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Docente: María Fernanda Guerra

Guerra, María Fernanda [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº60

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº60

ISSN: 1668-5229

Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Comunicación Oral y Escrita Segundo Cuatrimestre 2013 Proyectos Ganadores Comunicación Oral y Escrita Segundo Cuatrimestre 2013

Año X, Vol. 60, Junio 2014, Buenos Aires, Argentina | 124 páginas

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Abstract del docente

Todas las cátedras de comunicación oral y escrita realizan como trabajo práctico final: la redacción de una historia familiar. A través de dicho relato los alumnos desarrollan los conocimientos adquiridos durante la cursada que ponen en juego las funciones del relato, la estructura de los géneros discursivos, la aplicación de las secuencias textuales, la importancia de la normativa gráfica y corrección gramatical en la redacción. Para realizar dicho relato necesitan desplegar los conocimientos adquiridos sobre narración, exposición, descripción y argumentación A su vez este trabajo es muy importante porque los alumnos conocen partes muy significativas de sus biografías que ellos mismos eligen revivir a través del relato de sus historias de vida.  

Producción de los estudiantes

  El mundo pañuelo

Victoria Martínez   Esta es la historia de una adolescente llamada Victoria que vivía en Henderson, un pequeño pueblo del interior de la Provincia de Buenos Aires; el típico lugar donde se conocen todos, donde podes dejar la puerta abierta y nadie te roba nada, donde los niños pueden andar solos por la calle y divertirse sin preocupación alguna, donde todos son una gran familia que se protegen los unos a los otros. Era marzo del 2012 cuando Victoria comenzó su último año de secundaria en el Instituto Santa Teresita. Era un día lluvioso y nublado; parecía que la nostalgia de terminar esa etapa amenazaba desde el primer momento. A pesar de esto, siempre los primeros días eran hermosos, el reencuentro con los compañeros y amigos con los que compartían más tiempo que con sus familias al estar en el colegio cinco horas diariamente. Todos disfrutaban el regreso porque sabían que era su último primer día de clases. La promoción aprovechaba cada momento en todo lugar. Gozaba cada charla, cada abrazo, las tristezas, las alegrías, las innumerables travesuras que guardaran en sus corazones como recuerdos inolvidables que contaran a sus futuros hijos, porque nunca nada ni nadie logrará borrarlas de sus mentes. Sin avisar, el año voló dejando atrás la incansable espera por la llegada de las camperas de egresados, el tan añorado viaje de diez días a Bariloche con todos los compañeros que a pesar de pasarse tan rápido nadie se arrepentirá del esfuerzo hecho por poder viajar y compartir momentos maravillosos con personas que por ahí, en su pueblo, nunca habían ni siquiera conversado. Y así llego el final de la etapa, donde las mujeres comenzaron a preocuparse por la organización del baile de egresados, por sus vestidos y zapatos para ser las más lindas de esa noche. Esos dos meses que parecían eternos, volaron como todo voló en ese último año que nunca debería haber acabado. Pasado el baile, sólo quedaba la despedida. Las lágrimas gobernaban las mejillas de todos. Nadie quería concluir ese momento, y mucho menos separarse de las personas con las que habían compartido minutos, horas, días, años desde el jardín de infantes. Fue en el momento del desapego final donde todos comprendieron por qué los padres siempre decían “disfruta que es lo mejor de la vida”. Cada uno siguió su camino, habían comprendido que todo había terminado y debía cambiar por su bien. Algunos partieron a ciudades grandes, otros a pueblos para estudiar, pero en fin todos se quedaron en parte en el cuerpo de cada uno como una gran familia, que a pesar de la distancia siempre estará unida.  Victoria, al igual que la mayoría de sus compañeros, eligió el desafío de mudarse sola a Buenos Aires, a pesar de los peligros que esto implicaba. Era extraño para ella imaginarse una vida de esa manera, viendo cómo sus padres se esforzaban por darle lo necesario para cumplir ese sueño. Nadie deseaba que se fuera el verano del 2013.

Pero, lamentablemente, el tiempo pasó entre llantos y risas, entre tristezas y alegrías, entre charlas y silencios. Llegó marzo, y las sonrisas se borraban de los rostros de todos. Era el momento de abandonar el nido y volar para poder tener un futuro. Ya en Buenos Aires, comenzó el tiempo de adaptación. El cambio era rotundo, la vida era muy diferente a la que la joven llevaba en su querido Henderson. Debía adaptarse a los tiempos de la ciudad, a tener más cuidado y no confiar en todos como lo hacía antes ya que como dicen “todos son enemigos” en un lugar tan inmenso como lo es Buenos Aires. A pesar de que en la gran ciudad vivían familiares cercanos a Victoria, esta no se relacionaba con ellos debido a su falta de apego a la familia. El 18 de marzo empezaba el gran desafío para la joven. Era hora de que enfrentara la situación, y concurriera a la universidad para emprender un camino hacia el futuro. Ella sabía que sería difícil pero no imposible, nuevos amigos aparecerían y ayudarían a hacer el camino más liviano. Todo era extraño. La nostalgia por volver a la secundaria la atormentaba minuto a minuto. Pero, rápidamente, a pesar de su seriedad, entabló numerosas relaciones con diferentes compañeros. Pasó la primera semana y algunas de sus amistades decidieron, por problemas personales, abandonar los estudios. Parecía que todo el proceso comenzaba de cero. Fue entonces, cuando aparecieron tres chicas que iluminaron su camino. Compartiendo reuniones para cumplir con las obligaciones de la facultad, intercambiando risas y llantos, acompañándose minuto a minuto, se volvieron amigas inseparables. El cuatrimestre pasó y llegaron las vacaciones de invierno, pero esto no significó distancia para ellas sino que por el contrario, la unión se fortaleció más que nunca. Durante esas dos semanas, Victoria y sus nuevas amigas no perdieron el contacto. La vuelta a la rutina no fue un fastidio como lo es normalmente. Todas esperaban ese reencuentro con ansias, con esa necesidad de comentar todo lo que había pasado y no habían compartido en ese corto tiempo. Pero algo inesperado ocurriría entre Victoria y Sofía, una de sus compañeras. No tratándose de algo trágico, cabe aclarar, sino de una noticia que sorprendió a ambas y las unió aún más todavía. Por ese motivo, todas comprendieron esa frase que dice “el mundo es un pañuelo”.  

Renacer en otro continente

Florencia Pak   Luego de 22 años residiendo en Corea del Sur, y sólo conociendo ese país, su lengua y su cultura, la familia de mi padre toma la decisión de mudarse hacia un continente muy lejano, a un país desconocido pero muy bien hablado por unos parientes que vivían allí. En 1987, llegan a Argentina, donde se asientan en la Ciudad de Buenos Aires, durante los últimos años de la presidencia de Raúl Alfonsín, en la cual la situación económica-social estaba muy alterada; la inflación afectó a los productos por lo que los precios ascendían radicalmente. Desde la perspectiva de Jorge, dicha ciudad era muy distinta a donde provenía él, era bastante tranquila, no era tan machista como lo era su ciudad de origen, y las costumbres de allí eran una falta de respeto hacia las suyas. Sin embargo, la postura tomada por mi padre afectó su supervivencia ya que él decidió no oponerse ante esas tradiciones, sino más bien, conocerlas y tratar de adaptarse a ellas. Por ello, luego de un tiempo de su llegada, comienza a trabajar en una fábrica textil y al mismo tiempo en una inmobiliaria. Con el objetivo de conocer sobre la gente de Argentina, y poder relacionarse con ella, se inscribe en un colegio nocturno, en el cual logra hacerse algunos amigos, con los que realizaba salidas nocturnas. No fue fácil el hecho de adaptarse a las nuevas culturas, mucho menos al tener que discutir con su padre, ya que él no fue tan abierto como Jorge, no querían adaptarse ni ver las diferencias entre ambos países, no querían ni salir de la casa a conocer el mundo exterior, por lo que mandaban a mi padre para cualquier mandado que requiera cruzar la puerta de la casa.  

Un viaje a Europa

María Andrea Ruiz Balbín   Voy a contar el viaje que mi madre hizo a Europa en 1998. La invitaron a un semillero de la pedagogía Waldorf en Suiza, su país soñado; desde pequeña mi madre anhelaba con ir y como nunca tuvo muchos recursos monetarios de pequeña se burlaban de ella cada vez que lo decía, pero esto no le importó, ella siguió con su sueño y pudo lograrlo. En el semillero les daban la comida y la estadía, sólo tenía que conseguir los pasajes, esto la hizo mover cielo y tierra para poder ir. Pero no todo fue tan fácil porque no somos una familia con mucho dinero, mi madre no le quería decir a mi padre porque no sabía cómo iba a reaccionar y yo iba a cumplir apenas 5 años. Todo parecía convertirse en una barrera pero a ella no le importó, siguió con su sueño y fue haciendo todas las diligencias que necesitaba, (tuvo mucha suerte porque en ese momento para ir a Europa no se necesitaba VISA en todos los países, sólo en Francia, y le dieron la de turista por un mes sin ningún problema), todo parecía solucionarse, las cosas estaban tomando rumbo poco a poco, sólo le faltaba decirle a mi padre. Al principio mi papá no quería que fuera porque decía que no tenía plata, que era muy difícil, que yo estaba muy pequeña para dejarme sola, pero mi madre le dijo que no iba a tomar un no como respuesta, mi padre le vio tantas ganas que al final la apoyó, le ayudó con todo lo que necesitaba. Como a mi papá le daba miedo cuidarme solo (realmente no sé porque, eso ya es otra historia), me llevó donde mis tías, allá me quedé el mes y medio que mi madre estuvo en Europa. Mi padre iba por mí los fines de semana para pasar tiempo conmigo. Al fin todo estaba arreglado, la VISA, los pasajes, la plata. Todo salió como ella quería gracias a todos los esfuerzos, las ganas y la ayuda que le otorgaron. Gracias a todo eso, mi madre en este viaje pudo conocer muchos lugares y muchas personas maravillosas que la hicieron crecer ser humano, por esto sé que si uno quiere algo con muchas ganas la vida se lo da, sólo hay ponerle ganas.  

La inmigración

Emilia Dours   Se trata sobre la inmigración de mi bisabuela, María Petricorena. Era de España, allí vivía con su hermano Daniel y sus padres. Por el año 1910 tuvo que partir de su ciudad vasca en un barco a vapor ya que Europa enfrentaba una gran crisis por la cual gran parte de la población, tanto de España como de Alemania, Irlanda, Reino Unido, Polonia e Italia, se vieron obligadas a irse hacia América, a países como Estados Unidos, México, Brasil, Canadá o, como en el caso de María, hacia Argentina. Ella partió para Buenos Aires un día de otoño con sólo 13 años de edad, sola, sin ningún integrante de su familia, con la esperanza de un buen futuro. El viaje duró más de un mes, le pareció eterno, como una odisea, como a todos sus compañeros. Pero a pesar de todo, ese viaje horrible le cambió la vida, ya que conoció a una joven llamada Josefina, con unos pocos años más que ella y que estaba en su misma situación, pero con la diferencia que tenia a una tía esperándola allí, en Buenos Aires. María y Josefina se convirtieron en amigas inseparables y cuando finalmente llegaron a Argentina, María aceptó la propuesta de quedarse con la tía de Josefina, la cual vivía, más específicamente, en una ciudad cerca de la capital, llamada Azul. Luego de unos tres meses del día en que María partió de España ya estaba viviendo en Azul junto a Josefina y Alicia, su tía, con la cual se llevaba muy bien. Las dos jóvenes trabajaban en el almacén de Alicia por varias horas todos los días. Un día, como cualquier otro, entra al almacén un joven que María nunca había visto antes, se llamaba Silvano Dours. Silvano era un francés que había llegado a Argentina cuando tenía sólo 5 años. María y Silvano se enamoraron desde el primer momento en que se vieron. Cuando ella cumplió 16 años se casaron y tuvieron nueve hermosos hijos. Ella murió a los 64 años, feliz, rodeada por todos sus seres queridos, y él unos años más tarde.  

Escribir con luz

Valeria Di Grigoli   La historia a narrar es sobre cómo mi papá desarrolló su vocación de fotógrafo profesional. Mi papá en su juventud, consiguió un trabajo como cadete en una casa de fotografía. Fue allí que descubrió su vocación mientras aprendía y realizaba trabajos como cadete. Su personalidad independiente, emprendedora y tenaz, lo llevó a estudiar la carrera y años más tarde a poner su propio Atelier Fotográfico. El Atelier Fotográfico lo abrió en la década del 70, y a través de los años fue cambiando y creciendo con los avances tecnológicos. En el Atelier uno podía desde ir a contratar el servicio de fotografía y filmación para una fiesta; dejar el rollo para revelar y pasar a buscarlo en una semana al principio, y años más tarde, con los avances de la tecnología, retirarlo en una hora (llevándose un rollo de regalo); sacarse fotos para un book en el estudio; sacarse fotocarnet; hasta comprar rollos de fotos, cámaras fotográficas, flashes, cassetes de audio y video primero y CD y DVD años después; comprar una radio, un reloj, un portarretratos, álbumes de fotos, pilas; encargar un llaverito, un imán para la heladera o la taza con la foto. Por supuesto, mi papá siempre detrás de todo en el atelier; sacando fotos, atendiendo clientes y proveedores, eligiendo la mercadería para vender y estando detrás de cada detalle, llevando el negocio adelante.  

De la estirpe Jattar

Diego Rosell   Mi historia familiar trata de una nueva vida conseguida por mamá Rosa, papá Pedro, tío Antonio y toda su familia. Rosa, siendo muy joven, emprendió un gran viaje desde Líbano hasta la península de Paraguaná en el estado Falcón, Venezuela. Fue un viaje largo y lleno de sorpresas. Una vez en Venezuela mi tío abuelo Antonio se residenció en Coro y se casó con Ana Dotti, una joven descendiente de familia italiana. Tuvieron cinco hijos: Braulio, Cosme, Ana Daría, Carmen y Antonieta. Después de procrear a sus hijos en Pedregal, mis tatarabuelos viajaron a tierra peninsular y vivieron una época en la aldea San Joaquín, ubicada en la antiquísima comunidad de Miraca. Luego, animados tal vez por su paisano Jorge Salima, se residenciaron en Santa Ana, la más floreciente población peninsular de la época, donde construyeron una casa de bahareque. En aquel tiempo don Jorge tenía negocios en este pueblo y estaba casado con la santanera Carmela González, con la que procreó 10 hijos. En su misma casa de habitación, mamá Rosa tenía una bodega de víveres y elaboraba para la venta unos dulces de coco con papelón, muy solicitados por los vecinos del pueblo. Costadas (Tostadas) de budeques, paledonias, galletas, almidoncitos y caramelos, complementaban las dulces delicias de la bodega. Papá Pedro, por su parte, se ocupaba de la venta ambulante de cortes de telas, cubrecamas y manteles que traía desde Coro. Los santanecos bautizaron a mamá Rosa con los sobrenombres de La Musiua y Doña Rosa.  

La verdadera historia, hijos y nietos de José 

Mantovani

Nicole Valeri   Corría el año 1870, cuando el 11 de julio de ese año, llega al puerto de Buenos Aires, un barco proveniente de Mantova, sur de Italia, trayendo entre otras personas a seis amigos: Sres. Torino, Tibamonti, Graccelli, Tuffili, Lanfredi y Víctor Mantovani. ¿Quién era Víctor Mantovani? Víctor, era en Italia Capo maestro constructor y además le fue otorgado el título de Caballero de la Corona Italiana, en el reinado de los Saboya, y tercer descendiente de San Luis Gonzaga. Se casó con Aldina Lanfredi y tuvo en Italia cuatro hijos. En el año 1870, Víctor fue contratado por el gobierno de la Provincia de Buenos Aires, para construir 15 Iglesias y refaccionar la Iglesia Nuestra Señora del Socorro en San Pedro, Pcia. de Buenos Aires.  Finalizado el contrato, y fascinado por San Pedro, decidió radicarse allí y formar la empresa de construcciones Mantovani. Cuando se estableció en San Pedro, hizo traer a su esposa y sus hijos, y luego tuvo 11 hijos argentinos. En su empresa empleó a todos sus hijos como obreros y llegó a tener 50 personas trabajando para él. De todos ellos el más capacitado para continuar sus pasos fue José Mantovani, quien llevó a hacer crecer la empresa. Víctor llevaba una vida ostentosa, realizó más de cinco viajes a Italia. Algunos solos y otros con parte de la familia; como consecuencia este tipo de vida lo llevó a tomar hipotecas, que luego de su fallecimiento y gracias al excelente trabajo de José Mantovani pudo levantarlas. Al salvar la hipoteca de la empresa, José pasó a ser el titular de la misma, colocándola a su nombre y quedándose con la casa familiar. En aquella época, no había muchas constructoras, lo que hacia a la empresa Mantovani, casi monopólica. A pesar de los distintos momentos que atravesó el país, tenían mucho capital para afrontar las adversidades. Entre las más importantes obras realizadas están: el asilo de ancianos de San Pedro, la Municipalidad, Casas de Barrios y la refacción de la cúpula de la Iglesia de San Pedro. José Mantovani, siguió construyendo y convenció a otros italianos a sumarse a su negocio, formando la Sociedad Italiana de Benevolencia. La empresa continuó hasta el año 2006 con el nombre de Hijos y nietos de José Mantovani. Actualmente se encuentra cerrada, ya que los últimos herederos se dedicaron a otras actividades. (Ver trabajo completo en p. 129) 

  El viaje

Mailen Velardez   Esta historia tratará sobre una familia que se está mudando desde la Provincia de Santa Cruz a la Provincia de Buenos Aires, recorrerán alrededor de 3.600 Km, y tendrán paradas en hoteles, algunos resultarán lindos pero otros un tanto tétricos, alejados de todo. Los miembros de la familia sufrirán una serie de eventos desafortunados, gracias a su auto, que comienza a andar mal en medio del camino y los deja varados varias veces y en algunos casos en medio de la ruta bajo el sol y con una temperatura de no menos de 30 grados, y quienes sufren también todo esto son sus dos mascotas, el perro llamado Aarón y la gata Michi. Esta historia tendrá tintes de misterio y terror, como cuando en la ruta un extraño camionero los sigue, haciendo juegos de luces, y la madre tan sugestionada de la cantidad de películas de terror que ve, no quiere parar para averiguar qué sucede; también cuando en una de las paradas, se hospedan en un pequeño hotel que pertenece a una estación de servicio en medio de la nada, y la gente de allí luce un tanto extraña, y en otro de los hospedajes las hijas de la familia al salir a caminar se toparan con la leyenda urbana del pueblo. Siendo como un radar para los eventos paranormales de los pueblos que visitan, conocerán en persona a los protagonistas de las historias de fantasmas. La familia pasará 11 días viajando en auto antes de llegar a su destino, el barrio Militar en Villa Martelli.  

Diarios de supervivencia

Gabriela Vera   Esta asombrosa aventura se desentraña en un contexto histórico que se caracteriza por haber estado sumergido en un océano de conflictos y eventos desafortunados. A lo largo de este relato se viven emociones fuertes, momentos apasionados y escenas indescriptibles que demuestran cuán atroz era el entorno en los que se vivió esta realidad. En medio de la cruel injusticia que envuelve a los personajes de esta historia, se desata una ardua lucha interna entre el riesgo al borde del límite y el latente deseo de vivir. Este relato se desarrolla durante uno de los períodos de tiempo que abarco el evento más perdurable en la historia de España: la Guerra Civil Española. En 1936, la parte conservadora del ejército español intento derrocar al gobierno de La Segunda República Española por medio de un golpe de estado. Sin embargo, los militares no lograron abarcar el territorio que aspiraban y su intento resultó en un fracaso político. Esta fallida conspiración militar fue la responsable de desencadenar una serie de conflictos sociales, políticos y militares que luego revolucionaron al país español, generando una marcada división entre sus habitantes. Caracterizada por la lucha de clases, las guerras de religión, los enfrentamientos de nacionalismos opuestos y la revolución, esta guerra estaba constituida por dos bandos: el bando republicano, y el bando sublevado o franquista. Se percibían innumerables contradicciones entre los ciudadanos españoles, pero en ese entonces se consideraba imperativo pertenecer a alguno de los dos bandos y así encaminarse a luchar por los principios que decían defender, involucrando así a todos y cada uno de los miembros de la sociedad española sin importad la edad, el sexo o el nivel socioeconómico. Fue de esta forma como innumerables familias se vieron ahogadas en un infierno de infinitas injusticias, que generalmente resultaban en nada más que una triste tragedia. Este por suerte no fue el caso de la familia Vera, que a pesar de los alarmantes momentos que delinearon sus vidas a partir de 1936, vivieron para contar la historia.

La familia Vera era una familia española de orígenes humildes, formada por 5 hijos y su padre y madre. Petra López y Francisco Vera siempre habían sonado con una familia numerosa y fue así como concibieron a Tomas, Francisco, Asunción, Rosario y Valentina, quienes después embarcaron en esta serie de aventuras inolvidables. A comienzos de la Guerra Civil, los hombres mayores de 12 anos eran obligados a participar de los enfrentamientos militares que se llevaban a cabo en los distintos fuertes españoles. Fue por eso que Tomas y Francisco hijo, fueron obligados a participar de esta aterradora experiencia en las cuales se vieron enfrentados a distintos enfrentamientos militares para los cuales no habían sido preparados en ningún momento. Mientras eso ocurría, el resto de la familia vivía momentos de angustia y desesperación por sus dos miembros que se encontraban en riesgo diariamente. A medida que la guerra fue empeorando la familia Vera fue arrastrada por un océano de violencias e injusticias que se estaban presentado en contra de los civiles normales ya que la guerra se había prestado para la revolución y la falta de autoridad en el país. Esta tormentosa etapa mantuvo a la familia al límite, obligándolos a huir del peligro y ver cada nuevo amanecer como un vil intento de supervivencia.  La Guerra Civil Española, se dio por terminada el 1 de abril de 1939 con el último parte de guerra firmado por Francisco Franco. Sin embargo, este era sólo el comienzo de la pesadilla por las que la familia Vera tuvo que pasar. Como parte del bando republicano, Tomas y Francisco se veían amenazados por el nuevo régimen franquista que se había impuesto a raíz de la derrota de los republicanos. Era sabido, que cualquiera que hubiera participado en el bando republicano iba a ser perseguido y al ser encontrado su destinado seria el de ser cruelmente asesinado.

A la familia Vera no le quedó más opción que embarcar en un viaje improvisto, sin recursos o rumbo alguno, con el sencillo fin de escapar de las garras del gobierno franquista. Una noche fría y tenebrosa, huyeron de su casa rápidamente y sin ningún tipo de elemento o recurso para garantizar su supervivencia a lo largo del viaje que estaban apunto de empezar. Se fueron con el sólo deseo de escapar pero sin saber a donde ir, por lo cual vivieron momentos de pavor y desesperación en los cuales lo único que los mantenía a flote era el deseo intenso de vivir. Fue así como después de varios eventos cruciales y momentos de extremo peligro, los Vera llegaron a Lyon, Francia, ciudad que les sirvió como un helado y distante refugio del gobierno de Franco. No paso mucho tiempo, antes de que las tropas franquistas empezaran a esparcirse por todos los países cercanos a España. La familia Vera se veía amenazada una vez más por el miedo a ser cruelmente asesinados, y fue así como decidieron que debían huir de Europa sin importar las consecuencias. Los 7 miembros de la familia, se embarcaron en una travesía emocionante en la cual cada uno busco la forma de llegar a Latinoamérica por separado, contando con la fe de reencontrarse en América pero sin ningún tipo de garantía. De esta forma esta familia, enfrenta uno de los episodios más intrigantes de toda la historia, y se embarcan en un viaje que cambiaría el curso de sus historias por siempre.  

Reflejo de generación

Antonella Ferrari   La temática central de esta historia se basa en el paso de un objeto de generación en generación. Inicialmente perteneció a mi bisabuela Ramona Franco, luego paso a manos de su hija más chica Aide Tevez, posterior le perteneció a mi madre Marcela Antonio y finalmente, cuando me mudé sola por primera vez, llegó mi tiempo. Este, es una caja musical alhajero antigua de mediano tamaño y diseño particular en madera y vidrio. En su tapa, por la parte exterior, posee tallada una imagen de circo como si fuese una escena del show congelada; en la interior un espejo circular el cual permite a la persona mirarse mientras se prueba las alhajas. Al abrirla cuenta con dos bailarinas pequeñas también talladas en madera con todos los detalles y vestido; estas se guardan junto con la bijouterie a los costados y al sacarlas se colocan sobre el espejo que se encuentra en medio y comienzan a moverse debido al imán que poseen debajo. Reproduce una melodía suave pero intensa, siempre la misma, cargada de recuerdos en mi mente.  

Las carreras de mi vida

Catalina Boixart   La historia a narrar comienza hace cinco años en la ciudad de Rojas. Donde una adolescente de 18 años tenía que decidir qué iba a hacer con su vida una vez que terminara el colegio. Me llamo Catalina, y durante mi último año de colegio escuché las opiniones de todas las personas que me rodeaban. Al parecer todos tenían algo que agregar acerca de lo que debería estudiar. Tras horas, días y meses de hacer tests vocacionales llegué a la conclusión de estudiar Ingeniería Textil. Una carrera que combinaba ciencias duras, ya que me gustaban los números con algo de diseño que era una especie de vocación que traía conmigo. Era la carrera, la nena iba a ser Ingeniera. El 20 de diciembre de 2008 llegó el gran día, iba a rendir el examen de ingreso en la Universidad Tecnológica Nacional. Siempre fui muy buena alumna, nunca me había llevado ni una materia. Cuando me senté frente al examen, no entendía nada. Pura matemática y física de la que jamás había visto. El sueño de salir triunfante y airosa de mi primer encuentro con la universidad se había frustrado. Media hora después, voy al encuentro con mis padres llorando, por supuesto.

Pero no podía dejarme vencer así de fácil. No podía bajar los brazos ante el primer obstáculo. Entonces decidí anotarme en un curso de verano, el cual comenzaba el 28 de enero y terminaba a fines de febrero. Iba a perder todas mis vacaciones de verano cursando matemática y física, pero estaba decidida a entrar a la facultad. Y entré. Por curiosidades de la vida, durante el tercer año de ingeniería me di cuenta de que no era feliz. Y por supuesto, la frustración se había apoderado nuevamente de mí. Gracias a la ayuda de mis padres, y de mi psicóloga pude salir a adelante por segunda vez consecutiva. Lo mío era el diseño, estuvo siempre ahí, siempre fue mi vocación. Hoy soy feliz haciendo lo que me gusta, estoy en mi primer año de Diseño Gráfico en la Universidad de Palermo.  

Cómo se llega a vivir en un convento del siglo XVI

Eugenia Gata Sánchez   Toda mi familia es oriunda de un pueblo extremeño perdido en el mapa, Calera de León, y la historia de mi padre y mis abuelos paternos, está asociada íntimamente con un edificio emblemático de ese pueblo, el Convento Santiaguista de Calera de León. En las estancias que en la antigüedad ocuparon los monjes, se alojaron mis abuelos y sus hijos en la postguerra. Creo que pocas personas seculares pueden presumir de haber vivido entre las paredes de un convento que tiene cerca de 500 años, aunque fueran movidos por la necesidad y la pobreza, las familias que se hospedaron en sus salas, entre ellas mi propia familia, no tenían un techo que las cobijara, sus historias, son historias de supervivencia. Lo más extraordinario, es que las mismas paredes que alojaron a dichas familias, también tuvieron su propia historia de supervivencia, y aún más extraordinario, es que dichas paredes entre los años 1930 y 1934, estuvieron a merced de los caprichos del magnate norteamericano Herst, el mismo magnate que Orson Welles retrató y ridiculizó en su película CitizenKane. Mientras esto ocurría, mis abuelos Severiano y Mercedes se enamoraban. Severiano, mi abuelo, era lo que llamamos en España, niño bien, pertenecía a una de las familias acomodadas e influyentes del pueblo, y mi abuela Mercedes, era hija natural de Luisa, mi bisabuela, una mujer que paseó su preñez con dignidad y orgullo, en una época en que ser madre soltera, era algo más que un problema. Es mi obligación hacer un alto en este punto, y recordar brevemente a mi bisabuela, entre otros motivos porque su hija Mercedes, repitió el patrón de su madre; pero en esta ocasión, con final feliz. Parece ser que mi bisabuela se enamoró de un viajante, y se quedó embarazada de él; cuando le habló de la situación en que se encontraba, este hombre cometió el estúpido error de poner en duda su paternidad. Mi bisabuela, pobre como las ratas, pero muy rica en dignidad, le contestó que efectivamente tenía razón, que no lo podía saber con certeza, y nunca más le dirigió la palabra. Más tarde, a Joaquín, no le importó casarse con una mujer estigmatizada por ser madre soltera, pero mi bisabuela nunca consintió que su hija llevara los apellidos de él, mi abuela Mercedes se inscribió en el registro con los apellidos de su madre. Una tarde, mi abuela me confesó que conoció a su verdadero padre a la edad de 15 años, eran las fiestas del pueblo y un hombre alto y guapo se acercó a ella, según mi abuela, la invitó a bailar y mientras bailaban, este hombre le reveló quién era.

El verdadero padre de mi abuela se arrepintió toda la vida de su error, e intentó enmendarlo, pero mi bisabuela jamás claudicó. Con los antecedentes de mi abuela Mercedes, la familia de mi abuelo Severiano, no veía con buenos ojos que se relacionara con ella, de mutuo acuerdo mantuvieron relaciones íntimas antes del matrimonio, y éste se celebró el 1 de mayo de 1939, estando mi abuela embarazada de su primer hijo, que murió al poco tiempo de nacer. A raíz de este hecho, la familia desheredó a mi abuelo y lo trataron como un paria, a él y a su descendencia; son muchas las anécdotas que cuentan, mis tías María Luisa y Rosa, sobre cómo las trataban sus abuelos paternos, y no precisamente agradables, mi padre más parco en palabras, ni los menciona. La pareja se instaló en casa de Luisa y Joaquín, éstos tuvieron dos hijas, hermanastras de mi abuela; seis personas viviendo en una casa de pequeñas dimensiones, que llegué a conocer cuando era niña y que por lo que recuerdo, tenía un salón en la entrada y dos piezas, una a la derecha y otra a la izquierda del mismo, el conjunto no haría más de 50 metros. En el año 40 nació mi padre, en el 44 mi tía María Luisa, en el 47 mi tía Rosa, y la situación se hizo insostenible. Así es como llegaron a ocupar uno de los salones del convento, mi abuelo habló con el alcalde y se instalaron; mis tías Ángeles y Antonia, nacieron entre sus paredes. Lo que casi con toda certeza mis abuelos ignoraban cuando se trasladaron al convento, es que éste, tuvo de inicio serias dificultades para construirse donde se construyó, hechos ya los cimientos en Calera de León, se intentó levantar en la localidad de Bienvenida en 1529, a lo que se opusieron los pueblos de la comarca. Probablemente tendrían noticias del intento de expolio entre los años 1930 y 1934, perpetrado por el intermediario del señor Herst en España, Arthur Byne; ya que fue contemporáneo a ellos, tuvo transcendencia mediática a nivel nacional y de nuevo los pueblos de la comarca presionaron para que no se produjera; desgraciadamente no lo podré corroborar de primera mano, porque ya no viven.  

La casa de los espíritus

Sofía Falabella   Esta historia se centra en mi tía abuela, su nombre era Florencia Oddone. Nació en la ciudad de Córdoba en el año 1940 y falleció en Buenos Aires en el año 2009. Su familia estaba formada por sus padres y siete hermanos. Sus padres se llamaban María de la Paz y Gabriel, ambos cordobeses. Florencia, junto a su hermana gemela Margarita eran las más chicas de sus hermanos. Se trataba de una familia religiosa practicante donde se acostumbraba a ir a misa todos los domingos y se vivían los buenos valores. Florencia comenzó a tener apariciones desde muy pequeña, alrededor de los seis años, y mucho más adelante fue capaz de predecir el futuro. Al principio esto causó un gran revuelo en la familia ya que se trataba de algo inexplicable y difícil de entender pero poco a poco todos los familiares comenzaron a entender y a acostumbrarse. Decidió la familia mantenerlo en secreto durante muchos años, pero luego inevitablemente se hizo público cuando Florencia tomó el camino de servir a los demás. La gente más allegada acudía a Florencia en busca de su ayuda y ella les daba paz. Pero no podía ayudar a todos, eso ya no dependía de ella, y esto es lo que a ella le costó aceptar. La vida de Florencia no fue fácil, con varios sobresaltos y muchas veces de mucho sufrimiento, pero pudo hacerse amiga de este don que le fue dado, poder reconocerlo como algo propio y convertirlo en algo positivo tanto para ella como para los demás. Su familia tuvo mucho que ver en todo esto ya que le dieron su apoyo desde el principio. Jamás dudaron de ella y siempre trataron de ayudarla. Si bien su vida fue bastante solitaria se hizo de grandes amigos que la quisieron mucho. Con su gran amor tuvo tres hijos pero ninguno heredó este don. Las apariciones y premoniciones se fueron con su muerte.  

Un viaje en familia

Giselle Toker   La historia a tratar es sobre un viaje realizado en el 2013 al continente europeo. Junto con mi familia hicimos un recorrido por diferentes países, la mayoría del lado occidental del continente, como Alemania, Austria, República Checa, España, Hungría, Bélgica, Holanda y Checoslovaquia. Allí pudimos recorrer, aprender y admirar cada país, con su encanto e historia. Era nuestro segundo viaje a Europa, pero la primera vez que conoceríamos estos hermosos lugares. Salimos un 4 de febrero del aeropuerto internacional de Ezeiza, con muchas expectativas, emoción y felicidad. Como cualquier viaje al exterior, hay desafíos y uno de ellos era el idioma. Cada país tenía un dialecto distinto, pero junto con mi familia, tratábamos de hacernos entender de la mejor manera y utilizábamos el inglés para poder comunicarnos. Comenzamos el tour yendo a Bélgica, conocimos Bruselas, Brujas, Gante y más, era un país con mucha historia, muy pintoresco e interesante. Seguimos por Holanda, el país de los tulipanes, un país sobre el agua, con millones de canales. Ámsterdam y Delft, fueron de los lugares que más le gustó a mi familia y a mí.  En Ámsterdam, pudimos ir a la casa de Ana Frank y conocer su historia, su vida, cómo vivió. Fue algo maravilloso y muy enriquecedor. Poder estar en el lugar donde transcurrió todo, era algo inimaginable. Seguimos por la capital de la República Checa, Praga, una ciudad muy antigua y para recorrer a pie. Conocimos el castillo de Praga, el reloj astronómico, la catedral de San Vito y cruzamos el puente San Carlos. Como siguiente destino fuimos a Alemania, Berlín una ciudad hermosa; seguimos por Austria, y en Viena pudimos presenciar la ópera austriaca, que es tan característica de esa ciudad, y conocer el Palacio de Schonbrunn, donde vivía la emperatriz, Sissi. Seguimos por Bratislava, Hungría y después llegamos a Barcelona, último destino del recorrido. Ya con una temperatura más alta, permitiéndonos caminar por toda la ciudad, conocer las obras de Gaudi, pasear por la rambla e ir al estadio de fútbol, tan conocido en todo el mundo, Camp Nou. Conocer esos países, esas ciudades, era volver a la historia, vivir lo que había estudiado por tantos años, observar elementos de la segunda guerra mundial. Era un viaje que te retomaba hacia el pasado. Visitamos museos, centros históricos, monumentos y lográbamos conocer cada vez más estos hermosos países. En el viaje pude tener la experiencia de interactuar con gente de todas partes del mundo, como Perú, Colombia, Venezuela, México y Chile, que formaban parte de nuestro tour. Si se puede decir una cosa, es que fue un viaje que nos brindó mucho aprendizaje. El 25 de febrero, ya estábamos retomando el regreso hacia Buenos Aires.  

Amor a la distancia

María Lucía Sajón   En diciembre del año 1955 se conocieron Maria Pía Lucchi y Edgardo Sajón, mis abuelos, en una fiesta de 15 en Buenos Aires, Argentina. Ella, una uruguaya hermosa de 21 años que había viajado con su hermana desde Montevideo para presenciar el cumpleaños de una parienta, y él también de la misma edad, amigo de la familia. Esa noche los presentó una amiga en común, y desde allí no pararon de hablar en toda la noche. Fue amor a primera vista. Unos días más tarde Edgardo la fue a ver al hotel donde ella estaba hospedada durante su corta estadía en Buenos Aires para pedirle su número de teléfono. Al día siguiente María Pía volvió a su país, y comenzaron a intercambiar llamados y cartas hasta volver a verse en Mar del Plata en febrero de 1956, donde se pusieron de novios y empezaron una larga historia de amor.  

Solidario hasta la médula

Olivia Bernacchi   El sujeto de la historia era mi bisabuelo paterno, Jorge Georgitsis, era hijo de Manuel Georgitsis, el cual tenía 5 hijos y era viudo, y Caliopi Orfanú. Era un hombre alto, gordito, de cabello castaño ondulado y ojos marrones. Era optimista, generoso, extrovertido y solidario. A los 18 años Jorge migró de la isla de Kalimnos, Grecia, para no entrar al ejército porque había peligro de guerra, hacia Buenos Aires, Argentina. Uno de sus hermanastros, Sarandi Georgitsis, se estableció allí años antes. Jorge vivía y trabajaba con su hermanastro importando esponjas. Más adelante, al no verse bien remunerado con ese trabajo, decidió independizarse. Entonces, comenzó a comprarle esponjas a Sarandi para luego venderlas en otros lugares. También, los fines de semana vendía caramelos en el puente del Hipódromo de Palermo. Y así fue logrando un pequeño capital con el que, cuatro años después, trajo de Grecia a su madre y a su sobrina política (hija de su hermanastra), Leonarda Georgitsis, a Buenos Aires. Luego, en el año 1931 conoció en la iglesia a Magdalena Maños, se casaron 10 días después, y tuvieron una hija llamada Caliopi Georgitsis nacida en el 1932, y en el 1936 nació su hermano llamado Tomas Georgitsis, el cual fallece a los 38 años.  

La vuelta de Chacabuco

Florencia Teplitzki   La investigación se basará en el recorrido profesional de Adolfo Sogoló como corredor de autos. Se va a tocar su historia personal y familiar para poder comprender cómo es que llegó a lograr lo que logró, poder comprender el entorno en el que vivía y cómo fueron sus años de vida en los que se dedicó a esta profesión. Su deseo desde chico por correr carreras de autos, su pasión, su comienzo y su recorrido. Paralelamente se relatará la historia del turismo carretera, y del momento histórico en el que el protagonista de la historia se consagró por única vez campeón de una carrera a nivel nacional en el año 1958, la famosa Vuelta de Chacabuco. A partir de documentos y testimonios de familiares que compartieron con él ese momento de su vida vamos a poder conocer la historia bien desde adentro, intentando descubrir e interiorizarnos en sus deseos y pensamientos y por supuesto los inevitables obstáculos de su historia profesional y familiar así como las soluciones y cómo siguió adelante con su vida después de tantas dificultades. Fue una época muy complicada para el protagonista ya que su familia estaba pasando por un mal momento económico, y sin muchas esperanzas de poder salir adelante él pudo lograrlo y a la vez cumplir uno de los sueños más grandes de su vida. Comenzando por sus deseos e imaginación, pasando por sus comienzos, su época de oro, sus triunfos y derrotas, y llegando al final de su carrera, conoceremos la historia de Adolfo.  

Un viaje al pasado

Lucero Sirlin   La historia tendrá como eje cronológico el viaje que realicé con mi abuela Susy el año pasado, más precisamente del 16 al 30 de abril del 2012. El viaje lo hicimos con un grupo organizado. Yo había tenido la posibilidad de hacerlo un año antes con chicos de mi escuela pero preferí dejarlo pasar. En este caso era una organización Israelí llamada Bonds, mi abuela me invitó y cuando digo me invitó me refiero a que me pago todo, desde los pasajes hasta los zapatitos polacos. A mi tía y a mi mamá les costó mucho convencerla de que me llevara ya que es una persona muy indecisa, insegura y desde que murió su madre (el 8 de enero de 2011) nunca se había  hecho cargo de nadie. Gracias a dios se decidió porque fue una experiencia que no voy a olvidar jamás. Unas semanas antes de viajar no tuve mejor idea que empezar el libro de Gaby Meik titulado Sinfonía para Ana. Es un libro que trata sobre la dictadura militar argentina del 76, muy atrapante y fuerte. Arrancó el viaje por Polonia, la etapa más dura y conmovedora. Visitamos Guetos, ciudades grises, calladas y tristes. En las noches me empecé a unir cada vez más a mi abuela. El último día se realizó la marcha por la vida en donde entramos a los campos de concentración de Auschwitz y Birkenau. Todo lo que había estudiado en los seis años de secundaria lo estaba visualizando. Luego nos dirigimos a Israel, yendo por tradición directo al Muro de los Lamentos. Se hacía de noche y como de costumbre mi abuela y yo dejábamos prendido el velador y leíamos un rato cada una su respectivo libro. Fue la segunda noche de Israel cuando yo terminé mi libro. La angustia se me esparció por todo el cuerpo, empecé a caer de todo lo que había vivido, la desesperación me atrapó y entré en un ataque de nervios que mi abuela no podía calmar. Los días pasaron, un viaje increíble donde visitamos lugares hermosos como Masada, el Mar Muerto, el Mamila entre otros, sin embargo yo tenía un nudo adentro que no había podido desatar. Cuando volví tuve charlas con mi mamá en donde le pedía que me explicara cómo vivió ella la dictadura militar. Hablé con profesores de historia e historia judía. No entendía por qué eran dos temas que me angustiaban tanto. Más allá de que parientes míos los hayan padecido era otra cosa lo que me angustiaba, tenía que ver con la crueldad que el mismo hombre creaba. Para finalizar la historia contaré las similitudes que encontré entre los dos acontecimientos luego de días y días de pensar y analizar todo lo vivido y estudiado sobre los dos temas y concluiré describiendo mi relación actual con Susi. (Ver trabajo completo en p. 127) 

  Inmigración a Buenos Aires, Argentina

Stefanía Lee   Mis abuelos y sus hijos llegaron a Buenos Aires en el año 1976. Vinieron desde Corea hasta aquí pensando solamente en la vida de sus hijos, en la educación y para olvidarse de los terribles momentos y sufrimientos que pasó durante la guerra. A pesar de que los primero años pasaron difíciles en Argentina por la diferencia cultural, a lo largo del tiempo ellos lo enfrentaron teniendo paciencia, esforzándose y una mente positiva. En el día de hoy, mis abuelos son muy saludables y siguen trabajando y viviendo en este país junto a nosotros.  

La reliquia familiar

Alan Zajac   Wlozimierz Zajac, un niño que nació el 16 de junio de 1909 en Polonia pero al poco tiempo se mudó a Kiev con su familia en el contexto histórico de la guerra mundial. Él, sus cinco hermanos y su padre tenían como profesión la carpintería. Además tenía una pasión por los violines aunque sabía tocar muy poco. Dicha pasión lo llevo a fabricar violines sin ser luthier para que con su futura venta recaudar dinero a fin de viajar a otro país y poder así salir de la miseria. Tras la fabricación de cinco violines, cuatro de ellos fueron destinados a la venta y uno conservado como uno de los pocos recuerdos luego de abandonar el continente europeo para llegar a Argentina en 1929. Con sólo 20 años, adoptó el nombre de Wladimir ya que debían documentarlo, se instaló a vivir en un conventillo en Palermo para iniciar una nueva vida. Conociendo gente en las juntadas barriales de extranjeros conoció a Pola, mujer con la que se casaría luego de tres meses de haberse conocido; tuvieron dos hijos, mi abuelo Ramón y mi tía abuela Olga El violín permaneció escondido en una caja arriba de un ropero ubicado en su cuarto. No permitía que nadie lo tocara ya que era uno de los pocos recuerdos y el más valioso que conservaba de su historia. En su estadía en Argentina conoció a Hernán Oliva el cual le ofertó dinero a cambio del instrumento, Wladimir rechazó la oferta repitiéndole que nadie tocaba su violín y que por nada en el mundo lo vendería. Mucho tiempo después, mi papá fue la única persona que tuvo el privilegio de poder tocar su violín ya que era apasionado por la música y poseía un perfecto manejo de la guitarra. Tres años después, mi bisabuelo comenzó a sufrir una seguidilla de ataques de presión. Y tras tres accidentes cerebrovasculares su cuerpo no resistió y finalmente falleció. En la actualidad el violín se encuentra en mi casa gracias a mi hermana mayor la cual insistió en apropiárselo y restaurarlo ya que se encontraba descuidado en algún lugar de la casa de mi tía Olga (su hija).  

Negocio familiar

Laila Minuccio   El comienzo de éste relato ocurre en Buenos Aires, en 1952, año en que el señor Elio Minuccio y su hermano Luis Minuccio fundaron un taller eléctrico situado en la Capital Federal. Ellos venían desde Génova, Italia, y en Buenos Aires, cada uno contrajo matrimonio y tuvieron hijos. Elio, tuvo tres hijos: el mayor, de su mismo nombre, luego a Silvina, no mucho menor que Elio y a Diego. A una determinada edad envío a sus tres hijos a Génova para que pudieran pasar tiempo con sus abuelos. No todos sus hijos regresaron del viaje. Diego fue el primero en volver, Silvina conoció a un hombre allí y Elio vivió en Génova hasta sus 20 años de edad. Al regresar Elio no era el mismo de siempre. Estaba desarreglado, desprolijo, y siempre se metía en problemas. No le importaban mucho las cosas, menos su futuro. El era un lindo hombre, de altura media, morocho, que provenía de una familia normal de clase media alta. A sus 26 años de edad, todavía no había encaminado su vida en ningún sentido. No quería trabajar, ni estudiar, sólo divertirse. Luego de un tiempo, su padre, le suplicó que trabajara a su lado en la empresa que había fundado junto a su hermano.

Pero Elio era muy terco como para hacerle caso. Un día cualquiera en el año 1987 se despertó distinto y decidió ir. Al poco tiempo, se fue instalando y le pidió al hombre que trabajaba en la administración que asumiera un cargo de secretario, porque él manejaría la caja. Elio estaba capacitado para tales tareas, por lo que no necesitaba de supervisión. Y así fue como comenzó a ir todos los días. Abría y cerraba el taller, también hacía arreglos, manejaba la caja, de todo un poco. Aproximadamente a principios del mes de noviembre, su padre tuvo que viajar de urgencia a Italia, ya que su abuela tenía problemas de salud, por lo que lo dejo completamente a cargo. Elio hijo, era un hombre que comenzaba a comprender lo que quería y también a comprender cómo funcionaba la empresa y su alrededor. Con un golpe de suerte pudo, en ese mes, ganar una suma de dinero increíble, era un record. Por lo que, así, pudo comprar su primer auto, solo. Las influencias que tenia Elio a veces no eran tan buenas salvo un amigo que triplicaba su edad. Un hombre que conocía a toda la familia, estaba bastante enfermo, pero por otro lado era una persona totalmente activa y vital. Éste hombre lo ayudó a comprarle la empresa a su padre y a su tío, que no fue tarea fácil. Su padre se la vendió sin problemas, pero su tío Luis no quería vender su parte. Este gran amigo de Elio, Jorge, hace tiempo había hecho negocios con Luis y este le debía una gran cantidad de dinero. Por lo que le ofreció un trato, que consistía en que le vendiera a Elio la parte de la empresa, para que así, pudiera pagar su deuda. En parte, los logros que obtuvo en su trabajo, Elio se los debía a este gran amigo, que por desgracia, por un cáncer de próstata, no tuvo la suerte de vivir para ver el gran progreso que tuvo hasta la actualidad. 


Docente: María Fernanda Guerra fue publicado de la página 38 a página46 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº60

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