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Cómo enseñar las posibilidades infinitas de la redacción creativa

Bensignor, Betina Mariel [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Actas de Diseño Nº17

Actas de Diseño Nº17

ISSN: 1850-2032

IX Encuentro Latinoamericano de Diseño “Diseño en Palermo” V Congreso Latinoamericano de Enseñanza del Diseño Comunicaciones Académicas

Año IX, Vol. 17, Julio 2014, Buenos Aires, Argentina | 256 páginas

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Después de coordinar talleres de escritura creativa durante muchos años en forma independiente, me encontré con el desafío de implementar una manera “académica” de enfocar la enseñanza de esta herramienta en la cátedra de Redacción Publicitaria I en la Universidad de Palermo.

Mi confianza y experiencia en el área práctica y en la modalidad de taller con alumnos de 18 a 93 años no me parecían suficientes para sustentar la actividad desde un punto de vista teórico. Al menos, la mayoría de las consignas que doy no tienen un fundamento teórico, aunque apunten claramente a la adquisición de herramientas prácticas específicas.

La práctica de la escritura “viva”

La escritura es una actividad infaltable en todas las organizaciones y actividades profesionales. No solamente los escritores literarios o los creativos expresan ideas por escrito, también los planes de negocio, memorias y balances, actas, informes, cotizaciones, memos, CVs, demandas legales, clases, mails, conferencias y una larga lista de documentos y actividades requieren precisión y fluidez a la hora de plasmar conceptos por escrito. Si bien se trata, en la mayoría de estos casos, de un tipo de escritura funcional que admite muy pocos aportes personales (como en el caso de los textos empresariales o los académicos), el “músculo” de la escritura es el mismo y se fortalece mediante la incorporación de herramientas y recursos creativos, que hacen del escribir un proceso tan natural como el hablar o el danzar. Escribir en forma creativa es una experiencia que revitaliza porque da cauce al impulso vital que se corporiza a través de las palabras escritas. Por eso, además de ser una fuente de placer y descubrimiento (propio y del mundo), genera una sensación de poder, en el mejor sentido del término. Cuando los alumnos descubren esta sensación, el vínculo con la escritura cambia de manera irreversible. De ser algo reglamentario o tedioso, pasa a ocupar un lugar relacionado con la potencia, con el registro de una adquisición que abre innumerables puertas, es decir, una herramienta poderosa.

La escritura como una manifestación biológica

En la escritura creativa podemos ser más auténticamente nosotros mismos cuando nos entregamos al desconocimiento del próximo paso. Esa es la primera clave. Al escribir sabemos, a lo sumo, qué parte del camino está bajo nuestros pies en el instante presente. Un segundo después estaremos en otro lugar y no somos dueños de prever cuál. Por eso, considero que la escritura creativa es un territorio de máxima libertad en el que no hay decisiones a tomar, opiniones o juicios que formular, sino un impulso a seguir, una respuesta biológica, corporal, ante un estímulo, que nos lleva a volcar una parte significativa de nuestra mente no conciente en el papel (o la computadora). En este sentido, me aventuro a afirmar que este tipo de escritura se incorpora y se desarrolla como un hecho biológico que guarda un correlato con el impulso a danzar cuando sentimos el estímulo musical. No hay allí una decisión ni una acción voluntaria, sino un fluir hacia que conecta nuestro interior con una forma de expresión que nos permite manifestarnos de un modo auténtico y, por lo tanto, único. Esto es lo que le da el componente creativo, su carácter inédito.

¿Escribir, yo?

Cuánta mistificación hay en torno a la creatividad y la expresión escrita. Parecería que la actitud creativa es un talento reservado a unos pocos privilegiados. Y escribir, directamente, una actividad para maestros de la talla de Borges, Cervantes o, en este caso, para dotados como Ogilvy o Bernbach. Las principales dificultades que enfrenta la escritura creativa radican en la idealización del acto creativo. Otros obstáculos se relacionan más con una traba que solemos encontrar al tener que abandonar el control o ante la consigna de abstenernos de opinar sobre lo que acabamos de escribir. Muchas veces lleva más trabajo despojarse de viejos hábitos negativos que adquirir nuevos hábitos positivos. Los juicios, las valoraciones (generalmente descalificadoras) y la crítica, son más frecuentes que la calificación positiva y la aceptación, aún sabiendo que lo que surge espontáneamente no es una versión definitiva, que cada texto requiere un proceso de corrección en una etapa posterior.

Queremos prever, anticiparnos, nos gusta conducir hacia dónde va la cosa. Esto no interfiere con la producción estética, pero atenta contra la fluidez necesaria en todo proceso creativo, porque dirigir voluntariamente aquello que queremos escribir sólo nos lleva a un lugar conocido, no podemos arribar a un nuevo destino yendo por un camino ya recorrido, por una vía prevista. ¿Cuál es la salida, entonces? En primer lugar, confiar.

Parecería una obviedad, pero la mayoría de las personas no creen que puedan escribir algo “original”. Muchos alumnos salen de las primeras clases de escritura creativa satisfechos y contentos, pero sin explicarse porqué. Y esa falta de fundamento parece situarlos en un lugar incómodo, emparentado con el azar. Yo sé fehacientemente que este proceso no es azaroso, pero los alumnos no; y en lugar de abrirse a una nueva experiencia de exploración, enumeran una serie de justificaciones y motivos por los cuales nunca escribieron hasta ese momento, lo que se convierte en argumento de porqué creen que nunca van a poder escribir o porqué consideran que lo que producen por escrito no tiene valor.

También aparece la vergüenza frente a la exposición y la autodescalificación. Parecería que los demás siempre escriben mejor que uno, y que siempre los otros son más originales. Por eso, no me canso de repetirles a los alumnos que todos tenemos algo para decir, algo que no está escrito por nadie; es esa originalidad lo que me interesa descubrir juntos a través de escritura creativa.

La libertad es una construcción

Escribir en forma espontánea es como dar un salto sin verificar previamente qué hay abajo: podría haber una piscina, un colchón de heno, un minotauro, un precipicio, una galaxia desconocida… No lo sabemos en el momento en que vamos hacia el papel. Sólo sabemos que, una vez más, la birome irá deslizándose con una autonomía prácticamente inexplicable hacia un lugar que desconocemos. Entonces, el papel se convierte en una vasija donde vertimos partes significativas de nuestra vida interior, algo así como un mapa con senderos de tinta que representa una realidad personal, en forma realista o fantástica. Es en el papel donde encontramos acogida a nuestras ideas, recuerdos y emociones, como la expresión de un movimiento del ser, tal como podrían serlo también la danza, el teatro o el canto espontáneos (no académicos). Así como nos sobreviene el impulso hacia la danza  cuando la música nos estimula, sin mediar la voluntad, del mismo modo sentimos el impulso hacia el papel (o la computadora) cuando una idea, un proyecto o una emoción nos estimulan.

Sin embargo, la escritura es diferente en varios sentidos. Todos nos expresamos constantemente, de uno u otro modo. Aún por medio del silencio o la ausencia, que tantas veces decodificamos como una falta de respuesta; también en esos casos estamos expresándonos. No obstante, de todas las formas en que podemos manifestarnos, escribir es aquella que posibilita cosas imposibles en otras áreas, como por ejemplo: estar y no estar a la vez, ser otra persona, estar en el mundo antes de nuestro nacimiento, reparar una realidad dolorosa, construir nuevos sentidos, ver el punto de vista de otros, unir dos planos que antes estaban separados, revelar nuestras zonas ignoradas, provocar una reacción, inventar de un modo único y personal y, lo más interesante: apropiarse, literalmente, de las infinitas posibilidades que ofrece el crear un texto.

Esto es así porque las palabras, que son el soporte vital de la escritura, permiten infinitas conexiones, cosa que no pueden el cuerpo de la danza o del teatro, la voz o la pintura, por estar mediados por un soporte físico.

Lo escrito, si bien se construye con un número limitado de palabras, es vehículo de conceptos, y éstos son verdaderamente infinitos: siempre se puede combinar de una nueva manera, agregar, corregir, improvisar, cambiar, variar, desarrollar, descubrir o inventar nuevos sentidos. Siempre.

Y es al escribir cuando se aclaran los pensamientos, no es antes sino durante la escritura que se comprende el sentido que va tomando el texto en forma prácticamente autónoma, independiente de la voluntad o control.

Escribir es patrimonio de la humanidad

Se sabe que lo que existió antes de la escritura es lo que se llama Prehistoria. Tal es el grado de importancia del poder dar cuenta y dejar asentado un hito histórico, una dato, un calendario, escribir permite transmitir de generación en generación.

La escritura no es patrimonio de unos pocos dotados, sino una capacidad que todos tenemos. Esto mismo es lo que confirman la mayoría de los alumnos en las clases de escritura creativa, cuando comparten sus experiencias: “Uno termina mostrando lo que es a través de la escritura”.

“El taller nos permitió descontracturar la forma de escribir o de pensar”.

“Tenemos más herramientas para ver de otra forma”. “Pudimos ampliar detalles, escribir de diferentes formas y en distintos estilos, y sobre todo, entender diferentes puntos de vista”.

“La escritura me permite ver la cantidad de habitantes que hay dentro de uno”.

“En las clases de escritura es como si nos mostraras cómo el titiritero mueve los hilos de la marioneta”.

“Me pasó de sentir muy integrado lo espiritual, lo psicológico y la experiencia”.

“Fue una manera divertida de entender cómo ven los demás”.

“Antes me daba vergüenza escribir y, más todavía, mostrar lo que había escrito, pero de a poco me fui soltando”. “Escribir es una experiencia refrescante”.

“Utilizar estas herramientas de una manera sencilla y segura que me permite mover las fichas en mi propio trabajo, ver nuevas maneras de pensar, distintas alternativas”. “Me ayudó a ver cómo hacen los demás lo mismo que estoy haciendo yo, me dio confianza”.

“El taller imprimió una dinámica muy vital”. Como facilitadora, es reconfortante sentir que uno es un canal para que esto suceda, para que las emociones encuentren su cauce y, fundamentalmente, para que surja lo auténtico, lo único de cada persona a través de la escritura creativa.

Esto que afirmo no es novedoso, muchos escritores consagrados expresaron conceptos similares acerca de la escritura creativa, como por ejemplo: “Ser escritor son como momentos en que el cielo y la tierra se tocan, y uno es inmortal por un ratito”. (Eduardo Galeano) “El escritor, fatalmente, se hace. Y en esa tarea, los ritos y los métodos ayudan. Se requiere un 99% de talento, 99% de disciplina y 99% de trabajo para lograrlo”. (William Faulkner)

Las cosas se me ocurren en forma de frases, como a otros se les ocurren en forma de imágenes o de melodías... Lo que me gusta de estar escribiendo es que la obra actúa como un principio ordenador que organiza el caos del mundo. Si no estoy escribiendo algo, todas las cosas que percibo pasan, se pierden, se dispersan. Para mí, es muy placentero el falso orden que propone la escritura. La escritura, para mí, es una especie de descubrimiento permanente. (Martín Caparró

“El poeta goza de ese incomparable privilegio de poder ser, a su antojo, él mismo y también otro”. (Charles Baudelaire)

No me siento dueña de mis relatos, tienen vida propia, son autónomos y más poderosos que yo. No me identifico con ellos, no comparto sus ideas, ni su visión del mundo. Se producen en mi cabeza sin mi permiso, y cuando los suelto, es porque me han vencido. (Luisa Castro)

Y también, en su libro El zen en el arte de la escritura, Ray Bradbury, uno de los colosos de la creatividad, afirmaba acerca de la escritura espontánea:

En la rapidez está la verdad Cuanto más pronto se suelte uno, cuanto más deprisa escriba, más sincero será. En la vacilación hay pensamiento. Con la demora surge el esfuerzo por un estilo, y se posterga el salto sobre la verdad…

Y concluye: “Lo que para los demás es el Inconsciente, para el que escribe se convierte en la Musa. Son dos nombres de lo mismo”.

Final abierto

Desde el minuto uno de la primera clase mis alumnos de la Universidad de Palermo se presentaron por escrito.  Cada uno hizo un anuncio publicitario de sí mismo. A partir de ahí surgió el análisis de cada pieza: si se trata de un producto, una marca o un servicio; según el estilo, para qué medio sería adecuado; para qué productos se ajusta el tono que eligieron, para cuáles no; a quién se dirigieron en el mensaje, qué “vendían” y otros aspectos que les permitieron tomar conciencia de que la creatividad no es un flecha lanzada al vacío. Comprendieron en forma práctica y concreta que los mensajes se escriben para algo y para alguien. De hecho, uno de los temas incluidos en un trabajo práctico fue argumentar el porqué del refrán popular chino: “Una flecha sin un objetivo, jamás dará en un blanco”. Con esto quiero ilustrar que desde el comienzo abordamos todos los aspectos contenidos en el programa, sólo que en forma gradual. Y luego, después de la experiencia (nunca antes), viene el análisis, la toma de conciencia, la conceptualización, la profundización y la asimilación del conocimiento. A partir de ahí utilizan conscientemente y a voluntad las herramientas adquiridas. Llegando al último tramo del cuatrimestre, sin tener todavía notas finales, me aventuro a decir que recorrimos un camino lleno de aprendizajes, tanto mis alumnos como yo, que pudimos dar lugar a lo creativo de cada uno, compartimos ideas, desafíos y, fundamentalmente, recorrimos kilómetros de tinta que nos llevaron a nuevos titulares, textos y slogans osados e innovadores. Cada uno pudo descubrir el creativo que llevaba dentro y desarrollar herramientas que posibiliten, más que aprobar una materia, entender cuánto trabajo y cuánto conocimiento hay detrás de una simple frase publicitaria.

Abstract:

The challenge is how to develop an “academic” way to teach creative writing without restricting freedom.

Words are the life support of writing and allow plenty of connections. The writing is vehicle concepts, and these are infinite: always be combined in a new way, add, edit, improvise, change, develop, discover or invent new meanings, forever. But it is to write when clarifying the thoughts not before, but it is during the writing when the sense the text is taking is understood.

Key words:

Teaching - Creative - Writing - Workshop - Freedom.

Resumo:

O desafio é como desenvolver um modo acadêmico de ensinar a escritura criativa sem restringir a liberdade. As palavras são os suportes vitais da escritura e permitem infinidade de conexões. O escrito é veículo de conceitos, e estes são infinitos: sempre pode se combinar de uma nova maneira, agregar, corrigir, improvisar, mudar, variar, desenvolver, descobrir ou inventar novos sentidos. Sempre. Mas é ao escrever quando se aclaram os pensamentos; não é antes, senão durante a escritura que se compreende o sentido que vá tomando o texto.

Palavras chave:

Ensino - Criatividade - Escritura - Oficina - Liberdade.

(*) Betina Mariel Bensignor.

Técnica Superior en Publicidad (Fundación de Altos Estudios). Profesora de la Universidad de Palermo en el Departamento de Comunicación y Creatividad Publicitaria en la Facultad de Diseño y Comunicación.

(**) El presente escrito fue presentado como conferencia dentro del Tercer Congreso Latinoamericano de Enseñanza del Diseño (2012). Facultad de Diseño y Comunicación, Universidad de Palermo, Buenos Aires, Argentina.


Cómo enseñar las posibilidades infinitas de la redacción creativa fue publicado de la página 178 a página181 en Actas de Diseño Nº17

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