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Docente: Andrea De Felice

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº75

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº75

ISSN: 1668-5229

Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Introducción a la Investigación. Proyectos Ganadores Primer Cuatrimestre 2016 Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Comunicación Oral y Escrita. Proyectos Ganadores Primer

Año XIII, Vol. 75, Septiembre 2016, Buenos Aires, Argentina | 170 páginas

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Abstract del docente 

Uno de los objetivos fundamentales de la materias que los estudiantes mejoren la redacción y logren un estilo personal de escritura. En este aspecto, el trabajo práctico final propone elaborar un relato familiar, con una historia interesante para contar y que, desde el punto de vista de la investigación, genere motivación en el alumno para recuperar la memoria e indagar en el pasado. Se pretende que este relato sirva para “bucear” en las propias raíces y para conectarse con la familia acercándose a un determinado acontecimiento o algún personaje significativo. Es una manera también de indagar sobre determinados vínculos, de tematizar los afectos desde la mirada del investigador, de tomar conciencia de su historia como individuos, de la cadena de vínculos que transitaron ese andar antropológico tan particular, donde intervienen prácticas, formas de actuar y de comunicarse, experiencias, costumbres, valores, elecciones de vida, en fin, trayectorias muy ligadas a la identidad. Estos discursos, que suelen ser polifónicos, permiten revalorizar las voces de la vejez, darles participación, escuchar al otro, y capitalizar las experiencias de las generaciones pasadas que, de alguna manera, tienen incidencia en su ser de hoy, en la construcción de la subjetividad. Así es como este Trabajo Práctico Final propone (re) descubrir un relato familiar que, de este modo, pueda transformarse en viaje de descubrimiento individual. Es en la construcción de un relato familiar que se inicia una búsqueda, no solo para reconstruir la identidad personal, sino para indagar en el origen de uno mismo y hasta en la propia vocación.

Producción de los estudiantes

Cuatro ruedas hacia la Patagonia  Francisco Guidetti 

Juan Guidetti, mi bisabuelo, fue uno de los primeros de mi familia que llegó a pisar el suelo argentino desde Italia. Fue un gran hombre de familia y un gran trabajador. Fue uno de los primeros inmigrantes que transportó mercadería a la Patagonia. No es tan reconocido en el país, ya que para mucha gente no resulta interesante conocer quiénes fueron los pioneros en transportar mercaderías a la Patagonia, en el siglo XX. Tras una gran investigación familiar gestada por charlas con varios parientes descubrí la riqueza de sus recuerdos, además de fotos y cartas que me transportaron a esa época para reconocer a mi bisabuelo como un gran pionero del transporte en la historia argentina. Solo pensar en cómo eran los transportes en ese entonces y la escasa tecnología del siglo pasado, nos remite a los recorridos interminables, con largos días de viajes acompañados de un frío indescriptible. Por estos motivos y con gran orgullo, rescato el relato de un pionero de la historia de mi país.

La historia de un gran pescador  Sebastián Moreno 

La historia que voy a contar es sobre un gran pescador, alguien que amaba esa aventura, exploraba nuevos lugares y solía navegar varios días. Él era mi abuelo, Alberto Bosco, una persona que desde chico le encantaba pescar, pasar el día con sus padres y sobre todo, sentarse horas y horas en el muelle. Hace seis años nos dijo adiós, padecía de una enfermedad bastante complicada como el Alzheimer, lo cual, se veía bastante afectado porque no podía recordar prácticamente nada y desde afuera se sufría mucho más teniendo en cuenta su amor por la pesca, la navegación, etc. Los últimos días llevábamos fotos, recuerdos, que le puedan dar algún estímulo para recordar, pero cada vez se veía más afectado por la enfermedad. Nos despidió como un gran comandante. 

Una mujer incondicional  Luciana Siri 

Considero que todos contamos con personas especiales en nuestras vidas, aquellas que nos marcan, que consideramos especiales, únicas e irremplazables. En mi caso tiene nombre y apellido, pero yo prefiero llamarla abuela o como le decía de chica: vieja peluda. Habitualmente al hablar de abuelos solemos remontarnos a muchos años atrás, historias de inmigrantes, recetas de la nona o por qué no imaginarnos a la señora de lentes, bastón y pelo blanco. Este no es mi caso, Lidia, a quién yo llamo abuela usa Facebook, ama la fotografía, le encanta el champagne, me envía mensajes por Whatsapp y a quien jamás vi con el pelo blanco. A pesar de la distancia que nos separa hace años, siempre está presente en mí. Todas las cosas que le han tocado vivir, desde la muerte de un hijo adolescente hasta cuidar a la mujer de su ex marido en los últimos momentos le ha servido para darme el ejemplo que como nieta necesito, las enseñanzas y las charlas infinitas que me da acompañadas de sus insuperables mates.

La travesía de un inmigrante  Adrián Arcaro 

eremías nació en un pueblo del sur de Italia. A los 15 años sufrió la pérdida de su padre y su tío lo llevó a vivir a Estados Unidos. Allí consiguió trabajo y permaneció por cuatro años. De regreso a Italia, el estallido de la Primera Guerra Mundial lo llevó a participar en ella. Una noche fue tomado prisionero por soldados alemanes y lo llevaron a un campo de concentración. Permaneció durante un mes hasta que junto a tres amigos decidieron escaparse. Deambularon durante cuatro meses hasta que llegaron a Rusia. Solo tres de los cuatro amigos lo lograron. En Rusia permaneció durante un mes. Al volver a Italia, conoció a una joven llamada Lucía con quien se casó al poco tiempo. Lucía y Jeremías tuvieron cuatro hijos. Luego de la guerra decidieron emigrar a Argentina. Es así como mi abuelo llegó a este país junto con mi papá. Luego de varios años de vivir aquí, el gobierno italiano le envió a mi abuelo una medalla que hoy está en poder de su nieta Lorena.

Nuestro tío Negro  Eliana Belén Mautone 

Esta es la historia del Tío Negro, un amado y agradecido hijo, un maravilloso y afectuoso hermano, un bondadoso y diferente ser humano. Su relato sobresale del resto y transcurre a principios del siglo pasado, alrededor del año 1900. La historia trata de su vida, basada en la protección y el amor que sentía hacia su familia y a su perro. Dedicó sus últimos meses únicamente a cuidar de su madre, quien padecía de tuberculosis. Así fue como realizó distintas acciones para evitar que alguno de sus diez hermanos contraiga esta contagiosa enfermedad, sin cura para aquel entonces. Sus asombrosos actos resultan memorables y dignos de conocer. Han pasado de generación en generación, empezando por su hermano, quien fue mi tatarabuelo, siguiendo por sus hijos, nietos y bisnietos hasta llegar a mí. Esta es la manera que encontré de honrarlo, contar su historia y que siga prevaleciendo, no sólo en mi familia como lo hizo todos estos años, si no también con mi mundo exterior.

El Conde  Adrián Simeone 

Mi historia es sobre un hermano de mi abuela, Ismael Aravena, a quien le decían El Conde. Una persona que transitó por mi infancia y al que al día de hoy no se bien si fue real o fantasía. Una suerte conocerlo porque llenaba mis tardes de siesta con sus historias de mundo y su humo de cigarrillo. Un personaje marginal de la familia al que todo el mundo lo trataba diferente como si tuviera una condición especial, algo que nadie quería explorar, un universo inabarcable para las mentes de la época. Para mí era fascinante y divertido. Era un universo de fantasía e historias de otra época que le daban un aura especial, una conexión con la irrealidad. Un equilibrista en la fina línea de lo real y lo irreal, la salud y la enfermedad, lo bueno y lo malo, lo racional y lo espiritual, la vida y la locura. Un personaje que marcó mi vida y que me dejó muchas enseñanzas que incluso al día de hoy sigo descubriendo. Me dejó cajas que fui abriendo a medida que avancé en mi vida o mejor dicho, siempre estuvieron abiertas solo que no vi el contenido. 

Lo que Julieta no se esperaba  Nicolás Staffa 

En el 2000, con sólo 16 años, mi hermana Julieta se adentraba a la que sería su primer gran aventura en un continente desconocido para ella. Junto con María Ángeles, mi otra hermana, quien entonces tenía 14 años; la divertida Marta, su profesora de inglés, y un grupo conformado por 20 jóvenes más, de entre 14 y 30 años, recorrieron los extensos terrenos de Europa. Visitaron Londres, donde asistieron a clases de inglés en la escuela para extranjeros Eurocenters. Durante los dos meses que duró su viaje vivieron experiencias inolvidables. Desde las locuras de Marta, quién siempre estaba entreteniendo al grupo no importara la ocasión, los accidentes ocurridos en la casa donde Julieta y María Ángeles residían, hasta estar perdidas en colosales castillos, a quedarse solas un mes conociendo España. Esta aventura les enseñó valores que nunca olvidarán y atesorarán para siempre. Por primera vez, Julieta, tuvo el coraje de dar sus propios pasos como una mujer adulta. 

Capricho del destino  Lucía Victoria Trachter 

Corría noviembre de 1993. Por la zona de Tribunales, una joven de 20 maños fue a recargar de tinta los cartuchos de las impresoras de su trabajo. Cada vez que salía de la oficina aprovechaba esos ratitos para distraerse. Estudiaba Letras y estaba en plena época artística, leía, iba a museos y teatros. Por casualidad o capricho del destino se detuvo a ver unos posters en un kiosco, cuando un hombre guapo y sin edad se le acercó y le dijo: Si te gusta te lo regalo. Paso siguiente le contó la historia del pintor y del famoso cuadro en cuestión. Se citaron unos días después y ella llegó varias horas tarde… dos o tres, o cuatro; cualquier persona normal se hubiera ido. Pero así era ella. Y por alguna razón más extraña aún, ahí estaba él, esperándola, debajo del gomero de la confitería La Biela, en Recoleta. Desde ese día no se separaron más. Y creo que la misteriosa razón de aquel encuentro tenía mi nombre. Porque aquellos seres tan diferentes que se encontraron eran mis padres, Alejandra y Sergio.  (Ver trabajo completo en p. 109)

Emma Ferro, eterna abuela  Gabriel Teper 

Emma Ferro era la menor de 16 hermanos. Siempre nos contaba la historia de cómo sus padres habían venido en un barco desde Italia que los dejó en Chaco, provincia en donde nació. Ella, sin educación siquiera primaria, a los quince años decidió irse a vivir a Buenos Aires con su hermana mayor. Su idea era conseguir trabajo, pero no pudo más que ser la sirvienta de su hermana hasta que logró independizarse y conseguir empleo en una fábrica de medias, en la localidad de Hurlingham. A sus 22 años se enamoró de un militar con el que no concretó nada. Finalmente Juan Carlos fue su pareja con quien tuvo dos hijas: Graciela y Cristina. Una constante en su vida fue la falta de afecto, separada de Juan Carlos se fue a vivir con sus dos hijas a San Pedro. Con todas sus limitaciones posibles y sin trabajo se encargó de que nunca les faltara nada. Algo que frecuentemente les repetía a sus hijas era que nunca las iba a dejar e iba a llevarlas consigo vaya donde vaya.

Las cosas no valen por el tiempo que duran, sino por las huellas que dejan  Juan Martín Del Boca 

Tenemos una pasión, teníamos un sueño. Sabíamos que iba a ser difícil pero no perdíamos las esperanzas. Los demás nos decían que no iba a llegar nunca y se reían. Cuando empezábamos a dejar creer que se nos podía dar, por una apuesta que parecía tan lejana e inverosímil, comenzaba má- gicamente el camino que nos llevaría a vivir esta historia. Se trata de un relato lleno de emociones, vivencias y recuerdos que vamos a guardar por el resto de nuestras vidas y disfrutar con nuestros seres queridos. Aquel destino insospechado y lejano –al que jamás imaginábamos pisar– fue Marrakesh, la ciudad turística por excelencia de Marruecos. Su cultura, su gente increíble, la impronta del lugar, un conjunto de sensaciones y experiencias únicas al alcance de la mano. Así fue nuestro viaje, el que compartí con mi papá, Alejandro Elio Del Boca. Nos unió una vez más el fútbol, una pasión inmensa e inexplicable por el deporte.

Mi padre y los caballos  Máximo Greco 

Desde una niñez millonaria sin contacto con su padre, a una juventud pobre con una familia a cuestas. La decisión de alejarse en busca de su esencia lo llevó a Gustavo Greco a trabajar de peón de estancia, en un campo que alguna vez perteneció a su padre. Rodeado de paisanos, pasó años aprendiendo de ellos. El cuchillo, el mate y el fuego son parte de la vida del gaucho, pero lo importante es su caballo. Fiel a esta filosofía, generó un vínculo irrompible con estos animales. No hay ni un solo día que no monte un caballo y, según dice, no hay mejor momento como el de sentarse en su lomo. El esfuerzo, el amor y la perseverancia lo llevaron a criar una familia, o dos. Una de humanos, a la que yo pertenezco, y otra de caballos, que solo él entiende y lleva adelante con tanto esfuerzo como la nuestra.  Hoy, mi padre y sus caballos ganan premios y recorren el país compitiendo. La vocación y el entendimiento que tiene con ellos demuestran que no son solo animales, sino amigos, inseparables.

La querencia, un lugar de encuentro  María Emilia Ortiz Ferrari 

Víctor y Cristina, mis abuelos maternos, compraron un terreno en el pueblo General Las Heras, provincia de Buenos Aires, en 1980. Entre todos, lo adoptamos con el nombre La querencia, un lugar que mis abuelos eligieron para pasar momentos juntos en familia. A ellos les generó muchísimo esfuerzo comprarlo y más todavía ir construyendo hasta poder llegar a tener la quinta como deseaban, ya que era solo un terreno descampado. Tuvieron que comenzar de cero y con lo más necesario. Iban todos los fines de semana a seguir la obra, sin tener un lugar donde dormir todavía, por eso, lo primero que hicieron fue un cuarto con un baño, para tener donde estar cómodos, ya que los domingos tenían que volver a Capital para ir a trabajar. Elegí este tema, ya que es un lugar que quiero mucho, donde compartí gran parte de mi niñez y en homenaje a mis abuelos por todo lo que lograron y todo el esfuerzo que significó para ellos. Sigue siendo nuestro lugar de encuentro en familia. 

La perseverancia de Masud  Pía Mulki 

Dicen que lo conocí pero no lo recuerdo, es el papá de mi abuela Marta, el abuelo de mi mamá, Masud. Llegó del Líbano en barco, con su hermano Nadir. Habían quedado huérfanos y su familiar más cercano, que era un tío millonario, vivía en la Argentina, más precisamente en Tucumán y fue quien los recibió. Ellos no conocían a Adib. Para su infortunio, el tío Adib no era lo que ellos esperaban, era viejo y no le gustaban los niños. Les ofreció solamente una casa y ropa vieja pero les dijo que si querían vivir en su casa iban a tener que trabajar. Siempre escuche hablar de Masud y de los momentos difícles que pasó, no sabía el idioma, era un niño de unos ocho años y con su hermano no tuvieron otra opción que salir a la calle a ver cómo podían sobrevivir. Es una historia apasionante que vale la pena conocer, una persona admirable, un niño fuerte y decidido, que en lugar de ir a la escuela y jugar tuvo que crecer de repente por él y su hermano.

Fe en el caos  Manuel Bustos Fernández 

Santiago Bustos es mi hermano menor, el menor entre cuatro hermanos varones. Como si eso fuera poco, yo le llevo cinco años de ventaja.  Santiago toda su vida quiso ser más grande de lo que era, siempre quiso jugar al fútbol con sus hermanos o decirles a sus amigos cómo hacer las cosas, enseñarles a los curas de nuestro colegio cómo dar una convivencia y hasta explicarle al profesor de guitarra cómo tocar los instrumentos. Siempre tuvo la respuesta para todo, aunque no haya pregunta alguna. Con los años, buscó alguien que escuchara sus enseñanzas y a través del colegio empezó a trabajar con chicos carenciados de Buenos Aires, del norte de nuestro país y a coordinar retiros. Se dio cuenta que por medio de la religión podía no sólo predicar la palabra de Cristo, sino su propia palabra; promover acciones conforme a los valores de la vida y de cómo disfrutar de las pequeñas cosas.

Premoniciones  Josefina Vaca 

María José, es la mayor de ocho hermanos. Ella es mi tía, una persona a la cual se le dio el don de las premoniciones. Su madre falleció cuando ella aún era un bebé, su padre rehizo su vida con otra mujer, quien tuvo siete hijos. El mayor de ellos es mi padre. María José, sintió siempre una sensibilidad que la diferenció del resto. Esto se agudizó a sus 27 años, tuvo la visión de la muerte del padre de su hijo. No solo perdió a su esposo, sino que en esa época, para adoptar un niño era necesario convivir en matrimonio. Sus sueños de ser madre se enterraron junto al cajón de su esposo. Pero a su vez, floreció una facultad que es difícil de explicar y frente a la lógica de las personas, de creer. Hoy escucho su historia de vida y puedo admirarla, tratar de entenderla y más que nada sentir orgullo de saber que ayuda a otras personas con problemas que parecen no tener solución con la terapia alternativa de constelaciones familiares, una perspectiva de las cosas totalmente innovadora.


Docente: Andrea De Felice fue publicado de la página 79 a página82 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº75

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