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Transpirar la camiseta

Salas Martínez, Marcelo

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ISSN: 978-987-1374-18-2

Comunidad de Tendencias 2012 Hernán Berdichevsky Andy Cherniavsky Diego Dillenberger Gustavo Domínguez Gonzalo Fargas Miki Friedenbach Marcelo Gordin Javier Iturrioz Gabo Nazar Sebastián Ríos Fernández Marcelo Salas Martínez Ricky Sarkany P

Año VI, Vol. 17, Julio 2012, Buenos Aires, Argentina | 116 páginas

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“Viene una época de empresas con alma y con espíritu.”

Salas Martínez, MarceloTengo gen emprendedor porque le pongo vida, pasión y amor a lo que hago. Siendo chico, tuve una experiencia muy cercana a la muerte junto a personas muy queridas. Concretamente vi morir a mi abuela paterna junto a mi padre. Me llamó tan profundamente la atención la quietud y la ausencia en la muerte que me hizo prometerme a mí mismo abrazar la vida, la inquietud, la pasión y todo lo que signifique movimiento. Me parece que es una manera de honrar la vida.
Los emprendedores deben poder modificarse a sí mismos, a su entorno, transformar, crear, sintetizar. Eso requiere de un enorme ejercicio mental y muscular. Hay personas muy inteligentes que logran todo eso sin moverse demasiado. Ese no es mi caso porque me tuve que mover un montón y transpirar la camiseta. Llevándolo al tenis, es como la diferencia entre Nadal y Federer. Éste último terminó de jugar el partido, ni se da una duchó y ya está tomando el té en la casa de la tía, intacto. Yo lo admiro porque,
en cambio, a mi me pasó que quedé pelado, destrozado… quedé como Nadal que se acalambra en las entrevistas.
Los emprendedores argentinos de mi generación pasamos una época en la que conseguir las cosas costaba mucho tiempo y trabajo.
Había que luchar mucho por conseguirlas porque no estaban a mano. Hoy en día es todo mucho más accesible y si ves, por ejemplo, a un emprendedor digital, lo ves más tranquilo
que a un emprendedor pre-digital. Me parece genial que hoy se pueda aprovechar esa disponibilidad. Antes había propiedad sobre el conocimiento y el que sabía, concentraba
el conocimiento y lo impartía, eso le daba cierto poder. Hoy el conocimiento está al alcance de la mano, no es más sinónimo de poder. La nuestra fue una cultura de sacrificio, nos enseñaron. Eso seguro fue lo que nos transformó en emprendedores con ese ADN, nos convirtió en luchadores en una Argentina desordenada: Nosotros mismos desordenamos, todos tenemos responsabilidad sobre este tema.
Hemos vivido siempre en el maremoto por eso ahora tenemos una cintura interesante. Imagino que emprendedores de otros países deben tener menos inquietudes que
los argentinos. Otra tranquilidad y muchas más certezas en las pequeñas cosas sobretodo del día a día. Creo que nosotros, debido a ese ejercicio diario, somos muy buenos
para el corto plazo mientras que para el largo plazo hacemos más agua.


Un café, una caricia

En un principio, la marca de nuestro café era el Convidado y se vendía en la casa Martínez. A mi abuelo se le ocurrió ese nombre porque al que entraba a comprar café se le
convidaba un cafecito.
Café Martínez como marca nació formalmente en 1994, aunque su evolución rápida fue en el 2000 cuando ya teníamos cuatro o cinco sucursales bajo el nombre y dimos
la primera sucursal en franquicia. Lo más fuerte llegó en el 2003, tomamos impulso, nos capacitamos y crecimos mucho. Al principio teníamos una gran cantidad de clientes institucionales y dependíamos más de eso que de las sucursales propias, aunque nos entusiasmaba más la posibilidad de crear una marca. Nos desvelaba poder vender
un producto de alta calidad porque nos pasaba en el negocio mayorista que cuando llegábamos a las cafeterías con nuestro producto de buena calidad, rico y delicioso
nos pedían precio en lugar de calidad, y eso nos resultaba muy aburrido.
Cuando íbamos a las cafeterías generalmente no había aroma a café en ellas y no había una dedicación a dicho producto. El café era un producto más y nosotros queríamos
que éste fuese el protagonista. También queríamos ofrecer a nuestros clientes las mismas variedades que vendíamos en grano o molido en pocillo para beber. Queríamos
revolucionar el mercado, hacer de Café Martínez un lugar donde se viviera una experiencia vinculada con el café y nada más que con el café. Eso es lo que hemos intentado sostener desde entonces y se ha transformado en nuestro eje del negocio. Esa es la intención de Café Martínez, que la gente sienta que está como en una casa donde se la atiende, se la abraza y acaricia de alguna manera.
Es cierto que hoy en día tomar un café para la gente más joven ya no se vincula tanto con una experiencia de abrazo y caricia. La gente joven quiere espacios, libertades, para auto-gestionar su tiempo, llevar su dispositivo digital para comunicarse con quien quiera y no con quien tiene enfrente.
Por eso, no tratamos de vender absolutamente nada, simplemente les decimos: “Nos encanta que seas una persona que te cuidas y que vivís bien, y me parece muy importante que
cambies tu ritmo de vida”. Ese es un poco el mensaje hoy. Y el segundo mensaje es: “Te escucho, en lo que pedís, te ofrezco todo esto y me encantaría que lo pruebes”.
Nosotros, como marca, tratamos de comunicar esa experiencia a nuestros clientes, basado en la construcción de una comunidad. Me parece que la Argentina necesita el ejercicio democrático de las comunidades. De atravesar un proceso de vida con las comunidades que no hemos tenido antes porque nos cuesta vivir en comunidad. Las marcas tenemos la responsabilidad de tomar esa falencia y colaborar a que se contagie en la cultura argentina.
Nos cuesta mucho trabajo sentarnos en una mesa de café y buscar puntos de coincidencia. En lugar de eso buscamos sitios de disidencia y creemos que estamos en polos opuestos. Eso debilita enormemente al país y lo fracciona.
Pero, por suerte, se viene una época muy interesante que se caracterizará por la presencia de empresas con alma, con espíritu, capaces de cambiar eso.


El gen Martínez: capacidad de escucha
Tuve la enorme suerte de haber nacido en una familia de emprendedores, donde el ser un emprendedor, una persona activa, era muy valorado. Gran ejemplo fueron mis abuelos maternos, fundadores de la compañía que desde la nada y con muy escasos recursos, crearon los cimientos de Café Martínez.
También mi abuelo paterno fue un hombre genial. Trabajó en un compañía de seguros pero también era muy autodidacta, fue el único traductor del “Ulises” de James Joyce del inglés al español y lo hizo casi sin saber inglés, lo aprendió traduciéndolo y nadie más pudo traducir ese
libro. Además era pintor, escritor, compraba libros por kilo y leía mucho, era híper instruido. Después tuvo algunos comercios, una juguetería, una ferretería, fue un hombre
muy emprendedor.
Mi padre era un médico psiquiatra y psicoanalista, también muy emprendedor. Nada que ver con el mundo del café pero de quien yo aprendí, sobre todo principios. Era tan bueno que trasformaba en buenos a quienes lo acompañaban.
Además te trasmitía vivencias. Hay anécdotas que me han servido para todo.
Mi madre era una mujer de un optimismo inagotable, al estilo de la película “La vida es bella” porque en medio de una guerra tenía la capacidad de abstraerse y ver el lado positivo de la vida.
Mi hermano Mauro, quien comenzó estudiando Ciencias Económicas, luego se aburrió y abandonó al tercer año de la facultad, maneja hoy los números en la empresa. Finalmente,
mi hermana Claudia es psicóloga y arquitecta. Sin duda la educación por el lado humanístico es una constante en la familia y creo que Café Martínez tiene, por todo ello, una capacidad de escucha que para mí es clave.


Nuestra generación fue cazadora
A veces veo a los jóvenes de hoy demasiado quietos y temo que esa quietud sea falta de entusiasmo. Pero al analizarlo más detenidamente creo que simplemente nosotros teníamos
una visión en la vida de ir a buscar lo que necesitábamos.
Fuimos cazadores de oportunidades y las generaciones actuales no tienen porque serlo. Hoy está todo más al alcance. Estoy aprendiendo a leer de otra forma esa quietud que algunos ven como falta de compromiso. Por mi parte, no sé si es eso o es que hay compromiso con más
cosas simultáneamente. Actualmente hay más variedad de actividades divertidas y los jóvenes tienen múltiples intereses lo cual es muy bueno.
Por otro lado, en estas generaciones el sacrificio no está tan bien visto como en las nuestras. Creo que los jóvenes de hoy son personas más conectadas con la madre tierra que es algo fundamental. Están naturalmente conectados.
Saben que tienen que cuidar al mundo y que se necesitan emprendedores que lo hagan y creen empresas que tengan esos principios claros.
Sé que a los chicos de hoy no les gusta tener jefes pero creo que es importante saber atravesar esa instancia. Yo tuve jefes, el socio de mi abuelo lo fue y me retó mucho pero
también me enseño un montón. Me puso límites y aprendí, solo hay que saber escuchar.
El maestro aparece cuando el alumno está listo. No me parece mal querer ser un emprendedor y no tener jefes pero uno puede ser emprendedor teniendo un jefe y trabajando para uno. Me parece que si queremos llegar a definir la actitud del emprendedor, además de estar vivo y
predispuesto a hacer cosas nuevas, hay que saber sostener lo que se quiere más allá de las adversidades, no rendirse y no necesitar tanta supervisión como si verdadera conexión
con uno mismo.

Emprender: una actitud de movimiento
Me parece muy importante que los emprendedores de hoy se conecten con ellos mismos, con su verdadera esencia.
Esto no se aprende teóricamente, es una vivencia que se comprende a través del ejercicio muscular en sintonía con nuestro espíritu. No importa que músculo sea pero debe
haber una actitud de movimiento de alguna índole. Si no es muscular que sea mental. Los negocios y empresas que ellos creen deben surgir desde esa conexión.
Me gusta mucho como ejemplo de este tema la película Avatar. En dicha película se muestra a los Avatars con una trenza con la cual se conectan con los animales, seres, plantas
y el entorno que los rodea. Los seres humanos tenemos esta capacidad de conectarnos y mejor aún que los Avatars pues no necesitamos la trenza. Sólo necesitamos abrir nuestro
corazón y dejar que el nos guíe. Tengo la esperanza que los jóvenes y las nuevas generaciones tengan esa conexión con el universo, la madre tierra y todo lo que en ella habita.
Los seres humanos cuando descubrimos nuestra esencia, podemos trasmitírsela a nuestras creaciones. Tenemos ese mágico don de poder materializar los sueños.
Abrigo la esperanza de que los jóvenes de hoy puedan comprender que tienen ese don, descubran sus leyes y sepan utilizarlo para generar sus emprendimientos. Mi consejo es
que traten de enlazar su esencia con lo que hacen. En esa unión habrá un negocio en potencia que tiene que ver con lo que a ellos los hace felices y que tienen que desarrollar.
Es clave disfrutar del viaje, no hay grandes saltos y no tiene sentido pensar demasiado en la meta. Sueñen, imaginen cada detalle y sostengan. Todo pasa y también todo llega.


Transpirar la camiseta fue publicado de la página 75 a página77 en EMPRENDEDORES

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