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Mi papá (Primer premio)

Di Pasquo, Emiliana

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº75

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº75

ISSN: 1668-5229

Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Introducción a la Investigación. Proyectos Ganadores Primer Cuatrimestre 2016 Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Comunicación Oral y Escrita. Proyectos Ganadores Primer

Año XIII, Vol. 75, Septiembre 2016, Buenos Aires, Argentina | 170 páginas

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Introducción 

Fernando Emilio di Pasquo nació un 24 de diciembre de 1967 en la ciudad de Güemes (Salta). En el año 1986 terminó la secundaria y decidió iniciar su carrera de ingeniería electrónica en la ciudad de San Miguel de Tucumán. Actualmente vive en San Salvador de Jujuy donde ejerce su profesión y trabaja para diversas compañías electrónicas, tanto en la capital de la provincia como en diversos sectores dentro de la misma. A pesar de grandes obstáculos que le presentó la vida, siempre encontró la forma de luchar y seguir adelante.

Desarrollo 

Cuando me preguntan quién es ese pelado, orgullosa contesto: mi papá. A pesar de que este año cumple 49 años, muchas personas siguen pensando que podría ser mi hermano. Su personalidad activa, su buen humor constante y la sonrisa inmensa que le atraviesa el rostro lo convierten en un niño en el cuerpo de un hombre adulto. Mi papá…es muy difícil hablar de él o de su vida sin que se me llenen los ojos de lágrimas. Si hay alguien que admiro en este mundo es a él. Es el claro ejemplo de que los momentos difíciles pasan y que siempre es posible tener una mirada diferente sobre las cosas y salir delante de la mejor manera posible. 

Nació un 24 de diciembre de 1967. Una fecha poco convencional para elegir venir al mundo, ya que los cristianos celebran la víspera a la Navidad. Sus padres, Evelia y Alberto, decidieron llamarlo Fernando y como segundo nombre optaron por Emilio. Siendo el nombre completo de mi padre: Fernando Emilio di Pasquo. Nació en San Miguel de Güemes, a 30 minutos de Salta Capital, en el norte de Argentina. En aquel entonces, Güemes era un pueblo pequeño, poco poblado y con muy pocas viviendas. Mi abuelo Alberto era odontólogo y uno de los únicos que existían en ese lugar, por lo que gracias a Dios tenía un buen trabajo. Además de eso, Alberto amaba la música. Según lo que me contaron, verlo tocar el piano era una experiencia increíble. Por su talento innato, llegó a tocar con los Chalchaleros, un grupo folclórico conocido en aquel entonces. Mi abuela Evelia se dedicaba a la casa y a cuidar a sus hijos. Mi papá es el segundo de cuatro hermanos. Mi tío, el primer hijo de mis abuelos, falleció de niño debido a una discapacidad importante que tenía de nacimiento. Luego llegó al mundo mi papá, quien ahora es el más grande de dos hermanos más: Luis y Lucía, que nacieron en ese orden. Al vivir en un pueblo pequeño, tuvieron una infancia feliz. Mi papá solía contarme las aventuras que vivían con todos los vecinos y amigos del barrio, que al ser tan pequeño se conocían como si fuesen hermanos. De pequeño, mi papá tenía un hobbie que después lo llevaría a desempeñar su profesión actual. Amaba la electricidad, los experimentos, las diferentes formas en las que se podía prender un foco o jugaba a crear objetos con lo que sea que estuviera al alcance de sus manos. Por otro lugar, un aspecto que él siempre destaca de su infancia es que se la pasaba rodeado de primos. Su familia estaba colmada de ellos y compartían asados, salidas y vacaciones de verano juntos. 

Estudió en una escuela técnica, por lo que la exigencia era mucho más elevada que en una escuela tradicional. Además de las materias convencionales tenían talleres obligatorios relacionados, por ejemplo, con la carpintería y la electricidad. 

Mi papá siempre me dijo que a pesar de que hayan sido años muy difíciles en cuanto a lo académico, rescata el nivel de exigencia de su escuela ya que eso le permitió después acostumbrarse rápido al ritmo de la universidad. 

Una vez terminada la secundaria eligió estudiar la carrera de Ingeniería Electrónica. Para tal fin, se mudó a San Miguel de Tucumán. Como a todo estudiante que debe irse de su casa, al principio le costó adaptarse. Después de haber vivido en un pueblo en donde todos se conocían y en donde tenía tantos amigos, mudarse fue quizás un poco más duro de lo que se imaginaba. Sin embargo, debido a su simpatía extrema y presente en cada momento de su vida, no tardó en hacer amigos. Rápidamente creó su nuevo grupo facultativo y que hasta el día de hoy sigue vigente. 

Mi papá recuerda sus años de facultad como si hubieran sido ayer. Cada anécdota contada, como por ejemplo, que vivía a base de arroz y fideos, o que vivía de boliche en boliche cada sábado por la noche, lo hace sonreír como si todavía tuviera 20 años. Sé que en esa época conoció a su primer amor, aunque poco me contó sobre eso, sé que fue alguien importante en su vida y que, como todo primer amor, dejó una marca en su corazón para siempre. 

Cuando obtuvo el título de ingeniero electrónico se mudó a San Salvador de Jujuy, donde gracias a un familiar logró conseguir su primer empleo. Allí conoció a mi mamá, Teresita Granara, con quien estuvo de novio 11 meses antes de que juntos tomaran la decisión de casarse. Durante el noviazgo, atravesaron momentos difíciles juntos. Perdieron un bebé, mi papá se quedó sin trabajo y pasaron por circunstancias económicas muy complicadas. Sin embargo, siempre con esa fortaleza que lo caracteriza, logró salir adelante y enfrentar las adversidades que se le presentaron en aquella ocasión. 

En el año 1994, mi papá y mi mamá se casaron en la provincia de Salta (donde en aquel momento vivía la toda la familia de mi papá). Mi abuelo paterno tenía una casa de campo en una pequeña localidad de la provincia llamada San Lorenzo. Por lo que me parece al ver las fotos, la boda fue un evento muy divertido y emocionante para ambas familias. 

Dos años después, un 3 de septiembre de 1996 nacía la primera hija de mi papá y mi mamá, o sea quien les escribe, yo. Mi nombre es Emiliana y llegué al mundo para enseñarles a ambos a ser padres. Según lo que me contaron, era una bebé muy tranquila y curiosa. Mi papá era muy joven en aquel entonces, recién cumplía los 24 años. Una semana antes de mi nacimiento, mi padre sufrió un accidente automovilístico que lo dejó con una mano quebrada. En mis fotos de recién nacida, mi papá me sostenía con el brazo en donde tenía el yeso y me hacía dormir en esa posición. Gracias a Dios, el accidente no fue más que eso y tanto él como la otra persona que estaba en el auto se salvaron y están bien. 

Cuando le pregunto a mi papá qué significó para él ser padre por primera vez, siempre me cuenta las anécdotas de cualquier padre primerizo, como por ejemplo, que no sabía hacer una mamadera ni qué tenía que hacer para que dejara de llorar. Sin embargo, yo considero que es el mejor padre que me pudo haber dado la vida. A pesar de las largas jornadas laborales a las que debía enfrentarse semanalmente, siempre se hacía un tiempo para compartir conmigo y con mi mamá. Un 31 de diciembre de 1997, poco tiempo después de que yo cumpliera un año, sucedió un hecho que marcaría por siempre la vida de mi padre. Siendo ese día la celebración de año nuevo, mis abuelos paternos decidieron viajar a Jujuy para visitar a mi padre y a su nieta por quien tenían un cariño y admiración enormes. En el camino hacia el lugar en donde se realizaría la celebración, mis abuelos tuvieron un terrible accidente en la ruta que terminó con sus vidas. Esa triste noche, comenzaría un año muy triste para mi papá, pero que con la compañía y ayuda de su familia y amigos, le hicieron saber que no estaba solo y que todo iba a estar bien. Mi papá tiene el mejor de los recuerdos de sus padres y tanto él como todas las personas que los conocían tienen la certeza de que donde sea que estén siempre van a estar con esas sonrisas inconfundibles en sus rostros, ayudando desde el cielo a sus hijos a salir adelante. 

Tres años después, un 4 de noviembre de 1999 nacía su segunda hija, Luisina, mi hermanita que actualmente tiene 16 años. Cuando nació, yo tenía tres años, por lo que mi papá siempre me cuenta que los celos hacia mi hermana menor eran muy notables. Lógico, pasar de ser la primera en todo a tener que compartir el puesto siempre cuesta un poco al principio. Sin embargo, mi papá rescata que la relación entre sus dos hijas siempre fue muy buena y eso es algo que tanto mi padre como mi madre nos recalcaron siempre. Recuerdo que solían recitarnos un fragmento conocido del Martín Fierro: 

“Los hermanos sean unidos 

Porque esa es la ley primera 

- Tengan unión verdadera 

En cualquier tiempo que sea 

- Porque si entre ellos pelean Los devoran los de afuera”. 

Ésta pequeña parte de aquel libro, la llevo siempre en mi corazón. Mi papá suele decirme que en los malos momentos los hermanos y la familia son los que siempre están ahí para ayudarnos y contenernos. A través de los años, fui aprendiendo y ahora comprendo cuánta razón tiene. 

Cuando nació mi hermanita, mi padre continuaba trabajando como ingeniero electrónico para diferentes compañías de celulares como Claro, Personal y Movistar. En el año 2006 se animó a dejar de ser empleado para crear su propia empresa independiente la cual se titularía Ferdipas S.R.L. Actualmente, es convocado por muchas regiones del norte para hacer instalaciones de antenas de celulares, como así también para diferentes trabajos relacionados con su oficio. Luego de varios años de trabajo, se fue ganando el puesto de uno de los mejores ingenieros de la provincia de Jujuy. 

Un aspecto importante a destacar de la vida de mi padre es el hobbie que siempre lo mantuvo de pie hasta en las circunstancias más difíciles, el aeromodelismo. Cuando era pequeña, mi padre me llevaba a una pista enorme ubicada en una finca en donde un grupo de amigos se reunían una vez por semana (generalmente los sábados) a manejar pequeños aviones de juguete. Un recuerdo que siempre llevo en mi memoria es cuando mi padre nos compró un avión a mi hermana y a mí y colocó una de nuestras muñecas de plástico como piloto. Esta actividad tan particular fue siempre un cable a tierra para mi padre al igual que diversos deportes como el fútbol, el tenis y el paddle. 

En el año 2010, otro acontecimiento golpeó tanto la vida de mi padre como la de mi familia. Le descubrieron a mi madre un tumor ubicado en la zona de los riñones. Los siguientes cuatro años estuvieron colmados de estudios, tratamientos, viajes a Buenos Aires y consultas con médicos especialistas. Finalmente, el pasado 31 de diciembre de 2015 mi madre falleció. Los días previos a que esto suceda fueron muy dolorosos. Verla decaer de la manera en que la vimos fue algo que nos marcará por el resto de nuestras vidas. Debido al sufrimiento que le causaba su enfermedad, los médicos le inyectaron morfina para que no sintiera nada. Sus últimos días los pasó durmiendo, ni siquiera tuvimos la oportunidad de mirarla a los ojos una vez más. En esos momentos mi padre estuvo siempre ahí al lado nuestro, sin separarse ni siquiera un segundo. Él sabía lo que se sentía perder a una madre y aunque no haya un consuelo para tanto dolor, supo cómo acompañarnos y hacernos sentir que no estábamos ni estaríamos solas nunca. 

Es por esto que considero que mi padre es un ejemplo de vida. Porque a pesar de que el sufrimiento fue inevitable en numerosas situaciones, siempre supo salir adelante y ayudar a quienes necesitaban hacerlo. En este momento, seguimos atravesando un momento de duelo muy duro. A veces preferimos quedarnos en la cama todo el día, llorando y recordando los momentos felices que pasamos todos juntos en familia. Sin embargo, sé que en algún momento vamos a salir adelante ya que tenemos a un padre que es nuestro pilar y que siempre nos mostró que existe una salida, que siempre hay una luz en medio de tanta oscuridad.

Conclusión 

Escribir la historia de mi padre me resultó muy interesante en muchos sentidos. Me gustó poder conversar con él y preguntarle sobre situaciones específicas de su vida que quizás por diversas razones nunca había tenido la oportunidad de contarme. Por otro lado, me resultó un poco doloroso recordar ciertas anécdotas que todavía siguen siendo heridas abiertas en mi vida como por ejemplo la muerte de mi madre que sucedió hace muy poco tiempo. Sin embargo considero que escribir también sirve para descargar y en algún sentido me resultó satisfactorio. 

Por otro lugar, considero que la vida de mi padre es un ejemplo a seguir porque nunca bajó los brazos y siempre encontró los motivos para salir delante de todos los obstáculos que se le presentaron en la vida. Más allá de todas las pérdidas que tuvo que atravesar, siempre rescató los momentos positivos y memorables de su vida y no se quedó únicamente con los malos recuerdos. Por esto y mucho más considero que es mi héroe y que siempre va a ser mi ejemplo a seguir.


Mi papá (Primer premio) fue publicado de la página 131 a página133 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº75

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