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Un affaire con el espíritu y los conceptos

Savio, Paco

EMPRENDEDORES

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ISSN: 978-987-1374-18-2

Comunidad de Tendencias 2012 Hernán Berdichevsky Andy Cherniavsky Diego Dillenberger Gustavo Domínguez Gonzalo Fargas Miki Friedenbach Marcelo Gordin Javier Iturrioz Gabo Nazar Sebastián Ríos Fernández Marcelo Salas Martínez Ricky Sarkany P

Año VI, Vol. 17, Julio 2012, Buenos Aires, Argentina | 116 páginas

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“Hay que poner garra y tomar toda la sopa que se pueda.”

Savio, PacoDe chiquito fui monaguillo. Siempre me sentí atraído por las cosas espirituales aunque nunca le di la profundidad que merecen.
Soy tremendamente mundano por lo que no hago un culto, pero sí ciertos coqueteos.
Más allá de la religión que sea, siento como cierta conexión, atracción con los templos, las iglesias, los altares. Me gusta sentir que estamos vivos y conectados.
Nací en una familia católica y así crecí, luego hice aproximaciones y retiros en la India, de Hinduismo y de Budismo. Estuve viendo al Dalai Lama en Dharamsala, a Sai Baba en Bangalore, fui a varios shabats un viernes a la tarde en alguna sinagoga del mundo, a una mezquita en El Cairo o en Old Delhi. También voy a la Comunidad de Cristianos de la Escuela Antroposófica en Olivos,
a San Nicolás o a Luján a ver a la virgen o escucho evangelistas cantar en las calles de Belgrano. Puedo sentirme atraído intelectual, cultural y filosóficamente por algunos -no por todos- pero me da cierta admiración mezclada con respeto sentir esa vibración, ese despertar que está más allá. Es como un latido.
Acabo de cumplir 50 años y me atrae una idea más global de la espiritualidad. Creo que las formas o tipos de religión son como los formatos de video o de audio, o como los formatos con los que un artista se expresa. Si bien hay procesos o creencias que pueden parecerse, creo que está bueno que la resultante sea distinta.
Me parece que lo interesante es abrir la mente, el corazón y darle la oportunidad a distintas cosas. Esto tiene que ver con lo comunitario, que va mucho más allá de lo religioso.
Me gusta mirar y hacer mirar a la gente fuera de cuadro.

Mi karma: buscar, ir y venir
Nací en los 60´s cuando mi madre tenía 20 años y mi padre 24. Era otro tiempo, ambos eran muy jóvenes y yo seguramente vi algo en ellos y dije: “Necesito esta pista para aterrizar”. Era un alma que quería encarnar.
Cuando tenía seis meses fuimos a vivir a Mar del Plata. Mi padre y mi madre compraron un hotel en el Barrio de los Troncos. Un hotel pequeñito, residencial. En verano estaba abierto al público y cuando empezaban a llegar los pasajeros yo comenzaba a viajar. Mi karma siempre tuvo que ver con viajar, con buscar, con ir y venir, con revolver.
Mi vida, mi trabajo, mi gente, mis relaciones tienen mucho que ver con eso. Venía gente muy curiosa al hotel. Un periodista que después fue a Vietnam y nunca más volvió. Un hombre que
vendía golosinas, un par de gemelas divinas de mi edad que tenían un papá productor,  familias, gente de todo tipo, de todas las edades. Me encantaba interactuar con todas esas personas.
A los 3 años empecé a ir a un colegio bilingüe, el Mar del Plata Day School. En el colegio aprendíamos otro idioma y veíamos películas, la dueña era la hermana de Leopoldo
Torre Nilson. Había un buen manejo de la curiosidad, respiraba el aire de la inquietud y de las preguntas, había ganas de ir siempre más allá. La escuela tenía una arquitectura de arcadas muy innovadora, que había diseñado el arquitecto Repetto. Entonces se mezclaba la arquitectura con cosas que empecé a observar, que me llamaban la atención y que tenían que ver genuinamente con mi entorno. Empecé a hacer lo que aún hoy hago: tomar lo
que sucede, acomodarlo, transformarlo y etiquetarlo para luego re-vivenciarlo a través de la comunicación para después comercializarlo.
En el 69´ tuve la chance de ver con mi familia el despegue del Apolo 11, en Cabo Cañaveral. Fuimos porque en el invierno se cerraba el hotel. Fue un gran show, una vivencia increíble, mágica para mi persona. El viaje iniciático duró unos 30 días. Mi madre estaba divina, muy joven, canchera en unos vestidos de colores muy de los 70´s que venían con todo.
Así, primero fue Cabo Cañaveral, después Washington, Nueva York, México DF, Acapulco, todo eso con solo siete años. Siempre me interesó el mundo de los grandes visto desde el punto de vista de un niño. Además fui hijo único durante 10 años, hasta que nació mi hermano Alejandro que ahora vive en Copenhagen.
Mis padres no eran hippies, eso me hubiera gustado, eran y son personas formales, pero con mucho respeto hacia la libertad. Eso también debe haber sido una de las cosas que
me atrajo a encarnar en esta familia, además del cariño. Mi padre siempre fue muy técnico. Como una especie de ingeniero loco y aventurero. Con su primo, que tenía un
barco, lo arreglaban para después correr regatas en verano, en el agitado y ventoso Mar del Atlántico. De hecho fue allí donde aprendí a navegar, deporte que hice por muchos años
y del cual tengo muy gratos recuerdos. Navegar era una forma muy concreta de viajar usando el viento, la pasión y los sueños, y un gran combustible para mi infancia.


El vuelo hacia el concepto
En el año 75´, estaba haciendo primer año y a mi padre le sale un trabajo en Buenos Aires. A mi me daban ganas de mudarme porque, si bien me encantaba Mar del Plata y me gustaba el mar, el hotel ya se había vendido. Además mis abuelos vivían en Buenos Aires.
Mi papá había estudiado Ingeniería pero, como hombre muy inquieto y culto, no había terminado la carrera y se había puesto a trabajar en el hotel, el legado familiar.
Cuando le ofrecieron trabajar en una fábrica de muebles muy conocida en ese momento llamada Stilka, comenzó mi coqueteo con el diseño, incluso con las materialidades, que
luego se hacen efímeras y toman vuelo hacia el espíritu, hacia el concepto. Mi padre ya había estado trabajando con aluminio. Estábamos en los 60´s y el aluminio era un
material que se diseñaba.
Mi padre era como mi Wikipedia, la Wikipedia de mi niñez. Él buscaba, traía el diccionario, o le preguntaba a alguien. Era la época de la Enciclopedia Sopena y me enseñaba con eso. Siempre muy dispuesto a saberlo todo primero que nadie.
En Buenos Aires viví en la Recoleta. Me gustaba mucho pasear por ahí porque me sentía como si estuviera en Paris. Siempre quería ir más allá con mi mente y casi siempre lo lograba. Me gustaban los edificios antiguos y la mezcla con la Modernidad y el urbanismo. Había otra variedad, se movían más cosas que en Mar del Plata. La urbe me recibía como una pista de despegue, un trampolín de proyección.
Mi vida en Buenos Aires transcurrió del 76´ al 86´, y cuando comenzó el 87´ me fui a vivir a España. Primero Madrid, después San Sebastián y finalmente Barcelona.
En esa época tenía 24 años, había estudiado Publicidad en Buenos Aires y ya estaba trabajando en esto. Era redactor publicitario, escribía los textos. En el 82´ empecé a trabajar
en Lautrec, con los mejores creativos de la época. Era principios de los 80´s, Democracia, empezábamos por fin a estar libres, a ver las cosas desde otro lado. Teníamos nuevas
inquietudes que golpeaban a nuestras puertas a gritos, experimentábamos y vivíamos en el mundo, en todos los sentidos posibles, con profundidad. Nada nos daba miedo, el mundo parecía ser todo nuestro.


Yo juego con el diseño
Yo no soy diseñador, juego con el Diseño. Soy un atrevido en ese sentido. Mi proceso arranca con el concepto, con la hoja en blanco, con una idea, con un guión, con sacarle
punta al lápiz, con un listado de cosas a hacer. Después pasa al nivel diseño. Arranca todo primero con la letra, con la poesía, con la palabra, con el gesto, con el sueño.
A mi me mueven las ideas y después busco la forma de como resolverlas. A lo mejor necesite diseñadores o directores con sus cámaras, que me filmen, o artistas experimentales.
Entro de una manera media compulsiva y arbitraria en los proyectos, cargado de curiosidad, me meto adentro. Pero no me obsesiono por las materialidades al principio, eso lo dejo para después.
Para llevar a cabo el trabajo es importante entender que el ego anda bien cuando uno lo ata y lo vincula con el ego y la energía del otro. Así, nos ponemos en función de hacer crecer el ego de la marca para la que estamos trabajando, porque si yo me pongo en Paco y sólo me preocupo por Paco ¡me empaco! Tiene que ver con esa cosa tibetana cíclica de mezclar, hacer que de vueltas y de ofrecerle todo al otro. Así logramos que la energía no se frene, que no se
detenga la ronda y que el remolino siga girando.
Tengo ciertos criterios estéticos que me interesa imponer o pre-imponer. Siento que la idea ya la viví en otra vida o como que ya lo vi, entonces con lo nuevo que se presenta ante mí sumo el proceso de los que me rodean, conformando un equipo genial.
Tengo 30 años de oficio y observo todo, empiezo como de una manera desordenada y después voy armando. Viví y trabajé en muchos frentes de batalla y cambié el eje muchas
veces. Soy como un director al que le gusta el plano, el contraplano, la cenital, el plano americano, en picada.
Siento que tengo que observar y mirar las cosas desde distintos lugares. Soy tremendamente crítico, obsesivo y muy exigente, además de caótico y cabeza dura. Por eso tengo muy claro el tipo de diseñador con el que me gusta trabajar y el tipo de estilo con el que quiero abordar un proyecto determinado. Armo una situación donde el producto que sale funciona el 90% de las veces. Depende de muchos factores propios y ajenos, pero siempre tiene que estar presente la pasión, sentirlo todo como un juego, entregarlo todo, para hacer que tome vida.
En Remolino nos dedicamos a dar soluciones creativas, creamos marcas, estrategias de Comunicación, vendemos diseño bueno y conceptos potentes. Nos gusta salir un poco de lo habitual, no repetir fórmulas. Creo que las marcas tienen como un alma. Soy un agitador, condimentador o impulsor del alma de las marcas. Eso les ayuda a resistir y hacerlas más vivas, que interactúen con el ego del producto y con el del servicio que están dando. Para eso, para poder proponer cosas, es muy importante entender qué le pasa al otro. Sea un cliente, sea un amigo, sea alguien al que le voy a cobrar mucho o alguien al que le regalo el
trabajo.


Emprender en todo
Mi mensaje para quienes quieren emprender es que se obsesionen mucho por ver lo que pasa en el mundo: la historia, el hombre, la sociedad, el arte, la cultura. Que se cuestionen cosas, que no descansen. Hay que poner garra, abrir bien los ojos y tomar toda la sopa que se pueda. Se puede ser un emprendedor, pero primero hay que conocer el mundo. Hay algunos que tienen la capacidad de nutrirse del mundo y pueden montar su propia empresa sin necesidad de ponerse al servicio de otra.
Igualmente enseña mucho pasar, aunque sea brevemente, por algunas corporaciones o pymes.
Recién hace 8 años que tengo mi propio estudio pero, aún trabajando en otras agencias y productoras o directo para un cliente, siempre fui emprendedor de mis propios proyectos
y siempre me sentí el dueño de mi propio andar.
En Barcelona trabajé muchos años con Luis Bassat, una persona genial. Yo me sentía un emprendedor dentro de su empresa, Bassat Ogilvy. También trabajé con Alan Faena
y me sentía un emprendedor dentro del Grupo Faena. Mi actitud fue de ser un motor de emprendimientos dentro del emprendimiento del otro, porque yo lo sentía mío.
Siempre está la pregunta: “¿Qué hacer? ¿Me voy a trabajar a una empresa o pongo mi propio emprendimiento?” ¡Emprendé en todo! Para conquistar una mujer, o un hombre, o a vos mismo frente al espejo hay que emprender en todo momento.
El emprendimiento es como un barrilete, tenés que hacer que vuele, que esté en el cielo, en el firmamento. Lo tenés que agarrar y te tenés que mover y después pararte con fuerza. Verás que vos sos el que armó el barrilete y el que lo hizo volar, el que le dio vuelo hasta donde te dio el hilo y hasta donde te dieron tus propias limitaciones. Es tu satélite, tu luz, tu faro, tu guía. Es eso que te ayudó a irte más allá. Hay que emprender para levantar el barrilete cada día con todo lo que uno haga.
Finalmente hay un cuadro, y las cosas tienen que suceder dentro de ese cuadro. Pero también hay cosas fuera del cuadro que supuestamente no se ven. Yo soy de los que creen que se ve todo. Porque lo que está fuera de cuadro hace que este cuadro que se está viendo, se vea de esta manera, entonces es el todo. Hay que emprender desde todas partes. Después si lo hacés en una empresa o en otra, depende de la suerte. Primero te lo tenés que creer vos
mismo, vos sos tu propio emprendimiento.


Un affaire con el espíritu y los conceptos fue publicado de la página 87 a página89 en EMPRENDEDORES

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