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Mi mamá, mi héroe (Segundo premio)

Villa, Jessica Noemí

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº75

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº75

ISSN: 1668-5229

Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Introducción a la Investigación. Proyectos Ganadores Primer Cuatrimestre 2016 Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Comunicación Oral y Escrita. Proyectos Ganadores Primer

Año XIII, Vol. 75, Septiembre 2016, Buenos Aires, Argentina | 170 páginas

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Introducción 

Cuando me pidieron escribir una historia de mi familia, lo primero que se me vino a la mente, fue mi mamá, dado a las innumerables historias que tiene para contar, desde que era una niña hasta el día de hoy. 

Muchas de ellas las sé hasta en sus más pequeños detalles, como aquella de que era una niña e iba con sus hermanos a cosechar algodón en campos cercanos al suyo para poder tener su dinero diario. O cuando sus hermanos tenían que peinarla, que era todo un tema porque no sabían cómo hacerlo ya que era la única mujer en la familia y esto era problema de todos los días. O aquella vez que debían cortarle el pelo y uno de sus hermanos perdió la tijera y terminaron cortándoselo con un cuchillo, sí, ¡con un cuchillo!, y así como éstas hay muchas. En cada una de ellas siempre estuvieron presentes sus hermanos, su familia, son historias interesantes, fuertes, tristes y muchas de ellas que aunque parezcan descabelladas son reales. 

Pero de todas sus historias me enfoqué en una en particular y es la que quiero contarles en especial, porque yo estuve del otro lado presenciando cada paso que dio. 

La historia que voy a contar querido lector, trata sobre mi madre, Miriam Santillán, es un Bombero Voluntario de un pueblo llamado Santa Sylvina en la provincia del Chaco. Tiene 58 años de edad, de contextura pequeña, pero con unas fuerzas y de corazón enorme, hace siete años realiza este trabajo por vocación. 

Mi mamá está preparada siempre, pendiente de su teléfono celular, que cuando éste suena dice: seguro son los Bomberos y sí, tiene razón, la mayoría de las veces ese bendito celular deja un mensaje con una sola palabra, accidente o incendio, se alista en un minuto y sale rápido al cuartel, dejando a su familia a la espera de su regreso pidiendo a Dios que la proteja. A medida que pasan los años ese miedo que sentimos se transforma en seguridad. Escuchamos a lo lejos las sirenas y sabemos que en el camión va mi mamá. En plena acción se hacen presentes diferentes actores como el agua, fuego, llantos y ella, preparada para batallar, enfrentándose a las llamas para recuperar un pedacito de aquello que se está perdiendo, arriesgando su vida para salvar otras, deja alma y cuerpo en cada acto a realizar sin pensar lo que pueda llegar a pasar. Llega a casa tarde, cansada, sabiendo que fue a dar lo mejor para estar hoy día sentada en la mesa junto a sus seres queridos. Es mí deber informarles, que es una historia fuerte. Dicho todo esto, empezaré con una de las historias que mi madre vivió junto a los Bomberos Voluntarios.

Desarrollo 

Si mal no recuerdo, era la madrugada de un viernes, pero no de un viernes cualquiera, sino de uno que quedaría registrado en mi memoria y que comenzó con el estridente sonido del tono de un mensaje de mi teléfono celular, bullicio estrepitoso e irritante que sin previo aviso ni permiso, ofició de despertador. 

La excitación fue tal que involuntariamente tomé el teléfono por su cuerpo y observé que en su pantalla de display rezaba una sola palabra que me hizo estremecer: Accidente. 

Habiendo tomado conciencia de lo que ello suponía, me incorporé rápidamente tomando las prendas de vestir que tenía a mi alcance y comencé a vestirme. 

Seguidamente, me aproximé de forma discreta a la habitación de mis hijas, que por esas horas se encontraban descansando, y por un instante las contemplé con interés y detenimiento, pensando cuando volvería a verlas; si llegaría a darle el beso de los buenos días, y si desayunaríamos juntas como era habitual en casa. 

Despierto a Vanesa y le cuento que debía presentarme en el cuartel de inmediato a raíz de una alerta recibida a través de un mensaje de texto en mi teléfono celular. Vanesa asienta con su cabeza, escucho que me dice: está bien y continuó durmiendo. Me dirigí entonces a la puerta trasera de casa, y en busca de mi bicicleta playera color roja que descansaba sobre la pared. Junto a ella se hallaban Samy y Nena, mis dos perros quienes meneaban sus colas ignorando que estaban tratando de comunicarme. 

Tomé por su empuñadura a mi fiel compañera roja; su cuadro frío, muy frío, no hacía más que recordarme lo lejos que me encontraba de las estaciones cálidas. 

Atravesando un zanjón de tierra, di con la calle, también de tierra, y comencé a pedalear lo más rápido posible para llegar cuanto antes al cuartel. La calle era toda mía, despojada de todo ser y sumida en un aire gélido que entumecía mis manos, siendo por única compañía el lazo continúo de farolas que irradiaban una débil luz amarillenta. 

A lo lejos diviso un punto blanco que con el correr de los minutos se va agigantando hasta transformarse en la luz del cuartel de Bomberos Voluntarios, mi cuartel. Sin darme cuenta, escucho el ruido del motor de una motocicleta que pasa a una velocidad muy superior a la mía. A pesar de ello, distingo a Nano, mi compañero del cuartel. 

Minutos más tarde llego, estaciono mi bicicleta, y corriendo saludo a cuanto compañero se atraviesa por mi camino. Mientras me colocaba las botas, miro disimuladamente y descubro que también habían convocado a Romina, mi compañera de equipo. Nos miramos y nos sonreímos. 

Voy tras mi casillero y de su interior tomo mi indumentaria. Sin llegar a ponerme todo, escucho que encienden la autobomba y a continuación su sirena. Mi jefe nos dice del camión, casi gritando: dale apuren que no tenemos tiempo, Miriam terminá de cambiarte en el camión.

La sirena irrumpió el frío silencio de esa madrugada y su potencia alertó a los pobladores de que algo estaba sucediendo. Me incorporo a la unidad en marcha y nos dirigimos por camino de tierra hasta empalmar la ruta en dirección a la localidad de Chorotis. 

Frotándose los guantes comenta Romina: ¡Que frío hace Miriam!, tan lindo que estaba para seguir durmiendo. Nos reí- mos al unísono, risotada que dura algunos minutos luego de lo cual arribamos al lugar del hecho. 

Prontamente descendimos del camión, nos encontramos con una ambulancia que ya había levantado al accidentado, no sabía en ese momento si estaba vivo o muerto. Veo que el jefe se acerca a hablar con el doctor a un costado de la ruta y llama a Nano. Lo que mis ojos veían no era bueno, sangre, mucha sangre. Escucho la voz de mi compañero, que me dice que encienda el autobomba, allí no quedaba más nada que hacer, simplemente limpiar la ruta, el cuerpo que yacía en esa ambulancia estaba sin vida. 

Mis ojos no daban crédito a la escena de horror que teníamos por accidente, el pavimento tenía varios charcos de espesa sangre que comenzaba a escurrir hacia el costado de la ruta, El agua salía con tanta fuerza y precisión que los restos diseminados en ese sector de la ruta se eliminaron fácilmente. A pesar de ello, no dejaba de pensar en ese joven, que quizás habrá sido padre, hermano, hijo, amigo; como tomarían su muerte todos sus familiares. 

Veo en Romina y en Nano una actitud activa y una mirada fría, estábamos shockeados. En ese momento en mi alma solo cabía tristeza, sin embargo no podía expresar signos de debilidad, porque como los superhéroes, tenía mi propio traje, el de bombero, y lo único que me quedaba era combatir esa tristeza. 

Terminada la limpieza de la ruta, detuvimos el paso del agua que salía a través de la pesada manguera y la calma volvió a emerger, el silencio de la madrugada volvió a ser el principal protagonista de la obra, a los lejos se divisaban las luces y el sonido de algunos vehículos que pasaban por rutas cercanas. La dotación completa subió al camión, seguíamos sin dar cré- dito a lo sucedido, estábamos desconcertados por como se había dado el hecho. Mi garganta seguía seca y mis labios fríos, me quite los guantes y comencé a sentir mis manos, entrelacé mis dedos, ¡volví a ser yo! 

Minutos más tarde llegamos al cuartel, me saque el traje, despedí al jefe, a Romina y a Nano, tomé mi bicicleta, que aún tenía sus partes frías, y pedalee sin pensar en nada hasta que me di cuenta que había llegado a casa. 

Entré de la misma forma que salí, sin hacer ruido, mi hija Vanesa estaba despierta, me había preparado el baño para que me duchara. Un baño con agua bien caliente no me venía nada mal. 

Tomé una silla, me senté y no podía decir una palabra, hasta que de pronto escucho la voz de Vanesa que me decía: 

¡Mami, Mami!, ¿Qué pasó, por qué esa cara? Fijé la vista en ella mientras tomaba mi cabeza con mis manos, y le dije: ¡No te imaginás lo que tuve que ver, lo que sucedió fue una experiencia que no voy a poder olvidar! partes de la cabeza de ese joven, toda esa sangre vertida en aquella ruta y…no pude seguir el relato. 

l ver la cara de mi hija desistí de continuar el relato, vi en su cara la misma expresión de horror que habían sufrido mis compañeros y yo. Me incorporé, Vanesa ayudó a quitarme la ropa y me acompañó a meterme en la bañadera dejándome sola. Abrí la ducha y el agua comenzó a recorrer mi cuerpo dándome la sensación de alivio que por ese entonces necesitaba. Cerré los ojos y dejé que el agua corriera. Suspiré profundamente. Estaba en casa, volví a ser madre, volví a ser Miriam. Un bombero es un súper héroe, pero no siempre logramos rescatar a todos con vida, a veces simplemente tenemos que confrontarnos a monstruos que arrojan fuego y otras, a lo que deja la fría muerte al pasar.

Conclusión 

Esta historia la llevé a cabo con un único objetivo, resaltar la valentía de mi mamá.  Se me llenan los ojos de lágrimas cuando hablo de ella y realmente quería compartir con ustedes una de sus tantas historias junto a su segunda familia, los Bomberos Voluntarios de Santa Sylvina Chaco.  A modo de conclusión quiero decir que escribir esta historia fue el trabajo más lindo que me tocó hacer, no sólo para que sepan quién es Miriam y qué hace, sino también para saber más acerca de la historia de mi mamá, en el cual no tuve ningún problema en hacer la recolección de datos, ya que mi madre estuvo dispuesta desde el principio en aportar todo lo que recordaba de su vida hasta la fecha.  Cabe destacar la labor que cumplen los Bomberos Voluntarios, estas personas son muy importantes para toda la comunidad, ya que entregan un servicio generalizado para todas aquellas personas que lo necesiten y así de esta forma, solucionar casos de extremada emergencia. Me llevé una gran sorpresa al escuchar a mi mamá decir, que el cuartel está quedando muy lindo, que hoy día tienen más equipamientos y que se acercaron nuevas personas para estar al servicio de la comunidad como Bomberos Voluntarios. A pesar de que muchos consideran que ser Bomberos es una pérdida de tiempo, les quiero decir que para ellos es un trabajo más, lo hacen por vocación.  Muchas de estas personas, nunca se habrán preguntado lo que un Bombero debe sentir al salvar una vida, o al ver cómo los niños los miran como súper héroes, o la satisfacción que sienten cuando sus hijos los abrazan después de batallar un arduo día y sus nietos la llamen ¡abuela bombero!  Como dice mi mamá: Para mí, ser Bombero es un trabajo placentero. A ella nadie la obliga, lo hace porque le gusta y siente el deseo de ayudar. Me quedo con la satisfacción de saber, que deje sentado de quien es mi madre y lo orgullosa que me siento tener una mamá Bombero.


Mi mamá, mi héroe (Segundo premio) fue publicado de la página 107 a página108 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº75

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