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Portfolio. Evaluación Integradora de Aprendizajes. IV Foro de Integración Académica Facultad de Diseño y Comunicación

Valdés de León, Gustavo A. [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Escritos en la Facultad Nº8

Escritos en la Facultad Nº8

ISSN: 1669-2306

Portfolio Evaluación Integradora de Aprendizajes IV Foro de Integración Académica 1 al 5 de agosto 2005

Año I, Vol. 8, Agosto 2005, Buenos Aires, Argentina | 35 páginas

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¿Son aplicables a las disciplinas proyectuales las técnicas conductistas de evaluación? Un fantasma recorre el mundo de la enseñanza superior sobrevolando las aulas armado de descriptores, rúbricas, currículas y currículum, programación, contenidos, escaleras de retroalimentación, portfolios y otras armas letales: el fantasma del Pedagogo.

Éste, el pedagogo, es en general un sujeto bien intencionado, moderna reencarnación del «hombre de corazón tierno» que Hemosgel describiera a principios del siglo XIX, de supuesto talante «progresista» que cita a Jackson y Schön pero ignora a Freire, que se arroga la capacidad del «saber sobre el saber enseñar» que cree -no sin cierta ingenuidad- en la existencia objetiva de verdades absolutas en las Ciencias Sociales, de las cuales la Pedagogía y la Didáctica forman parte, y que también cree -y esto ya no puede ser considerado ingenuoque él, el Pedagogo, encarna aquellas verdades y que dispone de las «herramientas científicas» que le permiten sostener que el Conocimiento -y su enseñanza- así como la inteligencia y aún la belleza, pueden ser cuantificados con precisión mediante sofisticados y «modernos» criterios de evaluación.

Ahora bien, ¿esto es efectivamente así? En el vasto territorio de las actividades humanas enseñables existen, sin duda, múltiples disciplinas, en especial aquéllas de carácter técnico e instrumental, en las cuales el proceso de enseñanza-aprendizaje, tal como lo entiende el Pedagogo, funcionará con fluidez sin otros requisitos que los de disponer de programas adecuados, métodos pedagógicos racionales, docentes idóneos en su especialidad y con los conocimientos didácticos necesarios, y equipamientos técnicos e infraestructuras básicos.

Esto es suficiente para que el estudiante, el sujeto del proceso de enseñanza-aprendizaje, como todos sabemos, pueda construir conocimientos significativos e incorporar, esto es, apropiarse, hacer suyos los contenidos, los procedimientos y las técnicas que el Programa prescribe. Para lograrlo sólo necesita, junto a una adecuada motivación -que puede consistir, en última instancia, en cierta «salida laboral»-, disponer de un coeficiente mental más o menos estándar y estar dispuesto a un módico esfuerzo físico y mental.

En estas disciplinas, que abarcan el amplio espectro que va del Dibujo técnico a la Administración de empresas, pasando por Teoría y solfeo y Estadística aplicada, entre muchísimas otras, las «herramientas» del Pedagogo -en especial, las técnicas de Evaluación- son útiles y necesarias.

Pero, ¿Qué ocurre con aquellas disciplinas que, como el Diseño, exigen de sus docentes y estudiantes, el cuestionamiento radical de los «saberes» existentes como condición para que algo del orden de lo nuevo pueda advenir? ¿Qué ocurre con éstas prácticas que exigen de sus practicantes la puesta en juego de la propia subjetividad como materia prima imprescindible para alcanzar ese «plus de sentido» que su práctica impone? Una larga experiencia nos permite afirmar con toda convicción que en éstas disciplinas, en cuyo interior, lo racional y lo pulsional pugnan, en esa zona ambigua e incierta donde el Diseño comparte con (algunas) artes el riesgo del salto al vacío, y en donde la ruptura de los límites y su expansión incesante son la única norma -dominio del acto poético y su potencia subversiva-, aquí, el «método» flaquea: el juego de la pulsión, motor de todo empeño invencional, elude con astucia los toscos grilletes cartesianos del Pedagogo y su afán evaluador.

Es por ello que al Pedagogo una buena metáfora lo desconcierta -en su sentido literal- puesto que el Pedagogo es, por lo general, impermeable al hecho poético y a su hermano mellizo, el humor. De allí su talante solemne y su necesidad incoercible de establecer protocolos y rituales canonizados y universales; su afán burocratizante.

Escribe Borges, iluminando la peculiar estructura del sujeto como poeta: «ser en la vana nochemos/ el que cuenta las sílabas» (Tankas 6, de El oro de los tigres- 1972).Obsérvese la tensa -y tersa- ironía del escritor: en verdad cualquiera puede «contar» y muchos, además, pueden «contar sílabas», también el Pedagogo puede contar y lo hace bastante bien puesto que, en definitiva, una «evaluación» no es otra cosa que una suma.

Pero para el sujeto creador, lo que cuenta, no son -o no son sólo- las sílabas que cuenta -que además deberán ser «contadas con gran maestría» como prescribiera el Arcipestre de Hita hace más de 700 años -sino aquello de lo cual esas sílabas intentan dar cuenta. Aquello de lo que estamos hechos, «la estofa de nuestros sueños», al decir del Bardo.

Es ese «resto» irreductible, ese «parpadeo» dialéctico donde lo meramente cuantitativo deviene -no siempre- en calidad, que inexorablemente escapa a la calculadora del evaluador, así como al sujeto cartesiano le es imposible acceder a la comprensión del sujeto del inconsciente, puesto que lo niega, esa caída de bruces contra la belleza que, como la Gracia, sopla donde quiere y cuando quiere.

A pesar de los denodados esfuerzos del Pedagogo por imponer su anacrónico dogma funcional-conductista, es indudable que las disciplinas proyectuales todavía carecen de recursos didácticos que respeten su particular catadura y faciliten, o por lo menos no inhiban, el potencial creativo del estudiante, su espacio de libertad. Aquí tenemos, entre otras, un compromiso pendiente.

Más tajante, y quizás menos optimista, lo advertía uno de los nuestros -en el siglo XVIII-: «gris es toda teoría y verde el árbol de oro de la vida» (Johann Wolfang Goethe).


Portfolio. Evaluación Integradora de Aprendizajes. IV Foro de Integración Académica Facultad de Diseño y Comunicación fue publicado de la página 29 a página30 en Escritos en la Facultad Nº8

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