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El arte de la pregunta en el aula. Porque preguntar nos lleva a conocer.

Baiz, Analía Elizabeth [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXIII

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXIII

ISSN: 1668-1673

XXII Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación

Año XV, Vol. 23, Agosto 2014, Buenos Aires, Argentina | 219 páginas

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Resumen:

En este breve texto se pone de manifiesto la necesidad de la pregunta y el aporte de la filosofía al quehacer educativo. La construcción del aprendizaje a partir de la investigación propia y colectiva. La importancia que tiene en la comprensión de la realidad del aula y el ejercicio docente. Poner en el camino del conocimiento a los sujetos es la tarea del ejercicio de la pregunta o mejor dicho, de saber hacerlo, sin considerar a priori las respuestas posibles, sólo por el hecho de preguntar se acciona el interés del contenido y la investigación, valorando el esfuerzo por dilucidar la respuesta.

Palabras clave: conocimiento - aula - estudiante - formulación de preguntas

Introducción

Merleau Ponty afirma que la filosofía es un cierto despertar, un extrañamiento respecto de la existencia del mundo y de nosotros, que implica problematizar el orden establecido de las palabras y las cosas, si ese extrañamiento abierto por los enigmas de la existencia misma está además asociado al gusto por la evidencia y el sentido de la ambigüedad, entonces puede aseverarse que hay filosofía por añadidura a la práctica de la enseñanza. Cuando el deseo de saber asume las formas del aprendizaje amoroso del arte de preguntar, un preguntar que indaga por los sentidos y que da otro valor a lo que dicen, hacen, piensan y producen los seres humanos en una cultura determinada y en un tiempo histórico específico. El arte por saber más allá de la respuesta. Por hacer conocer, salir de la duda, encontrar la verdad del conocimiento.

La filosofía tiene entonces un sentido de necesidad, ella nos despierta al conocimiento de la existencia del mundo y nuestro rol en ella y eso es una problemática en sí. Desde y con la reflexión filosófica se puede entonces, en el campo de la formación académica, colaborar con la enseñanza del arte de preguntar, un arte que se anima a interrogar por los sentidos del tiempo presente y en un espacio determinado, a partir de las circunstancias en las cuales estudiantes y docentes realizan la experiencia del filosofar, un arte que en lugar de repetir en forma abstracta el ritual de la pregunta, trata de promover experiencias concretas del preguntar que devengan en aprendizajes.

Asimismo, otro aspecto que debemos destacar es que la filosofía ha sido acusada también de ser una actividad peligrosa para la reproducción del lazo social. Esto es la historia inicial, si consideramos que desde las tempranas apologías que escribieron Platón y Jenofonte hasta las críticas de Nietzsche, se han hecho las más diversas lecturas sobre la significación del juicio y el lugar de la figura de Sócrates en la historia del pensamiento. No obstante, en el espíritu de esta diversidad hermenéutica se puede percibir que la condena explícita del filósofo supuso el reconocimiento público de la incomodidad que generaba en la comunidad griega un discurso que ponía en entredicho el saber de los expertos. Lo filosófico es el decir que todavía no sé con certeza, sino que me estoy preguntando, es lo opuesto a lo sófico.

Si bien el acontecimiento Sócrates supo otorgarle un lugar relevante en la historia del pensamiento, tal vez por ese doblez constitutivo, por esa herencia que la sitúa entre una indeterminada utilidad y una peligrosa inutilidad, entre el entusiasmo de vivir como se piensa y el miedo a morir por pensar libremente, la filosofía nunca se afincó en tierras tranquilas, ni siquiera logró sostenerse con vigor ante el avance de las ciencias que fueron quedándose con parcelas específicas de saber que creía tener bajo su dominio. La filosofía presume a mi criterio lo inconstante, lo que se mueve, lo que busca incansablemente. Pensamos a la filosofía como madre de todas las ciencias, estudia los primeros principios y las últimas causas a la luz natural de la razón. Desde lo alto de una montaña observa cómo cada una de las otras ciencias trabaja en su campo específico.

Como ciencia que pregunta y se pregunta sobre temas que van más allá de lo concreto, no puede faltar en cualquier proyecto de aprendizaje, o temática en la que el sujeto quiera comprometerse. Su ejercicio o su práctica ayuda a encontrar el conocimiento y a abordar los contenidos de una manera crítica y reflexiva. El desafío como docentes es poder transmitir temas o cuestiones esenciales que aborda la filosofía y relacionarlas, de algún modo, con los contenidos propios de nuestra materia, o sólo el deber de transmitir el pensamiento reflexivo como una acción importante que constituye el saber proactivo, como así también debemos acompañar cuando surjan preguntas que tengan que ver con el saber filosófico.

Desarrollo

Borges, concluía que los argentinos estamos en mejores condiciones que los propios europeos para abordar la tradición occidental, puesto que podemos manejar todos sus temas, pero “manejarlos sin supersticiones, con una irreverencia que puede tener, y tiene, consecuencias afortunadas”. Borges proponía entonces, realizar el viaje del pensamiento con menos prejuicios y mayores libertades. Para bien o para mal afirmaba: todo lo que escribamos, enseñemos y hagamos con esa tradición no dejará de tener una huella argentina. Y en esto, pienso en el término de tener la libertad de pensar y hacer como un abordaje posible a la transmisión de la tradición y con todo lo que este concepto representa. Y en este punto coincido con Borges pues la filosofía podría ser una herramienta para asumir esa libertad bajo la forma de un diálogo con lo conocido, con las preguntas que han marcado su historia, pero no tanto con el objeto de repetirlas indefinidamente, sino con el mañana urgente de integrar otras nuevas, que sean el fruto de la palabra renovada, del intenso balbuceo que las viene a recrear, a cuestionar, a reinventar bajo las exigencias de nuestro tiempo. Nuestra impronta como comunicadores, únicos e irrepetibles al frente de un aula, con nuestra manera de hacer las preguntas para la transmisión de conocimiento, refuerza esta idea y la reaviva, comprometiéndonos en la tarea de enseñar a pensar, a ser críticos y a ser reflexivos. Importante desafío para un cuerpo docente poder, en ese transitar de los recién venidos, acompañarlos en la marcha de esta cultura que se recrea y nos recrea. A través de “núcleos de sentido” que no son otra cosa que conjuntos de problemas que pretenden ser coherentes con las afirmaciones que hemos hecho hasta aquí, y con el desafío que hemos inferido de las citas de los autores que solemos leer: hacer del preguntar un arte que asuma con libertad la relación con la tradición cultural que nos precede, para conocerla, recrearla y cuestionarla, como se cuestiona, conoce y recrea la propia lengua.

El valor de la pregunta en nuestra cultura y en nuestro ser docentes nos lleva a pensar cuestiones tales como el estatuto del deseo de saber y sus relaciones con lo real, lo verdadero y lo racional (y sus mutuas relaciones) en el marco de una sociedad que se piensa a sí misma como sociedad del conocimiento, se trata de la pregunta por la vida en común y sus relaciones con las infancias, las memorias y leyes de un pueblo en un mundo donde lo común implica un insoslayable ejercicio de construcción diaria, (hospitalidad y comunidad), se trata en fin del enigma de los invariantes de nuestra nación y de todo el mundo, son sus modos de habitar y sus pasiones transfiguradas, en momentos donde la pregunta exige de nosotros una recreación colectiva. Dónde podrían caber entonces estas preguntas sino es en la filosofía!!! Estos núcleos de sentido deben ser instancias que colaboren específicamente con el proceso de reflexión que los docentes podrían realizar en torno de las cuestiones del conocimiento y la política, en tanto dichas cuestiones atraviesan por completo la práctica.

Se trata de pensar el problema del saber pero sin perder de vista que el sujeto de conocimiento edifica su vínculo con lo real, lo racional y lo verdadero, a partir de disposiciones anímicas, hábitos institucionales y juegos de poder históricamente situados.

Ahora bien, ¿cómo podemos definir estos conceptos? ¿Cuál es la perspectiva filosófica que los sostiene? ¿Qué implicancia puede tener su análisis y problematización en la formación docente?

A seguir: “el asombro ante lo real”, hacemos la pregunta por el origen del conocimiento en tanto aquello que mueve la pasión de conocer. En este sentido lo real es lo que nos asombra, nos hace dudar, nos angustia, nos produce extrañeza, siempre bajo la sospecha de que sólo en el vínculo con ese real de contornos imprecisos el sujeto produce conocimientos para una comunidad determinada. Otro punto es, “el sueño de la razón”, hitos de la historia de la razón entendida como historia del iluminismo, hitos que nos han permitido pensar hasta qué punto estamos aún bajo sus huellas y, en tanto tales, hasta qué punto la educación misma lo está. Por último “la curiosidad por las verdades” tratamos de preguntarnos qué ha sucedido con ese venerable modo de conocimiento cierto, que nuestra cultura ha llamado verdad. En suma, se trata de plantear preguntas que hacen a la historia y el ejercicio mismo del pensamiento, una historia y un ejercicio que suelen olvidar que el conocimiento es al menos el resultado de aplicar una facultad a un objeto dado, un efecto de múltiples relaciones afectivas, institucionales, cognitivas y sociales.

Como reflexión personal pienso que así como dice Jaspers que el espíritu de la filosofía tiene otro origen al de las ciencias, es allí donde brota, antes que toda ciencia, donde despiertan los hombres y de ella se esperan revelaciones extraordinarias. Filosofía quiere decir ir en camino, buscando las respuestas y es una acción donde son mucho más importantes las preguntas que las respuestas. El esfuerzo reflexivo por el cual el hombre piensa y se hace partícipe de la realidad. Esta realidad que nos impulsa a investigar como una vinculación con las necesidades de la vida y en este caso las del aula. Y de esta forma impulsa también la comunicación. La realidad nos incluye a todos, con nuestras dudas, asombros, angustias, ansias de saber y de poder y desde ese lugar como factores indispensables de ella misma nos obliga a repensarla, revisarla y componerla desde las significaciones que tienen para nosotros las preguntas sobre lo cotidiano, lo social y lo educativo.

Conclusión

Estas cuestiones sobre la educación y las verdades de su estructura, los puntos ciegos de la situación escolar que no se dejan vislumbrar por ciertos saberes instituidos, las verdades y el saber de los docentes y cuáles son las que se pueden recrear y reinventar en la práctica de enseñar, no son cuestiones menores, y en relación a éstas puedo decir que coincido con que la curiosidad por las verdades persiste en el corazón de la cultura, resulta estimulante preguntar por el lugar de la verdad en el aula. La verdad forma parte del orden de lo que adviene y no del orden de lo que hay, del orden de lo que el sujeto vislumbra y no de lo que conoce y desconoce. Por esta razón, creo que la investigación no sólo en el campo de la ciencia sino también en el campo de las artes, la técnica y pensamiento teórico es fundamental para el desarrollo de la humanidad y es allí donde el lugar preponderante de los docentes como transmisores de lo existente pero también como responsables de favorecer los aspectos creativos en términos de nuevos conceptos y conocimientos, hace que los sujetos progresen, tomar en cuenta también la diversidad de opiniones y pensamiento, creando un espacio de reflexión constante y productivo, abriendo paso y posicionando a las nuevas generaciones en el avance de la humanidad.

En ese camino estamos, porque lo creo correcto, en busca de hacer las preguntas, de considerar las respuestas y de presenciar el vislumbrar de las verdades, aunque éstas no sean más que temporarias, dejando en ellos, los alumnos, la actitud por querer saber, conocer, que es definitiva siempre preguntar.

Abstract: In this brief text highlights the need for the questionand the contribution of philosophy to educational work, about the construction of learning from self and collective research and the importance in understanding the reality of the classroom and teaching. Put in the way of knowledge to the citizens is the task of the exercise of the question or rather, to know it, without considering a priori the possible answers, only asking because it drives the interest of content and research, assessing the effort to elucidate the response.

Keywords: formulation of questions - knowledge - classroom - student.

Resumo: Neste breve texto põe-se de manifesto a necessidade da pergunta e o contribua da filosofia ao trabalho educativo. A construção da aprendizagem a partir da pesquisa própria e coletiva. A importância que tem no entendimento da realidade da sala de aula e o exercício docente. Pôr em caminho do conhecimento aos sujeitos é a tarefa do exercício da pergunta ou melhor dito, de saber fazê-lo, sem considerar a priori as respostas possíveis, só pelo fato de perguntar se aciona o interesse do conteúdo e a pesquisa, valorizando o esforço por dilucidar a resposta.

Palavras Chave: formulação de preguntas - conhecimento - sala de aula - estudante.

(*) Analia Elizabeth Baiz: Arquitecta (UBA). Profesora en la Universidad de Palermo en el Departamento de Diseño de Espacios de la Facultad de Diseño y comunicación.


El arte de la pregunta en el aula. Porque preguntar nos lleva a conocer. fue publicado de la página 71 a página74 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXIII

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