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La imagen fotográfica. Un documento para el conocimiento de la historia.

Incorvaia, Mónica Silvia [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXVI

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXVI

ISSN: 1668-1673

II Congreso de Creatividad, Diseño y Comunicación para Profesores y Autoridades de Nivel Medio. `Interfaces Palermo´

Año XVI, Vol. 26, Noviembre 2015, Buenos Aires, Argentina | 270 páginas

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En un mundo tan tecnificado, puede resultar aún muy trivial referirse a la fotografía, en este caso, como un elemento del cual debería explicarse su uso y aplicación. Sin embargo, muchas veces no se ve lo que la imagen cuenta acerca de su contenido.

Se une su significado con términos tales como memoria, identidad, evocación, recuerdo, pero ¿se aprecia en su totalidad el peso que tiene como muestra de la cultura de una época o de un relato? La fotógrafa Sara Facio en su libro Leyendo fotos manifiesta “Toda la gama de usos de la fotografía es importante para la Humanidad. Nada es banal. Hoy, sobre todas las definiciones, la fotografía es aliada de la vida en el más alto nivel de desarrollo.” (2002, p. 13). De este modo, cualquier registro visual realizado en un momento determinado es un documento que responde precisamente a lo afirmado por esta autora. La fotografía es la resultante de la época en la cual se elaboró. A través de ella se pueden apreciar rasgos, costumbres y modos que hacen a sus protagonistas.

El comienzo de la historia Desde su aparición y durante el resto del siglo XIX, se discutió si el modo de registro de las personas y las cosas era un arte o no, si dependía de la pintura, si quitaba el alma de sus fotografiados.

Pero lo cierto es que revolucionó a una sociedad que quería capturar y retener el tiempo. El instante decisivo, el alma capturada, el espejo con memoria, se convirtieron en documentos más que contundentes para mostrar al mundo el significado innegable de este revolucionario invento que posibilitó al hombre ser productor y protagonista de su propia realización. En un artículo publicado en el diario La Nación del 26 de diciembre de 1999, en la sección Enfoques destinada a la historia del siglo XX a través de la imagen, se menciona, a propósito de ella: “(…) uno de los medios más poderosos para comunicarnos, trasciende las barreras del lenguaje, del analfabetismo, de las razas y de las ideas políticas. Nos brinda la intimidad de un momento congelado en el tiempo, con todos sus detalles, para estudiarlos, analizarlos y entenderlos.” (XX Reflejos del siglo XX) Por lo tanto, la fotografía dice, cuenta una historia que permite analizar de manera contundente el acontecimiento de referencia que se quiera analizar. Cuando en 1855, el devenido fotógrafo por orden de su Real Majestad, Victoria de Inglaterra partió a la península de Crimea para dar cuenta de los acontecimientos que se sucedían en la zona a raíz del enfrentamiento entre el Imperio Ruso contra Gran Bretaña, Francia, el Imperio Otomano y el Reino de Piamonte y Cerdeña, obtuvo un documento que constituyó a partir de allí la posibilidad de apreciar hechos tan conmocionantes como la guerra.

Si bien en sus fotos no hay muertos, lo cual generó opiniones diversas entre sus detractores, sentó las bases de un documento insoslayable, ya que puso en conocimiento por primera vez, la contundencia de un conflicto y sus consecuencias.

Hacia fines del siglo XIX, y con la evolución técnica, algunos profesionales comenzaron a registrar diversas situaciones, producto de un mundo que, en plena Revolución Industrial, comenzaba a cambiar social y políticamente.

Jacob August Riis y Lewis Hine fueron algunos de los profesionales que, con su cámara, denunciaron situaciones sociales que se estaban dando en los Estados Unidos. Así, gracias a la sensibilidad de Riis, “el Estado de Nueva York aprobó en 1901 una ley que establecía las condiciones mínimas de habitabilidad que debían reunir las nuevas viviendas para que su construcción fuese autorizada.” (Incorvaia, 2013, p. 66). Por su parte, el sociólogo Lewis Wickes Hine, comenzó a fotografiar hacia 1903, retratando la llegada de los inmigrantes a la isla Ellis. Pero su obra más destacada refiere a la serie que realizara sobre las condiciones del trabajo infantil, que culminó con la aprobación de una ley de protección laboral para los menores. Pero pese a todos estos ejemplos, necesitaba de la llegada del nuevo siglo para instalarse como una disciplina independiente. Javier Marzal refiere a este hecho en su libro Cómo se lee una fotografía, tomando incluso reflexiones de investigadores como Otto Stelzer ylAaron Scharf. Al respecto participa de la idea planteada por el primero al manifestar también que “Así, las fotografías de Talbot, Daguerre, Isenring, Hill o Cameron son examinadas como textos visuales en los que cabe reconocer la huella de la mirada pictórica, cumpliendo la idea de que ‘la fotografía es hija de la pintura naturalista’”. (2011, p. 41).

Y la fotografía se convirtió en arte… De todos modos, el siglo XX trajo consigo la posibilidad de convertir oficialmente la fotografía en una expresión artística separada del canon de la pintura. Si bien en el siglo anterior se pueden apreciar obras de exquisita sensibilidad, especialmente en Francia e Inglaterra, fue el manifiesto de Alfred Stieglitz quien en 1902 decretó que la fotografía es un arte en sí mismo.

A través del grupo californiano Photo Secession marcó un estilo que influyó prácticamente en la primera mitad de ese siglo por su estética, propuesta y tecnicismo.

Con el transcurrir de los años, otros grupos se impusieron, jugando con la abstracción, el movimiento, el collage y por supuesto el fotomontaje.

El humanismo de la posguerra Se denominó Humanismo a una corriente de pensamiento que si bien se desarrolló en la época del Renacimiento, tuvo un auge que la fotografía tomó como modo de expresión entre 1930 y 1960, extendiéndose en los Estados Unidos y en Europa.

A esto contribuyeron sucesos tales como la Gran Depresión de 1929, la Guerra Civil Española, la Segunda Guerra Mundial y la guerra en Indochina junto con la aparición de un periodismo gráfico que, ayudado por las evoluciones de la técnica, permitió testimoniar y mostrar con gran intensidad un mundo cambiante.

La invención de la cámara Leica (ca. 1925), la publicación de la revista Life (1936), la creación de la Agencia Mágnum (1947) ayudaron a globalizar las noticias, acercando a la población información a través de imágenes acerca del acontecer diario.

En cuanto a la gráfica específicamente Life merece un párrafo aparte ya que 

“(…) irrumpe en el escenario del periodismo norteamericano en 1936, pero su impronta es tal que gravitó en el diseño de las publicaciones que surgieron en los años siguientes. Henry Luce, su fundador, propuso un gran formato con imágenes ‘al corte’ y donde la fotografía era el centro de la información.

Durante más de cuarenta años tuvo difusión mundial, traducida en más de veinte idiomas y con fotógrafos internacionales que han quedado en la historia del periodismo gráfico. Profesionales de la talla de Robert Capa, Henri Cartier-Bresson, o Eugene Smith pasaron por sus páginas, dejando testimonio de la sociedad de la época.” (Incorvaia, 2012, s.p.)

Aunque para muchos el mundo que se mostraba no era en algunos casos el verdadero, posibilitó dar a conocer aspectos hasta el momento desconocidos, especialmente en cuanto a la estética de su tiempo, brindando información acerca del arte, por ejemplo. También contribuyó el uso del color para destacar lo que se quería mostrar.

Y por tratarse de una publicación de interés general, también ayudó a divulgar aspectos tales como la moda, la publicidad y el espectáculo, no menos importante en el panorama de la época.

Dentro de esta corriente y en diversos campos merecen destacarse Edward Steichen, Richard Avedon, Diane Arbus, Duanes Michal, Cindy Sherman, profesionales que aprovecharon el lenguaje visual para refrendar la impronta que la imagen, ya instalada, tenía en la sociedad.

Si bien es necesario mencionar que cada uno de ellos planteó la forma de mostrar aspectos de la realidad, en algunos casos en situaciones límites de la condición humana.

El caso quizá más destacado sea el de Diane Arbus, quien relató a través de sus imágenes la crítica sociedad de los años 60 en los Estados Unidos, utilizando modelos que salían del clásico estándar del sueño americano.

Ian Jeffrey, en relación con su obra, manifiesta:

“Los fotógrafos son observadores y pueden resultar bastante herméticos. Diane Arbus, en cambio lo mostraba todo o casi todo en sus cartas y Cuadernos. Sentía predilección por los aforismos, y en una carta fechada el 12 de enero de 1961 comentaba que ‘el mundo está lleno de personajes ficticios en busca de su historia’ en referencia a una serie de personas excéntricas a las que fotografiaba en aquella época”. (Jeffrey, 2011, p. 298).

La digitalización se abre paso Hacia 1990 irrumpe la digitalización dentro de este vasto mundo de la imagen, generando en muchos reacciones similares a las que se manifestaron en los comienzos de la fotografía.

Debido a esta tecnificación, otra cuestión se planteó en cuanto a la autenticidad que la cámara presentaba.

Con el transcurrir de los años, el Photoshop se instaló en el medio como parte del mensaje visual. Y así como el norteamericano Arnold Newman manifestó hacia los años 80 que la fotografía es una ilusión de la realidad, esta técnica vino a crear una especie de duda acerca de la veracidad que el lenguaje fotográfico presentaba.

Y curiosamente, esta inquietud por el mejoramiento de una realidad manipulada, como la define Daniel Merle en su la nota homónima, también se aplica a los textos.

Así lo manifiesta Beatriz Sarlo en un suelto de la misma nota, denominada Realismo: “Quizá no todos los lectores lo sepan, o quizá lo sepan pero no lo recuerden cada vez que leen una entrevista en un periódico: los reportajes se editan, pasando por un Photoshop (sic) que atenúa las imperfecciones mayores, casi inevitables, en la lengua hablada.” (2008, p. 36).

De todos modos, el sentido primario de la fotografía no se ha perdido. Entendiendo por ello el carácter emocional que cada una de las personas le ha adjudicado con el transcurso del tiempo.

Autores como Bazin y Bourdieu mencionaron su sistema convencional de acuerdo con las leyes de perspectiva, en consonancia con su carácter ontológico planteado en su momento por Dubois y Barthes.

En la actualidad, Joan Fontcuberta (2011) refiere a la memoria y desmemoria del hecho fotográfico comparando la presentación del invento realizada por el político Aragó en 1839 cuando mencionó que venía a incidir sobre dos dominios de la experiencia humana: la percepción y la memoria.

Con lo cual, se concluye que ese primer pensamiento ha dejado una huella que perdura a través de más de doscientos años, dándole a la imagen una presencia emocional y social que ninguna tecnología, por más retoques que se efectúen, podrá alterar.

Por lo tanto, lo que se podría considerar conciencia histórica corre en ayuda cuando se buscan repuestas especialmente sobre el acontecer y la identidad. En el momento en que una sociedad o una persona toman conciencia de su propio pasado, empieza a adquirir conciencia de sí misma. De esta manera, la fotografía recoge testimonios visuales para acercar el pasado y demostrar así su valor testimonial como fuente inapelable del conocimiento humano.

Referencias bibliográficas Barthes, R. (1999) La cámara lúcida. Notas sobre fotografía. Barcelona: Paidós Comunicación.

Facio, S. (2002). Leyendo fotos. Buenos Aires: La Azotea.

Fontcuberta, J. (2001). La cámara de Pandora. Barcelona: Gustavo Gili.

Green, D. (ed.) (2007). ¿Qué ha sido de la fotografía? Barcelona: Gustavo Gili.

Incorvaia, M. (2012). La fotografía en los medios gráficos.Buenos Aires: Universidad de Palermo.

Incorvaia. M. (2013) 2da Edición. La fotografía. Un invento con historia. Buenos Aires: Ediciones del Aula Taller.

Jeffrey, I. (2011). Cómo leer la fotografía. Entender y disfrutar los grandes fotógrafos, de Stieglitz a Doisneau.

Barcelona: Electa.

La Nación. Sección Enfoques (26/12/1999) – Edición Especial- . Buenos Aires.

Marzal Felici, Javier: Cómo se lee una fotografía. Interpretaciones de la mirada, Madrid, Cátedra, 2007.

Merle, D. (2008). La realidad manipulada. La Nación Revista. Buenos Aires: Diario La Nación.

Abstract: The photography studio is torn between the consideration of this artifact as art or as an object of mass culture. (Marzal Felici, 2007). In such tech world, can be even very trivial referring to photography, in this case, as an element which should explain its use and application. However, many times is not what the picture tells about its content. It attaches meaning to terms such as memory, identity, evocation, memory, but the weight that as a sign of the culture of an era or a story can be seen entirety?

Keywords: photography - visual language - history

Resumo: O estudo da fotografia se debate entre a consideração deste artefato como arte ou como um objeto da cultura de massas. (Marzal Felici, 2011). Em um mundo tão tecnificado, pode resultar ainda muito trivial referir à fotografia, neste caso, como um elemento do qual deveria ser explicado seu uso e aplicação.

No entanto, muitas vezes não se vê o que a imagen conta a respeito de seu conteúdo. Une-se seu significado com termos tais como memória, identidade, evocación, lembrança, mas ¿se aprecia em sua totalidade o peso que tem como mostra da cultura de uma época ou de um relato?

Palavras chave: fotografia – linguagem visual – história

(*) Mónica Incorvaia. Master en Cultura Argentina (EDIACFondo Nac. de las Artes, 1997). Investigadora fotográfica y documentalista. Autora de videos didácticos sobre fotografías. Autora del libro “La Fotografía. Un invento con historia” (2008. Buenos Aires - Aula taller).


La imagen fotográfica. Un documento para el conocimiento de la historia. fue publicado de la página 163 a página165 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXVI

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