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Más debate, y menos intolerancia, para lograr una sociedad mejor

Garibotto, Claudio [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXI

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXI

ISSN: 1668-1673

XXI Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Facultad de Diseño y Comunicación. Universidad de Palermo

Año XIV, Vol. 21, Agosto 2013, Buenos Aires, Argentina | 200 páginas

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Resumen:

En estos tiempos de una violencia verbal cada vez más fuerte, parece no haber lugar para el debate. ¿La solución? Formar jóvenes más respetuosos y con capacidad de diálogo. El ejemplo debe comenzar en la casa, pero desde la primaria, y también en la facultad, debe fomentarse la tolerancia.

Palabras clave: Debate - jóvenes - diálogo - tolerancia.

Hoy en día, tal vez como nunca antes, se están viviendo tiempos muy violentos. Y no me refiero, en este momento, a la inseguridad, a los robos que son noticias a diario, y muchos de ellos con finales trágicos. Al tipo de violencia a la que me refiero es a la verbal, que suele alcanzar grados extremos e increíbles. Y es producto de esta intolerancia actual, que hace que cueste cada vez más el poder lograr un diálogo, un debate adulto y respetuoso. ¿Por qué pasa esto? En primer lugar, porque la mayoría de las personas sólo se preocupan en imponer su creencia, su opinión, sea el tema sobre el cual se esté hablando. No les interesa esgrimir argumentos, escuchar opiniones ajenas y sacar conclusiones. Lo único que suele importar es que quede claro que lo que uno piensa es la única verdad. No se admiten posturas diferentes.

Este escenario descripto se da especialmente (pero no de manera exclusiva) en el terreno de la política, que está más polarizada que nunca. Tanto en los medios de comunicación, como en los discursos de mucha gente, por momentos no existe otra alternativa que estar de acuerdo con todo lo que hace este Gobierno, o en oposición de manera también total. Y, por supuesto, surge esa necesidad de manifestarlo de manera contundente, con una agresividad sorprendente.

Por eso es que sería plausible intentar cambiar esta situación. Para eso, es necesario lograr que todos seamos más tolerantes. Claro que esto no se logra sólo con voluntad, o con desearlo. Porque no alcanza con pedirle reflexión, o tolerancia, a personas que nunca las tuvieron. Para cambiar realmente esto es necesario ir a fondo. Y eso significa apostar a la educación. Esa es la verdadera solución. Y aunque considero que esto tiene que comenzar ya desde el nivel primario, eso no significa que un docente que dicta clases en una facultad no tenga que ocuparse de este tema.

Es por esto que este cuatrimestre decidí plantear este tema durante la cursada de mi materia, y ver qué opinaban mis alumnos al respecto. Y en general hubo acuerdo en lo difícil que es lograr un debate sano, que aporte ideas. Por eso la idea fue que realizaran un ejercicio. El objetivo era lograr que por medio de ese trabajo los chicos argumentaran y escucharan. Y, especialmente, lo que deseaba era romper con la idea de que no hay matices. Terminar con ese discurso, o creencia, de que el que no piensa como yo está equivocado, y se convierte en un enemigo.

Estoy convencido de que el diálogo es la clave para disminuir el conflicto social. Para desterrar las posturas intolerantes, el fanatismo, la descalificación del otro y la falta de respeto. Y en las aulas no sólo se instruye a los alumnos, sino que se forman personas. Algo que siempre conviene recordar. Por eso es que es necesario apuntalar la capacidad de escuchar y analizar las opiniones del otro.

A debatir

La propuesta que llevé a la clase en este cuatrimestre fue muy simple: plantear un determinado tema para que cada uno manifestara, de manera oral, su posición al respecto. La idea era que la fundamentara con la mayor cantidad de argumentos posibles, y que a partir de ahí el resto de los alumnos fueran debatiendo. La condición era hablar de a uno a la vez, por supuesto, y también levantar la mano para pedir la palabra.

El tema elegido en esta oportunidad fue el Proyecto de Ley para que se pueda votar a partir de los 16 años, en vez de los 18. Y ahí verifiqué algo que suponía que podía ocurrir: aquellos chicos que tienen una mala opinión de este Gobierno manifestaban su desacuerdo con la posible sanción de esa ley. Pero pocos daban razones válidas para sostener su posición. Y, en muchos casos, hasta surgían expresiones muy cercanas al odio hacia la Presidenta.

Es por eso que en primer lugar pedí que se dejara de lado la opinión que pudieran tener sobre Cristina Fernández, y que se centraran sólo en el tema que se estaba tratando. Pero además, y como la idea era fomentar la empatía, defendiendo la posición de quien piensa diferente (para así comprender la perspectiva del otro) les hice hacer otro ejercicio: una vez terminado el debate, cada uno debía escribir un texto argumentativo, pero defendiendo la postura opuesta a la propia.

Y más allá de la oposición inicial que encontré entre los alumnos, que sostenían que les estaba pidiendo que mintieran, y que además es muy difícil argumentar en contra de las propias creencias, el resultado fue muy bueno. Todos pudieron pararse al menos por un momento en la vereda de enfrente, y encontrar razones para sostener un punto de vista totalmente opuesto al propio.

Pero este trabajo que decidí realizar este cuatrimestre, e incluso la charla que tuve con mis alumnos respeto a la importancia de respetar a quien piensa distinto, no es más que un granito de arena. No es algo que vaya a modificar totalmente patrones de conductas que están arraigados desde hace tiempo. Sin embargo, considero que no por eso debería dejarse de hacer. Por lo tanto mi idea es repetirlo todos los cuatrimestres.

A la hora de dilucidar las causas por las cuales se llegó a esta actualidad donde se hace tan difícil debatir, donde el respeto por la opinión ajena no cuenta, se pueden señalar varios motivos. Uno de ellos, muy probablemente, es el uso cada vez mayor de las redes sociales por parte de los adolescentes. Los chicos hoy en día están más acostumbrados a relacionarse a través de la computadora, que a mirarse a la cara y decir lo que piensan, dialogar, intercambiar pareceres, que siempre debe ser la base de todo.

Pero hay más cosas que cambiaron. A fines de los 60’, y principios de los 70’, eran habituales las reuniones en los cafés, como Politeama, La Paz, La armonía o La Giralda. Era la época donde se decía -casi despectivamente - “los argentinos se sientan a hablar, y arreglan todos los problemas del mundo”. Pero ahí no se discutía, sino que se pensaba. Eso es justamente lo que se perdió. Ahora en la Argentina sólo se grita. Y los bares son refugios de solos, y no lugares de encuentro.

Los medios de comunicación, por su parte, también tienen su cuota de culpa, porque hacen de la ligereza una certeza. No hay análisis, todo es muy liviano. Como sólo importa el rating y la noticia, cualquiera dice cualquier cosa. Y eso es repetido cien mil veces. No hay análisis, sólo bombardeo. Se perdió la intervención intelectual. Aquellos que podían ayudar a pensar, hoy ya no tienen lugar.

Además, el problema es de base, porque en la primaria no se suele ejercitar la expresión oral ni la argumentación. Y empezarlo a trabajar en la secundaria (aunque igual se lo debe hacer, claro está) ya puede ser tarde para que los jóvenes y adultos ejerzan esta competencia. También es cierto que el diálogo y la capacidad de discutir respetuosamente se aprenden antes que nada en casa. Es en la familia, justamente, donde los chicos deben aprender a escuchar. Conversar sobre las noticias o los programas de TV es un ejercicio enriquecedor. Y no hay que olvidar que los padres enseñan con el ejemplo: si cuando ven un partido de fútbol con sus hijos insultan y alientan a destruir al rival, esos valores son los que sus hijos van a incorporar.

Hay varias cosas que se pueden cambiar. Y varios sectores, y personas, que deben comprometerse para que se termine con esta agresividad, con esta intolerancia. Para que se pueda volver a dialogar, y a respetar al otro. Algo es claro: cada uno debe asumir su función. Y hacer un simple ejercicio en clases no va a cambiar esta realidad. Pero, al menos, va a generar un espacio de reflexión. Y permitirá que se hable sobre un tema que ya es tomado como natural, y sobre el cual ni siquiera suele reflexionarse. No será un gran aporte. Pero vale la pena hacerlo. Claro que sí.

Abstract: In these times of verbal violence getting stronger, there seems no room for debate. The solution? Being more respectful young and capable of dialogue. The example should begin at home, but since the primary, and also on the faculty be encouraged tolerance.

Key words: Debate - young people - dialogue - tolerance.

Resumo: Nestes tempos de uma violência verbal a cada vez mais forte, parece não ter lugar para o debate. ¿A solução? Formar jovens mais respetuosos e com capacidade de diálogo. O exemplo deve começar na casa, mas desde a primaria, e também na faculdade, deve se fomentar a tolerância.

Palavras chave: Debate - jovens - diálogo - diálogo - tolerância

(*) Claudio Garibotto: Técnico Superior en Periodismo Deportivo (TEA). Profesor de la Universidad de Palermo en el Departamento de Investigación y Expresión de la Facultad de Diseño y Comunicación.


Más debate, y menos intolerancia, para lograr una sociedad mejor fue publicado de la página 187 a página189 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXI

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