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Un universo paralelo

Sarkany, Ricky

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ISSN: 978-987-1374-18-2

Comunidad de Tendencias 2012 Hernán Berdichevsky Andy Cherniavsky Diego Dillenberger Gustavo Domínguez Gonzalo Fargas Miki Friedenbach Marcelo Gordin Javier Iturrioz Gabo Nazar Sebastián Ríos Fernández Marcelo Salas Martínez Ricky Sarkany P

Año VI, Vol. 17, Julio 2012, Buenos Aires, Argentina | 116 páginas

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“Ver lo que todos ven y pensar lo que nadie pensó.”

Sarkany, RickyLa clave de mi éxito está sustentada en tres pilares. En primer lugar, la experiencia de terceros. No la mía personal sino la que recibo de otros. Porque nosotros vivimos en la Argentina y nos han pasado muchas cosas que nos brindan conocimiento. Segundo, tuve la oportunidad de estudiar. Esto me permite tener un fundamento
teórico dado que para crear algo fantástico hay que entender lo real. En tercer lugar, la capacidad de innovación, el ver lo que todos ven y pensar lo que nadie pensó.
Muchos me catalogan de artista, empresario o diseñador. La realidad es que soy una mezcla de todo. Observación, investigación, intuición y libertad.
Parafraseando a Steve Jobs, mi forma de vida es preguntarme cada mañana si lo que pienso hacer lo haría si se tratara del último día de mi vida. Me pregunto: “¿haría algo distinto?”. Y creo que hay que seguir al corazón que es el que más nos enriquece.
Einstein decía que hay dos maneras de vivir la vida. Como si nada fuera un milagro o como si todo fuera un milagro. Considero que hay que poder vivir la vida, disfrutarla con muchísima pasión y sacarle provecho a cada uno de los momentos. También soportar las derrotas sanamente. Tratar de tener un análisis muy atento a los cambios, con una mente muy abierta. Cuando se dan esos cambios uno tiene dos posibilidades. Decir: ¡Qué crisis! o aprovecharla. Creo que detrás de cada gran crisis hay una gran oportunidad. Con esto no quiero decir que hay que esperar a una gran crisis para encontrar una oportunidad. Oportunidades hay todos los días y se trata de aprovecharlas a cada momento.


Me rodeo de los mejores
El éxito de cada uno de mis shows se debe a que hay un equipo completo de trabajo detrás. Me da mucha vergüenza salir a agradecer cuando fueron otros los que trabajaron.
Muchas personas se decepcionan y dicen: “¿Cómo? ¿Vos no hiciste todo?”. El hecho es que, por un lado, estoy en la decisión estratégica, en el guiar a la gente. Esto quiere decir que fijo la brújula. Pero, por el otro, doy libertad al grupo de trabajo para que explote todo su talento.
Otro de los secretos del éxito de un show es reunirme con los mejores en la organización: El disc jockey, el iluminador, la gente que está en las cámaras. Hecho esto, uno puede dar una indicación y olvidarse, quedarse tranquilo de saber que eso va a ser así. Tal vez monté una marca, un estilo y, a través de eso, una formación de gente que trabaja para esa marca y ese estilo. Una de las cosas que más me gusta y gratifica es agradecerles. En definitiva, uno es un
poco el vocero, un orgulloso líder espiritual de ese equipo.
Finalmente, se trata de una marca establecida, por eso todos saben que tenemos un rumbo y un desafío que es el de sorprender. Para sorprender lo mejor es sorprendernos a
nosotros mismos. Tenemos que sorprender porque toda la gente tiene depositada en nuestras propuestas una expectativa. Nuestro desafío es superar esa expectativa siempre.


Aprendo de mis errores
Aprendo de todos mis errores. Muchos tienen que ver con mi percepción de la vida. Hoy termina un desfile y a la noche festejo, vamos a comer y a disfrutar. Esto antes no lo
hacía, terminaba y ya estaba pensado en el próximo paso.
Todos los días hay que ganar el partido, pero también hay que buscar el equilibrio para que eso no sea una obsesión y afecte la vida ajena al trabajo. Cada uno de los detalles de los shows está cuidadosamente pensado. El principio, la pantalla, la explosión, el 4D, los
olores. Después lo más importante es la comunicación.
Y estos son todos los condimentos que hacen que cuatro meses de trabajo se jueguen en un partido de media hora.
El problema es que en ese partido, increíblemente, en vez de estar disfrutando de todo lo logrado, me pongo a pensar por que algo no salió como lo hubiese querido.
Tal vez parte de eso sea producto de mi experiencia como jugador de ajedrez. Cuando jugaba sabía que tenía que evaluar y preveer las respuestas de mi contrincante antes
de mover, la jugada siempre debía ser analizada. Porque en el ajedrez, cuando ganás, ganás y cuando perdés, no gana el otro, sino que perdés. Como no me gusta perder a nada,
quiero ser perfeccionista todos los días en lo que hago.
Parte de la motivación con mi gente es aconsejarles que no cometan los mismos errores que cometo yo. Que sepan que darle tiempo a la familia, al ocio, a los amigos es lo
incondicional. Que entiendan que uno a lo largo de la vida ha cosechado mucho más que buenas ventas, y mucho más que lindos zapatos. Tratar de devolver a la gente
aunque sea una pequeña parte de lo que uno recogió a lo largo de la vida en acciones solidarias de compromiso social es una buena forma de accionar. Porque todos
vamos a dejar esta tierra en algún momento. Si tenemos la posibilidad de dar un poquito más en algo, dejar un mundo un poco mejor, tenemos que hacerlo y motivar al resto a querer hacerlo también.


El peso del nombre y apellido

Nací en una casa de clase media trabajadora. Mis padres llegaron a la Argentina de Hungría en 1950, con 60 dólares y sin saber el idioma, exiliados de un régimen Comunista.
Habían pasado miserias en la guerra y vivido en un campo de concentración.
Luego de mucho trabajo, mis padres lograron mandarme a un colegio privado, lo que era un esfuerzo y una inversión económica para una familia de clase media moderada.
Recuerdo tener compañeros con apellidos ilustres de la sociedad argentina.
En la secundaria fui al Instituto Belgrano donde me destaqué académicamente en cuarto y quinto año. Como era rápido con los números, cuando faltaba un profesor de
Matemáticas en primer grado, me mandaban a suplantarlo.
Después pasé a la universidad. Primero me decidí por Ingeniería donde cursé un año. Luego me pasé a Ciencias Económicas. Asimismo, tuve la posibilidad de cursar dos posgrados mientras cursaba la carrera de grado. Al recibirme tuve muchas y tentadoras propuestas para trabajar en diversas empresas multinacionales. Sin embargo, la sangre tiró más y continué con la tradición familiar: cuarta generación de artesanos fabricantes de calzado.
Hice un cambio sustancial en la empresa. Mi padre solamente le vendía al gusto tradicional de los dueños de la zapatería. En los diseños que él hacia dejaba de lado todo su diferencial de creatividad. Yo no lo compartía. El decía que era más fácil vender mil pares de zapatos a un comerciante que un par a un cliente. En eso tenía razón. Pero yo necesitaba que el cliente y el usuario fueran la misma persona para hacer explotar la ventaja competitiva que teníamos
que era el arte. Poder trabajar sobre las emociones de nuestras clientas ofreciéndoles objetos de deseo en lugar de simplemente zapatos era mi idea.
Ante mi insistencia, finalmente logramos abrir nuestra propia marca. Como mi padre estaba totalmente en contra, a modo de represalia, le puso mi nombre a la empresa y eso me condicionó mucho para el futuro. No nací para ser famoso y no lo disfruto. La marca es el nombre y apellido y tengo que dar cuenta de mis acciones. Pero cuando pienso en ese ejercicio diario que me motiva a levantarme a las 9 de la mañana todos los días, siento una pasión, inmensa, que me hace decir: “Yo quiero levantarme porque tengo algo más para dar, porque lo quiero hacer”.
De eso se trata. Crear una marca, crear un estilo, comunicarlo de una determinada manera, ser fiel a lo que uno quiere hacer. Si uno quiere tener una buena reputación tiene que ser lo que uno es. No se puede “disfrazar de”. Si uno se “disfraza de”, en algún momento se le va a caer la careta, lo van a ver distinto y la gente se va a decepcionar.


Hay que resistir la tentación

El que quiera emprender tiene que saber que va a necesitar de un grupo de gente. Además, deberá tener paciencia y no ser ansioso. Hoy la gente joven quiere batir los récords.
Todos los que emprendemos sabemos que hay momentos de caída, crecimiento, estancamiento, caída, y eso pasa.
El secreto es estar abierto al fracaso, donde nos tenemos que hacer fuertes para seguir creciendo. Además, hoy en día se está actualizado en tiempo real absolutamente todo. Los cambios que se dan en nuestra vida cotidiana van de la mano de los cambios tecnológicos.
Hay que entender que ahora es todo divergente. Estamos en este lugar, pero construimos cada uno nuestro propio futuro sin saber a donde vamos y esto es de lo más tentador, ir a buscar lo desconocido.
Todos los días nos encontramos con algo nuevo, algo distinto. Seguramente va a haber un mundo completamente inimaginable para nosotros dentro de cinco años.
Eso es lo que más me gusta. Sería incapaz de tener un velero que discurra tranquilamente mientras me quedo observando. En mi caso, necesito que el agua esté muy revuelta para llevarlo.
Hay una cosa más a tener en cuenta, que es resistir la tentación. Llega un momento donde uno está posicionado en determinado lugar, donde las propuestas llueven y hay que resistir. Por un tema de ego se puede llegar a tomar una decisión equivocada que cueste muchísimo. Por eso siempre es bueno tener una persona que trabaje al lado de uno y que tenga la convicción para decir: ¡No, esto no! Es importante no alejarse de la esencia.
Los errores, hay que tratar de minimizarlos, y los aciertos de maximizarlos, de potenciarlos. Se trata de aprender de todo lo pasado y vivir el presente pensando en el futuro.
Me gustaría estar un poco más relajado y descansar más pero esta es la vida que me toca vivir. Soy adicto al trabajo, es un motor que me genera adrenalina y, por otro lado, es algo que me arruina la salud. Pero trato de controlarlo y transmitir las cosas buenas a la gente que trabaja conmigo, siempre motivándolos.


Comí, ya estoy satisfecho
A lo largo de la vida uno va a perder muchísimas cosas. En mi caso, fui de alguna manera autollevado a cuestionarme siempre el hecho de poder errar, de hacer todo uno
o delegar. Es muy difícil lograr el equilibrio.
¿Quién no quiere trabajar, generar, ser protagonista y liderar, llegar a un lugar donde no se imaginó llegar? Pude construir una marca y lograr algo que es muy difícil, que prescinda de mí. Hace cinco años, cuando tuve un pequeñito evento de salud, veía que estaba atado con
hilos a la empresa porque no había delegados. En el caso de cualquier compañía, el futuro es mucho más potente si tiene en la conducción a alguien que ya comió, que está satisfecho, que se llevó la comida y tiene en la heladera un poquito más si quisiera.
Por todo esto, le escribí una carta a mi Directora de Diseño para anunciarle que ya estaba listo para dejarle lugar, porque me iba a dedicar a otra cosa. Todas las empresas tienen un momento y una maduración y creo que era el momento de empezar a delegar para hacer algo distinto y más lindo.
Dedicarme más a las cosas que dan prestigio y éxito, que a las cosas que dan beneficio económico. Los que tenemos empresas con nuestros nombres y apellidos transitamos decisiones muy difíciles. Pero construir una marca que sea tan sólida que prescinda de uno, creo que es el sueño de todos.
Mi mayor logro, o mejor dicho, nuestro mayor logro es haber cumplido este sueño. Creamos una marca, un estilo definido. Una marca que va mucho más allá de la razón, que implica compromiso, lealtad, identificación, elección, decisión de todos y no sólo de uno.


Un universo paralelo fue publicado de la página 81 a página83 en EMPRENDEDORES

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