nazar Sebastián Ríos Fernández Marcelo Salas Martínez Ricky Sarkany P

Año VI, Vol. 17, Julio 2012, Buenos Aires, Argentina | 116 páginas

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“Mi principal activo es la capacidad de observar.”

Dillenberger, DiegoCuando decidí estudiar, como todos los chicos al principio, nunca me quedaba claro si lo que tenía que hacer era lo que me incitaban mis padres, o lo que quería hacer yo. Terminé el colegio en
Alemania y empecé a estudiar Administración de Empresas. Era la época de los militares en la Argentina. Tuve que volver a hacer el servicio militar porque en aquella época era muy difícil conseguir prórrogas. Esa experiencia, que en el fondo fue negativa como todo servicio militar, me dio un impasse de un año. En ese momento entendí que no hay que pensar que a los 18 años uno tiene que saber que quiere o hacer necesariamente lo que le dicen los padres. Es muy probable que se tarde un par de añitos en encontrar el rumbo.
Con ese impasse que me dio el servicio militar, decidí dedicarme al Periodismo. Descubrí que me interesaba contarle a la gente lo que observaba y que de repente observaba más que otros.
La carrera de Periodismo en Alemania era una cosa novedosa. En general los periodistas entraban tradicionalmente a través de otras carreras. Dije: ¿Qué es lo más afín? y decidí estudiar Sociología. Cuando terminé finalmente me dediqué al periodismo y nunca ejercí como sociólogo.
Trabajé primero en Alemania, después me vine a la Argentina y trabajé un tiempo en México, hasta que definitivamente decidí volver a la Argentina en los 90´s y quedarme aquí.
Trabajé en unos cuantos medios. En el diario Ámbito Financiero, en la revista Noticias, en la revista Negocios. Descubrí que dentro del Periodismo mi verdadera vocación era el Periodismo Gráfico pero de revistas. Siempre tenía ganas de hacer una revista y me gustaba el tema de Management y Marketing. Me di cuenta que había un tema que faltaba tocar, el de Comunicación Institucional.


Toda la vida lo había soñado
Trabajaba en el diario El Cronista Comercial y me llamaron de la revista Noticias. Fui a trabajar allí y a los dos meses decidieron despedirme. Luego estuve en el diario La Prensa. Lo había comprado Amalita Fortabat con el proyecto sumamente ambicioso de hacer un gran diario,
pero ese proyecto rápidamente fracasó. En ese momento ofrecieron retiros voluntarios, interesantes para lo que era la época. Ahí dije: “Toda la vida soñé con hacer una revista,
y estoy viendo desde hace muchos años que hay un déficit de información, en un mercado que está creciendo mucho y que tiene profesionales cada vez más interesantes. Pero se nota que
les falta formación o información sobre cómo son las mejores prácticas en el sector”.
Entonces es cuando decidí aprovechar este retiro voluntario. Eran 60 mil dólares del año 1996, para invertirlo, si era necesario íntegramente, en ese proyecto. Y así es como
nació la revista Imagen. No fue fácil. Lo primero que uno hace es buscar quien te pueda auspiciar y la mayoría de los grandes auspiciantes nos decían: “Qué buena idea, qué bárbaro, pero antes de auspiciar quisiera ver unos cuantos números”. Salimos prácticamente con nada. Los únicos dos auspiciantes en ese momento eran Laboratorios Bagó y la tarjeta Visa que,
obviamente, no cubrían el costo de hacerla. A pesar de las dudas de muchos, estaba seguro que se necesitaba una revista para contar un poco los casos exitosos, los fracasos. Transmitir cuales eran las mejores prácticas.
Además, generar una sensación de comunidad, un medio del sector que informa las cosas que son relevantes. Cuando los 60 mil dólares iniciales se habían acabado por completo, hicimos un número aniversario. El único ingreso que teníamos eran las suscripciones, que son el 25%
o 30% del ingreso, ya que la parte más importante es la publicidad. Con el número aniversario los auspiciantes se dieron cuenta que habían salido durante todo un año once números seguidos, de buena calidad, con la idea de hacerla aún mejor. Teníamos y tenemos la filosofía de hacer un medio periodístico de muy buena calidad y con altibajos lo venimos haciendo desde hace 15 años.


No al todólogo todo terreno
Mi principal activo es la capacidad de observar. Eso es lo más importante que tiene que tener un periodista. Muchos dicen que un periodista tiene que escribir bien o hablar bien, pero más importante es la capacidad de observar. Y observar significa ver lo que pasa en tu entorno y, al
mismo tiempo, entender qué puede ser interesante para la gente y satisfacer sus necesidades de información y de comunicación. Esta es una aptitud que yo, recién a los veinte años más o menos, mientras hacía el servicio militar, descubrí que tenía. Me refiero a la capacidad de observación, de que te llamen la atención cosas.
El periodista suele ser un todólogo. La realidad es que no se puede saber todo de todo. Hay periodistas deportivos, de Política, de Economía. Hay que saber encontrar un campo y no salirse de ese campo. En su momento mi orientación fue hacia la Economía pero después se fue situando hacia el Management y el Marketing. Los periodistas son a veces un poco superficiales. Si alguien quiere ser periodista y tuvo muy malas notas en Historia, que elija otra carrera. Si anduvo mal en Geografía, que elija otra carrera, es decir, el periodista tiene que tener alguna profundidad.
Cuando era joven trabajaba en una agencia de noticias en Alemania. Lo que hacíamos era traducir las noticias del alemán al castellano. Era impresionante, estabas redactando la caída de un avión y al segundo siguiente estabas redactando los problemas económicos de un país latinoamericano y después te tocaba la política de Medio Oriente.
La necesidad de saltar de un extremo a otro casi marea. Ese tipo de Periodismo, que todavía existe y va a seguir existiendo, no es la regla. Lo lógico es ser un todólogo pero dentro de un terreno y no salirse de ahí.


Ver las oportunidades
Hago un programa de TV por el Canal Metro, que se llama La Hora de Maquiavelo. Surgió como una respuesta a la crisis. Cuando vino la gran devaluación uno de los grandes problemas que teníamos era el costo de papel.
¿Cómo lograr hacer una revista cuando tenés costos en dólares y tus ingresos en pesos? Sacamos la revista con menor frecuencia, con otro papel de menor calidad y surgió la idea de inventar algo que no tenga el costo del commodity, o sea radio o televisión.
Por esos días, fui a cubrir una conferencia de prensa de la distribuidora de señales Pramer. El tema de la conferencia de prensa era “¿Qué hacer en medio de esta tremenda crisis
económica con los costos de las productoras?” Porque si bien las productoras de televisión no usan papel y tienen de alguna manera amortización de equipo y sueldos, también tienen
sus costos.
Pramer dijo que se iba a solidarizar con las productoras argentinas y que iba a mantener por lo menos durante todo el año 2002 sus precios en pesos. Ahí me iluminé y dije: “Acá tenés un lugar con costos que no van a subir”. Levanté la mano y pregunté si podía llevar un proyecto. Me dijeron que si, les gustó y así salió el programa.
Nosotros le hablamos a un público muy específico, el sector de la Comunicación Institucional que puede abordar temas que para el grueso de la gente pueden llegar a ser bastante aburridos como ¿Cómo mejorar la comunicación interna en una organización? Sin embargo, vimos que hay facetas de la comunicación que sí son interesantes para todo público, entre ellas la Comunicación Política. ¿Y quién fue el que primero vio que la política era comunicación?
Nicolás Maquiavelo. No se trata de dar consejos para conseguir el poder, sino simplemente ver como trabajan los asesores de los comunicadores políticos y por supuesto también de empresas.


Mi legado es no asustarse
Emprender cualquier proyecto implica muchos sacrificios, sobre todo en un país donde no tenés prácticamente acceso al crédito. Por eso el emprendedor argentino además de entusiasmo,
tiene que buscar fuentes alternativas de financiación.
Un trabajo adicional que un emprendedor en Estados Unidos no necesita.
También es necesaria una capacidad muy grande de convencer a alguna gente de que lo apoye. Tengo que admitir que mi familia después me ayudó, pero la plata inicial la puse yo, fueron mis ahorros los que fueron ahí.
En Argentina hay que ir con pies de plomo y asesorarse muy bien en lo referente a lo legal y a lo financiero administrativo.
Si yo le puedo dejar un legado a alguien es no asustarse. Argentina es un país anti emprendimiento, es un país que te las pone todas en contra sobre todo en el tema laboral, le falta una legislación diferencial para las pymes…
Y esas son algunas de las cosas que tiene que tener en cuenta un emprendedor, pero nunca debe asustarse.


Ver más allá fue publicado de la página 27 a página29 en EMPRENDEDORES

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