1. Diseño y Comunicación >
  2. Publicaciones DC >
  3. Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXVII >
  4. La grata odisea de convertirse en diseñador gráfico

La grata odisea de convertirse en diseñador gráfico

Demone, Silvana [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXVII

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXVII

ISSN: 1668-1673

XXIV Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación

Año XVII, Vol. 27, Febrero 2016, Buenos Aires, Argentina | 192 páginas

descargar PDF ver índice de la publicación

Ver todos los libros de la publicación

compartir en Facebook


Licencia Creative Commons Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional

Resumen:

Este texto cuenta desde la visión del diseñador gráfico como es el camino dentro del mercado laboral, y la gran competencia que encontramos. Desde la visión del docente de diseño se expresa como intenta brindar herramientas necesarias para lograr el estímulo y la continua sed de aprendizaje que se requiere en esta profesión

Palabras clave: enseñanza – aprendizaje – diseño gráfico – mercado laboral - competencia.

Desde hace unos cuantos años el diseño gráfico como profesión en nuestro país ha crecido en el mercado laboral y con ello también llegaron las carreras universitarias, los cursos, seminarios, etc. que se comenzaron a dictar, primero siguiendo la carrera que estaba de moda, y luego para conocer un poco más de qué se trataba esta nueva opción de estudio.

El paulatino resurgimiento trajo aparejada la gran competencia desleal de quienes estaban muy lejos de haber pasado por una universidad, con tan solo haber aprendido a manejar los programas de diseño en una computadora.

Así mismo, cualquier persona que tuviera dichos programas se autodenominaba “diseñador gráfico”, manchando el título de quienes sí se habían comprometido a pasar por las aulas de algún centro educativo terciario o universitario y finalizar sus estudios.

En esta grata tarea de formar profesionales en la comunicación visual y el diseño debemos tener en cuenta varios puntos para focalizarnos, como por ejemplo, transmitirles todas las herramientas que sean necesarias para que aprendan a diseñar en base a conceptos, a ideas, a solucionar problemas de comunicación a través de formas, planos, colores y demás elementos visuales y conceptuales que se plasman en un trabajo final.

Desde el primer día de clases debemos hacer hincapié en que nuestro trabajo se construye a través del estudio, de mucho esfuerzo, del diferencial que significa saber transmitir un mensaje, sea cual fuere el rubro o la pieza a diseñar.

¿Pero cómo podemos comunicar los valores de esta profesión sin caer en enseñar solamente teoría que ya se sabe abunda en los libros? La experiencia positiva vivida en las aulas me dice que una de las claves está en el “incentivo”. Es importante ayudarles a abrir la cabeza, a pensar diferente, de manera creativa y poder darles las herramientas suficientes para que comiencen desde los primeros pasos que transitan a construir un buen portfolio, en la búsqueda de un estilo propio, en fundar conocimientos sólidos en una carrera que a veces cuenta con fama de fácil o que cualquiera se puede convertir en diseñador.

Los alumnos han demostrado grato interés cuando hablamos desde el punto de vista del educador/diseñador en ejercicio y no tan solo como del profesor que se para frente al aula y dicta una clase teórica.

El diseño va más allá de lo estético, de algo lindo o decorativo y es allí donde la función de los diseñadores comienza a ser interesante.

Un factor importantísimo en la vida del comunicador es obtener la capacidad de investigar, esa sed de aprendizaje continuo, observar todo, captar todo, absorber todo conocimiento para luego plasmarlo en cada trabajo.

El camino de esta rica odisea debemos trazarlo desde todo aspecto artístico. Todo es inspirador a la hora de imaginar, bocetar, diagramar. El arte en su totalidad nos ayuda a captar mejor este camino tan interesante y debemos tener la capacidad de absorber y enriquecernos a través de una buena película, una obra de teatro, la publicidad, la ilustración, la música, la escultura, la literatura, etc.

Comenzar a bocetar dando rienda suelta a la imaginación casi como de manera lúdica, como cuando éramos chicos y la mano se dejaba llevar libremente. Permitirnos jugar y así darnos cuenta de que a veces los resultados nos sorprenden. No esperar que un diseño llegue en base al estilo que se usa, sino a partir de una búsqueda de trabajo, a una investigación a través de la cual podamos mejorar cada presentación.

Una de las claves para comenzar a liberar la imaginación es volver al trabajo manual, a los lápices, a los pinceles, a la parte artesanal que se construye desde lo que pensamos hasta lo que hacemos.

El estudiante comienza a explorar caminos diferentes de esta manera, a redescubrir o descubrir el estilo propio, a observar los diferentes resultados que puede llegar a obtener un trabajo con la misma consigna pero con diferentes autores y ahí es cuando se ven los progresos de los primeros pasos en el diseño.

En la actualidad es imposible no relacionarnos con el mundo digital, pero a la vez es importantísimo dejar en claro que en nuestra profesión la computadora es simple y llanamente una “herramienta”. Ser diseñador no precisamente es ser ilustrador, pero no debemos pasar por alto que todo parte de una idea, esa idea se plasma en un papel, se traza con un lápiz, que recién mucho más tarde se llevará a un archivo de programa digital en una computadora. Ser diseñador es saber bocetar, escribir, redactar, observar, pulir, construir, pensar, imaginar… Como docentes o formadores es vital incentivarlos a buscar su propio camino, su propio estilo, y no dejarse tentar por los filtros del Photoshop o el Illustrator.