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El diseño de espacios no tangibles.

Bekerman, Ariana [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXVI

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXVI

ISSN: 1668-1673

II Congreso de Creatividad, Diseño y Comunicación para Profesores y Autoridades de Nivel Medio. `Interfaces Palermo´

Año XVI, Vol. 26, Noviembre 2015, Buenos Aires, Argentina | 270 páginas

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La vida académica y la vida laboral no tienen las mismas características, eso es un hecho. El futuro profesional transita su vida como estudiante en un contexto protegido, donde tiene permiso de equivocarse y de rehacer, donde aprender es la figura y el fondo de la cuestión. El diseño de interiores, como otras disciplinas, se está enfrentando en este momento a un cambio de perspectiva en cuanto a la concepción de cuál es su incumbencia.

Como interiorista se piensa profesionalmente en un camino: boceto, investigación, anteproyecto, proyecto y materialización. El fin es la concreción constructiva de aquello que se proyecta de una manera tangible. Un living, un stand, una silla, una vidriera, se pueden tocar, sentir, oler, caminar, recorrer. Se experimentan de forma tangible.

Pero el mundo avanza a trancos largos, y la tecnología despliega sus funciones en áreas de la vida del hombre que antes no ocupaba. Una gran parte de la tecnología involucra al software, la nube, y demás elementos que se proyectan y se construyen pero no se materializan de forma tangible. Sin embargo son parte de nuestras vidas y lo experimentamos de manera emocional e incluso íntima. El chat es tan o más utilizado que las llamadas telefónicas, las reuniones son en videoconferencia, los recorridos a los museos son en videos interactivos 3D. La manera en la que el hombre se desarrolla está cambiando, influido por la tecnología, la capacidad de abstracción y conceptualización y la globalización de los saberes. El diseño de interiores no se ve ajeno a la experimentación abstracta. ¿Estamos preparados para el diseño no tangible?

Diferencias entre la currícula y la profesión emergente

El diseño de interiores es una carrera de grado relativamente nueva, que ha transitado su camino académico como desprendimiento de la arquitectura y las bellas artes. Ha sido un proceso lento y delicado en el que el diseño se ha fortalecido como disciplina seria y pertinente a formar parte de una universidad.

La Asociación Internacional de Diseñadores de Interiores (Gibbs, 2009, p. 8), plantea que el diseñador mediante su aprendizaje, experiencia y título académico, tiene que estar capacitado para mejorar la función y cualidades del espacio interior. Esto lo realiza con el fin de mejorar la calidad de vida, desarrollar la productividad y proteger la salud, seguridad y bienestar del público.

En ambos casos se puede leer que lo que se espera de un diseñador de interiores es su capacidad de proyectar un espacio que mejore la calidad de vida, en primer lugar, y que lo materialice de forma consiente con el medio ambiente, con los materiales, contexto y cultura. Estas dos ideas generales engloban un trasfondo similar que implica que el diseño como finalidad se construye.

Esta idea de confort y mejora es válida, pero no completa. No abarca la amplia gama de posibilidades con las que un ser humano puede experimentar confort sensorial e intelectualmente. El interiorismo y la arquitectura se encuentran recién descubriendo el diseño multisensorial, para que el usuario haga asociaciones entre lo que percibe y la marca. Estudios recientes confirman que el ser humano podría tener nueve grupos de sentidos, cuyos subsentidos podrían ser hasta veintiuno.

Entre estos sentidos nuevos, por llamarlos de alguna manera, se encontrarían la sinestesia, la kinestesia, la termocepción y la nociocepción.

El desarrollo intelectual también permite al ser humano disfrutar de nociones, ideas, conceptos, pensamientos y otros elementos abstractos. Muchas de estas ideas, asociadas a recuerdos funcionan como un disparador de sensaciones que juegan un rol crucial en las emociones del usuario.

El diseñador de interiores, entonces, está capacitado para mejorar la calidad de vida del ser humano, mediante la construcción de espacios, pese a que aún se está descubriendo qué es lo genera un bienestar sensorial, emocional e intelectual en el hombre. Esto es un inconveniente, pero hete aquí que el diseñador se encuentra con el segundo problema académico a desarrollar, todo aquello que diseña debe construirse.

Dentro de las construcciones, se pueden encontrar aquellas que han sido diseñadas para perdurar, aquellas que son efímeras, aquellas que sirven a la vida diaria, aquellas que imitan a la vida diaria, y aquellas que no llegan a construirse, entre otras.

También es un diseño el recorrido 3D que se realiza de distintos espacios, por ejemplo salones de fiestas para su posterior contratación. El espacio virtual que se recorre esta cuidadosamente pensado para atraer al potencial cliente, para resultar creíble y factible, sin embargo esta dimensionado y proyectado para pasarse en un monitor.

La experiencia de quien lo recorre recrea las condiciones reales de un recorrido, pero no se materializan, la experiencia es puramente virtual.

Estos son solo dos ejemplos de diseños de interiores que no fueron concebidos de forma tradicional, y que sin embargo no son ajenos a la realidad ni son casos excepcionales.

Son cada vez más habituales, y requieren que el diseñador proyecte la experiencia del usuario de una manera distinta. Las tendencias tecnológicas y de comunicación requieren que estos saberes se conozcan ya, pero los tiempos académicos no son los mismos y el diseñador que ya sale con una amplia paleta de herramientas para actuar se encuentra con un mundo aún más basto de escenarios laborales a descubrir para los que no fue preparado.