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Detrás una guerra, adelante una incertidumbre con esperanza (Primer premio)

Borsalino, Matías Nicolás

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº75

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº75

ISSN: 1668-5229

Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Introducción a la Investigación. Proyectos Ganadores Primer Cuatrimestre 2016 Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Comunicación Oral y Escrita. Proyectos Ganadores Primer

Año XIII, Vol. 75, Septiembre 2016, Buenos Aires, Argentina | 170 páginas

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Introducción 

La historia que se relatará a continuación involucra a parte de la familia Caneto y está relacionada con el éxodo de inmigrantes italianos que vinieron a Argentina.  En este caso específico se trata de Pedro Caneto que en 1913 aprovechó la oportunidad para escapar del inminente comienzo de la 1ª Guerra Mundial.  La razón, aparte de aprovechar que es la única abuela con vida que queda y por ende la integrante más longeva de la familia, radica en que siempre despertó interés las pocas veces que ella habló de su padre.  Suele, siempre, mostrar una pequeña medalla con el retrato de su padre en una cara y en la otra la de su madre, como único recuerdo material.  Creo que este trabajo será una buena oportunidad para demostrar el interés que tengo hacia los ancestros y hacia parte de su vida pasada.

Desarrollo 

Para comenzar a narrar esta historia se deberá contextualizar en tiempo y espacio.  Entre los años 1911 y 1912 se desata la llamada guerra ítaloturca, desde el Reino de Italia también se conocerá como guerra de Libia y en tierras otomanas se llamará guerra de Tripolitania.  Italia, en franca expansión sobre geografía africana, con antecedentes de otro conflicto bélico con Etiopía (guerra ítaloetíope o guerra de Abisinia como se conocía antiguamente a Etiopía), emprende ataques sobre regiones bajo poder de los turcos en Libia.  Esta guerra marcó el preámbulo de lo que fue la Primera Guerra Mundial entre 1914 y 1918. Dicha contienda le costó económicamente a Italia mucho más de lo esperado, con la consecuente pérdida de reservas que inevitablemente se tradujo en pobreza para el pueblo.  El personaje principal que aparece en escena es Pedro Caneto (Pietro) nacido en una comuna italiana de la provincia de Savona, región de Liguria en la Ciudad de Génova, de aproximadamente 500 habitantes llamada Rialto, al norte de Italia. En el año 1913, habiendo participado de la citada guerra chica siendo tan sólo un jovencito, Pedro recibe la advertencia de sus superiores del advenimiento de una posible gran guerra (Primera Guerra Mundial) y el consiguiente consejo de irse del país. Rápidamente, decide casarse en su tierra con quien era hasta ese entonces su novia Josefa Vose (Giuseppina). Luego, emprenden su viaje en barco hacia tierras de América.  Cuatro fueron los primos que se vinieron junto a Pedro, también escapando de una guerra que será devastadora. Grupos de familiares enteros, con padres, madres, hermanos e hijos de otros inmigrantes italianos que formarán en Argentina pequeños guetos.  Otros quedaron en el camino, como un sobrino de Josefa, perseguido y asesinado por el naciente fascismo. Otros, cuando el barco llegaba a diferentes puertos eligieron Uruguay.  Retrocediendo un poco en el tiempo, Pedro Caneto reclutado forzosamente en el Ejército, participa de los enfrentamientos en el continente africano. Como muchos de los reclutas, eran jóvenes sin ninguna experiencia en armas y combate, pero el destino de la Providencia quiso que saliera ileso de las batallas. La sensación luego de esto, sumándole la derrota de Italia con la consecuente debacle económica y política resultante, hizo que a la hora de decidir la huida pese la amarga experiencia de haber vivido una guerra.  Ya en Argentina, todos los hombres de la familia se dedican a ser changadores en el mercado del Abasto, en la Ciudad de Buenos Aires. Las mujeres, como Josefa, se encargarán de los quehaceres domésticos de los compatriotas.  Por esos años los inmigrantes españoles que venían a Argentina mayormente se aventuraban a los almacenes y los italianos a las frutas y verduras. La vida diaria será dura y de trabajo constante, casi sin distracciones de otro tipo.  También, los hombres españoles optaban por trabajos relacionados al ferrocarril, mientras que los varones italianos preferían la albañilería. Recopilando datos se deduce que los italianos encaraban los trabajos de mayor esfuerzo.  A partir de ahora la cuestión era sobrevivir, agradecer poder seguir viviendo y no mucho más que eso. Era una segunda oportunidad que se les brindaba y había que aprovecharla.  Sin sobresaltos, lo peor había pasado, la familia Caneto se irá conformando como cualquier otra familia inmigrante italiana. Nacerán tres hijos de la pareja: Herminda, Horacio y la menor Irma.  Transcurrido un tiempo, Pedro logra ubicarse con un puesto propio en el mercado; en esos años esos pequeños avances eran toda una hazaña. Esa hazaña servirá para pasar de alquilar una humilde casa muy cerca del Abasto, a adquirir su propia casa en ese mismo barrio.  Esa casa, que para poder costear el préstamo para pagarla, se rentaba cierto espacio a otras familias inmigrantes. Los años pasarán y las vidas de estas personas serán encomendadas al trabajo para poder seguir adelante.  Pedro, arrastrando de su país un estado de salud bastante precario, contrae cáncer de estómago. Sus últimos años serán sufridos, ya que en esa época no existían los antibióticos y pocos eran los calmantes que podían mitigar el dolor.  Media vida habrá vivido en su Génova natal y media vida vivirá en América. Morirá joven a los 40 años de edad. Su hija menor, Irma, tendrá 11 años cuando esto suceda. Una historia de vida corta que se extingue para dejar paso a otras historias del mismo linaje familiar.  Ahora, dentro de la humildad que regía en la familia, habrá que recurrir al esfuerzo de los hijos para poder llevar la comida a la mesa y demás necesidades. Josefa, muy capaz con las cuestiones de la costura, impulsará a sus dos hijas a que empiecen con el oficio.  Las imágenes que quedaron en la retina de los que conocieron a Josefa la recuerdan en la puerta de su casa, tejiendo y hablando al mismo tiempo con los vecinos, sin necesidad de mirar lo que estaba haciendo.  Confeccionarán prendas que luego llevarán y venderán a pie a distintas personas. Todo este sacrificio no será en vano, ya que con el tiempo la madre podrá enviar a sus hijas a una escuela de modistas. Más adelante, esas dos hermanas trabajarán para reconocidas tiendas proveyéndoles todo tipo de prendas. Al realizar cierta comparación con los comentarios recabados entre la familia en cuestión, los Caneto, con la familia Borsalino (proveniente del marido de una de la hijas de Pedro, Irma); resulta que la voluntad y la suerte pudo más en un caso que en el otro.  La familia Borsalino, no provenía de Italia ya que eran argentinos, no pudieron avanzar económicamente tanto como se podría esperar. En este caso, como pasa hoy día, por aquella época esa familia se preocupaba más por cultivarse intelectualmente, aprehender modales de convivencia y demás cuestiones.  Se puede decir entonces que en distintas épocas las personas, consecuencia de sus familias, dentro de lo posible optan o se orientan por obtener refugio material y económico para subsistir; otras prefieren el placer interno de ilustrar sus almas. Una particularidad de Josefa era que dominaba muy bien el español al poco tiempo de venirse, en cambio a sus amigas les costó tiempo adecuarse al nuevo idioma, mezclando por momentos el italiano con el castellano. En los primeros años entre Pedro y su mujer hablaban en su lengua natal, pero a sus hijos se les inculcó que hablaran sólo el castellano desde muy chicos.  La familia Caneto en su tierra de origen poseía vacas para proveerse de su propio alimento, algo común por esas latitudes. También cuidaban de sus plantas que le daban sus frutos. Tal es así, que esa costumbre se trasladó a Argentina y en el fondo de su casa instalaron su propia huerta, con gallinas, patos y demás formas de vida.  Entre los recuerdos de color sobre las conversaciones obtenidas en Buenos Aires, se contaba que a la hora de sentarse a la mesa y cuando algunos de los niños no querían la comida, la palabra característica de la Nona Josefa era muyité, que en su dialecto natal significaba muchas vueltas, mucha historia. Más adelante, esos mismos niños ya adultos, entenderán el verdadero significado de esa frase y todas las historias de esfuerzo y trabajo que traía consigo.  Esos adultos como Irene, hija de Herminda y nieta de Pedro y Josefa, que quisieron cerrar sus historias trasladándose a conocer esas tierras italianas sabiendo que se encontraban longevos parientes de la familia, pero sin datos fehacientes. Esas tierras como Génova donde la agricultura reinaba, donde el oficio de agricultor le sirvió a Pedro para completar los datos de su pasaporte como inmigrante; di condizione: agricultore (de condición: agricultor) reza el documento. 

En el año 2006 esta mujer se dispone a realizar el viaje e increíblemente logra conocer gran parte de esos parientes. La inmensa sorpresa y alegría de estas personas arraigadas a su tierra y que nunca habían tenido noticias de los que se tuvieron que ir, fue desbordante. 

Desde ya, las peripecias y demás cuestiones que tuvieron que atravesar estos argentinos para contactar a su lejana familia fueron varias. Muchas fueron las fotografías que viajaron de Argentina a Italia, de Buenos Aires a Génova y de un barrio porteño a un pueblo llamado Rialto. 

Al comienzo, buscaron golpeando puertas y recorriendo intrincados lugares; pero no recibían respuestas, sólo desconfianza de habitantes que pensaban que eran mentirosos extranjeros. 

 Al poco tiempo, al ver las fotografías que traían estos desconocidos, emocionados se gritaban llamándose unos a otros de casa en casa, nombrando el nombre propio del pariente buscado seguido del lugar de donde vivía. 

Así es que llegan a conocer a los primeros familiares, como una prima hermana de Josefa de 95 años llamada Rina Vose. Luego, aparecerán familiares de Pedro Caneto, como una sobrina directa llamada Giuseppina, que en esa época tenía 100 años. 

También aparecerán varios primos, de edades similares a Irene, que con el paso del tiempo y las repetidas visitas se seguirán comunicando por diversos medios y enviándose fotos sin perderse rastro. 

Ese pueblo en las montañas, les devuelve a sus familiares separados por una guerra, por tantas guerras; tantas familias desmembradas, que hoy sólo con recuerdos se reconocerían y sólo por el amor y la misma sangre.  Hasta hubo trofeos traídos a Argentina, como el árbol genealógico de la familia Caneto, diagramado por el mismo párroco de la Iglesia de San Pedro de Rialto, Gian Luigi Caneto; párroco que increíblemente es integrante de ese árbol genealógico. Las expectativas que tenía esta pariente argentina, nieta de Pedro, fueron superadas. Al volver en otra de sus visitas, se alojan en una hermosa casa que le concede la familia Caneto; Irene habitaba la casa de su familia, su casa.  Como casa vecina, se encontraba el mismísimo hogar de nacimiento de su abuelo, Pietro Caneto, habitada en ese entonces por otras personas. Una construcción del año 1700, que al poder entrar para conocerla estremece hasta al propio narrador.  Y así, se pudo cerrar esta historia familiar para que algunos personajes puedan saber de dónde vinieron, por qué están donde están. Subirán a la superficie necesarios secretos que ayudarán a entender cosas que no se sabían.  El árbol genealógico seguirá esperando ser llenado, las casillas vacías se completarán con las manos maduras de los niños y niñas de hoy; porque nadie puede escaparse de su origen; porque para poder caminar el sendero hacia un futuro, deberás haber conocido tu pasado.

Conclusiones personales 

La cuestión migratoria que es el hilo conductor de este relato es un tema fundamental en la historia universal de las naciones. En un plano general trata de ciudadanos que por una u otra razón escapan de situaciones sociopolíticas y conflictos bélicos en sus países o países vecinos.  En un plano más particular desembocará en familias separadas, parientes que tal vez nunca se conocerán e historias de vida que tendrán que recomenzar. Estas personas, estas familias enteras poblarán regiones extranjeras y sembrarán allí su propia semilla de vida que ayudará a la prosperidad de esos territorios. 

Algunas soberanías han acogido estas inmigraciones, otras han cercenado su recibimiento. Desde hace unos pocos años, muchos son los conflictos de este tipo a causa de la crisis migratoria en Europa; parecen haber desbordado las naciones con ciudadanos desahuciados huyendo de sus tierras en busca de un atisbo de esperanza de vida. 

Los continentes parecen no tener la capacidad física ni la voluntad para alojar a estos pueblos; todo esto bajo una ya avanzada crisis económica global. La historia se repite (dijo alguien) pero de una manera mucho más cruenta y fatal.  Al realizar este trabajo y reflexionar, inevitablemente surge la analogía entre un personaje cercano tomado para confeccionar una pequeña historia (mi bisabuelo), y pensar en cualquier joven que haya logrado llegar a algún país que lo reciba de algún modo.  Pensar en esa persona que logrará establecerse a duras penas; que por un tiempo, al menos, no podrá mirar atrás y deberá empezar desde un principio. Igual que lo hizo mi bisabuelo, igual que lo han hecho millones de bisabuelos de mi generación. Esos seres quedarán marcados por cuestiones que tal vez nunca entenderán, cuestiones ajenas a sus particularidades. Pero que forjarán en ellos una forma de vida en adelante y muchos de ellos saldrán victoriosos, al menos en su legado de vida; ya que sus posibles descendientes tendrán un pasado y un futuro por conocer.


Detrás una guerra, adelante una incertidumbre con esperanza (Primer premio) fue publicado de la página 112 a página114 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº75

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