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Prólogo

Marzorati, Zulema; Pantović, Branislav [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Cuadernos del Centro de Estudios de Diseño y Comunicación Nº 52

Cuadernos del Centro de Estudios de Diseño y Comunicación Nº 52

ISSN: 1668-0227

Cincuenta años de soledad. Aspectos y reflexiones sobre el universo del video arte

Año XV, Mayo 2015, Buenos Aires, Argentina | 352 páginas

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A partir de la reunión realizada en noviembre de 2011 entre representantes del Instituto Etnográfico de la Academia Serbia de Ciencias y Artes1 y las autoridades de la Facultad de Diseño y Comunicación de la Universidad de Palermo, Argentina, surge la idea de realizar este volumen denominado La identidad nacional. Representaciones culturales en Argentina y Serbia. En él, y desde sus diferentes tradiciones y contextos, los autores presentan sus tra bajos abordando algunos aspectos que hacen a la construcción de las identidades en ambos países y plantean sus percepciones sobre ese territorio cultural que constituye la nación.

Reunir artículos provenientes de contextos socio-históricos y políticos desiguales, plantea problemas y desafíos. Nuestro interés no se centra en buscar analogías o diferencias entre ellos, sino indagar acerca de las miradas y perspectivas desde las que los investigadores abordan sus distintas identidades culturales en tanto construcciones abiertas y siempre en un constante proceso de formación.

Las identidades son construcciones sociales del presente que resignifican el pasado. Como sostiene Eduardo Grüner, la noción de ‘identidad’, utilizada originariamente para referirse a los individuos, pasa al ámbito de las sociedades, hablándose de ‘identidad nacional’, y estrechamente vinculada a la conformación moderna del Estado-Nación (Grüner, 2002, p. 251). La identidad nacional hace referencia a una comunidad política particular de personas que actúan en forma colectiva, participan de una historia en común y habitan un determinado territorio.

La identidad constituye una categoría conformada por la coexistencia de diversos componentes culturales. La cultura, ya sea desde el multiculturalismo al fundamentalismo cultural, cumpliría así un rol específico entre otras variables posibles para la definición de la identidad colectiva, en la que todos los miembros pudieran identificarse simbólicamente. Renato Ortiz entiende también la identidad como un proceso de construcción simbólica, donde los otros funcionan como marcos referenciales, permitiendo a los sujetos legitimarse en la misma oposición. El autor asegura que no existe ‘una’ identidad, ya que en la cultura se entrecruzan un conjunto diverso de múltiples identidades en competencia y conflicto permanente (Ortiz, 1998). La noción de identidad, no se define como una esencia inmutable, pensada en términos de clausura, sino como algo inacabado, que se está haciendo continuamente; un proceso histórico de construcción y reconstrucción nacional, grupal o individual. Así, conviven y se yuxtaponen identidades como la religiosa, étnica, sexual y de género, debido a que las personas se identifican con otras participando de las relaciones sociales en contextos históricos determinados.

Pese al proceso transnacional y el debilitamiento de los Estados nacionales en un mundo que homogeneiza mercados y manifestaciones culturales, la idea de nación como fuerza unificadora y dinámica, sigue teniendo un importante sentido y siempre irrumpe en el escenario global. Como sostiene Álvaro Fernández Bravo, junto con la internacionalización se produce un intenso resurgimiento del localismo y el regionalismo que tal vez puedan ser leídos como resistencias a la presión globalizadora (Fernández Bravo, 2000).

La nación es una de las invenciones culturales más poderosas y perdurables de la modernidad y constituye un lugar de pertenencia que une a sus miembros con fuertes lazos comunitarios. Por lo tanto, conforma una idea política y una fuerza histórica centrípeta que con la potencia de su contenido emocional cohesiona las sociedades y logra consenso, jugando un rol decisivo en la reproducción de los procesos socio-culturales y económico-políticos.

Dos visiones (y siempre en tensión con el nacionalismo) desde las cuales se puede analizar el origen de las naciones son: la primordialista, que las considera eternas, perennes, con una existencia objetiva, constituyendo un colectivo definido étnicamente y la constructivista, que sostiene que son productos de los cambios socio-políticos y económicos provocados por la modernidad y la expansión del capitalismo, la industrialización y el urbanismo.

Desde una óptica primordialista, Anthony Smith se pregunta por el papel del pasado en la creación del presente. En su opinión la nación es un depósito histórico, resultado de las experiencias y expresiones pasadas de todos sus miembros. Y en esta perspectiva que denomina geológica 2, considera que existen marcas, determinados rasgos étnicos que influyen en la conformación de la nación moderna y explican y determinan el presente nacional (Smith, 1995). Autores como Eric Hobsbawm, Benedict Anderson y George Mosse sostienen una posición constructivista, en la que la nación es en gran medida un artefacto cultural, una invención de la Modernidad. Hobsbawm considera al movimiento para fundar naciones-Estado, un programa encaminado a fabricar un tinglado político basado en la inmensa fuerza emotiva de la cuestión nacional. En su opinión, confluyen en ella dos conceptos muy diferentes: el revolucionario-democrático o un colectivo de individuos iguales que se conciben como soberanos y el nacionalista, que con un criterio romántico la considera una realidad de orden cultural constituida por tradiciones, vínculos religiosos, lingüísticos y costumbres comunes (Hobsbawm, 1995). Benedict Anderson define la nación como una comunidad imaginada limitada por sus fronteras finitas y soberana (Anderson, 1993), una entidad conformada a través de prácticas políticas y culturales y en la que los medios modernos de comunicación impresos cumplieron a través de la imprenta y la alfabetización masiva un preponderante papel, haciendo que las personas se relacionaran en formas radicalmente nuevas. Es una comunidad porque existe entre sus miembros una fraternidad que los une profundamente, e imaginada porque aunque no conocerán jamás a la mayoría de sus compatriotas, en sus mentes vive la imagen de su comunión (Anderson, 1993, pp. 23-25).

Para George Mosse, los autores que analizan la nación como producto de la Revolución Francesa y del romanticismo, realizan una simplificación de este concepto ya que desde la Edad Media existe una conciencia nacional, a través de una lealtad hacia un monarca o a una dinastía. También considera a un sistema económico como el mercantilismo un defensor de los intereses de las naciones europeas. En definitiva, lo que hace la Revolución Francesa es reforzar los sentimientos de pertenencia preexistentes (Mosse, 1997, p 83).

Nuestra investigación se centra en el análisis de los significados y símbolos culturales que hacen a las identidades de Argentina y Serbia, dos naciones constituidas a partir de realidades distintas. Después de una etapa de conflictos internos y externos, verdaderas guerras civiles y militares, durante la segunda mitad del siglo XIX comenzó a conformarse el Estado nacional argentino En ese sentido fueron fundacionales las presidencias de Bartolomé Mitre, Domingo Faustino Sarmiento y Nicolás Avellaneda (1862-1880), período durante el cual se produce la unificación económica y política del país. Y en 1880, con la presidencia de Julio. A. Roca, la etapa de construcción del Estado puede considerarse cerrada representando una línea divisoria en la historia argentina (Halperin Dongui, 1982)3. Entre fines de la década del ´70 y comienzos del ´80, se concreta la conquista y ocupación del territorio indígena pampeano con la Campaña del ‘Desierto’ y después de un largo litigio, se soluciona la ‘cuestión capital’ con la federalización de Buenos Aires.

4 La década del ´80 inicia una etapa de profundas transformaciones que constituyen las bases de la Argentina moderna, considerada como una edad dorada debido al vertiginoso crecimiento experimentado (Lobato, 2010). En lo político se estableció un régimen que concentró el poder en una elite conservadora, que excluyó del mismo a los restantes sectores sociales mediante prácticas fraudulentas. En lo económico, a partir de la división internacional del trabajo propiciada por el desarrollo capitalista en Europa desde fines del siglo XIX, el país se convierte en exportador de productos agropecuarios e importador de productos manufacturados. Para llevar adelante este modelo agroexportador, se fomenta una inmigración masiva, se moderniza el puerto de Buenos Aires y se trazan nuevas líneas férreas que partían o llegaban a Buenos Aires trasladando las mercancías destinadas a la exportación o abasteciendo a las provincias con los productos importados. Como resultado de esta relación económica, el Estado nacional surge a partir de la alianza política entre los sectores exportadores y los de la burguesía urbana y del interior. Este proceso se completa con el capital extranjero, especialmente británico.

En cuanto a la construcción simbólica de la nación argentina, para Waldo Ansaldi, cuanto más joven es una sociedad, más necesita inventarse una tradición histórica. Por ello, considera a Bartolomé Mitre5 un inventor de tradiciones6, ya que inventó una historia nacional para un país que no era una nación (Ansaldi, 1995). Y lo hizo a través de su libro Historia de Belgrano y de la independencia argentina (primera edición 1857), continuándola en los tres volúmenes de la Historia de San Martín y la emancipación sudamericana (1887, 1888 y 1890).

Por otro lado, Serbia existe hace varios siglos entre diferentes límites, bajo distintos tipos de gobiernos y alianzas regionales. El nacimiento del primer Estado serbio, Rascia (serbio: Raška), se ubica en el siglo VII7 bajo de la Casa de Vlastimirović8, al emanciparse de la hegemonía religiosa y política de Bizancio (Maier, 1979; Bogdan, 1991). Con la llegada de la real dinastía Nemanjić al poder en el siglo XII, Rascia y algunos otros territorios de la región, se convirtieron en el Reino de Serbia, que luego se transformó en el Imperio Serbio en el siglo XIV. Debido al avance del Imperio Otomano en Europa, y asimismo a las rivalidades internas desde el siglo XVI, Serbia prácticamente desapareció como Estado. En la era moderna, bajo la real dinastía Obrenović, Serbia se convirtió en un principado autónomo e independiente (1815-1882) y luego en un Reino (1882-1918). Bajo la real dinastía Karađeorđević, formó parte del Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos y del Reino de Yugoslavia (1918-1945). A continuación bajo de el gobierno del Mariscal Tito, después de la Segunda Guerra Mundial, Serbia fue una de las repúblicas socialistas en la República Federativa Socialista de Yugoslavia (1945-1992). Posteriormente, tras la disolución de este país, se encontraba dentro de la República Federativa de Yugoslavia (1992-2003); más adelante dentro de la Unión Estatal de Serbia y Montenegro (2003-2006) y antes de proclamar la independencia, como la República de Serbia, en 2006. La República de Serbia, hoy en día, es un país sin salida al mar, situado en el sureste de Europa, que abarca la parte sur de la llanura de Panonia y la parte central de los Balcanes.

Dado que está situada entre dos partes geográficas distintas de Europa (Europa central y Europa del sur) es un territorio de gran importancia a nivel geopolítico y estratégico. Allí, las rutas internacionales, las vías ferroviarias y los trayectos fluviales, constituyen uno de los vínculos más cortos entre el este y el oeste de Europa, por un lado, y el Oriente Medio, Asia y África, por el otro. Por tal motivo, es conocida como ‘la encrucijada de Europa’. Resultado de las divisiones históricas del país entre diferentes Imperios, Romano de Oriente y Romano de Occidente en primer lugar, y luego entre el Otomano, musulmán, y el Austrohúngaro, católico apostólico romano, Serbia es uno de los lugares étnicamente más heterogéneos de Europa. Por tal motivo, en Serbia se encuentran impresos los modos y costumbres de las distintas culturas que transitaron su territorio donde las ruinas y monumentos prehistóricos y clásicos representan algunos ejemplos singulares de los cambios a través del tiempo, como asimismo los legados de fastuosas casas de verano que dejaron emperadores romanos, iglesias bizantinas, fortalezas turcas y austrohúngara. Serbia ha sido un punto de encuentro, de confluencia y de tránsito. Es una tierra de contrastes naturales y culturales, donde se aglutinan en su seno huellas de varias etnias y pueblos distintos, formando una entidad europea muy particular.

Este libro se presenta como un diálogo entre diferentes autores –serbios y argentinos– que reflexionan sobre cómo se construye la identidad de una nación a través de sus manifestaciones sociales y culturales. Cada artículo propone analizar esta temática desde una disciplina, sea desde una visión antropológica, histórica o artística. Entre todas las voces, es posible reconstruir el discurso identitario de ambos países. Una mirada que siempre está flexible a los cambios, en un estado de permanente negociación y disputa.

Algunos trabajos proponen una investigación sobre la identidad nacional a partir del análisis de diferentes expresiones artísticas. Tal es el caso de Andrea Mardikian, quien aborda las múltiples identidades que coexisten en el espacio teatral de la ciudad de Buenos Aires, desarrolladas en un circuito comercial hegemónico o en formas culturales contrahegemónicas: un circuito alternativo/independiente y un espacio intermedio, no convencional –el off del off–. Su trabajo propone un análisis deconstructivista del ‘circuito teatral’, que visualice el cruce entre ambos espacios y reactive un intercambio real y experimental, superando así las barreras de un aparente binarismo.

Otro artículo ligado al arte y sus manifestaciones es el de Dragana Radojičić quien, a través del análisis de algunos filmes, ofrece una aguda lectura de cómo el cine antropológico en Serbia, además de tratarse de la expresión del comportamiento humano, también implica una importante indicación de los cambios en la globalización. La autora considera que actualmente, este tipo de cine, es para muchos una insustituible fuente científica y forma parte del patrimonio cultural, ya que es cada vez más importante su uso en el proceso educativo. El cine antropológico tiene la capacidad de mostrar al mundo la identidad visual de un país en forma tradicional y contemporánea al mismo tiempo. Por otro lado, el trabajo de Mercedes Pombo se basa en el lenguaje fotográfico y su abordaje de la identidad. Frente a una mirada etnocéntrica hegemónica que exotiza al aborigen o lo confina al olvido, la autora analiza la obra de dos fotógrafos argentinos contemporáneos: Guadalupe Miles y Sebastian Szyd, a través de sus series Chaco y América, respectivamente. La elección se fundamenta en que sus imágenes componen una estética que indaga y ahonda en el rico tejido de la vida social y simbólica de las comunidades indígenas y los retrata, siempre desde el respeto por su autonomía e identidad cultural; por la otredad y diversidad.

Por su parte –y desde una mirada vinculada a la relación Cine/Historia– Tzvi Tal propone analizar el film Revolución. El cruce de los Andes como una reconstrucción política de la memoria histórica, sosteniendo que la imagen de San Martín, símbolo de la identidad colectiva y la unión nacional, difunde el discurso de la gestión kirchnerista. El tratamiento del héroe, centrado en valores como la ética y el compromiso, que asume su liderazgo en forma firme, sin delegaciones, como único responsable de las decisiones y consecuencias, establece un paralelo y crea una identificación con la gestión del presidente Néstor Kirchner y continuada por la presidenta en ejercicio.

También el libro presenta artículos en donde la atención se posa en el estudio de medios y propuestas relacionadas con la publicidad, el diseño gráfico y sus alcances. Tal es el caso de Branislav Pantović, quien presenta un análisis acerca de la construcción de la identidad en Serbia, considerando las múltiples miradas y particularidades que se dan dentro de este territorio a través de sus imágenes. Su trabajo da cuenta de los puntos de vista contrapuestos que se presentan en este país frente al discurso de una identidad nacional, atravesada por conceptos ligados a lo local y lo global. Por otra parte, su artículo también reflexiona acerca de la capacidad comunicativa que tiene el diseño gráfico y publicitario en la actualidad, preguntándose acerca de la interpretación de sentidos y significados que surgen a través de las imágenes, sus estéticas y símbolos.

Otro trabajo que se centra en la comunicación para dar cuenta de la construcción de la identidad serbia, es el de Vesna Trifunović y Jovana Diković, quienes muestran a través del análisis de dos series de televisión locales: Gente afortunada y Mile versus la Transición, cómo fueron cambiando los valores y procesos sociopolíticos en el país desde finales de los años noventa del siglo XX hasta nuestros días. Las autoras analizan las series de televisión considerando que, a pesar del hecho de que tienen como función el entretenimiento de la audiencia, se constituyen en indicadores del estado de la sociedad post socialista.

Por su parte, basándose en que la identidad nacional está conformada por instituciones, Sonia Sasiain aborda la relación entre espacio escolar y educación pública en Argentina, proponiendo reflexionar acerca de la manera de abordar este tipo de enseñanza a partir de la configuración arquitectónica y espacial en el período de 1880, el primer peronismo y la actualidad. La autora plantea que la configuración de los espacios dentro de un establecimiento educativo es un aspecto fundamental en la vinculación con la forma de promover y adquirir el conocimiento; así como también de transmitir e internalizar los valores nacionales vigentes.

Desde una mirada histórica, María Elena Stella indaga en esa importante batalla ética y cultural que significó el Juicio a las Juntas Militares a partir de la recuperación de la democracia, bajo el gobierno de Alfonsín. La autora señala a este juicio, sin precedentes en la historia argentina, como la piedra basal de la justicia retroactiva, que permitió investigar el pasado violento, recuperar la memoria colectiva y conocer la verdad sobre la represión dictatorial.

Otras propuestas se plantean desde la Antropología, como es el caso del texto de Adriana Stagnaro, quien través de un profundo estudio etnográfico, desarrolla aspectos que hacen a la investigación biotecnológica en instituciones privadas y públicas argentinas durante la década neoliberal de los `90 y a partir del 2003, que han influido en la construcción identitaria y en el rol de los científicos participantes. Su trabajo da cuenta de los grandes cambios que se inician a partir de esa última etapa, en la que las decisiones de política científica revalorizan la imagen del investigador y la importancia del desarrollo científicotécnico en la sociedad.

En su trabajo, Aleksandra Pavićević propone analizar el proceso de comercialización de una importante y emblemática obra de arte del monasterio de la Iglesia Ortodoxa Serbia: el ícono del Ángel Blanco. La autora aborda la transformación del rol principal del ángel en el ícono, ya sea desde el mensajero de la resurrección hasta el portador de la fortuna. Da cuenta, además, de cómo se llevó a cabo este proceso en la sociedad post comunista serbia, paralelamente con los cambios de rol de la religión y la iglesia.

En el artículo de Milesa Stefanović Banović se puede observar el análisis, mediante ejemplos, de símbolos religiosos usados en la vida cotidiana en Serbia (ornamentos, joyas y otros objetos de uso diario). A través de ellos, la autora investiga la vinculación entre la identidad nacional y la identidad religiosa. Presenta los ejemplos de la percepción del patrimonio cristiano tangible y examina los motivos y los métodos del empleo exagerado de estos objetos; cuenta cómo y por qué se percibe esto públicamente como algo de carácter nacional y cómo a partir de ello intentan manifestar su religión. Este volumen propone un primer paso para reflexionar sobre la identidad de Serbia y Argentina, abordándola desde una multiplicidad de enfoques, miradas y propuestas que confluyen en los artículos presentados. Los autores y sus voces promueven la circulación del pensamiento crítico, replanteando nuevos abordajes y significados para interpretar las representaciones culturales como parte de los intereses y de las luchas por el poder que se dan en el contexto socio-histórico actual.

Notas

1. El Instituto Etnográfico de la Academia Serbia de Ciencias y Artes es principal institución nacional de investigación comprometida con el estudio sistemático ya sea etnológico como antropológico de la cultura serbia, ambos tanto dentro como fuera del país. Los proyectos realizados por el Instituto se centran en torno al estudio de los procesos y fenómenos sociales ya sea históricos o contemporáneos que lidian con diferentes tipos de estrategias de identidad individual y colectiva. El Instituto ha recopilado y publicado una gran cantidad de datos etnográficos así como ha organizado, a nivel nacional e internacional, numerosas e importantes conferencias científicas. El trabajo duro de generaciones de investigadores y científicos perseverantes ha forjado los cimientos del actual Instituto: una institución abierta, moderna y con perspectiva hacia el futuro.

2. A través de esta teoría que denomina geológica , Smith se diferencia de la idea de que las naciones son “inventadas” y que constituyen artefactos modernos integrados por distintos ingredientes como historia, símbolos, lenguas; una idea que define como teoría gastronómica (Smith, 1995).

3. Sobre este tema ver: Oscar Oszlak (1985). La formación del Estado argentino, Buenos Aires: Editorial de Belgrano y Natalio R. Botana (1977) El orden conservador. La política argentina entre 1880 y 1916, Buenos Aires: Sudamericana.

4. En la década del ´80, las Campañas en el Chaco y en la Patagonia determinaron la ocupación efectiva del territorio nacional.

5. Bartolomé Mitre (Buenos Aires, 1821-1906). Militar, político, periodista e historiador fue elegido presidente de la República Argentina en el período 1862-1868.

6. Una forma de ganar la solidaridad y apoyo de los ciudadanos al Estado es lo que Hobsbawm denomina “la invención de la tradición” a través de la creación de nuevos rituales o símbolos nacionales que exacerban valores patrióticos y nacionalistas (Hobsbawm (1997).

7. Constantino VII Porphyrogenitos en su obra De administrando imperio (capitulo 32), del siglo X, menciona que Rascia fue poblada y gobernada por los serbios a principios del siglo VII.

8. La Casa de Vlastimirović fue una dinastía medieval serbia fundada por el príncipe Vlastimir, que era tataranieto del Arconte Desconocido, quien condujo a los serbios desde la Serbia Blanca (partes de Polonia, Eslovaquia y Ucrania) hasta los Balcanes durante el reinado del emperador bizantino Heraclio, en algún momento entre los años 620 y 640.

Bibliografía

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Prólogo fue publicado de la página 187 a página195 en Cuadernos del Centro de Estudios de Diseño y Comunicación Nº 52

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