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Gran familia Albala (Primer premio)

Albala, Joel Sebastián

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº75

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº75

ISSN: 1668-5229

Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Introducción a la Investigación. Proyectos Ganadores Primer Cuatrimestre 2016 Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Comunicación Oral y Escrita. Proyectos Ganadores Primer

Año XIII, Vol. 75, Septiembre 2016, Buenos Aires, Argentina | 170 páginas

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Introducción 

Para ser parte de la familia Albala hay que ser despistado, olvidadizo, no se debe ser puntual, hay que completar ciertos niveles de torpeza y ser algo desordenado. 

Pero también, ser humilde, cariñoso, creativo, humorístico, para ser Albala hay que ayudar al de al lado sin pensar nunca en uno mismo, según ellos, el bien del prójimo está por encima del bien propio. No se debe ser egoísta, ni preocuparse por el dinero, para ellos el dinero sólo es pasajero. Para ser parte de esta familia hay que ser valiente. 

Porque si tenemos que definir la familia Albala en una palabra sería caos. 

Pero, ¿quién dijo que vivir en caos no da felicidad? 

Dentro de todo, el caos nunca es aburrido. 

Cuando se presenta la oportunidad de realizar un proyecto con esta temática, la decisión no es sencilla. Queda sobreentendido que algún familiar, bien sea un hermano o hermana, padre o quizás madre, abuelo, primo o tío, al menos uno leerá este trabajo. Las razones son infinitas, ya sea porque el mismo autor quiera compartir sus palabras, o por una casualidad de ordenar papeles y aparezca este trabajo o por la pura curiosidad (que abunda en mis familiares). 

Y ahí es cuando, conociendo a mi familia, pueden surgir algunos problemas. Pueden ser los celos, la envidia o quizás un pequeño enfado por no ser el protagonista de este trabajo. Por eso, para evitar cualquier conflicto, me tomo la libertad de decidir de ser yo el protagonista. Además, ¿quién mejor para hablar de mí que yo mismo? 

Pero, ¿qué quiere decir esto? No voy a extenderme en pequeños detalles de mi vida, pero sí en aquellos aspectos que me marcaron o me cambiaron. Mientras relato mis experiencias y vivencias, aprovecharé para escribir acerca de algunos de mis familiares, al menos los más cercanos a mí, acerca de qué significan, cómo los veo, con sus virtudes y sus defectos, que todos poseemos. Evitando de esta manera cualquier tipo de aprieto entre ellos, ya que todos serán partícipes. 

¿Empezamos? 

¿Quién soy yo? 

¿Quién es Joel Albala? 

Pregunta difícil, soy de los que piensan que definirse uno mismo es demasiado complejo, son los amigos, familiares, compañeros de trabajo, profesores, etc, son los demás quienes mejores saben cómo es uno. 

Por eso, mejor vayamos a los hechos. 

Nací el 2 de diciembre de 1993 en el hospital Otamendi, en Buenos Aires, Argentina. Mi nombre ya estaba, digamos, predestinado. Joel Sebastián Albala, J.S.A, ¿Por qué digo predestinado? Porque a mis padres no se les ocurrió otra original idea que ponerme un primer y segundo nombre que coincidiera con las iniciales de mi hermana mayor que había nacido dos años antes que yo, el 11 de abril de 1991 para ser exactos. Johanna Sol Albala, J.S.A. 

No es ninguna coincidencia que ahora me ponga a hablar de ella, como verán, será el primer familiar con cual empezaré, y repito, no es coincidencia. 

Es la primera por varias razones, pero la principal es que para mí ella es la más importante. 

(Quiero aprovechar un paréntesis para aclarar que también quiero mucho a todos los demás familiares que lleguen a leer este trabajo.) 

La lista de motivos por la cual mi hermana es la más importante, para mí, de toda mi familia es bastante extensa, pero también obvia. Como cualquier hermana mayor siempre fue protectora conmigo, me ayudó con la tarea del colegio, siempre me apoyó en mis decisiones, nunca dejó de alentarme, siempre fue una guía de la vida, es graciosa, inteligente, protectora y muchos etcétera. 

Pero para distinguirla de las mismas características de los hermanos mayores, puedo decir que ella es la voz de la razón para mí. Eso no significa que sea mala ni aburrida, no, simplemente me hace pensar de manera lógica mis decisiones, aunque no nos engañemos, con ella también hice alguna que otra locura sin pensar. A pesar de ello, siempre me dejó claro cuáles fueron las opciones que tenía por delante y me ayudó a elegir de manera racional, sin apresurarme, sin guiarme por mis deseos momentáneos. 

Por otro lado, ella es multifuncional, además de hermana, ejerce como psicóloga. Ante cualquier problema que me surja, ella está ahí para no sólo aconsejarme, sino para escucharme, porque cuando uno te escucha de verdad, como ella hace conmigo, todo en la cabeza se acomoda. 

Es la mejor compañera de viaje, y no lo digo sólo metafóricamente, sino literalmente. Es la mejor compañera de viaje, y eso que tuvimos muchos, pero el que más nos marcó fue cuando yo tenía sólo 7 años y ella 9, cuando debido a la inestabilidad económica de Argentina mis padres decidieron en el año 2001 viajar a España en búsqueda de una nueva vida gracias a una oferta de empleo.

Viaje en avión, casa nueva, colegio nuevo, amigos nuevos…, es decir, una aventura para mí. Pero mientras para mí todo era una especie de juego, para mis padres todo era algo mucho más serio, el futuro de la familia estaba en un lugar nuevo, mejor dicho, en un país totalmente nuevo. 

Aclaremos algo, los padres se equivocan, y mucho. El “mi papá/mamá es perfecto/a, es el/la mejor del mundo” no existe, al menos no en el mundo terrenal. Los padres se equivocan, ¡son humanos! ¿Cómo no iban a hacerlo? Pero es por eso que son los mejores profesores que tendremos a lo largo de nuestra vida. Mediante sus errores de hoy podemos aprender a cómo conseguir nuestros logros el día de mañana. Mi madre, Diana, nacida el 23 de noviembre de 1965, es la paciencia personificada, bueno, hasta cierto límite, pero siempre me soportó. Ante mis pataleadas de chiquito y mis exigencias de adolescente ella siempre tuvo paciencia y entendimiento. Era la profesora particular que tenía cuando volvía a casa, me ayudaba con la tarea, los exámenes, los proyectos, etc. Ella era la causante del orden en la casa, cada cosa en su lugar, y la mejor buscadora de tesoros, y cuando digo tesoros, digo objetos míos. Si yo no encontraba algo, un pantalón, mis llaves, el control remoto de la televisión etc., ocurría siempre la misma breve conversación: 

–¡Mamá! ¿Dónde está mi buzo azul?¡No lo encuentro!

–¿A que voy yo y lo encuentro? 

Y así era. Sin mapa, sin pistas, siempre supo dónde buscar para que yo encuentre lo que necesite, y no me refiero solo a objetos. Y aún lo hace. 

Mientras tanto mi padre, Gabriel, nacido el 24 de octubre de 1964, no es tan paciente. Pero siempre fue respetuoso con mis decisiones, me brindó la libertad de elegir lo que yo quiera en la vida, siempre y cuando me asegura si es de verdad lo que quería. Me enseñó la vida desde una perspectiva filosófica y se encarga específicamente de que no cometamos, mis hermanos y yo, los mismos errores que cometió él. Nos preparó bien para nuestros futuros desafíos, a saber asumir la culpa tras equivocarse, y que empezar de cero es posible si uno se esfuerza. 

Además, me dio a conocer el deporte más admirable y bello que conozco, el fútbol , y gracias a él me hice hincha del Atlético de Madrid en España (sí, este equipo de fútbol merece un pequeño espacio en este trabajo). Gracias a este equipo conocí la pasión por este deporte, porque no se trata de once jugadores contra otros once corriendo detrás de la pelota, no, va más allá, es el respeto, la competitividad, la familia por medio de colores y no por sangre, los nervios antes de jugar, la plena alegría al ganar y la máxima amargura en la derrota, y el amor hacia un deporte y un equipo que hace que sábado tras sábado me quede embobado delante del televisor durante noventa minutos. Una manera de vivir. 

Sí, mis padres me enseñaron mucho, me dieron a conocer el mundo según su visión, pero permitiéndome crear la mía. Los valores por los que me inculcaron son los que tengo ahora yo como persona y son los que respeto. Y sus enseñanzas las recibí como regalos. Pero el mayor regalo que me pudieron hacer a mí, y a mí hermana, fue el darnos un hermanito más, Marc. Sí Marc, como se puede ver, él rompe con las reglas de las iniciales, Marc Nicolás Albala. Nació el 23 de octubre de 2006, y no miento cuando digo que es la alegría de la familia Albala. El enano de la familia, la pequeña sorpresa, el pillo de la casa, ese es Marc. Me brindó la oportunidad de disfrutar de la aventura de ser hermano mayor, y sus consecuencias. ¿Qué quiere decir esto? Cambio de pañales, prepararle el baño, ponerlo en su sillita, y según iba creciendo, otros requerimientos, llevarlo al colegio, ayudarlo con la tarea, ir a buscarlo a cumplea- ños, etc. Sí, muchas cosas, pero a pesar de que me llevaran tiempo y energía, lo hacía y lo hago con alegría. 

Marc es curioso, tierno, no se le dan muy bien las matemá- ticas, pero es experto en inglés, no es caprichoso, y es exageradamente imaginativo, su creatividad no conoce límites y esla mejor excusa que tengo hoy en día para poder seguir disfrutando de las películas infantiles que salen en el cine sin que me miren mal. 

Y pasaron los años, y España se iba convirtiendo en un hogar y no en un país extranjero. La ausencia del resto de la familia se me convirtió en una costumbre y la añoranza, por más duro que suene decirlo, desapareció, hecho que no saca el amor hacia los familiares. 

Vivimos en España a lo largo de unos 15 años aproximadamente. Transcurrieron viajes alrededor de la península, un par de mudanzas, altibajos económicos, riñas familiares, etc. Pero esto no lo vivimos solos mis padres y mis hermanos, no, tuvimos una buena compañía, la mejor compañía del hombre. Gandalf era un Golden Retriver que nos lo regaló una compa- ñera de trabajo de mi papá. Fuimos a buscarlo sin saber que él iba a ser quien se iba a venir a casa. Llegamos a la casa de la dueña de la madre de Gandalf y vimos la camada de perros. Ocho pequeños motonetas peludos que no paraban de corretear y morderse entre ellos. ¿Quién llevar?¿Cuál elegir? A esto, veo un juguete en el suelo, lo tiro, y solo un único perrito va en su búsqueda y lo trae de vuelta. Ese único fue Gandalf. No conocí perro más cariñoso, bueno y noble en mi vida, y no espero conocerlo. Se trataba de mi mejor amigo, el único que no abandona, una amistad que no entiende de idiomas y que me recibía todos los días como si me hubiera ido por años. Pero es una estafa al amor que un perro sólo viva 15 años. 

Sin embargo, para alegrarnos, esta Bartolo. Yo lo llamo “el perro inmortal”, y ojalá así sea, debido a su expediente de vida. Bartolo era un perro callejero que encontré cuando sólo tenía 7 meses aproximados de edad, con una pata rota y problemas de otitis. Lo acogimos en casa y lo curamos. Sin embargo, no era de estar mucho por casa. De alguna manera, que a día de hoy no nos podemos explicar, Bartolo, esa pequeña mota de pelo con cuatro patas y dos ojos, era capaz de escaparse, pasar ocho horas fuera y volver a casa solo. Era más bien como un adolescente. Se escapaba sobre las cinco de la tarde y volvía a las doce de la noche. Rayaba la puerta con su pata para hacernos saber que estaba afuera, le abríamos, y entraba como si nada. Sí, las aventuras de Bartolo deben de ser incontables. 

Fueron la mejor compañía, Bartolo por suerte sigue con nosotros, dando guerra, escapándose y viviendo sus aventuras. Siguieron pasando los años, mis padres se separaron, mi papá volvió a Argentina, mi mamá y mi hermano también vinieron más adelante con Bartolo incluido, mi hermana se quedó en España a continuar su vida, y yo también decidí volver a mi país natal a continuar mi vida académica, a estudiar publicidad. 

Y acá estoy, empezando de vuelta, al menos ya no en un país desconocido, en mi segundo cuatrimestre de facultad, realizando un trabajo acerca de mi familia donde decidí ser yo el protagonista, escribiendo el inicio, el desarrollo y ahora, el punto final.


Gran familia Albala (Primer premio) fue publicado de la página 120 a página121 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº75

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