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Hay que creérsela siempre

Friedenbach, Miki

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ISSN: 978-987-1374-18-2

Comunidad de Tendencias 2012 Hernán Berdichevsky Andy Cherniavsky Diego Dillenberger Gustavo Domínguez Gonzalo Fargas Miki Friedenbach Marcelo Gordin Javier Iturrioz Gabo Nazar Sebastián Ríos Fernández Marcelo Salas Martínez Ricky Sarkany P

Año VI, Vol. 17, Julio 2012, Buenos Aires, Argentina | 116 páginas

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“El desafío tiene mucho de juego. Sigo jugando.”

Miki FriedenbachSoy Diseñador Industrial egresado de la UBA con posgrado en Gestión Estratégica de Diseño en el Politécnico de Milán y me especialicé con los años en imagen corporativa. El diseño para mí es algo muy amplio, que abarca desde la Arquitectura hasta la Tipografía y hoy lo ampliaría mucho más aún. Incorporaría la estrategia y la gestión de diseño, indispensables para que las ideas se conviertan en proyectos y los proyectos en realidad.
Cuando estaba en la Facultad, teníamos siempre una discusión con mis compañeros. Éramos de las primeras camadas y los profesores eran arquitectos, entonces la mayoría de mis compañeros cuestionaban ofendidos: ¿¡Cómo los arquitectos nos van a enseñar Diseño Industrial!? Para mí siempre la disciplina fue el Diseño y
luego sigue el tema de la especialización: Urbanismo, Arquitectura, Gráfico, Textil, etc. Obviamente, vas a tener menos práctica, menos oficio, pero si sabés diseñar podés participar y aportar a cualquier problemática planteada.
Mi padre era juguetero y eso implicaba tener grandes entregas: Día del Niño, Navidad, Reyes, que te marcaban el ritmo de vida. Cuando iba a la primaria, me bajaba del colectivo, veía contenedores que estaban descargando la mercadería importada en la fábrica de mis padres, a cuadra y media de casa, llegaba y me ponía a ayudar. Ese recuerdo debe ser de 1978 o 1979, cuando abrieron la importación. Mi padre fue de los primeros en llegar a Hong Kong. Ocurre que para salvar la empresa había que adaptarse muy rápido, de fabricante a importador y
luego la venta directa al público.
Conviví mucho con el desarrollo de los juguetes. Pasaba tiempo en la fábrica de muñecas de plastisol y me llevaban cada tanto en los viajes que hacían a las ferias en Europa, incluso a Japón. En los viajes me consultaban bastante al elegir y analizábamos como iba a resultar tal o cual producto. Después, veíamos el éxito en la juguetería.
En nuestra época no había nada de comunicación y para ver novedades había que viajar. Íbamos a ver fábricas a Italia, sobre todo de muñecas de plástico, las grandes. Recorríamos
ferias, veíamos que estaban presentando. Después íbamos a una fábrica, traíamos muestras para fabricar acá.
Más tarde empezó la importación y los viajes a Asia. Puedo decir que a la Pyme la mamé muy de chico. Finalmente, a pesar de vivir en una juguetería, en casa se veía mal tener en el cuarto millones de juguetes, por eso yo tenía mis autos y bloques de armar y construir contaditos.
Sin embargo, puedo decir que el diseño tiene mucho de juego y hoy sigo jugando…ahora con mis hijos, con quienes soy uno más.


Modo turista
Hice la primaria en el colegio alemán Pestalozzi. Huía del alemán porque, a pesar de que en mi familia se hablaba, los idiomas no son para mí. Mi mamá es alemana y mi papá es austríaco, de religión judía. Ambas familias escaparon de la guerra, se vinieron desde muy chicos. Por eso está muy marcado en la familia todo el tema de los viajes.
Cuando supe que venía el secundario bilingüe en alemán no quise saber más nada y me fui desesperado a la ORT. Me encantó la escuela técnica, estaba fascinado. Luego me tocó elegir especialización. Hice Química, y hoy soy Técnico Químico.
Más tarde empecé el CBC para Ingeniería pero me fui de viaje en el verano y estuve tres meses vagando por Estados Unidos y Europa. Al volver, las clases ya habían empezado
y mis compañeros me preguntaban sobre el viaje.
Yo miraba todas esas columnas enormes de la Facultad de Ingeniería. Estaba todavía en un trance que me hacía tener la visión de turista. Miraba como preguntándome ¿Cómo es la gente acá? En ese momento, terminada la clase de Algebra, decidí no estudiar eso. Me fui directo al departamento de Orientación Vocacional de la UBA y de ahí a la Facultad de Arquitectura para estudiar Diseño, carrera que acababa de abrirse.
Creo que el viaje tuvo todo que ver con eso. El Pompidou de París era nuevo. Veía las exposiciones de arte y diseño en cada país. En otras palabras, el tema estaba. Iba a un
lugar y me llamaban la atención los objetos. Había mucha diferencia en las pequeñas cosas. Muchos objetos de diseño me impactaban pero el clic se hizo cuando comencé a estudiar
Diseño. Entré a la facultad y me sentí como pez en el agua. Me metí en todos los cursos. Todo era a mano en ese momento. Dibujar con lapicera, con marcador, aerógrafo.
Me preparé muchísimo.

Confiar en la intuición y en uno mismo
Cuando entré en la materia Diseño 1, me di cuenta que había estado un año esperando “eso”. Sabía que era lo mío.
Mi papá consideraba que tenía que trabajar pero podía no hacerlo, veía que yo estaba con mucha seguridad y que esto era a lo que quería dedicar toda mi energía. Por ahí
ayudaba en el negocio en las temporadas pero le dedicaba día y noche a la facultad. Tal es así, que al día siguiente de terminar la carrera, puse el estudio.
Cuando cursaba venía con ese hambre. El último año me presenté en varios concursos de diseño y ganamos cuatro con primer premio, uno atrás del otro. Tenía seguridad
interior. Hubo un concurso muy lindo con la Universidad de Buenos Aires en la que nuestra cátedra armó un grupo de 10 personas y competimos con todas las universidades
del mundo. Se llamaba la Copa Italia y aportaba solamente una frase: mutaciones domésticas. Teníamos que presentar entre tres y cinco productos en video con calidad como
para que lo pase la BBC. ¡Nosotros teníamos cero recursos y ganamos el primer premio! El segundo premio fue para una universidad de Barcelona, que en ese momento era lo
máximo, y el tercer premio para una de Japón.
Mi primer trabajo de diseño fue para alpargatas. Una profesora me llevó a trabajar para Topper. Entré y el primer día confirmé que yo venía de familia Pyme, que no me sentía a
gusto en una empresa tan grande y que me quería ir. Luego de un par de meses de trabajo había terminado la pasantía pero no estaba conforme con lo realizado. Les pedí un mes
más, que me pagaran solamente los costos, porque yo iba a hacer una presentación como para mi había que hacerla.
Entonces presenté un proyecto integral a mi manera, tal como los sigo haciendo. Un concepto que define la identidad corporativa y también una aplicación que se integra al producto funcionalmente. Les llevé zapatillas hechas, nunca habían visto maquetas de zapatillas. Cuando llegué con todo eso fue una revolución, tanto, que rearmaron el departamento de diseño. ¡Tiré una bomba!
Con dos compañeros, Gustavo Coll y Juan Doberti, con los que habíamos hecho la mayoría de los concursos, pusimos el estudio en Belgrano, en el pasaje Túnez, donde yo hacía
las entregas. Fue Túnez Diseño.


Entiendo como piensa una Pyme
Mis socios me acompañaron siete años, hicimos cosas muy lindas. Lo primero fue mi trabajo de tesis. Una línea de productos hecha con piezas estándar, no fabricamos nada, compramos piezas estándar y las resignificamos.
Abrimos un local en Túnez y Monroe, pegado a la vía, se llamaba DE-SIGNO. Fue noticia, salió en todos los diarios. El suplemento del Cronista Comercial, que era el más importante que había de Arquitectura y Diseño, nos sacó en la tapa con el título: “Locos y famosos”. Palermo era Palermo viejo y no había un solo local de diseño. Nosotros salimos con esta cruzada y no vendimos nada, pero nada. Sin embargo la estrategia, sin querer, había dado sus frutos
y nos posicionó muy bien.
Lo que me pasa hoy con los clientes es que los entiendo perfectamente, entiendo a la pyme, a los empresarios, a los negocios. Siento que se lo que viene y lo que hay que hacer.


El pánico de la hoja en blanco

No podés estar inseguro, “Te la tenés que creer siempre”. Y no solamente en diseño, el vendedor sale a la cancha y vende creído 100 x 100. Yo lo siento así. Me di cuenta
con el tiempo de la importancia que tiene todo esto en la colectividad judía y en mi familia. Que estudies y seas profesional es importante y yo me siento con esa ventaja de ser profesional y ser capaz de hacer cualquier cosa en cualquier lado. No me voy a hacer millonario pero no necesito tener mucho capital. Liviano estoy bien porque se
que puedo crear, proyectar y concretar. Ese es un capital muy importante.
En Arquitectura o Diseño el primer día de clase te dicen: “Vamos a diseñar.” Te piden hacer una casa y hay que hacerlo. Dado esto, muchos se levantan y se van. Es muy fuerte encontrarte con la hoja en blanco, la sensación es fuertísima. En mi época, la gente se iba a la casa llorando cuando le pedían hacer algo para la semana siguiente.
Se preguntaban: ¿Cómo hago? Si no me enseñaron nada.
Lo que ocurre es que sos autodidacta y en la UBA sos un gran autodidacta. Te dan las herramientas pero vos tenés que hacerlo y tenés que hacerte ahí. Recién al recibirte te
caen las fichas y valorás a los docentes que de alguna u otra manera te acompañaron en el proceso. Aprendí a diseñar de la mano de Ricardo Blanco, tuve la suerte de estar toda
la carrera cerca de él y aún hoy, más de veinte años después, seguimos compartiendo experiencias.


Me atrapan los desafíos
Siento la seguridad como un medio indispensable. Hoy me gusta más hablar con el número uno y juntos hacer el proyecto. El desafío me atrapa y voy por ahí.
Participo de numerosos startups y me involucro mucho. Me sale más fácil hacer eso que mi propio emprendimiento, porque me atrapan los desafíos que me plantean.
He hecho de todo, escenografías de televisión, mucha identidad corporativa, estrategias, productos, proyectos de Arquitectura Corporativa bastante grandes. Cualquiera de
esos trabajos podría ser un gran negocio, un gran emprendimiento pero yo voy haciéndolos todos casi simultáneamente porque me atrapan, me gustan.
Mi estudio Miki Friedenbach & Asoc. es una consultora.
Le damos a los proyectos un entendimiento de la situación, de la persona. Porque no es solamente lo que hay que hacer sino lo que uno tiene que hacer en ese contexto. Le brindamos toda una cantidad de herramientas muy vinculadas al diseño y a los negocios para acelerarlo. Ayudamos a concretarlo.
Si vuelvo a mi etapa de técnico químico diría que tenemos el acelerador y el catalizador. El factor tiempo es clave para todos y con asesoramiento podemos llegar a los objetivos mucho antes. Aceleramos negocios con herramientas de diseño estratégico. Por eso siempre decimos:
“La visión estratégica debe guiar el proceso creativo y es la herramienta para fortalecer los negocios”. Finalmente, me apoyo y pido colaboración muchas veces de colegas o de asesores
en diferentes temas de intercambio. Creo que dar y recibir asesoramiento te nutre siempre.
El emprendedor argentino sabe que todo lo tiene que hacer solo. Yo hace unos años, en la crisis del 2002, viaje a Londres a presentar un proyecto de reciclaje que hacíamos acá. Se llamaba ContenidoNeto. Mi proyecto impactaba donde se presentase: Nueva York, Milán, Tokio, entre otras capitales del mundo. Siempre la gente se aproximaba por reconocer rápidamente que se trataba de un proyecto de reciclado, ecológico, pero yo les aclaraba que no, que
era un proyecto social. En Londres me encontré con un montón de emprendedores, diseñadores con quienes hacíamos analogías. Acá hacía esto solo y empezaba la
época de post crisis, un momento donde los diseñadores comenzaban a producir sus objetos y cada uno los vendía porque no había otra alternativa. Resultó que en Londres estaba pasando lo mismo. Se recibían tantos diseñadores como puestos disponibles había por año. De esta manera, empecé a ver que por motivos diferentes llegábamos a las
mismas situaciones, los diseñadores tampoco tenían otra alternativa en otros países.


Hay que creérsela siempre fue publicado de la página 45 a página47 en EMPRENDEDORES

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