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Una inquieta trayectoria (Primer premio)

Morelli, María Lucila

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº75

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº75

ISSN: 1668-5229

Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Introducción a la Investigación. Proyectos Ganadores Primer Cuatrimestre 2016 Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Comunicación Oral y Escrita. Proyectos Ganadores Primer

Año XIII, Vol. 75, Septiembre 2016, Buenos Aires, Argentina | 170 páginas

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Introducción 

Este escrito estará basado en una persona de mundo. Una persona aventurera que desde pequeño ha aprendido a convivir con diversidad de culturas y a adaptarse a situaciones y entornos inesperados. Es una persona inquieta dispuesta a enfrentar realidades, retos y obstáculos que no siempre son fáciles de soportar o vencer. A la vez una persona solidaria y cariñosa que deja que la misma vida le enseñe día a día a ser mejor. Un ser muy humano con errores como cualquier otro, dispuesto a equivocarse para seguir creciendo. Una persona que ha hecho sacrificios por el bienestar de sus seres queridos y a la vez manteniendo su pasión por su carrera profesional. No obstante, siempre arraigado a su espiritualidad, fiel a sus creencias y completamente apoyado en su fe. Esta gran persona es mi padre.

Nacer en el desarraigo 

No se animaba a asomar. Parecía intuir la maratón de la vida que luego le tocaría correr. Mi padre nació con fórceps el 22 de junio de 1963, a 150 Km. de lo que había sido su silencioso hogar de gestación. La dinámica Montevideo difería mucho de los montes de pinos y eucaliptus de Punta del Este. 

Mi abuela recordaba con mucho cariño los pocos años de vida íntima, con pocos amigos, pero de esos que establecen lazos muy fuertes ya que se trataba de sobrevivir en un paraíso poco poblado. Así comenzaba su familia, no crecería. Le tocó ser hijo único. Pero con un perfil muy diferente, generoso, paciente, dispuesto a ceder su espacio para el beneficio del otro, sin embargo le costó aceptar y entender las peleas y diferencias que luego tendríamos mis hermanos y yo, era algo que la vida no le había permitido experimentar. 

Aún no tenía uso de razón, sí vivencias de esas que dicen que de algún modo quedan plasmadas en el inconsciente, tenía un año y medio cuando surgió su nuevo destino. Una ironía, era como dar vuelta un panqueque… rascacielos, autopistas, rushhours, si de modernidad se hablaba no había otro lugar. Nueva York. 

Los colores del cambio 

Shoriashi, japonés; Fernando, colombiano; Malik, nigeriano; Mark; estadounidense. La escuela es el primer contacto con la sociedad, pero esta parecía un arcoíris humano. Mi padre era tan pequeño que para él esto era lo normal. Lo sorprendente fue volver de visita a su país y que todos hablaran igual. Así pasó su infancia, inmerso en la diversidad, aprendiendo, sin libros, lo que era la cultura. Para él su primera lengua fue el inglés, ya que para no confundirlo, su padres le hablaban en la lengua oficial. 

Mi abuelo, arquitecto, estaba en la cuna de la construcción moderna, y sin darse cuenta ya imprimía los primeros sellos en la futura vocación de su hijo. No todo fue fácil, la pequeña familia pasó duros momentos. En Uruguay, mis abuelos, habían dejado dos familias muy numerosas de 9 y 7 hermanos. Las normas y las costumbres del lugar eran muy diferentes. Al comienzo no influía demasiado en la crianza pero a medida que se acercaba la adolescencia, el espejo se empezó a empañar, era necesario un nuevo cambio. Pero de todas formas el arcoíris ya estaba plasmado y de un modo silencioso marcaba su futuro y el de sus hijos. 

No soy de aquí, ni soy de allá 

Definitivamente volver al origen montevideano no era la mejor opción en cuanto a la política, en 1972 el país no estaba pasando su mejor momento y las condiciones laborales no eran buenas. Argentina les ofrecía mejor refugio. Apoyados por parientes ya asentados, se instalaron en Buenos Aires.

Bullying es una palabra muy usada hoy en día pero si bien en esa época no se usaba tanto, el bullying ya existía. Sus primos lo llamaban gringo y para empaparse de costumbres argentinas un día lo bañaron en dulce de leche. 

Para que pueda tener una mejor adaptación, sus padres lo anotaron en un colegio británico bilingüe, lo que no lo salvó de ser el blanco de más burlas por su marcado acento norteamericano. Pero gracias a su facilidad para el deporte, fue cambiando el futbol americano por el rugby inglés, y de apoco fue ganándose el respeto de sus pares. Con el tiempo todo se fue acomodando, su pronunciación se fue diluyendo y amalgamándose con la porteña. Después de varios años, ya completamente aporteñado, lo cambiaron de colegio para que pudiese practicar más deportes e ir al mismo colegio que sus amigos del barrio quienes lo convencieron de dejar de jugar al beisbol y dedicarse a la pasión de multitudes. 

Su cuerpo fue creciendo, se estancó en 1,85 metros pero no así su espiritualidad. Ferviente católico, dirigente de jóvenes, acólito y como si fuera poco, ¡boy scout! 

Al terminar el colegio secundario, y con el ejemplo de su padre quien de vez en cuando lo llevaba a visitar alguna obra, y gracias a su facilidad para el dibujo, su vocación por la arquitectura se fue afianzando y definiendo. Esta era la época de finales de la adolescencia, nuevos amigos de barba, artistas y del entusiasmo propio de la de la nueva etapa democrática del país después de la dictadura militar, todo esto influenció a tomar una nueva decisión ya que no se sentía de ninguna parte, juró la celeste y blanca nacional y se hizo ¡ciudadano argentino!

Echar raíces 

Tímida, sigilosa, trataba de pasar inadvertida, pero no pudo evitar la mirada de reojo que, mientras dirigía a su grupo de jóvenes de la parroquia, mi padre le arrojó. La pureza del encuentro, lo romántico de la coincidencia y el amor que entraba por sus corazones a medida que el tiempo corría, fue lo que hizo que luego de casi cinco años de novios consolidaran su cariño prometiéndose amor eterno ante la mirada de Dios y del país. No hubo mejor lugar para realizarlo que en la Iglesia del Colegio Marín donde mi padre había concluido sus estudios secundarios. 

Luego de dos años la mejor bendición para la nueva familia fue el regalo de la vida de cuatro sanos y hermosos hijos. Yo siendo la primera en enseñarles a ser papás y luego mis tres hermanos: Catalina, Florencia e Ignacio. 

Una vida tranquila, familiera y de barrio fue lo que buscaron para el comienzo de ésta nueva etapa donde sus retoños pudieran florecer y acompañarlos en sus primeros años como padres. Fue entonces donde coincidieron en pensar que una pequeña y simpática casita ubicada en el barrio de Don Torcuato cumpliría con sus requisitos. Como el barro para el artesano, fue la morada ideal para que mi padre pusiera en práctica sus proyectos de construcción y a medida que pasara el tiempo, la fuera adecuando para la comodidad de todos sus habitantes. 

Este fue el comienzo de la vida adulta de mi padre con nuevos desafíos y responsabilidades que ocupaban sus días. Aunque en mi opinión, sin perder la niñez y la gracia que lo definían. Sin embargo, en silencio el destino hacía su jugada. El típico hombre de cáncer, hogareño y familiero, estaba siempre impulsado a destinos distantes.

Lo que la infancia marcó 

Rusia, Brasil, Chile, México fueron los lugares de debut como gerente de proyecto. Pero aún la travesía familiar no había comenzado. Fueron años de acostumbrarse a llorar la partida y festejar el regreso. Sintiendo poco a poco un desgaste que finalmente los llevó a tomar una decisión: había que partir en pos de la unión de la familia. 

Como toda buena maratón el precalentamiento fue necesario. Luego de experimentar lo que es la soledad, consiguió el permiso para trasladar a la familia. Fueron sólo seis meses en Antofagasta (Chile), pero los suficientes para practicar el desarraigo y prepararse para enfrentar la vuelta que la vida nos daría. 

Él pensaba que a esa altura ya había conocido todo, siempre fue muy abierto y dispuesto a amoldarse a diferentes culturas y personalidades, pero Abu Dhabi lo descolocó ¡Un verdadero cóctel humano! Clientes árabes, exigentes, ansiosos y hasta por momentos un poco temibles. No bastaría un libro para poder contar las anécdotas que éste particular país nos brindó, pero sin duda fueron seis años que cambiaron nuestra vida. “Les abre la mente, es de las mejores experiencias que les podemos regalar” fueron las palabras que usó mi padre para convencer a mi madre a largar por completo su vida cómoda y estable. Pero no era más que el resurgimiento impulsivo de esa fuerte y positiva experiencia vivida casi 20 años atrás. Mi abuelo se realizó entre los rascacielos de New York y ahora mi padre lo hacía entre las moles de Abu Dhabi y Dubai. Todo un paraíso para un artista de la construcción. Pero como todo buen sueño, algún día habría que despertar.

Retorno con final abierto 

Las vueltas de la vida aún trasladaban turbulencia. Él ya có- modo en ésa extravagante ciudad y completamente adaptado tendría que volver a abordar el avión que inicialmente lo desarraigó de su hogar. El tiempo cumplía su misión y sus hijos crecían. Yo, siendo la mayor, había finalizado el secundario y qué mejor destino para estudiar moda que en mi país natal. Mi abuelo, ya viudo y un poco solitario, solicitaba la presencia de su único hijo, mi padre. Fue entonces, con el último empujón que los problemas en el trabajo le estaban dando, que la decisión era obvia. Sudamérica reclamaba nuestra vuelta. 

La maratón no termina, pero con la personalidad de mi padre es muy difícil ver el recorrido. No me extrañaría tener que viajar, el día de mañana, miles de kilómetros para llegar a un país nuevo, en pleno auge, dispuesto a colmar las ansias de nuevas aventuras de un hombre con arrugas llenas de experiencia… mi padre.

Conclusión 

Es evidente que la infancia de mi padre lo marcó eternamente, siendo la principal causa por el amplio recorrido que abarca el mundo entero hoy en día. En mi opinión, una vida llena de intriga y de constante movimiento. 

¿A qué otros lugares exóticos la vida lo transportará? ¿Qué nuevas aventuras lo esperan? ¿Cuántas maravillosas sorpresas se pondrán en su camino? 

No lo sabremos. Esto es sólo una parte de una inquieta trayectoria.


Una inquieta trayectoria (Primer premio) fue publicado de la página 129 a página131 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº75

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