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Amor Jazz (Primer premio)

Dannemann, Luna

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº75

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº75

ISSN: 1668-5229

Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Introducción a la Investigación. Proyectos Ganadores Primer Cuatrimestre 2016 Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Comunicación Oral y Escrita. Proyectos Ganadores Primer

Año XIII, Vol. 75, Septiembre 2016, Buenos Aires, Argentina | 170 páginas

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Introducción 

Esta historia narra la frustrada historia de amor de Alfredo Dannemann, un hombre mayor, divorciado, de 79 años y padre de cuatro hijos, quien se enamoró de Gunhild Carling, una reconocida artista sueca de jazz de tan solo 41 años.  Hace 40 años aproximadamente, Alfredo, en un viaje por trabajo en Suecia, escuchó en su hotel, mientras comía, una banda de jazz. Al escuchar el armonioso y bello sonido, se levantó y decidió investigar de qué se trataba. Resultó encontrarse con una familia en la que uno de sus integrantes era una niña rubia de 8 años tocando la trompeta. Impresionado, se quedó a escucharlos y guardó ese recuerdo por siempre en su memoria.

Desarrollo 

Tras muchos años de escuchar miles de discos de jazz y atender a numerosos recitales, Alfredo, ya no sabía por dónde seguir para embeberse aún más de ésta música que tanta felicidad le traía. Un amigo de él, ocho años atrás, al tanto de esto, le comentó sobre la reconocida red social YouTube, en donde él podría ver una innumerable cantidad de videos, tanto de jazz como de otras cosas que le interesaran. Al enterarse de esto, Alfredo decidió dedicarle una tarde a su investigación y sumergirse en el mundo cibernético para conocer nuevos artistas y música que aún nunca habría escuchado.  Navegando por la red se encontró con bastos videos de jazz de una señorita sueca, nacida en Copenhagen. No pudo resistirse y comenzó a mirar y escuchar todos sus videos. Luego de una larga jornada de música, Alfredo comenzó a conectar los hechos.  Copenhagen en el año 1968, indudablemente, muchos videos coincidían con aquella visita laboral a Suecia en la que habría de haber conocido a la pequeña música. Fue allí que comprendió que Gunhild Carling, la señorita sueca, era la misma niña que había escuchado tocar 40 años atrás.  Él, jubilado, sin tiempo que perder, decidió contactarla por la web, para probar suerte y generar un vínculo con la artista. Con todas las cartas a favor, Alfredo recibió una amistosa y cariñosa respuesta de Gunhild. Se comunicaron en inglés a través del mail durante varios meses, intercambiando opiniones, gustos, conocimientos y anécdotas acerca de su pasión en común, el jazz. Pocos meses después de contactarse con ella, al conseguir el vínculo deseado, Alfredo tomó la gran decisión de irse solo, obviamente con la invitación de ella, y con mucha ayuda y esfuerzo de sus hijos, a conocerla personalmente a Suecia.  En su primer viaje de visita, la estadía fue invitación de Gunhild, lo recibió en la estación de tren de Copenhagen un chofer a cargo de un Volvo, enviado por ella, para recogerlo y llevarlo a Estocolmo, donde finalmente conocería a la persona que él tanto admiraba.  Al llegar a la casa de la señorita sueca, tocaron para él la madre, el padre y ella. Lo recibieron con una casa para él y mucho cariño, lo cual era sumamente sorprendente el vínculo de confianza que entablaban, ya que, entre líneas, se hablaba de un desconocido residente de Latinoamérica.  En sus primeros días presenció algunos recitales de ella, en los cuales disfrutó, junto a la familia de Gunhild (su marido y sus dos niños), de mucho jazz y baile. ‘’La familia toca toda, no hacen otra cosa, incluso sobrinas y primas’’. 

El fin de semana atendieron a un festival que se organizaba, todos los meses junio de cada año, por ella. Durante éste, bailaron, escucharon y tocaron música para muchas personas. Al finalizar el festival, Gunhild lo llevó a Alfredo a Copenhagen, donde tuvo un altercado con el marido, ya que demostró sentir celos ante su presencia. ‘’Él me llamaba cada rato furioso’’. Volvió dos veces más a visitarla. ‘’Cada una de las visitas fue una aventura’’. Alfredo Dannemann, es un hombre jubilado de 78 años. Hace ya unos años vive en Cardales, Buenos Aires, solo con su perro, en una casita chiquita dentro de un barrio de chacras donde hay mucho espacio verde y mucho aire fresco.  Luego de varios problemas de dinero, se volvió un hombre ahorrador, sin el deseo ni intenciones de poseer más dinero del necesario para subsistir y cumplir algún que otro pequeño capricho.

El único motivo por el cual Alfredo sigue en pie y alegre, es el jazz. El jazz para él significa gran parte de su vida. Desde joven tocó el saxo, desde aquellos momentos en que era un importante gerente de una compañía aérea, siempre supo en su interior que la prioridad en su vida era su saxo y el suave y excitante jazz. 

Así fue que cuando Alfredo perdió su trabajo a los 50 años aproximadamente, se propuso no dedicar su vida a otra cosa que no fuera el jazz y a su numerosa familia. Con grandes deudas de dinero, luego de perder su trabajo, ya no querría pertenecer más a ese mundo de empresas. 

Para su cumpleaños número 72, su hijo mayor, Adrián Curt Dannemann, le obsequió un refinado saxo para que su padre pudiese seguir adelante con su pasión y disfrutar la última etapa de su vida haciendo, lo que para él era, lo que le daba sentido a su existencia en el mundo. 

Igual que en sus años pasados, organiza eventos de jazz y pequeños recitales en bares y auditorios, para aquellas personas que comparten su pasión y también para aquellos que no, pero que, simplemente, les gustaría sentarse un día a escuchar música en un ambiente especial. Estos eventos son encuentros de alegría y, en algún sentido, nostalgia, ya que para la mayoría de los partícipes, el jazz es gran parte de su pasado, como le ocurre al Alfredo y al resto de sus compañeros. Al conocer a esta talentosa jazzista, se le ocurrió, junto a su hijo, convocarla para venir a Argentina junto a su grupo de artistas y arreglar algunos recitales para que el país pudiese disfrutar también de ella y su música. Éste sería un nuevo tour para Gunhild, recorriendo la bella ciudad de Buenos Aires y también la ciudad de San Carlos de Bariloche, en el sur del país, donde vive Adrián, quien lo ayudaría a organizar todos los preparativos para el tour.  Alfredo y Adrián se comunicaron con ella a través de mail para invitarla a su país a protagonizar algunos shows de jazz para la gente que tuviese ganas de escuchar buena música y de presenciar un fantástico show.  Al recibir la respuesta, muy alegres, reconocieron que habrían de haber conseguido la cálida aceptación de ella a los eventos a organizar en Sudamérica. Alfredo, con lágrimas de felicidad en los ojos, no desperdició un segundo, enseguida pusieron en marcha todos los preparativos. ‘’Comenzó el plan de traerla a la Argentina’’.  Una vez listo el pasaje de la señorita sueca y todos los preparativos, Alfredo recibió un mail del marido de ella. En éste, se comunicaba para avisarle que le prohibía a Gunhild a viajar sola si se encontraría con él. ‘’Pensó que me la quería levantar o algo así’’. 

Al día siguiente, Alfredo, suspendió todo con la excusa de que ella había enfermado, tres días después recibió un llamado de Gunhild llorando, informando que se separaba del marido y que vendría igualmente a Argentina como lo planeado. Lamentablemente, él tuvo que desistir, ya que toda su gira se había suspendido. 

Luego de que hubiese pasado un tiempo, Alfredo decidió volver a Estocolmo. Ésta segunda vez, toda la orquesta de Gunhild lo esperó en el living de su casa para recibirlo cuando entrase tocando la canción “Argentina”, compuesta por ella especialmente para él. ‘ ’Yo lloraba de la emoción’’. 

Gunhild no se había separado, él supo que si quería conservarla como amiga, debería arreglar su relación con el marido. Durante el festival, el mismo que se realizaba en junio todos los años, Alfredo aprovechó para dirigirse al ofendido para explicarle todo. Pareció haberse calmado y según cuenta él en una entrevista realizada, hoy en día están en buenos términos, ‘’diría re buenos, somos amigos’’. 

Alfredo vivía en la casa de ella y se ocupaba de cuidar a los niños de la señorita sueca mientras escuchaba una gran colección de discos de jazz. 

En todos sus viajes vivió la experiencia de intercambiar opiniones y gustos sobre el jazz con decenas de músicos ingleses, alemanes, italianos, daneses, franceses, y muchos más. Luego del segundo viaje, en el 2014 volvió a surgir la idea de invitarla a Argentina. Junto a Adrián, su hijo, Alfredo comenzó a organizar nuevamente su gira por el país. Ésta vez se pudo concretar y el número de convocatoria de espectadores a sus recitales superó el cien por ciento de lo estimado, lo cual por ahora significaba un éxito. 

El primer show que surgió fue en el mismo aeropuerto cuando Gunhild salió por las puertas de arribos, donde Alfredo y algunos estudiantes de música la recibieron con sus instrumentos, para comenzar su tour con el clima más alegre. ‘’Alfredo lloraba de la emoción’’, cuenta su hijo Adrián en una entrevista. Luego se realizaron los recitales pactados, algunos en hoteles y otros en teatros, todos desbordados de gente emocionada por conocerla y escuchar su música. ‘’Alfredo, en palco honor, habiendo cumplido su objetivo, mostrarla’’. 

Eufórico, alegre, joven, vivo. Estas fueron las palabras que utilizó Adrián para describir los sentimientos que percibió de su padre al comprender que había logrado su objetivo. ‘’No podía tener mejor noticia, nervioso, responsable y feliz. Se emocionó en cada nota ‘salvaje’ de su trombón’’.

Conclusiones

Luego de tantas experiencias inhabituales vividas, Gunhild, la señorita sueca, una mujer ‘’fuera de serie, artista y genia, y fuera de mundo’’ lo considera a Alfredo, su mejor amigo de Sudamérica. Se admiran mutuamente. Él admira su gran personalidad y su talento en la música, específicamente en el jazz, y ella su tenacidad, por insistir y lograr traerla. Tan lejos llegó Alfredo que recibió el premio de amor y de afecto más grande que jamás hubiese imaginado, que Gunhild le escribiese una canción y la toque frente a cientos de personas en un teatro sueco. A ella ‘’sólo le interesa la música, el amor, la gente que la escucha y los 12 instrumentos que toca … Después del jazz o al mismo tiempo toca clásico en flauta tenor, trombón o cualquier otro instrumento’’.  Gunhild, ‘’con orgullo hace lo que hace, no se equivoca nunca’’,… baila como loca’’. Alfredo cuenta su historia con pasión. Cuenta lo muy talentosa que es ella y siempre la describió con mucho amor y más que nada admiración.  ‘’Cada cumpleaños, cada pascua, cada navidad intercambiamos frases de cariño’’.


Amor Jazz (Primer premio) fue publicado de la página 114 a página115 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº75

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