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Docente: Claudio Garibotto

Garibotto, Claudio [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº60

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº60

ISSN: 1668-5229

Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Comunicación Oral y Escrita Segundo Cuatrimestre 2013 Proyectos Ganadores Comunicación Oral y Escrita Segundo Cuatrimestre 2013

Año X, Vol. 60, Junio 2014, Buenos Aires, Argentina | 124 páginas

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Abstract del docente

En cada cuatrimestre, mis alumnos de Comunicación Oral y Escrita tienen que cumplir con la consigna del Proyecto Jóvenes de Investigación y Comunicación. Esto significa llevar a cabo el TP Final denominado Historia de mi familia. Para eso, ya desde la primera clase comparto con ellos no sólo las características del trabajo que deben llevar a cabo, sino que también les cuento historias que en otros años escribieron otros alumnos. Así es que ellos mismos empiezan a bucear en sus propias historias familiares, y rápidamente surgen hechos dignos de narrar, y personas merecedoras de asumir un papel protagónico. Mi tarea más importante como docente en esta etapa es la de escuchar sus inquietudes y la de servirles como guía. Lo que busco, principalmente, es que ellos no omitan detalles que pueden ser importantes, y que recaben toda la información posible. Y la gratificación más grande que me provoca este trabajo es ver cómo el diálogo que cada uno de ellos tiene con sus familiares les sirve para descubrir anécdotas, detalles y particularidades desconocidas de sus seres queridos. Algo que siempre les ayuda no sólo a entender mucho más la forma de ser y de pensar que tienen esas personas, sino que tiene un efecto aún más importante: el de lograr entre la misma familia que los vínculos se estrechen mucho más. En cada cuatrimestre hay varios trabajos que demuestran la concreción de todo lo que aquí señalo. Y esta vez no fue la excepción, tal como se desprende de la producción de una alumna que eligió hablar sobre su mamá. A la hora de justificar su elección, ella remarcó que se trata de una mujer muy presente en su vida, quien siempre se esfuerza para que ella sea feliz. Pero habló también de algo mucho más interesante. Dijo que le parecía una buena oportunidad para agradecerle, de alguna manera, todo lo que hacía por ella. También señaló que era una buena posibilidad de conocer mejor su historia, debido a que su madre es una persona muy reservada. Y se esperanzó en descubrir cómo era su madre de joven, tratando de buscar puntos en común entre ambas. Este caso sin dudas representa como pocos el espíritu de la propuesta.  

Producción de los estudiantes

  Una vida mejor

Liliana Pérez   Mi historia está basada en la vida de mi padre, Miguel Pérez, nacido en el año 1934 en un pueblo llamado Sada, en La Coruña, España. El llegó a la Argentina en 1949, teniendo 15 años de edad, con el desafío de tener que dejar a su familia y a sus amigos en su tierra natal. Sus deseos de progreso y de una vida mejor lo llevaron a realizar diversos trabajos. Luego de mucho esfuerzo su padre logró que toda su familia se radicase en Argentina. Con el tiempo mi padre logró formar un negocio con sus hermanos, el cual fue creciendo con el transcurso de los años. Mientras realizaba su sueño, conoció a mi madre, Marta Cuesta. Los padres de él no querían que se casara con mi madre, pero a pesar de los conflictos que se crearon él luchó por su amor y finalmente se casó con ella sin hacérselo saber a su familia. A partir de ese momento la relación de mi padre con sus hermanos varones fue muy tensa, motivo por el cual él decidió dejar el negocio familiar y emprendió un proyecto propio con mi madre. Los primeros tiempos llevaron una vida sacrificada, ya que él debió empezar de abajo, como cuando llegó de España. Pero con la ayuda de mis abuelos maternos lograron progresar y materializar su sueño. Con esmero y voluntad llegaron a tener su propio negocio y también una gran familia.  

Un inesperado viaje al pasado

Valentina Damm   La historia que voy a contar es una de esas historias que se crean por casualidad, donde un hecho que puede parecer insignificante termina revelando algo grande. Y cuando digo grande, me refiero a GRANDE. Todo comenzó un día como cualquier otro, probablemente un aburrido domingo. Estaba mi papá ordenando nuestro departamento junto con Flor, su mujer, cuando ella encontró una vieja invitación, que databa del año mil novecientos y tantos, de su abuela. Como se podrán imaginar, el encontrar una tarjeta antigua puede generar una cierta nostalgia y, como en este caso, desembocar en cientos de cuentos sobre la familia. Es ahí donde mi papá, curioso de saber con qué podía encontrarse, googleó: Zbigniew Damm. Ese es el nombre de mi abuelo, su papá, y nuestro protagonista de la historia. Uno de los tantos links que aparecieron fue el perfil de un ex soldado de guerra, que combatió en el no tan conocido “Levantamiento de Varsovia” contra la invasión nazi a Polonia. Este dato puede resultar algo común para un hombre que hoy en día tendría 90 años. Sin embargo, ni mi papá ni ninguno de sus familiares había escuchado jamás de tal levantamiento, de tal historia y del involucramiento de mi abuelo en ella.  

Desembala la memoria

Natalí Valeria Amaro Caraballo   Procederé a desembalar los recuerdos y en forma de homenaje contar la historia de vida de Hugo Sosa Pezolano, uruguayo de 66 años. A él me unen lazos de amor: es el padre de mis tres hermanas mayores y, por elección de vida, lo he adoptado como propio. Contaré su dura niñez, la dolorosa perdida de su madre cuando tenía ocho años de edad, el mal trato de su padre biológico, su casamiento en plena adolescencia con Norma Caraballo (mi madre), su historia de amor y la familia que formaron. También la tristeza de su dura separación, las consecuencias que esto trajo a sus tres niñas, el comienzo de su nueva vida, amores, trabajos, aventuras, y el enfrentamiento con una nueva forma de ser papá a distancia. Además del dolor de no ver a su hermano por muchísimos años, y el nuevo amor que encontró para recorrer su camino hasta el final, así como el aprender a vivir con una familia diferente a todas, porque la nuestra no es una familia típica. Lo que nos une es el amor verdadero por el otro, desde la más completa sinceridad. La sangre que corre por nuestras venas no es lo que nos ata al otro.  

Un camino sinuoso

Florencia Lobodá   Cuando tuve que pensar en una persona de mi familia para contar su historia, no dude en elegir a mi papá. Jorge Ariel Lobodá tiene 54 años, es odontólogo y nació en la provincia de Salta. El aspecto que me gustaría destacar es la forma en la que él pudo hacer para llegar a ser un profesional exitoso cuando tuvo muchos obstáculos que, gracias a su voluntad y la ayuda de otros, pudo superar para cumplir las metas que se propuso. Es el único hombre entre siete hermanas, y luego de vivir toda su infancia humildemente junto a su familia en la capital de la provincia, a los 21 años, y con la excusa de comenzar sus estudios, se mudó a Buenos Aires. Luego de probar diferentes carreras, comenzó a estudiar odontología con mucha dificultad, no por falta de aptitudes sino por falta de voluntad para estudiar. Pero con mucho esfuerzo pudo recibirse y comenzar a ejercer como profesional. Para realizar el trabajo voy a entrevistar a una de sus hermanas, la cual luego de que mi papá se mudara a Buenos Aires siguió sus pasos y se mudó también a la ciudad.  

Un sueño cumplido

Emanuela López Rodríguez   Hablaré de la vida de mi abuela, cómo ayudó a las personas, luchó por sus hijos y amó a su esposo. Mery Beltran nació en La Pampa, en Cundinamarca. Desde muy temprana edad ella empezó a trabajar. No estudió y no porque no podía, sino porque ella lo único que quería era ayudar a su madre y a las niñas del campo, que eran abusadas por los hombres. Cuando cumplió 16 años mi abuela se fue a vivir a Bogotá y se casó y tuvo una hija. Pero no sería su único amor. Y también vendrían más hijos… Luego de una vida tan larga como llena de momentos difíciles, de sufrimientos y también, claro, de alegría, ella se convirtió en una persona muy querida por todos. Vive en la casa que compró con mi abuelo, y aunque ya está viejita y de vez en cuando se enferma, es una mujer fuerte. Y lo más importante es que está feliz ya que sus ocho hijos salieron adelante en la vida. También tiene 24 nietos, y siete bisnietos. Para llevar a cabo el trabajo le haré una entrevista a mi mamá, ya que ella sabe muchas cosas sobre la vida de mi abuela.  

Una gran mujer

Luz del Mar Silva Borjas   Mujer tenaz, fuerte, independiente, sensible, humana, exigente, soñadora, luchadora, enamorada, dedicada, humilde, agradecida, colaboradora, amorosa, divertida, aventurera; son sólo algunos de los adjetivos que se vienen a mi mente para describir a la mujer que más admiro en mi vida, a quien le debo absolutamente todo lo que he sido, soy y seré en el futuro. Esa mujer es Luz Marina, mi madre. Su vida, desde la juventud, estuvo lleno de intensos momentos. Luego le tocó emigrar junto a mi padre, con miedos y algunas lamentaciones como equipaje de mano. Las grandes oportunidades que se le fueron presentando, a medida que iba avanzando en su camino, la hicieron aprender, crecer e ir soltando poco a poco sus temores. Hoy en día su esfuerzo y dedicación hacen a Luz una mujer realizada, exitosa y completamente digna de que su historia se cuente y se plasmen en estas hojas. La historia la dividiré en diferentes etapas, y para contar con otras miradas e interpretaciones realizaré una pequeña entrevista a varios miembros de mi familia, amigos y conocidos de ella. (Ver trabajo completo en p. 117) 

  El oficio de ser mamá

Nadia Di Ciocco   La historia que voy a relatar es acerca de la mujer que desde muy pequeña tuvo que arremangarse sus atuendos y ponerse a trabajar defendiendo siempre lo que ella consideraba más importante: su familia. Sin dudas ella me inspiró a realizar este trabajo por su valentía, devoción, esfuerzo, dinamismo y, por sobre todas las cosas, por su inagotable amor maternal. La historia comienza allá por el año 1959, en un pueblito llamado Puerto Naranjito, ubicado en la provincia de Misiones, y el cual actualmente ya no existe y pertenece a una empresa yerbatera. Luego, el relato se traslada por diversos puntos de dicha provincia y, además, logra ilustrar el recorrido del personaje principal por lugares como Paraguay, la provincia de Buenos Aires –donde vivió por muchos años–, y otros lugares de nuestro bellísimo país. Es una historia regida por el coraje que demuestra esa madre que adquirió dicho título desde muy pequeña, no porque biológicamente lo haya sido, sino por diversas situaciones que enfrentó en su vida que la llevaron a tener a cargo siempre a muchas personas queridas o desconocidas. (Ver trabajo completo en p. 113) 

  Inmigrantes eran los de antes

Leandro Toledo   Esta es parte de la historia de una matriarca familiar. Delicia, también conocida como “Licha”, mi abuela materna. Delicia María Rougier nació el 12 de noviembre de 1922, y fue la décimo tercera descendiente de 19 hermanos. En este relato iremos hacia el pasado y nos sumergiremos en los mares de la inmigración de piamonteses, saboyanos y valesanos, que salieron desde los Alpes para llegar finalmente a tierras entrerrianas. Gaudencio fue su abuelo y Eduardo su padre. Villa Elisa sería el terruño donde mi familia se establecería por decenas de años. Del casamiento con mi abuelo Gerardo vendrían sus cinco hijos, un varón y cuatro mujeres. Veremos documentos antiguos donde se exponen los certificados de nacimiento de muchos de los descendientes. También indagaremos datos del libro escrito por uno de sus sobrinos, Juan Esteban, quien fuera párroco de Villa Elisa. Y habrá entrevistas con Olga e Inés, dos de sus hijas, quienes nos relatarán algunas anécdotas de la infancia. Delicia murió en abril del 2013, a los 90 años, dejando como legado una gran familia.  

Los malcriadores de hoy y de siempre

Lara Mónaco   Mi trabajo será sobre dos abuelos míos. O mejor dicho, una abuela y un abuelo. Ella es Celina Spitale, de nacionalidad italiana pero que vive en Argentina desde chica. Habla perfecto castellano, le gusta jugar en la computadora toda la noche, se acuesta a la madrugada y se levanta al mediodía. Es conocida por su mano para preparar pizzas, locro y empanadas, y cocina para todos los cumpleaños porque así lo piden los invitados. Tiene dos nietas, mi prima Melanie y yo. A las dos nos malcrió y nos sigue malcriando. Él, Corrado Mónaco, es italiano y vive en Argentina desde chico también. Aunque habla castellano desde que esta acá, cuando no se da cuenta y está hablando rápido o con alguna de sus hermanas por teléfono, comienza a hablar italiano sin notarlo. O mezcla los dos idiomas para inventar palabras a partir de berenjena (castellano) y melanzane (italiano), a la que él denomina MENENJENA. Siempre tiene su nuevo diccionario “casteliano”. A él le gusta mucho cocinar, de todo y todo muy rico. Y a todos nos encanta su comida. Su fuerte son los fideos caseros, que nos cocina con mucho amor y dedicación.  

Hollywood

María de los Ángeles Giliberti   ¿Por qué elegí hablar de mi abuela Mary? Quizás porque al recordarla vuelvo a verla, a escucharla, y está más presente que nunca. Ella fue uno de los nueve hijos de mi bisabuela Sofía Melián. Vivían en una casa grande sobre la calle Donato Alvarez. Las habitaciones daban a dos patios enormes con unas galerías sostenidas por columnas, llenos de maseteros con plantas. La casa tenía un montón de habitaciones que se comunicaban por dentro, para desembocar todas en un gran comedor con una mesa larga en la cual cabían casi veinte personas. En el fondo, una escalera comunicaba a las habitaciones de servicio y a la terraza. Cuando te asomabas al borde de la misma, veías una higuera verde y frondosa. ¡Qué rico dulce de higo que había mi bisabuela! Mi abuelo estaba estudiando en el Liceo Naval, y él la venía a visitar con su uniforme inmaculado. Esa historia de amor fue la base para la familia que formó. Mi abuela era loca por el cine de Hollywood. Ella veía todos los estrenos. Antes de ir al cine le preguntábamos qué tal era la película. Cuando la iba a visitar a su casa, una de nuestras largas charlas era el resumen de los estrenos de la semana. Hay muchos recuerdos e historias que trataré de volcarlas en este trabajo.   

Re-conocer

Milagros Lobo   Hablaré sobre mi mamá, que es una mujer muy presente en mi vida y que siempre se esfuerza para que esté feliz. Me pareció una buena oportunidad para agradecerle, en cierta forma, toda la atención que siempre puso en mi y que, por una cuestión de estar acostumbrada a que las cosas sean así, nunca le reconocí. También me resulta interesante empezar a conocer mejor su historia, ya que mi mamá es una persona muy reservada y por lo tanto nunca compartió conmigo mucho de su pasado. Quiero averiguar si siempre fue como es ahora, como yo la conozco, o si antes era distinta, si era parecida a mí, qué cosas hacía cuando tenía mi edad… Para poder escribir su historia voy a entrevistar a mi papá, ya que llevan casados treinta años. También a Silvia, una amiga suya desde que tiene dieciocho años, y a alguno de sus cuatro hermanos. Espero poder conocer a mi mamá desde un lado distinto, y poder verla más parecida a mí.  

Descendentes italianos

Yanina Lapetina   Mi padre falleció cuando era muy chica, y siempre tuve el interrogante en mi cabeza acerca de cuál era el origen de mi apellido. ¿De dónde vengo? Simplemente empecé por el principio. Una tarde de abril, buscando fotos encontré un papel amarillento. Parecía de otra era. Sin embargo, era el llamado al servicio militar de mi nono. A partir de ese momento sentí que en mi camino se abría una puerta. Comencé a inquietarme, le pregunté a toda mi familia sobre ese papel envejecido. Nombres, fechas, anécdotas, lugares… Pero con tanta suerte que todas las historias tenían algo distinto. Sin desesperarme comencé a armar pequeñas partes que iban formando el hilo de la historia, como un gran rompecabezas. Pero luego de un año la búsqueda parecía deshacerse entre los dedos. Aunque de repente, un día, y en sólo un minuto, todo se encaminó y cobró sentido.  

El abuelo Jorge

Micaela Percivaldi   Jorge Gómez Tena para nosotros era “el abuelo Jorge”, y mucho no se sabía de él. Hablando de experiencias personales nunca tuve cerca a esta figura en mi familia por parte de mi madre. No tengo recuerdos sobre él, probablemente porque lo vi pocas veces en mi vida. Lo único que tengo son anécdotas, que siempre son el tema de conversación en algún cumpleaños. Y lo que se sabe es que en el fondo él no era una persona de sentimientos, era más bien reservado y un tanto misterioso. Luego de divorciarse de mi abuela, partió para Brasil, por un tema de negocios que debía atender al fallecer su padre. Los años pasaron y él formó una nueva familia. No sé mucho de su vida allá, salvo los negocios. Un par de años después de que mis propios padres pasaran por el divorcio, entre mudanzas y la adaptación a un nuevo estilo de vida, él se presentó en mi casa. Su imagen ya era muy diferente a la que había dibujado en mi cabeza. Ya estaba viejo, y el sentimiento de frialdad se sentía en el aire tal como siempre me habían contado. Esa fue la última vez que lo vi. Luego de un tiempo lejos volvió al país, visitó a mi madre y a mis tíos, y una noche de junio sufrió un paro cardiaco que nadie veía venir.  

Alguien para jugar

Bárbara Cassani   Esta historia empieza el 15 de diciembre de 1998, cuando mis papás me llaman porque tenían que hablar conmigo. Sin saber el motivo de ese llamado me senté a la mesa y los miré; ellos enfrente mío, entre miradas cómplices y después de una larga pausa, sonrieron y mi papá emitió sonido y dijo la frase con la que a partir de ese día iba a cambiar todo para siempre: “Vas a tener un hermanito o hermanita para jugar”. Esas fueron sus palabras textuales. Mi felicidad fue tan grande que decidí festejarlo y les pedí que salgamos a cenar. Siete meses después, el 20 de julio de 1999, nació Luciana. Fue un martes de vacaciones de invierno a las 9.40. Ese mismo día me llevaron a conocerla y me llevé una gran sorpresa. No era lo que yo esperaba. Esa no era la hermana para jugar que me habían prometido, más bien era igual a mis bebés de juguete. Son siete años los que nos llevamos de diferencia, y eso hizo que nuestra relación vaya cambiando en todo este tiempo. Fue pasar de cuidarla, a cuidar mis cosas para que no las rompa. De perder la noción de las horas jugando a pelearnos por los mismos juguetes, hasta llegar a hoy, donde compartimos muchas más cosas que la ropa.  

Escape en La Plata

Alejandro D´Lucca   Relataré un evento desafortunado padecido por mi tío abuelo. El vivía en La Plata con su familia, compuesta por sus dos hermanos y sus padres. Durante su juventud, fue militante de la Unión Cívica Radical y vivió el golpe de estado del 43’ y la primera presidencia de Perón. Al inicio, el golpe de estado representó el fin de la década infame. Pero lo que él no sabía era que además estaba dando inicio a lo que hoy conocemos como peronismo. La sociedad se vio dividida entre peronistas y anti-peronistas, por lo que empezaron a haber enfrentamientos entre facciones opositoras y peronistas. El momento puntual que el trabajo piensa relatar es el día en que los peronistas fueron a buscar a mi tío para increparlo a punta de armas largas. Afortunadamente mi tío supo predecir la situación y convenció al hermano de que se haga pasar por él mientras se escapaba. Logró escabullirse por los techos de las viviendas linderas y hacer dedo hasta que llegó a la Capital, donde se refugió en la casa de una de sus tías hasta casi finalizado el primer mandato de Perón.  

Alicia, la abuela que todos quieren tener

Carolina Benítez   Cuando era pequeña le tenía miedo a apenas un par de cosas. Una de ellas era la oscuridad. El otro gran miedo era que mi abuela no esté más. Que desapareciera, ya sea por arte de magia o bien que se cansara de mí y mis travesuras, y se fuera. Era ella quien, cuando se apagaba la luz para dormir, estaba allí para darme la mano. Y era ella también la que me despertaba por las mañanas para darme mi mate cocido con galletitas y comenzar el día llevándome al jardín. Mi abuela siempre significó mucho para mí y para todos los integrantes de nuestra familia. No sólo porque se ocupó de la crianza de mi hermano y de la mía desde muy chicos, sino porque siempre estuvo para respaldar las situaciones más álgidas de nuestra familia, con la fuerza que sólo una gran mujer puede tener. Por su sencillez y su complicidad, supo ser la abuela adoptada por todos los chicos del barrio. Con el consejo correcto y la palabra justa, mi abuela se convirtió en mi ejemplo a seguir.  

Mi abuelo, el hombre de la familia

Sofía Carioni Kabala   Valentín era un hombre duro y estructurado. Se casó muy joven y comenzó a formar su familia y hogar desde los 21 años. Con el nacimiento de su segundo hijo su esposa enfermó y tuvo que trasladarse con su familia a Buenos Aires para realizar un tratamiento. El hombre en cuestión es mi abuelo materno quien nació en Apóstoles Misiones, tiene setenta y cinco años y toda una historia de vida por contar. Comenzó a construir su humilde casa en el campo que su padre le cedió. Unas pocas hectáreas de tierra donde se inició en la cosecha de yerba mate y maíz, con la idea de progresar y el día de mañana poder expandir sus tierras. Pero todos estos planes se truncaron cuando debieron viajar a la capital bonaerense. Primero instalándose en Moreno, y luego en Palermo. Trabajó de varios oficios para solventar los gastos de su estadía. Y mientras tanto viajaba cada dos o tres meses para seguir progresando con las plantaciones en sus tierras. Mi trabajo cuenta como se convirtió en el abuelo dulce que es hoy.  

Leo, mi hermano bohemio

Rodrigo Quintero   Leonardo Quintero, mi hermano, mi único hermano, el mayor. Tiene 31 años, cuatro más que yo. Como yo, nació en Santa Cruz, en Caleta Olivia. Según cuenta mamá, Leo tenía muchas ganas de tener un hermano. Entre los dos eligieron mi nombre y ansiosos esperaron a que nazca. La relación con él siempre fue buena, pero pasaron los años, el entró en la adolescencia y las diferencias entre nosotros se vieron cada vez más y más presentes. Y sí, nos empezamos a pelear. En ese momento yo con 13 años, y él con 18, ya con su costado bohemio, rockero, ecologista, y yo todavía chico, estudioso, casero. En ese momento ambos compartíamos el cuarto, pero un día nos peleamos fuerte, no recuerdo bien por qué. Sólo recuerdo que él se fue al colegio y yo estaba tan enojado que agarre lo que más quería él, sus discos, y los rayé todos. Él llegó, vio eso y nos agarramos a trompadas. A partir de ahí yo me mudé a un cuarto solo y mi relación con él fue día a día siendo más hostil, distante, como si no existiera. Años y años pasaron, yo me fui a estudiar a Córdoba a los 17, y la distancia nos volvió en un momento hasta desconocidos. Pero luego, más adultos, nos reencontramos y pudimos construir el fuerte vínculo que tenemos hoy en día.  

Lavado de dinero

Mercedes López Battier   Cuatro años tenía mi hermano Dino cuando conoció el poder. Dino en realidad se llama Ignacio, y este peculiar sobrenombre es un secreto de familia nunca revelado. Secreto que tampoco va a ser descubierto en esta historia, obvio. En fin, hace 13 años que mi hermano es un fanático del dinero, y tengo grabado en mi mente el día y el momento en que esta obsesión apareció. Empezaban recién las vacaciones de verano y papá accedió a comprarnos golosinas después de mucho insistirle. Entramos al kiosco y yo me distraje eligiendo mi helado, pero Dino fue por más: se tiró cuerpo a tierra debajo del freezer y salió maravillado con una moneda de un peso en su mano. Sin consultarnos y muy correcto, le entregó el tesoro a la dueña del quiosco, pero ella se la devolvió justificando que si él la había encontrado, entonces le pertenecía. Así empieza la historia de mi hermano. Así Dino empieza a lavar con jabón las monedas que obtiene, a formar un casino propio en su aula de 3er grado, y a ahorrar exclusivamente en monedas sin despreciar ni las de un centavo.  

¡Qué verano, Teté!

Nicolás Torrada   ¡Qué verano divertido fue la temporada del 99’ en Pinamar. Todo empezó a las diez de la mañana cuando me digné a abrir los ojos. Era impresionante el sueño que tenía por haber salido la noche anterior con mis amigos. En fin, después del décimo grito de mi madre diciendo que nos levantemos todos, me digné a hacerlo, claramente pese a mi voluntad. Todo el desarrollo de las mejores vacaciones se debe a que recibimos la visita de mis primos de Capital en casa, y eso ciertamente culminaba en la locura misma. Era totalmente imposible tranquilizar a semejantes bestias, que una vez llegados no hacían más que molestar a todo el mundo. Y ese verano no iba a ser la excepción. Ya en la playa, a Federico y Martín (mis primos), bastante maduros con sus 25 y 28 años de edad pero con una mentalidad de un niño de nueve, no se les ocurrió mejor idea que enterrarme por completo en la arena, dejándome respirar solo por un sorbete que tenía en mi boca. Hoy en día es una anécdota que se comenta en todas las reuniones familiares sin excepción, ya que ciertamente fue inolvidable absolutamente para todos.  

Entre Knishes y Sfijas

Sofía De Bairos Moura   Cuando se conocieron en julio del 84’, Mónica tenía 17 años. Era católica, hija única proveniente de una familia de origen libanés. Por otro lado, Luis tenía 18 años, era judío, se encontraba realizando el Servicio Militar, y a su vez era descendiente de polacos. Dentro de su familia, había sobrevivientes de la Segunda Guerra Mundial, también llamada “Holocausto”. Comenzaron a salir y a conocerse. Pero a medida que pasaba el tiempo, surgían otras inquietudes. Se pusieron de novios y a los tres meses Luis planteó el tema religioso, por si en un futuro querían formalizar. Acordaron que si algún día decidían casarse se iba a realizar una ceremonia mixta, y si tenían hijos, iban a dejar que ellos elijan la religión que quieran. Esta noticia desconcertó a la familia, ya que en aquellos tiempos no era común las parejas de ese tipo. Era un choque cultural y religioso entre el judaísmo y el catolicismo. Familiares y amigos comenzaron a hablar con ellos para que desistan de la idea. Pese a todo, ellos se mantuvieron firmes en su decisión y finalmente se casaron por civil y formaron una familia con tres hijos, dejando que los mismos elijan su religión.  

Homero, el pequeñísimo perro

Rocío Amura   Hace unos días leí una nota que se titulaba “los perros sienten nuestro dolor y nos consuelan”. Decía que se comprobó científicamente que los perros son capaces de responder más a las emociones que cualquier otra especie. Pero claro está que yo no necesitaba una comprobación científica para saber que Homero, mi perro, es mi fiel compañero. Tiene nueve años, es decir que está en la familia desde que yo tenía 15. No era un cachorro típico de tamaño pequeñito, si no que ya contaba con un gran porte e incluso se le asomaban algunos tímidos músculos. Pero su expresión era lo contrario a su aspecto físico: podías ver en ella la ternura e inocencia clásica de los cachorros. Desde entonces, Homero ha sido un integrante más de la familia. Y para mi madre, un hijo más al que alimentar y mantener. Pero no deja de hacerlo con mucho gusto. En esta oportunidad, aprovecharé para contarles lo gratificante que es tener una mascota. Y también lo particular de mi mascota. Que por cierto, no es un dogo normal, sigue llevando la misma expresión inocente desde pequeño, y no asusta ni al vecino.  

De olvido y de amor

Pedro Galindo Oñate   No entendía lo que pasaba. Sus últimos recuerdos eran medios difusos, algo tormentosos. Sentado a su lado estaba él. Aún no sabía su nombre, o no lo recordaba. Su cara toda emparchada, su cuerpo cubierto por sábanas blancas la hacía dar cuenta de que estaba en un hospital. María esa mañana salió de su casa como todos los días. Hacía unos meses que se había mudado del campo a la ciudad, buscando nuevas oportunidades y escapando de la vida que tenía hasta antes de llegar a Concepción, en Chile. Pero al cruzar la avenida Colón un accidente cambiaría todo en su vida. Esta es la historia de cómo se conocieron mis abuelos, luego de un accidente que sufrió María. La pasión, dedicación y locura de Octavio lo llevó a hacer todo lo que estaba en sus manos para poder conquistar y quedarse con la mujer de su vida. Esta historia confirma el dicho de que en el amor y la guerra todo se vale. Desde la primera vez que se cruzaron Octavio quedó flechado. Desde ese momento comienza la historia de mi familia.  

Manos del dolor

Guadalupe Angelucci   Su nombre era Carmine Angelucci, pero le decían Carmelo. Nació el 20 de marzo de 1929 en un pueblo de Italia, Ariano Irpino, provincia de Avelino, cercano a Nápoles. El es el mayor de nueve hermanos, lo cual le significó a sus 14 años ir a trabajar. Y para eso todos los días tenía que cruzar un río para ir a la calera. Vivió la experiencia de la Segunda Guerra Mundial. En ese momento, él estaba haciendo el servicio militar, y durante el mismo se casó con mi abuela, Rosina Maraio. En 1951 se vino a vivir a la Argentina, porque mi abuela tenía un hermano que había decidido venirse a trabajar acá. Lo hizo justamente en compañía de mi abuela, con quien ya estaba casado. En los primeros tiempos trabajó de todo. Con mucho esfuerzo logró construirse su casa, junto con un local en el cual hoy en día funciona un almacén, que mi abuela atendía mientras él seguía trabajando. De toda su vida llena de sacrificios, y de cómo pudo salir adelante, hablaré en este trabajo.  

Una persona para recordar

Camilo Arias Botero   Con el paso del tiempo, cada vez voy apreciando más mi pasado, y me voy alegrando al ver que he cambiado, que gracias a lo que ha sucedido, ahora soy lo que soy. Parte de esta alegría, de este orgullo, se lo debo a un gran señor, a un hombre que antepuso sus sueños a los de su familia, que entregó su futuro a la mujer que fue el amor de su vida. Un hombre que surcando montes cantando sacó una familia adelante, con principios tan fuertes como las raíces de los árboles más antiguos. Hernando Botero, mi abuelo, que a pesar del poco tiempo que compartí con él me enseño a vivir cada momento, que por ningún motivo hay que pensar que se es demasiado viejo, que no se puede hacer algo. Como casi todo, las cosas comienzan con un sueño. Para Hernando, su sueño era ser un gran cantante de ópera. Para eso es que a los 20 años inicia la travesía de su vida, al emprender un viaje a México lleno de esperanzas. Pero estas se desvanecen luego de un tiempo, pues es ahí donde el destino empieza a obrar. 


Docente: Claudio Garibotto fue publicado de la página 26 a página31 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº60

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