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Recetario de una vida, de Emilia Antakle (Primer premio)

Perazzo, Ailén Emilia

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº75

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº75

ISSN: 1668-5229

Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Introducción a la Investigación. Proyectos Ganadores Primer Cuatrimestre 2016 Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Comunicación Oral y Escrita. Proyectos Ganadores Primer

Año XIII, Vol. 75, Septiembre 2016, Buenos Aires, Argentina | 170 páginas

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Introducción 

Todos tenemos sueños en la vida que deseamos cumplir con todo nuestro corazón. Estos sueños pueden desearse desde muy chicos o ya siendo adultos; pero eso no es lo que importa, sino la voluntad, las ganas y la paciencia que tenemos que poner en nuestra vida para que, al final, podamos cumplirlos. Emilia Antakle, una mujer que desde pequeña soñó con convertirse en chef y cocinar platos espectaculares como lo hacía su padre Ángel, luego de tantos años, a sus 40, consigue cumplir su gran sueño.  Nuestras vidas están llenas de obstáculos, y la de Emilia no fue la excepción.  Sin embargo, como una persona admirable, nunca bajó los brazos, sino que siempre fue intentando ir un poco más allá de sus límites y romper con la barrera de limitaciones. 

Emilia tuvo la suerte de incorporarse al mundo gastronómico. Toda su vida fue probando platos distintos, cosas totalmente extrañas para los conocidos de ella, pero que ella los veía como algo normal. Su padre fue la razón por la cual Emilia deseó toda su vida ser una profesional en la cocina y poder hacer con amor todos los platos para su familia y sus amigos.  Ella no es una cocinera, ella es la mejor cocinera.

1975-1987 

La vida de Emilia está marcada, principalmente, por la comida. No hay un recuerdo de su infancia sin un olor de alguno de los platos que preparaba su padre, Ángel. Él era su admirable chef personal.  Cada vez que volvía del colegio, ella entraba por la puerta e inmediatamente, inhalaba algún aroma exquisito. Luego se dirigía hacia la cocina y empezaba a revisar las ollas para ver cuál era la comida del día. Ángel la observaba desde la mesa, con su vaso de vino y su sonrisa admirable. Si había algo que no le podías sacar a ese hombre era su vaso y su humor incomparable. Emilia creía y cree totalmente que su padre era un ángel. No había persona más buena y sensata que él. Y más que nada, no había humano que cocinara mejor.  Para una niña normal y corriente, las comidas siempre son sencillas y no tienen nada extraño. Sin embargo, la pequeña Emilia no tuvo esa suerte o en realidad, sí la tuvo. Su padre siempre la incentivó y la obligó a probar cosas nuevas. Su frase siempre era: “Para saber si alguna comida te gusta o no, tenés que probarla”. Y así fue como ella probó el mondongo. Esto ocurrió un día que volvió al mediodía del colegio para almorzar. Como siempre, entró e inhaló el aroma de la comida. Sin embargo, en ésta ocasión lo que olió no fue totalmente placentero, sino que sintió un olor muy distinto a todo lo que conocía. Fue hacia la cocina y cuando vio a su padre, lo encontró comiendo algo que no había visto nunca en su corta vida. Ángel, al verla poner cara de repulsión le dijo: “Sentate y probá el mondongo, no podés decir que no te gusta si no lo probaste”. 

Emilia lloraba y le pedía a su padre que, por favor, no la hiciera probar esa comida con tan feo olor y apariencia; pero su padre, obviamente, la obligó. Al probar, se dio cuenta que no le gustaba. Ángel le dijo: ”Ahora sí podes decir que no te gusta”. Hoy en día, Emilia, al ver el mondongo, recuerda esa escena de su vida y no puede evitar sonreír ante al insistencia de su padre con probar cada alimento existente.  Gracias a su padre, Emilia fue probando alimentos que hasta uno no se puede imaginar si eran digeribles; mulita, ranas y, algo totalmente desquiciado, los caracoles. Si había algo que le divertía y le gustaba a ella era ver cómo su padre preparaba los caracoles y comerlos. Su padre iba a comprar una cantidad enorme de éstos y los ponía a la noche en un balde para que se purguen. Lo que más le divertía, era despertarse al otro día e ir corriendo hacía la cocina para ver como la casa estaba invadida por caracoles. 

Más allá de todas estas cosas, había sólo un momento de la semana que la pequeña esperaba con ansias. Los sábados o domingos a la tarde cuando toda la familia se reunía a merendar panqueques y dulce de leche caseros. Emilia adoraba ver a su padre cantando y riendo mientras les daba vueltas a los panqueques en el aire. Era uno de esos misterios que uno tiene de chico cuando no comprende cómo pasan algunas cosas; el misterio de cómo Ángel lograba que los panqueques se dieran vuelta en el aire sin que se rompieran o sin que se cayeran al piso. Además de esto, el padre preparaba un dulce de leche casero que no había uno con el mismo color y la misma textura arenosa que éste. Fue y siempre será para ella algo incomparable.  Hubo tantos momentos surcados de comida en la vida de esta chica que es muy difícil separarlos. Su historia con la comida comenzó desde tan pequeña; desde las comidas extra- ñas en su casa, como las veces que se subían a la medianera con la prima Yamila para robarle higos a la casa abandonada, mientras Ángel las sostenía y luego les cocinaba con ellos dulce de higos, o como cuando se iban de viaje a Mar de Ajó y recogían almejas que su padre se las comía crudas con un poco de sal durante la actividad.  Emilia, más que una biografía tiene un recetario, porque cada momento que vivió, la comida lo marcó y lo representó.

1988-1996 

Cuando Emilia llegó a la adolescencia, su pasión por la cocina aumentó enormemente.  Nada quería más que mimar a su familia con sus platos copiados de su padre.  Ella vivió esa etapa de una forma muy distinta a sus amigos. A los 12 años, su hermana mayor tuvo un hijo y desde ese momento la vida cambió radicalmente. Sin embargo, lo que convirtió la adolescencia de Emilia en una complicada y revoltosa etapa fue la enfermedad de su padre. El cáncer, como todos sabemos, no sólo es una enfermedad que destruye a la persona que lo tiene, sino que también, a los que lo rodean. A los 16 años, Emilia tuvo que convertirse en el sostén de su madre y de su padre ya que todos sus hermanos ya habían armado sus vidas en otras casas. 

A muy temprana edad, aprendió a hacer todos los quehaceres de la casa. Le puso alma y cuerpo a la cocina para poder intentar imitar los platos de su padre y que él pueda disfrutarlos y olvidarse por un momento de su situación. Fue muy complicado para ella poder afrontar está situación ya que ocurrió cuando se encontraba en una etapa de cambios, de poder encontrar que quería ser y cómo. Sin embargo, esto tuvo que quedar en segundo plano ya que, para ella, fue mucho más importante cuidar de su ángel y hacer que pase los mejores últimos momentos de su hermosa vida.  A los 16 años de Emilia, Ángel fallece. Para ella no solo fue la pérdida de un padre maravilloso e inigualable, sino que también, fue el mejor cocinero del mundo y con quien quería compartir está pasión para siempre. Afortunadamente, Emilia no dejó de lado su pasión por la cocina, sino que, por mantener vivo el espíritu de su padre, ella se afianzó a esto y logró sentirse todos los días cerca de él.  La vida de Emilia cambió totalmente desde ese año, repitió en el colegió y se alejó de sus amigos anteriores. Pero esto no fue algo malo, sino que hizo que Emilia conociera personas increíbles y más que nada, hizo que conociera al amor de su vida y al padre de sus hijas, Leonel.

Su amor fue instantáneo, nada sencillo, pero profundo y totalmente verdadero. Un año tardaron en decidirse a estar juntos, pero desde ese día no volvieron a separarse nunca más. Para ella, Leonel es un hombre tan especial e increíble como lo fue su padre. Logró encontrar a una persona que la ama tan cual es, que la ayuda en cada momento y la sostiene siempre, y que además, comparte algo tan especial como lo es cocinar. Si hay algo que los une es el amor por la comida; ella cocina y él disfruta de esos platos tan exquisitos.  Luego de darse cuenta que eran almas gemelas, decidieron que nada podría ser mejor que sellar ese amor teniendo a su primer hija, Ailén. A sus 20 años quedó embarazada. Aunque sabían que iba a ser difícil y estaban muy asustados, pero que lo que necesitaban era esforzarse y más que nada amarse y amar a su hija; así iban a poder salir adelante.

1997-2005 

El 13 de febrero de 1997, nace la primera hija de Leonel y Emilia, Ailén. El parto fue otro de los momentos difíciles que tuvo que enfrentar Emilia. Casi pierden a su hija ya que el hospital al ser público y estar repleto de madres en la misma situación que ella, los médicos no daban abasto y no podían atender a Emilia inmediatamente, por lo que tuvo que esperar casi un día para poder parir a su hija. Cuando deciden atenderla estaba tan cansada que no pudo tener a su hija de forma natural, por lo que los médicos al no poder afrontar una cesárea deciden sacar a la niña por fórceps. Para Emilia, en el momento que su hija nació, el mundo se detuvo totalmente, no se escuchaba sonido alguno, ni un llanto, para ella su vida había terminado. Leonel, que se encontraba en la sala de espera, ve que los médicos salen de la sala de parto corriendo con un bebé envuelto en una manta, ahí fue cuando cayó de rodillas y supo que esa era su hija. Lloraron los dos, en habitaciones separadas, sin creer lo que recién había pasado, pensando que su hija no lo había logrado. Sin embargo, esa fue una de las primeras veces que se equivocaron respecto de su hija, ella sí lo logró y fue gracias al amor que le estaban mandando sus padres.  Emilia y Leonel vuelven a su casa y empiezan su nueva vida como padres. Si hay algo que aquella mujer había soñado toda su vida, era convertirse en madre joven, y pudo lograrlo y hacerlo con una persona que quería exactamente lo mismo. Para esta época, Emilia se había recibido de maestra jardinera y luego de estar un año cuidando a su hija decide empezar a trabajar de ello. Mientras tanto, Leonel junto con su familia, crean la fábrica de tapas de empanadas Ailu, la cual sigue hasta hoy en día. Pasan los años y el 10 de julio del 2001 nace Fiamma. Con ella, gracias a Dios, fue todo mucho más sencillo. La situación económica había mejorado enormemente y los años hicieron que la pareja haya madurado. Sin embargo, esto no fue lo único que cambió la vida de Emilia nuevamente, sino que además de estar feliz de tener a su hija, su vida se entristeció por distanciarse de toda su familia al ocurrir una discusión muy grande. Como era de esperar, el departamento donde vivían les quedó muy pequeño, por lo que decidieron que era momento de mudarse. Buscaron por todo capital tratando de encontrar una casa que se sienta perfecta para ellos, pero no pudieron encontrar nada acorde a lo que buscaban. 

Para ese año, la zona de Pilar se estaba poniendo de moda, por lo que Leonel y Emilia decidieron ir a ver un nuevo barrio cerrado allí. En el momento en que pisaron el lugar,  Leonel quedó enamorado. Sin embargo, Emilia sintió miedo. No podía entender cómo iban a vivir en ese lugar donde no podía tomar transporte público, o caminar hasta la esquina para comprar una leche, ver a todos sus conocidos del barrio. Iba a extrañar demasiado su querido barrio Saavedra. Al final, decidieron mudarse a Pilar y Emilia lloró desde el día que esto ocurrió. Tenía tanto miedo a lo desconocido. Sin embargo, luego de vivir un tiempo allí, se pudo dar cuenta que la mejor decisión que pudieron tomar fue irse a esa casa. Las chicas tenían un jardín enorme con pileta, un lugar seguro para andar en bicicleta, en rollers, hacer amigos nuevos, tener un perro, todo era maravilloso.  Una de las cosas que más amó Emilia, fue poder tener una parrilla y poder hacer asados todos los fines de semana, invitar a sus amigos y poder cocinarle a todo el mundo. Su pasión por la comida seguía creciendo, pero sabía que le faltaba algo, y que ese algo era aprender a cocinar profesionalmente.

2006-2015 

La vida en su nuevo hogar transcurre increíblemente. Emilia se sentía tan feliz por la mudanza y por el nuevo estilo de vida que llevaban. La cocina era mucho más grande que la del departamento donde vivían antes, por lo que tenía más espacio para preparar todas las comidas. La situación económica siguió mejorando y en el 2008, Leonel y Emilia pudieron llevar y viajar por primera vez al exterior con sus hijas. El destino elegido fue Estados Unidos, mejor dicho, Orlando.  Como era de esperar, el viaje fue una de las mejores cosas que le ocurrió a Emilia; y gracias a ello, con su marido cambiaron totalmente su pensamiento acerca de la vida y se dan cuenta que lo más importante no era trabajar hasta el cansancio o pelearse por algo sin sentido, sino que lo que en realidad valía la pena, era disfrutar plenamente de las cosas que uno consigue gracias al esfuerzo del día a día; y una de las cosas en las que consistía eso para esta familia era y es viajar.  En el año 2013, Emilia vuelve a priorizar su deseo de convertirse en cocinera profesional. Por lo tanto, empieza a realizar cambios en su vida para poder empezar con su objetivo. En primer lugar, uno de los cambios que hizo fue dejar de trabajar junto a su marido en la fábrica. Esto no solo fue uno de los grandes pasos para poder seguir su camino sino que también ayudó a que la pareja reforzara su amor y dejaran de lado los problemas laborales. Emilia no solo estaba siguiendo su gran sueño de la infancia, además, priorizó a su familia y decidió convertirse en ama de casa y poner todo su esfuerzo y amor en cuidar la casa y dedicarse plenamente a su hogar. 

Gracias a ello, también otro de los grandes cambios, fue que Emilia y Leonel trajeron a la casa a su tercer hijo. Sin embargo, en este caso, no fue otro ser humano, sino que fue un perro. Hasta hoy en día, si hay alguien en la casa a quien la familia mima y malcría es a Romeo, su perro salchicha.  En agosto del 2013, Emilia arranca la carrera de Profesional Gastronómico en la Escuela de Cocina de Gato Dumas. Allí no solo conoció secretos de la cocina, sino que también, hizo nuevas amistades y pudo descubrir y afirmar nuevamente que la cocina era y es su lugar en el mundo y que si hay algo que la marcó de por vida, es el amor que le tenía su padre a la comida y a la cocina.

Sin embargo, empezar la carrera de cocinera no fue el único evento sumamente significativo en ese año. Emilia, luego de mas de 10 años separada de su familia, vuelve a reunirse con su hermana mayor, Fabiana. Si hay algo seguro en el mundo, es el amor entre hermanos. Es algo puro y único que nace directamente de nuestros corazones y nos llega a lo más profundo de nuestro ser. Nos hace sentir que nunca vamos a estar solos y cuando necesitemos un hombro, una mano, un oído, lo vamos a tener, porque para eso están los hermanos, para apoyarnos y soportarnos en cualquier momento de nuestras vidas.  Y eso es lo que más le hacía falta a Emilia, poder volver a tener a su hermana a su lado y conservarla para siempre.  Como era de esperar de esta mujer, a Fabiana la esperó con abrazos, besos y muchas anécdotas, pero más que nada la esperó con platos que habían disfrutado de chicas cuando su padre les cocinaba de pequeñas, y si hay algo que las une a estas dos mujeres, es el amor por la cocina y por todos los significados que un plato puede tener.  Para mediados del año 2015, Emilia se recibe de Profesional Gastronómico, una de las mejores cocineras que pasaron por Gato Dumas, ya que aunque es sumamente importante saber las técnicas necesarias para saber cocinar qué y cómo, lo que hace exquisito e inigualable un plato es el amor que uno le pone al realizarlo. Y Emilia estaba segura que si hay algo que no faltaba en sus comidas, era amor.

2016-… 

Hoy en día, Emilia continúa cocinando con mucho amor y lealtad. Su lugar favorito en el mundo es y será eternamente la cocina, donde nuevos sabores y olores se descubren día a día y donde su familia y amigos disfrutan de los platos que ella hace pensando en cada uno de sus comensales.  Su cocina fue perfeccionándose y poniéndose cada día más extraña, igual a la de su padre. Ya no le basta con cocinar una carne con papas al horno, ella necesita hacer mollejas al verdeo, conejo, cus-cus, lomo strogonoff, y muchos otros platos que antes ella no quería probar y su padre la obligaba a hacerlo, y que hoy en día, a ella le gusta cocinarlos y a sus hijas no les gusta probarlos, pero igualmente Emilia y Leonel las obligan a probarlos.  Emilia cumplió con su gran y tan esperado sueño. Sin embargo, esto no es suficiente para ella. Su nuevo objetivo es realizar la carrera de Pastelería en Gato Dumas, y no sólo ser una Profesional Gastronómica sino también ser una Pastelera Profesional.

Conclusión 

Luego de ver y analizar todos los sucesos en la vida de Emilia, podemos destacar cómo cada momento dejó su enseñanza. Aunque hubo etapas en donde ella sentía que se iba a desmoronar y no iba a poder salir de aquello, siempre pudo encontrar voluntad, tanto en su marido como en sus hijas, familia y amigos, para poder salir adelante.  Se puede decir que la vida fue injusta en algunos momentos, pero ella no lo cree así, cree que todo tiene un sentido y que cada hecho, sea bueno o malo dio su grado de enseñanza e hizo que se convirtiera en la gran mujer que es hoy en día. La comida fue y será el sostén, la cual pone todo su empeño en cocinar para así poder compartir una mesa con su familia o con sus amigos y poder disfrutar del momentos y de esos sabores que hacen que el alma se alegre.

Todos los momentos grises de Emilia fueron superándose gracias al amor por su familia y por hacerlos felices. Y como era de esperar, tanto su marido como sus hijas, copiaron ese profundo amor por disfrutar de un plato y experimentar todas las sensaciones que éste puede guardar en la mezcla de los condimentos.  Ella pudo lograr su sueño, y hoy en día, se pone nuevas metas. Para Emilia ese es el sentido de la vida, ser feliz y siempre estar innovándose y experimentando nuevas cosas. Y es así como uno puede tocar con la punta de los dedos ese gran y tan esperado momento que es la felicidad extrema.


Recetario de una vida, de Emilia Antakle (Primer premio) fue publicado de la página 115 a página118 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº75

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