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Dos mundos distintos, dos familias no tan diferentes (Segundo premio)

Ferrandi, Antonella

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº75

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº75

ISSN: 1668-5229

Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Introducción a la Investigación. Proyectos Ganadores Primer Cuatrimestre 2016 Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Comunicación Oral y Escrita. Proyectos Ganadores Primer

Año XIII, Vol. 75, Septiembre 2016, Buenos Aires, Argentina | 170 páginas

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Introducción 

El tema, de este trabajo de investigación, se centra en las diferencias y similitudes entre la familia que se representa en la película de Ana Katz, El Juego de la Silla, y la familia que Alejandro Doria dirige en su película Esperanzo la Carroza. Como se ha mencionado, las familias, según Ana Katz y Alejandro Doria, son muy particulares. Donde lo normal y lo anormal conviven constantemente mostrando los distintos matices de la vida familiar, exponiendo las miserias, y teniendo algunas actitudes propias de una familia típica y otras opuestas a las primeras, en las cuales los espectadores se ven reflejados en ellas y en algún personaje peculiar creado por Katz. Y según Doria, se reflejan los malentendidos los cuales desencadenan una serie de actitudes cómicas y extravagantes. Se tomará en cuenta, también, la figura del padre en ambas películas. Los hilos centrales de esta investigación, de los cuales partirán las explicaciones de los demás temas, son lo disfuncional y grotesco que se refleja en cada película, y la familia en el cine argentino. 

El problema, según Sampieri, se plantea a través de una o varias preguntas, las cuales para este tema son las siguientes: ¿Qué diferencias y similitudes existen entre ambas películas? 

¿Cómo se representa la familia en el cine argentino? Por lo tanto, los objetivos de esta investigación son: diferenciar ambas familias y definir qué tienen en común y explicar cómo se representa la familia en el cine argentino en ambas películas. Lo primero que se puede destacar es que, según la conveniencia que expresa Sampieri (1991, p. 15), la investigación sirve para resaltar los detalles que tienen en cuenta los directores a la hora de representar como se desenvuelve una familia con sus costumbres y normas. Con respecto a la relevancia social de Sampieri, se tratará, mediante el trabajo, de lograr que se amplíe el conocimiento del tema en cuestión; y según su valor teórico, quizás, hasta darlo a conocer dependiendo de la persona que lo analice o por otro lado, ayudará a que se comente con la posibilidad de armar una teoría. 

En cuanto a lo encontrado sobre las dos películas en cuestión, podemos destacar que para El Juego de la Silla (Katz, 2002), Yvonne Yolis (2016) afirma que:

Las secuencias se van sucediendo y el concepto es siempre el mismo: lo habitual y, aparentemente, más normal del mundo (un diálogo, una comida, un juego) comienza a coquetear con la locura y se tiñe de patetismo. Es el patetismo de lo cotidiano puesto en escena; lo cercano y conocido que se vuelve siniestro visto con otros ojos. La narración trabaja sobre esa delgada línea entre la “normalidad” y la “locura”. Va y viene entre la identificación del espectador con los personajes –cualquiera estuvo en una escena similar– y la vergüenza ajena que produce la exposición de las miserias, la estupidez o la verdad inconfesable. Todo esto produce risas, pero, sobre todo, una tensión insoportable. El montaje lento, la puesta en escena algo teatral, la seriedad con que se toman los Lujine cada uno de los ritos (muchas veces absurdos o ridículos) que llevan a cabo, terminan de definir el tono y refuerzan la sensación de que en cualquier momento algo va a explotar. 

La silla ecléctica (2009) sustenta que:

Ana Katz logra una progresión, sutil pero efectiva, de secuencias que van de lo cotidiano, lo tierno, lo cómico, lo ridículo a lo patético. La película consigue captar los distintos matices de la vida familiar, así como sus ritos (cena, conversación de sobremesa, juegos, revisión de fotografías familiares, etc.) en un solo evento. La escena que constituye el clímax de la película, y que le da el nombre al film, es aquella donde la familia Lujine, en pleno, juega al juego de la silla. Este tradicional e infantil juego es el pretexto perfecto para que todos los resentimientos, miedos y miserias de los miembros de esta familia salgan a flote.

Julián Mocoroa (2016) garantiza que: 

La película pone en ridículo varios rituales típicos de la clase media. La cena, el movilizarse en grupo y sin coche propio por la ciudad, los trabajos desagradables y rutinarios y las sobremesas forzadas. Pero a Katz no le importa el contexto político, económico ni social. Solo el núcleo pequeño de una familia, exponiendo sus miserias, el patetismo y la negación. 

Sumando a lo que se ha mencionado, Walter Medina (2012) sostiene que: 

Ana Katz desarrolla una comedia de situaciones que entrelaza lo cómico y lo patético y en la que la mirada minuciosa de lo cotidiano revela la cercanía que existe entre lo “normal” y lo “anormal”, la locura y la cordura. La narración hace que los espectadores se identifiquen con los personajes y reconozcan las situaciones como propias, generando esa incomodidad que ocasiona siempre la exposición de las miserias. 

Por otro lado, para Esperando la Carroza (Doria, 1985), cabe señalar que, según Descubrepelis (2013):

Alejandro Doria nos conduce por una película realmente hilarante, en la que unos diálogos excelentes y unas interpretaciones a la altura, nos hace pasar uno de los mejores ratos posibles delante de una pantalla. Adaptando el libreto de la obra al cine, Doria sigue aprovechando la esencia del escenario sin renunciar jamás a las herramientas diná- micas que ofrece la cámara, de este modo consigue una puesta en escena directa que no necesita de demasiada filigrana para atrapar al espectador y meterle de lleno en sus enredos. 

La Gaceta (2015) manifiesta que la película de Doria “es una clara muestra del grotesco rioplatense: la sucesión de malentendidos y enredos desencadena una serie de situaciones cómicas y disparatadas, con altas dosis de cinismo”.  Y por último pero no menos importante, Mai Agus (2008) enuncia que: 

Sin duda alguna Esperando la carroza es un claro ejemplo del humor costumbrista. Mediante la exageración de los estereotipos de cada uno de los personajes, los conflictos que se generan diariamente y la acumulación de hechos imposibles en la vida real (confundir el cuerpo de tu madre), logra generar el efecto de risa en los espectadores. 

En resumen, la narración de El Juego de la Silla (Ana Katz, 2002) trabaja sobre la cercanía entre la normalidad y la anormalidad, entre la locura y la cordura. Va y viene entre la identificación del espectador con los personajes y que ellos reconozcan esas situaciones como propias, sabiendo que cualquier persona pasó o pasa por una similar. Ana Katz logra una progresión de secuencias que van de lo cotidiano a lo patético e infantil como lo es el juego de la silla, representado al final del filme. “La película consigue captar los distintos matices de la vida familiar” (Silla Ecléctica, 2009), sus hábitos o costumbres un poco ridiculizadas por la manera de ser de cada protagonista impuesta por Katz, así como también expone las miserias de la familia. Por otro lado, la narración de Esperando la Carroza (Alejandro Doria, 1985) se basa en “una típica comedia costumbrista en la que abundan las confusiones y situaciones de discusión entre los parientes” (Cinenacional.com, 2016) de la familia Musicardi. Ambas películas, reflejan los disfuncional y grotesco en las actitudes y la forma de ser de cada personaje, lo cual se adopta como característica de las dos familias

Conclusión 

En resumen de la investigación, se puede destacar que en ambas películas, las familias resultaron ser más similares que diferentes, como lo señala el titulo. Es evidente que éstas reflejan, de buena manera y de acuerdo a cómo lo explican los autores mencionados, las características grotescas y disfuncionales de una familia. Por otro lado, con respecto a dichos términos, vale aclarar que la figura del padre está considerada como parte característica de ambos, es decir, es aquella grotesca y disfuncional que se representa tanto en la familia Lujine como en los Musicardi.


Dos mundos distintos, dos familias no tan diferentes (Segundo premio) fue publicado de la página 68 a página69 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº75

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