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Ríos Fernández, Sebastián

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ISSN: 978-987-1374-18-2

Comunidad de Tendencias 2012 Hernán Berdichevsky Andy Cherniavsky Diego Dillenberger Gustavo Domínguez Gonzalo Fargas Miki Friedenbach Marcelo Gordin Javier Iturrioz Gabo Nazar Sebastián Ríos Fernández Marcelo Salas Martínez Ricky Sarkany P

Año VI, Vol. 17, Julio 2012, Buenos Aires, Argentina | 116 páginas

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“Lo mejor que me puede pasar es no arrepentirme de cosas que hice.”

Ríos Fernández, SebastiánSiempre digo que nací atrás de un mostrador y algunos me dicen que tengo aceite de oliva en las venas. Papá era gastronómico y de chiquito iba siempre a acompañarlo, sábado, domingo, no había franco, no había feriado.
La Gastronomía me empezó a gustar cuando empecé a entender de qué se trataba. Cuando era chico no era tan estratégica como hoy. Era más operativa, más del día a día, más de servicio. Pero con el tiempo entendí otras cosas que pasaban, como el vínculo con la gente, que uno no está acostumbrado a verlo en otros rubros.
En su momento protestaba por baldear pisos o hacer un café. Hoy, viéndolo a la distancia, eso que yo veía como un castigo lo agradezco, porque me ha dado las bases para tomar muchas decisiones desde donde estoy.
Mi familia era distinta a las familias de mis compañeros del colegio. Una filosofía donde papá trabajaba todo el día y pensaba que la crianza de los hijos era cosa de la madre que estaba en la casa.
Hoy, aunque lo entiendo, busco un equilibrio y no el desequilibrio que había entonces.
En mi casa la comida siempre fue un tema central. Papá era de Galicia, mamá asturiana y, como familia bien española, siempre estaba presente en la mesa esto de: “Comé mucho que si no te vas a enfermar”.
Papá tenía tres hermanos. De los cuatro, dos vinieron a la Argentina y los otros dos hermanos quedaron en España. Una es mujer, Pilar, vive en Galicia y hace unos 4 años la fui a ver. Recuerdo que fui con mi mujer a comer a su casa y que toda la comida que nos ofreció era casera. Comimos cosas como jamón crudo, que era un chancho que había matado ella, y ternera que también había matado ella. Y nos contó que lo único que compraba era el pescado del señor que pasaba con el carrito directo del puerto.
Yo sentía que al ofrecernos productos hechos en su casa, elaborados con sus manos, ella sentía que nos estaba ofreciendo parte de su vida. En ese momento sentí que la vida
pasaba por otro lado, sin dudas.


Servir, una necesidad
Fui a un colegio normal en Flores, jardín, pre-escolar, primario y secundario. Cuando terminé séptimo grado empecé a trabajar en los veranos. Terminaba el colegio y al otro día pedía a mi familia si tenía algún lugar que yo pudiera ocupar. Me interesaba básicamente hacerme de
algún dinero para irme de vacaciones y que ese dinero haya sido ganado por mí.
En los veranos trabajaba siempre en Gastronomía. Recuerdo que mi primer trabajo en séptimo grado era un trabajo de unas tres horas donde ayudaba pero también jugaba un poco. A mis 16 años empecé como camarero de chicos en la colonia de un club, donde hacíamos toda la
preparación a la mañana. Al mediodía venían 200 chicos que había que servirles. Yo lo disfrutaba mucho porque me sentía importante sirviéndoles. Desde ese momento
tuve claro que mi vida tenía que pasar por la Gastronomía, haciendo algo, no sabía aún que.
Luego entré en la universidad y estudié Comercialización, una carrera que en ese momento era relativamente nueva. No entendía bien que era, pero leí el programa, me parecía que era bueno o que tenía que ver con lo que yo quería hacer y tomé el desafío. No era un alumno de estudiar todo el año, sino en los momentos que había que poner más. La verdad que siempre me dio resultado.
En la universidad, mi primer trabajo fue como cafetero y mozo de un bar en Retiro, en donde el desayuno más vendido era el vaso de vino con medialunas. Ese trabajo, como varios otros que tuve, me permitió entender muchas cosas desde otro lugar. Estar en contacto con gente que
hoy me toca dirigir también ayudó. Veo en el mercado mucha gente que no pasó por eso y que toma otro tipo de decisiones. Si bien en ese momento me disgustaba hacer el trabajo que hacía, empecé a entender cual era mi misión en ese negocio.
Estuve trabajando dos años allí. Luego me fui a hacer temporada en Mar del Plata, en un show de tango, donde era el barman. Después de dos temporadas en Mar del Plata empecé con la Gastronomía más fuerte, a entender lo que era tener la responsabilidad de tener un local.
El primer local que administré fue el de San Juan y Boedo, donde realmente empecé a sentir un poco más de presión y responsabilidad. Para mí es fundamental que me pueda desarrollar haciendo lo que me gusta. Se nota cuando te gusta lo que hacés por los resultados que se generan.


Dar vuelta la página
Llegó un momento que junto a Alejandro y Fernando, dos primos con quienes trabajamos siempre juntos, decidimos dar vuelta la página. Tenía que ver con una necesidad de
negocios, de decir: “Tenemos algo que está bien, que funciona, pero no nos satisface del todo”. Lo más importante era que siendo la segunda generación, podíamos no solo mantener
sino mejorar, renovar y crear cosas nuevas. La presión era muy grande porque tenía que funcionar.
Pensamos en solo mejorar lo existente, pero la verdad que necesitábamos un cambio que no fuera tibio. Para mí, personalmente, fue un momento muy complicado porque era
el que más arriesgaba.
Las preguntas que surgían eran: “¿Qué pasa si esta idea no es exitosa? ¿Qué voy a hacer?”. Aprendí que lo mejor que me puede pasar, y esto lo tomo como regla de decisión, es no
arrepentirme de cosas que hice. No fue un camino fácil, no fue una decisión fácil. Pero, hoy, viéndolo a la distancia y después de casi seis años, era básicamente una decisión que
tenía que ver con reinventar un poco el negocio gastronómico del grupo.
Nosotros, de alguna manera, tenemos cierto beneficio y no hablo de dinero, hablo del beneficio de haber triunfado con algo. Que ni siquiera tiene que ver con el mercado sino con
algo propio, con uno mismo.
Para dar vida a Almacén de Pizzas mi cabeza recorrió mi historia directa, mi historia cercana de aciertos y errores. Uno imagina que para hacer un concepto exitoso, para triunfar, necesita de muchas cosas, de dinero, de gente, de una serie de cosas. Nuestras principales herramientas
para materializar una idea fueron ganas, un cuaderno y una birome.


Levántate y anda
A la hora de emprender es necesario desarrollar la capacidad de levantarte cuando te caés. Estoy muy atento personalmente a la caída. No estoy esperando a ver cuando me
caigo pero se que, en algún momento, puedo caer. Entonces me preocupo por estar preparado cuando eso venga y que no sea el fin de mi vida.
No escuché nunca un emprendedor que me dijera: Tuve una idea y del momento cero me fue bien, no tuve ningún problema y acá estoy feliz de la vida haciendo cosas. Todas
las historias que conozco tienen que ver con fracasos, problemas, obstáculos, ya sean internos o externos. Pero en todos los casos que fueron exitosos entiendo que la principal
virtud fue decir: “Me caí pero me levanté”.
Mucha gente ve nuestra marca, nuestros locales y dice: “Qué clara la tienen estos pibes, qué bien, qué fácil”. Pero en el medio hubo muchas piedras. Lo que nos pone contentos
como grupo es haber sabido sortearlas y estar atentos a que van a seguir habiendo obstáculos. Personalmente conozco el suelo, y me parece que es vital para cualquier emprendedor que esté pensando cómo hago, cómo empiezo, entender que el fracaso y el obstáculo son también parte de su proyecto. Mi tío, Francisco, siempre fue una persona que
tomó decisiones solo. No iba para atrás ni para tomar carrera. Siempre decía que lo fundamental eran los equipos de trabajo. Creo que una de nuestras principales virtudes
es rodearnos de gente más inteligente que nosotros. Entendemos que de esa manera podemos crecer. Me preocupo del equipo que nos acompaña porque, independientemente
de su día a día o de la tarea, se sienta en un ámbito de trabajo agradable. Cuando trabajás en un ambiente que te permite sacar lo mejor, realmente se nota. Esto es algo que
uno lo escucha en la teoría o lo lee en algún libro pero yo lo he vivido, lo he practicado y lo practico. Me pasa a mí, cuando trabajo sin presión, realmente salen cosas que uno
ni siquiera imaginaba.

La apuesta por el equilibrio
Nosotros no tenemos intenciones de crecer sólo por el hecho de tener más locales. Apostamos por un crecimiento más lento, pero más sólido. Si en algún momento pasa que a la marca la compra un grupo empresario, seguramente hagan muchas cosas que nosotros no hacemos pero hoy es nuestra elección.
Lo que uno hace en el día a día tiene que tener un equilibrio con el resto de su vida. Tenemos una estructura chica que va creciendo a medida que nosotros vamos creciendo, es un crecimiento compartido.
La verdad que no queremos, si bien pasamos muchas horas en el trabajo, que nuestra vida solo se transforme en el trabajo y dejar el resto de lado. Creo que cuando uno tiene
tiempo para usar la cabeza en otras cosas, surgen ideas, surgen soluciones y puede pensar cosas nuevas que en la cotidianidad tal vez no se le ocurren.


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