Estudiantes Internacionales Estudiantes Internacionales en la Universidad de Palermo Reuniones informativas MyUP
Universidad de Palermo - Buenos Aires, Argentina

Facultad de Diseño y Comunicación Inscripción Solicitud de información

  1. Diseño y Comunicación >
  2. Publicaciones DC >
  3. EMPRENDEDORES >
  4. La filosofía del equipo y el aguante

La filosofía del equipo y el aguante

Domínguez, Gustavo

EMPRENDEDORES

EMPRENDEDORES

ISSN: 978-987-1374-18-2

Comunidad de Tendencias 2012 Hernán Berdichevsky Andy Cherniavsky Diego Dillenberger Gustavo Domínguez Gonzalo Fargas Miki Friedenbach Marcelo Gordin Javier Iturrioz Gabo Nazar Sebastián Ríos Fernández Marcelo Salas Martínez Ricky Sarkany P

Año VI, Vol. 17, Julio 2012, Buenos Aires, Argentina | 116 páginas

descargar PDF ver índice de la publicación

Ver todos los libros de la publicación

compartir en Facebook


Licencia Creative Commons Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional

“El ego destruye más compañías que la competencia.”

Domínguez, GustavoMe gusta presentarme como un conductor de proyectos, aunque en origen formal soy contador público. No me agrada hablar de alma Mater, es demasiado soberbio. Hay personas que tienen una capacidad enorme para crear algo, pero no la tienen para hacer que esa creación llegue a buen resultado. No se pueden ocupar todos los roles en la vida. Hay que reconocer los méritos de los otros, respetarlos y trabajar en equipo. Hacer realidad los proyectos es la característica principal de mi persona.
Cuando era muy joven trabajé en Finca Flichman. A los 23 años fui gerente administrativo-financiero. Sufrí toda la gran inflación argentina, la verdadera inflación a cargo de las finanzas de la empresa con valores que llegaron en su punto máximo al 200% mensual.
Fue una experiencia única para un joven de esa edad.
El primer salto profesional fue pasar de gerente administrativo financiero a gerente comercial. Fue adentrarme en un mundo nuevo, lo cual era un riesgo, igual que emprender. Este fue un gran salto, que me hizo que dejara atrás los temores. Me parece que eso fue clave y me dio ánimo para emprender otras cosas en el futuro. Después trabaje en Seagrams, la segunda compañía multinacional del mundo en bebidas (Chivas Regal, Mumm, Blenders, etc.). En el año 1999, por una cuestión de calidad de vida, decidí renunciar. Tenía a mi cargo cinco países de Sudamérica, estaba cansado de viajar, recorrer aeropuertos y dormir en habitaciones de hotel. Quería estar más tiempo con mi esposa y mis hijos. Así que renuncié y me fui a vivir a Cariló, quería una mejor calidad de vida para mi familia. Allí, como primera experiencia entrepreneur puse dos vinotecas: una en Pinamar y otra en Villa Gessell. Atendía al público y tenía distribución. Fue una experiencia bárbara. Provenía de las multinacionales donde estaba todo arreglado, siempre con un asistente, y en este desafío tenía que hacer todo yo solo. Desde un trámite en la municipalidad hasta pagar los impuestos. Empezás a ver la resistencia que
te brinda la misma sociedad para emprender. Tenés niveles de frustración, pequeños y grandes, hasta que las cosas empiezan a funcionar.
Después abrimos un pequeño Winebar y ampliamos las ventas a comercios de la región. Emprender es hacer algo, sin mirar la cuenta bancaria, con el convencimiento de crecer.
Cuento una anécdota. Un día llegó Fernando Redondo y le vendí una caja de “Don Perigñon”. Gran venta por el valor. Lo sorprendió que un vendedor hubiera estado en Europa
y que conozca todos los lugares referentes del mundo vitivinícola. Le lleve la caja al baúl del auto y me gané la propina. Para mi era un orgullo. Yo era vendedor y trataba de ser el mejor. El trabajo dignifica al hombre, cualquiera sea la función que ejerza.
Creo que emprender es ser mejor cada día en lo que uno hace y poner el máximo de esfuerzo, más si tenés la responsabilidad o compartís ese sueño con otras personas.


Piloto de tormentas
De Cariló tuve que irme cuando me di cuenta que no me alcanzaba la plata para mantener a mi mujer, tres hijos, tres perros, dos canarios y un loro. Era el año 2002 y empecé a trabajar en una compañía inglesa, Allied Domecq (Tía María, Colon, Old Smuggler, Bols, etc), como Presidente de la filial argentina. Allí entré el primero de mayo y me dieron tiempo hasta el 31 de agosto (cinco meses) para recuperar la empresa o cerrarla. Porque ya venían con muchos años deficitarios en la Argentina y con justa razón en Londres pensaban que si perdían plata en tiempos normales: ¿Cuánto más iban a perder con la peor crisis de la historia argentina?
La compañía ya tenía fecha de cierre. Hicimos un plan agresivo porque mientras todos los competidores se achicaban, nosotros salimos a sumar más clientes. La empresa salió adelante. En las crisis hay que hacer algo diferente a la corriente general, si deseamos lograr resultados diferentes a los previos. En 2002 crecimos un 50% y Allied logró nuevamente el liderazgo en el mercado. Ello se debió al trabajo en equipo. Tuvimos una colaboración enorme de todos los empleados. Concluimos la gestión manejando Brasil desde Argentina. Fue una experiencia fantástica que demostró que las personas cuando están en un período de crisis se pueden liberar y sacan lo mejor de su interior. Allied Domecq en su momento me entusiasmó
porque era un proyecto que reconocía el problema pero planteaba la solución.
La experiencia me mostró que uno debe tener la capacidad de escuchar a todos, sin excepciones. Si liderás tenés una responsabilidad enorme: saber escuchar, porque la pirámide de poder lleva a encerrarte en pocos. Tengo un criterio de la vida mucho más socrático que aristotélico, pienso que todos pueden filosofar o enseñar, solo hay que saber oír y guiar.
Más tarde, lamentablemente, la empresa se vendió a nivel mundial y de un día para otro nos quedamos sin trabajo. El espíritu entrepreneur surge en esas circunstancias. Dijimos: “O hay que buscar trabajo o hay que rescatar gran parte de las personas y hacer algo en conjunto” porque muchas se quedaban desempleadas. Con la gente que nos había ayudado a ser una compañía líder en Argentina armamos un proyecto basado en los equipos de trabajo.


Nos quedaba la historia
Con los principales ejecutivos que había en la compañía armamos un proyecto. Con una presentación en la laptop fuimos a Holanda para seducir al Management de Bols y
les contamos nuestra idea: alquilar una planta de la empresa que compró Allied Domecq y evitar que se cierre esa fuente de trabajo. Producir los licores para Argentina
y Sudamérica, manteniendo en gran parte el mismo grupo de trabajo que reconstruyó Allied Domecq.
No teníamos oficina, no teníamos capital, lo único que teníamos era la historia de un grupo de trabajo que fue lo que nos dio la seguridad para poder emprender. No fue un proyecto individual, si bien pude haber sido yo la cara visible. Las personas son más importantes que el capital financiero en algunos proyectos.
Fue todo un riesgo. Por cuatro meses no vimos nada tangible, estaba todo sujeto a que en Holanda nos firmen el contrato o que la Comisión Nacional de la Competencia nos autorice a funcionar. Fue pura fe y confianza. Con esos cimientos lideré el proyecto de SABIA. También existía un ánimo de revancha, lógico en todos los que competimos.
Demostrar que el grupo no murió, habíamos perdido una batalla pero no la guerra.
Empezamos con una planta que era un monstruo para nosotros, por su tamaño y complejidad. Una apuesta para nuestro modesto capital, un desafío enorme. El hecho de llegar a una
oficina, que hubiera un solo teléfono, que todos hablemos por el mismo aparato y estemos felices: es la mejor prueba de un proyecto compartido. La característica a destacar era la
facilidad que teníamos para sobreponernos a los problemas, porque sabíamos que había algo más importante en el futuro.

Un culto al aguante
Los argentinos tenemos una enorme capacidad para vivir en la adversidad, se vive con un nivel de limitaciones y problemas que nos hace distintos. La historia económica del país nos ha dado una fortaleza interna enorme. Además, a pesar de que dicen que somos individualistas, en los momentos adversos somos hombres de equipo, la prueba es el concepto del aguante incorporado, es místico. Construir la mística del equipo en base a esa adversidad: “Nos  voltearon pero nos vamos a levantar”, “no podés abandonar, te las tenés que aguantar”, ese es el ADN del argentino.
La capacidad creativa del argentino es muy alta. En gran parte proviene de la cantidad de crisis sufridas y la búsqueda de soluciones en escenarios cambiantes. Con la realidad macro-económico argentina no podés ser un individuo estático, tenés que se creativo.
Siempre trato de mirar la organización, mi persona y lo que me rodea en un horizonte de tres a cinco años. Esto me permite minimizar los problemas actuales, para mirar hacia un horizonte más lejano. Si me pongo a pensar en una nimiedad, esta se transforma en el problema de
mi vida, si la coloco como una parte de algo mas grande, pierde relevancia, logro quitarle peso y simplificar la solución.
Hay que confiar en que vas a estar protegido, porque estás en un equipo de trabajo que te contiene. Cuando nos asociamos a Campari, no renunció nadie.
Confiaban que el equipo se iba a adaptar a las consecuencias. Si no lográbamos unirnos a un socio estratégico como lo eran ellos no teníamos posibilidades de subsistir. Por esa razón vendimos un porcentaje de la compañía en el 2009. Hasta el día de hoy el espíritu de equipo perdura y las personas no han variado.
Con inteligencia hay que darles a los individuos la oportunidad para desarrollar proyectos con riesgo limitado. Eso motiva y compromete. En cuanto a los que dirigen, hay que disminuir los niveles de frustración ante algo que no puede lograr un individuo que trabaja con vos. La perfección no existe, solo existe el camino hacia ella.


Soy un buen jugador de equipo, no soy un crack
Estudié la secundaria en el Carlos Pellegrini. Para mí fue un aprendizaje muy importante y lo aprecio enormemente porque, debido al alto nivel de exigencia de la institución, nos obligaba a arreglárnosla solos. Algo que también valoro mucho, es que aunque nunca sobró la plata en mi casa, si sobró el afecto, que es mucho más valioso. Fuimos ricos en cariño y contención.
Los grupos te protegen, los equipos son sanos y cuando vos tenés la capacidad de depositar tu ego a un costado, para beneficio del conjunto, las personas dejan de sumar y empiezan a multiplicar potenciando su valor individual.
Además, lo que logran los equipos, si son inteligentes, es minimizar tus debilidades y potenciar tus virtudes. No hay que pensar que se puede hacer todo, una buena idea no
alcanza para tener un buen resultado.
Hay que buscar y tener un adecuado balance en la conformación de los grupos. Si soy muy extrovertido, lo ideal sería tener a mi lado a una persona más introvertida y reflexiva. Si buscás personas que sean exactamente iguales a vos, corrés el riesgo de no evolucionar. La clave esta en compartir valores, no pensamientos.
En el futbol jugué en todos los puestos, soy solidario en la cancha como en la vida. He tratado de sacrificarme en el puesto que se necesite. Si me hago una crítica futbolística, creo que si hubiera buscado más el lucimiento personal me hubiera ido mejor, pero siempre me he sentido satisfecho por integrar equipos. Casi con 50 años, sigo jugando con los mismos amigos y con las mismas ganas de los 14 años. Preparo el partido del sábado, desde el lunes. Soy un buen
jugador de equipo, no soy un crack.


La mejor versión de sí mismo

En 2009 le vendimos el 70% de la compañía al Grupo Campari y hoy en día somos parte de dicho Grupo Internacional.
Atravesé muchas etapas, estuve en una multinacional, después en una pyme, volví a una multinacional, se vendió la compañía, emprendí y ahora nuevamente formo parte de
una multinacional. Mi espíritu emprendedor sigue estando intacto. Lo que sucede es que ahora tengo una responsabilidad con la gente que confió en este proyecto y que siguió el liderazgo que tenía, respetando la cultura del aguante.
En algún momento volveré a emprender porque resulta un paso lógico de mi vida. Siempre estoy mirando nuevas oportunidades, el hecho de hacer algo propio no se compensa
absolutamente con nada.
Uno se tiene que mover y procurar ser mejor persona, hijo, esposo, padre, amigo, ejecutivo, hacedor de proyectos. Tratar de honrar la vida a diario. El principal adversario está
en nuestro interior, es la lucha más difícil que tenemos, es la que enfrentamos contra nosotros mismos y para tratar de superarnos día a día.
El progreso es una combinación entre herencia y variación, como decía José Ingenieros: Algo heredamos y algo tenemos que cambiar. Aunque no podés cambiar el mundo, podés
cambiar tu realidad cotidiana. Tenemos que ayudar a formar una clase de personas que se esfuerce por ser mejor, en la medida que sus limitaciones se lo permitan. Esa es mi
lucha interior, tratar de ser siempre mejor.


La filosofía del equipo y el aguante fue publicado de la página 33 a página35 en EMPRENDEDORES

ver detalle e índice del libro