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La estética de la cultura narco (Primer Premio)

Moreno Gómez, Giovanny

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº66

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº66

ISSN: 1668-5229

Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación. Proyectos Ganadores

Año XII, Vol. 66, Julio 2015, Buenos Aires, Argentina | 67 páginas

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Introducción
Hablar de narcocultura puede resultar cliché. Los medios de comunicación se han encargado de difundir las historias del narcotráfico que han tenido preponderancia en toda Latinoamérica.
Todas ellas, atravesadas por traiciones, balas, escándalos, corrupción, grandes sumas de dinero y una cantidad
de muertes catastróficas; sin embargo, muy aparte de los rezagos y escándalos políticos que ha dejado este fenómeno en las naciones de la región, poco se habla de los residuos y prácticas sociales en las que ha repercutido.
Siendo así, esta investigación se aparta de los estudios convencionales, anteriormente descriptos, e indaga los elementos estéticos que los individuos latinoamericanos han adoptado del narco en su manera de vestir. Partiendo desde los modelos de identificación que definen las producciones audiovisuales que son masificadas en los medios de comunicación hasta encontrar un posible factor de convergencia social, asociado a la visión de éxito en la vida de las personas, entendido como la búsqueda de poder como fin último de la realización personal, el cual, se expresa por supuesto en las maneras en que se proyectan los individuos desde su forma de vestir. Definiendo así, lo que lo largo de este estudio se llamará: narcoestética.

Conclusión
Dentro del gusto meramente narco convergen las gafas de sol, bigote poblado, sombrero texano. Las manos atiborradas de anillos de oro. Camisa vaquera en seda rematada con adornos en plata. Desabotonada hasta el ombligo. Sobre el pecho, gruesas cadenas de oro con pesados y estrafalarios colgantes: una hoja de marihuana, un bulldog, o dijes clericales y de vírgenes. Pantalones de índigo amarrados con un cinturón de hebillas doradas en formas magníficas. Botas texanas en piel de víboras o reptiles como material.
El producto estético del fenómeno del narcotráfico, porta gafas de sol de marcas exclusivas y de diseñador, de igual
forma los jeans, presentan telas desteñidas, a veces desgastadas, o sin bolsillos traseros, factores que alejan la prenda de lo clásico. Del mismo modo, remeras, blusas, y camisas, con diseños estrafalarios o sin mucha tela en el caso femenino, en pro de causar impacto y focalizar las miradas. No hay que dejar atrás las zapatillas, zapatos y tacones con taches, tacón corrido, zapatillas con tacón, usados con shorts o vestidos cortos, adornados con gorras paleteras a imagen y semejanza del estilo que manejan los reggaetoneros. Todo es posible combinarlo; en tanto la marca de la prenda sea más visible, es mejor, pues, abre la posibilidad para ostentarse sin mucho esfuerzo. Generalmente, y por ser una estética adoptada por las clases populares; son prendas chiviadas, es decir, imitaciones de mal gusto, producto de la piratería y una forzada democratización de la moda burguesa.
El modelo que se observa comúnmente en las calles latinoamericanas; esa estética ornamentada, ostentosa y desproporcionada, se ha transfigurado en un modo de encuentro para los sectores populares que buscan estatus vía el dinero y el ornamento (arribismo - poder). Por lo cual las prendas y accesorios, así como la tecnología y las propiedades; son yuxtapuestas entre sí, tratando de simular los estilos burgueses, pero con imitaciones de marcas, la mayoría de veces baratas y poco trabajadas, con las que psicológicamente sienten: han de pasar desapercibidos por los altos niveles sociales y en donde además, suponen su aceptación. En efecto, es una generalización, no es un modo de vida que se replique si o si por el hecho de pertenecer a la clase popular. Por lo que, ya no se hace inalcanzable, y es posible inmiscuirse y parecer de clase alta, por el simple hecho de que una prenda tenga grabado el nombre de equis diseñador o marca. Al menos en la teoría.
A razón de la falta de oportunidades; las maneras de surgir en la vida para las personas de clases populares en Latinoamérica son las que se muestran más fáciles, por ende la delincuencia y el narcotráfico son válidas. Sin embargo, en general las personas de bien, que son mucho más preponderantes en población; optan por aparentar su éxito asumiendo la estética que se ha descrito como narco.
Este rezago del fenómeno narco, es una estética, que replica modas de momento, que son altamente difundidas por los medios de comunicación. Por lo tanto, al ser una estética, no es algo que ha de ser pasajero, como sí lo hacen las modas.
Además, el factor de replicación de modas, que la sustentan; le permite su trascendencia en el tiempo, pues aunque
la moda burguesa cambie, la estética narco siempre la ha de emular y democratizar.
No es como tal del estigma de lo cual nos vemos impactados, por lo contrario el impacto viene siendo todo el rezago estético que se generó a partir del narco.
Generalmente es más evidente en los sectores populares de la población, no obstante, la estética narco, también se denota en la nueva burguesía, entendida como las personas provenientes de nichos populares lograron éxito en la vida, y cuentan con las mismas posibilidades burguesas aparentemente.
No se puede afirmar que desde los años ochenta, la estética narco habita omnipresente en nuestras comunidades, pues, como todo hecho social, tiene un proceso de vinculación y aceptación por cada individuo. De tal modo que, la narcoestética es una tendencia reciente, casi que actual; es lo último que le faltaba al narco por invadir: las vitrinas. La narcoestética se ondea victoriosa en la vida real, en la industria por la fuerza de su relato popular.
Es de conocimiento público que las tendencias de moda, por tradición, se crean en las pasarelas de Milán, Nueva York y París; de allí que los modelos a reproducir sean siempre provenientes de allí. Sin embargo en Latinoamérica, la mayoría de personas, no cuentan con un poder adquisitivo para las grandes marcas, por lo que se tienen que quedar en las imitaciones.
Estas copias con grandes etiquetas y estampados de símbolos mundialmente conocidos, los cuales, hablan del
dinero que se posee, o más bien del que se carece; pero con las cuales se intenta pertenecer a la alta sociedad del continente.
Siendo así, la combinación de prendas con marcas sobresalientes la forma más fácil para ascender en la escala
social y jactarse de ello; sin recurrir al delito u otros medios nocivos para lucrarse y alcanzar el objetivo: el poder, el éxito.

Toda estética es al final, un estereotipo y un prejuicio. La narcoestética es una experiencia de las ferias de las culturas de la banalidad y opulencias populares pero narradas, producidas y celebradas por artistas, intelectuales,
creadores, periodistas, letrados y cineastas. Así, América Latina termina siendo otro estereotipo, otro parque temático: de narcos muy machos y de bellas muy putas, ambos horizontes de pecado, luego del deseo del capital,
ambas ironías de ser latino en estos tiempos donde cada uno es moderno como puede. (Rincón, 2009)

Ciertamente nuestras sociedades de la región disfrutan del gusto mafioso, la lógica de las siliconas y la ética de la pistola: en nuestra sociedad sin grandes senos y dinero no hay felicidad.
Como decía el guionista colombiano Gustavo Bolívar: “Sin tetas no hay Paraíso”. Y es aquí, donde se halla el más
elocuente imaginario social de lo que somos como latinoamericanos; mujeres voluptuosas, candentes, y hechas. Hombres bajo el prototipo de macho, latin lover, muy pasional y aguerrido, productos de la banalidad y el show business con el que manipulan a nuestras masas y del que toman referencia.
La narcocultura es nuestra estética, nuestra cultura, nuestra ética: pero no exclusiva de la clase obrera: sino también de nuestro remedo de burguesía: los periodistas, los escritores, los cultos; de todos los que han hecho negocio sobre las formas narco. Por eso lo que antes tenía que ver con desprecio de clase, ahora es catalogado como nuestra mejor historia para el mundo cultural. De tal modo que,

El narcotráfico ha ganado batallas culturales e informativas en una sociedad que se ha protegido del problema
con el recurso de la negación: los sicarios se matan entre sí (porque) como los superhéroes, los narcos carecen de
currículum; solo tienen leyenda. (Rincón, 2009).


La estética de la cultura narco (Primer Premio) fue publicado de la página 49 a página50 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº66

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