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¿Barragán? (Primer premio)

Fernández Ibarguren, Araceli

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº75

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº75

ISSN: 1668-5229

Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Introducción a la Investigación. Proyectos Ganadores Primer Cuatrimestre 2016 Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Comunicación Oral y Escrita. Proyectos Ganadores Primer

Año XIII, Vol. 75, Septiembre 2016, Buenos Aires, Argentina | 170 páginas

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Prólogo 

¿Barragán? Es una historia inspirada en la necesidad de saber quién es uno. La historia de Celeste nos muestra la importancia de conocer el pasado para sentirnos completos. Según nuestro grado de necesidad, es el camino que elegimos para transitar a la verdad.

Quién soy me pregunté

Y de mi mente brotaron miles de respuestas

Tantas que no atiné a descifrar cuál era la mejor

Me encaminé al bosque y le pregunté a los árboles

Sólo movieron las copas al son del viento

Le pregunté al viento y me secó el sudor de la frente

Le pregunté a las hojas secas y ellas sólo crujieron

Me incliné y le pregunté a la tierra,

me ensucié las manos en el intento.

Fui al arroyo y me durmió su murmullo

Le pregunté a la ardilla y me soltó una avellana

Caminé en vano hasta un claro y me tendí en el suelo

Miré al cielo y pregunté, respondió el silencio

Miré las nubes grises y blancas que dejaron caer su lluvia

Quién soy le pregunté a la noche, y me mostró las estrellas

Le pregunté a las estrellas sólo brillaron más

Le dije a la luna y se rió en creciente

Le pregunté a las sombras y me mostraron la oscuridad

Cuando amanezca y brille el sol a él le preguntaré

Me desperté y vi al sol, casi se tuestan mis ojos

Le pregunté a las aves se fueron a bailar al norte

Quién soy le pregunté a Dios

Lo que eres, que soy yo

Sólo que tú eres carne y yo espíritu

Tu mente es finita la mía no tiene límites

Tienes poder en la tierra hasta que mueres

Yo tengo ese poder por la eternidad

Eres una partícula de mí, pero muy preferida

Y no hay nada más importante en el universo que tu preciosa vida

Eso eres, así que no preguntes quién soy

Antes del todo ya eras, hoy eres, y cuando te llame siempre serás.

(Leon Roch, 30/05/2012)

Familia 

La historia comienza en 2011 en Caballito, Argentina, con una familia de nivel social alto, compuesta por los padres Juan José y Mónica, y dos hijas, Celeste y Lucía. Vivían en una casa muy grande. Celeste era una chica, muy curiosa, la preferida del padre. Lucía en cambio, era muy reservada, pero muy amable. Las dos tenían muchos amigos en el barrio. Los padres solían, los jueves por las noches, juntarse con amigos y ellas disfrutaban mucho de estar solas en casa ese día.

Abuelo 

Celeste hablaba por teléfono con su amiga Lula, cuando ella le comentó que se iba a estudiar Arquitectura a París. Celeste le dijo que a su abuelo lo había conocido poco, pero que era su ángel de la guarda. Hubo risas entre ellas y Celeste le sugirió googlearlo, se llamaba Luis Barragán. Fue un arquitecto muy famoso en México e hizo obras en otros países. A los días la amiga la llamó, creyendo que era un chiste de ella. En ningún lado aparecía que Luis Barragán tenía familia. La noticia la golpeó. (Continuar leyendo o seguir a Opción 1).

Ansiedad 

Sorprendida y sin creer en lo que le decía Lula, Celeste empezó a investigar. Era el 11 de septiembre a las 3 am y estaba sentada trabajando en su computadora, la última Mac, que había adornado con fotos de grupos de rock nacional. Mientras indagaba sobre el tema, vestida con su pijama que le habían regalado en su último cumpleaños, cómoda, tirada en la cama, moviendo sus pies de un modo ansioso, no podía parar de pensar que no aparecía su padre en Internet ¿Qué había sucedido? Comenzó a escribirle a su novio. Él era más grande que ella. Era una buena persona, súper respetuosa e interesante. Quería contarle todo lo sucedido, pero no sabía por dónde empezar, tenía muchos interrogantes y necesitaba que alguien la escuche. Sus manos temblaban como si no pudiera controlarlas de la ansiedad y nervios que tenía por todo lo que pensaba. Sin que nada pasara, se quedó quieta inmóvil, sin pensar en nada, miró su computadora y borró todo lo que había escrito y sólo le envió: “¡Hola, amor mío!” Charlaron un rato, sobre cómo había sido su día y con los ojos llenos de lágrimas del sueño que tenía, finalizó el chat con Alejo, deseándose buenas noches y diciendo que al otro día se encontrarían. Cerró su laptop y se fue a dormir pensando en que en la mañana hablaría con sus padres sobre el tema.

Alejo 

Era el 29 de abril de 2011 por la mañana, Celeste bajó las escaleras de su casa corriendo para encontrar a su madre que seguro estaba preparando algo para el almuerzo, ella lo hacía con tiempo mientras Olguita, su ama de llaves, realizaba las compras del día. Ingresó en la cocina saludando a su Mónica con un beso y mientras abría la heladera le sacaba el tema del abuelo. La madre no emitía sonido, estaba muy concentrada mirando las noticias sobre el casamiento de Guillermo de Cambridge y Catherine Middleton. Fue en ese momento, cuando ella quería captar la atención de su madre, que sonó el timbre. Abrió la puerta y era Alejo, sorprendida y de mal modo le preguntó qué hacía ahí. Si bien la familia sabía que tenía novio, ella aún no lo había presentado. Todo intento de hablar con su madre había cambiado. Ahora debía decirle quién era Alejo, un hombre de 33 años, 12 años mayor que ella, estaba en su casa y era su novio. Celeste sonrojada y nerviosa, le dijo a Mónica que su novio había tocado a la puerta y se lo quería presentar. La madre dejó de ver las noticias de la boda Real y accedió al pedido de su hija. Entusiasmada creyendo encontrarse con el futuro yerno perfecto que tanto había idealizado para su niña. Alejo entró en la cocina, nervioso, pero seguro de que saldría todo bien. Mónica, al notar que era mucho mayor, quedó sorprendida y no pudo dejar notar su cara de decepción. Sentados ya, charlando de todo un poco, Mónica le preguntó, qué hacía, de qué trabajaba. Antes de que siguiera avanzando, Celeste la interrumpió, contándole que ellos hacía tres meses que salían y que él se había separado hacía un tiempo, que seguía casado pero que estaba haciendo los trámites de divorcio.

Aceptado 

Sin decir una sola palabra, la madre de Celeste, le preguntó: “Contame un poquito… ¿Cómo es eso de que seguís casado y a la vez separado?” 

Alejo no dudó un segundo en tratar de aclarar esta situación, que se imaginaba desde un principio que no le había caído nada bien a Mónica: “Señora, quiero que sepa que acá lo importante es que yo quiero a su hija. Si necesita que le traiga los papeles del divorcio para que me crea, desde ya lo hago. Celeste concluyó: “¡Mamá, por favor! Yo estoy bien, nos queremos muchísimo y eso es lo más importante o ¿no?”. 

En ese momento, ingresó el padre a la cocina. 

–¡Buenos días familia! –dijo. 

–¡Hola papá! Te presento a Alejo.

–Buenos días, señor. 

Juan José saludó y siguió con su trabajo, previamente invitó al novio de su hija a cenar algún día. Como era costumbre en su vida delegar, le pidió a las dos mujeres allí sentadas, que se ocupen de organizar. El padre de Celeste se retiró y ellos continuaron charlando por unas horas más. 

Al llegar la noche, la madre le contó al padre sobre lo que habían conversado en la mañana. Aceptando lo que Mónica le contaba, Juan José fue a la habitación de Celeste: “Hija, ¿estás despierta? Solo quería decirte algo”. Ingresando en ella continuó: “Quería que sepas que contás con mi apoyo en todo”.

Olguita 

Habían pasado unos meses de la presentación de Alejo, y lo habían aceptado en la familia. El padre tenía fabulosas charlas de futbol con él, uno de Racing y otro de River, fanáticos los dos de sus equipos, pero sabían convivir. Celeste, al igual que su padre, era de River pero más tranquila y acompañaba mucho a Alejo a ver partidos de Racing. Era abril de 2012 y estaban sentados en el living cuando el padre de Celeste estalló en cólera. Recibió el llamado de un amigo desde Francia. Ellos tenían la ciudadanía francesa por su abuela paterna. El padre de ultra izquierda se enteró de que había ganado Hollande, ultra derecha. Todo un tema sin sentido para la familia, salvo para Juan José. Celeste, en medio de todo ese alboroto, lo siguió al padre hasta la oficina, decidida a hablar el tema que la tuvo muy preocupada por largo tiempo, sin hablar o sin decir nada porque no encontraba la manera de hacerlo. De repente se escuchó un portazo fuertísimo. Ingresó corriendo Lucía a los gritos y llorando desconsoladamente. Habían atropellado a Olguita, su ama de llaves.

Necesito 

Celeste, durante meses, comenzó a investigar sobre el abuelo. Se encontró leyendo artículos, en los lugares más extraños, como por ejemplo, un casamiento o en el parque tomando mates con las amigas. Se convirtió en una experta en investigación, tenía anotado fechas, lugares, nombre, etc. Sólo quedaba algo pendiente, indagar en la fuente más cercana, sus padres. Esperaba un dato que le llegaría de México, un contacto que había obtenido de gracias a su novio. Habían pasado ya unas semanas y le respondieron que no habían obtenido nada. Las noticias que le llegaban, le sabían a mentiras: amargas y dolorosas. Ella sabía que algo debía encontrar. Sabía que lo que encontraría quizás, no le gustaría o quizás le diera mucha paz y no haría falta hablar con los padres. Debía seguir buscando, ella necesitaba saber…

Euforia 

Ya con Olguita recuperada y la familia más tranquila después de tremendo susto, Celeste llamó a los padres a la oficina de Juan José. Les dijo que tenía que hablar de un tema muy importante. Los padres preocupados asistieron sin preguntar de qué se trataba algo tan urgente. Cómo le salieron las palabras, Celeste les empezó contando la historia desde que había hablado con Lula, continuando por todo lo que había investigado, hasta el día de la fecha cuando encontró un recorte de un diario de 1960 que le enviaron desde México, por contacto de un amigo de Alejo, donde decía que Luis Barragán, arquitecto mexicano, había adoptado a una criada francesa con un hijo de muy poquitos días de edad. Si esa nota era verdad, ella no podía entender cómo su abuelo, a quien no había conocido, pero que sentía que era la luz de sus ojos, no era su abuelo ¿Quién era entonces su abuelo? ¿Por qué se mintió tanto tiempo? ¿Por qué dejaron que creyeran que era su abuelo? ¿Por qué su papá llamaba papá, a quien no era su papá? ¿Por qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? Muchos interrogantes que debían contestar los padres. Al recibir esta noticia el padre comenzó a tartamudear, la madre comenzó a llorar. Agarrando del brazo a Juan José, Mónica le dijo que debía saberlo, que era momento. Sin encontrar palabras que consuelen a su hija, la abrazó profundamente. Celeste comenzó a los gritos, nerviosa, eufórica, ya no soportando que no se le contesten las preguntas. Al escuchar tan fuerte pelea, ingresaron a la oficina Lucía y Alejo, preguntando qué sucedía. Celeste continuando a los gritos desconsolados contó y culpó a sus padres de ocultar y no decir la verdad. Lucía comenzó a llorar y se sentó perpleja sobre una silla. Pálida y temblando, Celeste se desvaneció y la sujetó a tiempo Alejo. Juan José y Mónica, decidieron decir la verdad. (Continuar leyendo o ir a la Opción 2).

Amelie 

Sentados y con lágrimas en los ojos, los padres habían comenzado a contar que la nota no decía la verdad. En ese momento Celeste comenzó a sentirse mal. Se desmayó antes de poder escuchar a su padre. La llevaron a su cuarto. En medio de tantos sentimientos florecidos y una situación estresante llamaron al médico para ver de calmar a Celeste. Toda la familia se encontraba en el piso de abajo esperando las novedades del médico, quien bajó tranquilamente las escaleras y les comentó que ella se encontraba mejor, que debía descansar ya que podía perder el embarazo. Asombrados por la noticia, los padres miraron perplejos a Alejo, quien contó que ellos se habían enterado hace unos días del bebé, quien sería una niña, Amelie, y llegaría con una luz y una alegría maravillosa. 

Opción 1 

Aturdida 

Quedó sentada en su escritorio pensativa, con la mirada en ningún lugar, vestida de entre casa, con la ropa más cómoda y vieja que tenía. Usaba unos pantalones floreados color rosa chicle, una remera blanca y unas pantuflas en forma de pie de oso. Celeste pensó en lo que le había contado Lula. Sin saber qué decir o hacer con lo que se había enterado decidió contarle a su novio, Alejo. Él era más grande que ella. Era una buena persona, súper respetuosa e interesante. Debía entenderla y ayudarle, no podía contarle a nadie más. ¿Qué le preguntaría al padre? “Mi abuelo, ¿es mi abuelo?” Confundida por todo, ella comenzó a escribirle por chat a su novio. Él, preocupado, decidió llamarla. Celeste lo atendió llorando y diciéndole que necesitaba verlo, que la ayude a resolver todo ese problema, el cual no sabía si era problema, pero para ella significaba un caos. Alejo la buscó, la contuvo y le propuso investigar para llegar a la verdad. Ella aceptó, pero cansada de semejante estrés se quedó dormida en sus brazos, donde encontró el calor, la protección y seguridad que ella necesitaba tanto en ese momento.

Alejo 

Eran las dos de la tarde cuando ella se despertó. Alejo le había propuesto viajar a París, él debía hacer un viaje de negocios y quería que lo acompañe. Allá ella podría investigar algo sobre su abuelo, ya que algunas de sus grandes obras se encontraban allí. Alguien debía saber algo. Descendió las escaleras y saludó a su familia que se encontraba almorzando en el comedor ¿Cómo podían estar tan felices? ¿Acaso nunca se enteraron que su padre, abuelo o lo que sea, podría no serlo? Bueno, ella se acababa de enterar. Aprovechando la situación de que estaban los cuatro juntos, les quería contar del viaje que haría, pensaba omitir que se iría con su novio, ya que los padres aún no lo conocían muy bien y tenían prejuicios por su edad, sumado a que se había divorciado hacía muy poco tiempo, así que le diría a Lula que le ayude con esa mentirita piadosa, diciendo que sería Lula quien la acompañaría al viaje. Comenzó a contarles y tocaron el timbre, era Alejo. Celeste abrió la puerta, él la abrazo y le dio un beso enorme lleno de alegría. Le dijo con una voz fuerte, ya tengo los pasajes. El padre de Celeste, Juan José, preguntó confundido por lo que había escuchado, qué era eso de los pasajes. Se encontró frente a diferentes miradas: Lucía quien era la que más atrás se encontraba, se reía silenciosamente, sabiendo que se le venía la noche; los padres, mirándola de manera penetrante y solicitando verdad absoluta; Alejo sorprendido, porque a esa altura del día ya suponía que les había contado, sin saber el prejuicio de sus padres. Celeste confesó que iría con su novio. Omitiendo que ella viajaba para investigar lo de su abuelo.  

Destino París 

Ya en el aeropuerto esperando a que anuncien el embarque del vuelo, Celeste le preguntó a Alejo: “¿Vos me querés a mí?” 

–¿Cómo me preguntás algo así? ¿Qué sucede en esa cabeza? Respondió: –Nada… solo prometeme que no me mentirás jamás. Que si el día de mañana tenemos hijos, que no les mentiremos en nada. Prefiero que me duela la peor de las verdades, que una mentira. 

–Te prometo que jamás te mentiría y que jamás lo voy a hacer con nadie y menos con nuestra futura familia. Estoy metido “a full” esta relación, sábelo –la tranquilizó él. 

En ese momento se escuchó por altavoz que se habilitaban las puertas para el preembarque con destino a París. Celeste se encontraba con una mezcla de sentimientos, ansiedad y dudas. Y sus cálidas palabras habían helado sus oídos. Pero por si acaso le dejó bien en claro a Alejo: –Te amo.

No te esperaba 

Celeste se había despertado después de 10 horas seguidas de dormir en el vuelo. Ya estaban llegando a la ciudad romántica. Alejo la saludó y le dijo que ni bien llegaran los estarían esperando para llevarlos al hotel y de ahí ella podría ir con Pierre, el guía contratado por la empresa donde trabajaba, a donde ella quisiera, mientras él se iba a la reunión que tenía programada. Estaban retirando el desayuno que les habían servido, porque comenzaba el descenso hacia París. En ese momento Celeste comenzó a sentirse mal y desesperadamente abrió la bolsita de papel madera que brindan, por si acaso, en los aviones. Alejo la vio muy pálida y solicitó ayuda a una azafata. Celeste se desmayó. El avión aterrizó y los aguardaba una ambulancia al descender. El médico que la socorrió en ese momento, con la ayuda de una azafata en la traducción le informó que debía concurrir a un hospital de urgencia para saber qué era lo que tenía. Alejo le pidió a Pierre que los siga hacia el hospital, ya que él iría en la ambulancia con Celeste. Al llegar al hospital le trajeron los análisis y le informaron que estaba embarazada. Su embarazo no se veía bien y debía quedarse en observación por unos días y hacer reposo por lo menos un mes. Para su agrado también le informaron que no podía subirse a un avión hasta después del nacimiento.

Disfrazada 

Pasaron dos meses de la gran noticia y ella había comenzado a investigar con la ayuda de Pierre. Los padres habían venido a visitarla y se habían hecho una escapada a Roma porque se iba a anunciar quién era el nuevo Papa. Como Bergoglio estaba entre uno de ellos, Juan José y Mónica no querían perderse la oportunidad de ver que un Papa sea argentino. Pasaron los días y Celeste aún no encontraba a nadie que le pueda decir algo concreto. Las personas que quizás lo habían visto al abuelo, no vivían o ya no trabajan en el lugar. Fue hasta la embajada de México donde solicitó con urgencia si podían contactarla con un periodista de allá. La mirada de quien la recibió no fue muy buena, con lo cual, se veía venir un rotundo NO. Al salir de ahí Pierre le dijo “aller derrière le steak” (“ir detrás del bistec”): tenía que ir disfrazada de científica, asustada, preocupada y le darían lo que necesite. Celeste no entendía si lo que le decía era real o era un chiste. Pierre era una persona seria, y se veía muy franca. Ella tomó lo que le dijo. Pasó una semana y volvió a ir, actuando muy preocupada y disfrazada de científica, un poco exagerada, ya que llevaba un tubo de ensayo en la mano y unas antiparras de buceo en la frente y toda despeinada. Pierre no había podido acompañarla, pero la fue a buscar ni bien ella salió de la embajada. Ella ingresó al auto, veloz como un rayo. Él, no podía creer lo que estaba viendo. Él solamente se refería a papeles, vestimenta elegante y algún maletín. Celeste subió al auto con una lista de varios periodistas mexicanos en su mano. 

Amelie 

Era la semana 36 de su embarazo, se sentía tranquila y relajada; estaba armando y ordenando los datos que le habían podido pasar los periodistas mexicanos. Su madre estaba en la cocina y a esa altura todavía no les había contado nada a ellos. En la mañana llegaría su padre y su hermana Lucía, ya que estaba dentro de la fecha de dar a luz. No había ningún dato importante entre tanto papel. Solo era donde había trabajado su abuelo, fotos, documentos, fechas y el nombre de una mujer que se repetía cinco veces en distintos tipos de información. Necesitaba hablar con sus padres. Ellos debían saber la verdad. Alejo ingresó en la habitación sin llamar a la puerta y Celeste se sobresaltó, el susto fue pequeño, pero suficiente para comenzar con el trabajo de parto. Celeste necesitaba saber ya qué pasaba con su abuelo, pero necesitaba también que el dolor le parara. Amelie estaba llegando. 

Estaba internada en el hospital cuando llegaron corriendo a verla su padre y su hermana. Ella a los gritos, después de una dura noche con contracciones, llorando del dolor, necesitó hablar en ese momento con el padre. Quería saber, para estar tranquila y poder disfrutar tranquila de su hija, lo que tanto la tenía preocupada y la respuesta al motivo de su viaje. Les pidió a todos que se retiraran, que sólo se quedara Juan José, se escuchaban gritos y una discusión muy fuerte. Se la escuchaba decir a Celeste en medio de gritos de dolor ¿Quién es esa mujer? ¿Quién es Luis Barragán? ¿Por qué mi abuelo no es mi abuelo? Mónica ingresó a tranquilizarla y de repente salió corriendo Juan José llorando del cuarto. Entran los médicos gritando ¡Salgan afuera inmediatamente! Celeste no se veía bien. 

Luis Barragán 

Después del día movido que tuvieron tanto Celeste como Amelie, descansaban plácidamente las dos en la habitación. Resultó que de los nervios, se le había subido la presión y su bebé estaba quedándose sin aire, con lo cual debieron hacerle cesárea de urgencia. A los días siguientes, ya en su casa, Celeste le invitó un café a su papá mientras Amelie dormía en los brazos de su abuelo y él le decía en francés “Un morceau de chou”. Decidida a retomar el diálogo de aquel día, el padre se le adelantó y comenzó a contarle su propia historia. Empezó diciendo que la mujer esa que veía era su madre, abuela de Celeste. Ella le había contado a Juan José, que no debía decir que era hijo de Luis, porque él tenía un contrato millonario con una firma en la cual no le permitían tener familia. Debía, por los próximos 30 años, respetar el contrato firmado. Por lo cual el conoció muy poco a su padre. Luis se la pasaba viajando entre México, París y Argentina. A los 77 años falleció y no pudo conocer a su primera nieta, Celeste. Se habían ido a vivir a Argentina, porque era donde su abuelo, Luis, podía disfrutar de la familia, sin tantos medios que lo acosen. Era por tal motivo que no había datos que los relacionen a ellos. Juan José continúo explicándole que su abuelo era una persona de valores asombrosos. Terminó diciéndole que jamás le mentiría, prefería decirle la peor de las verdades a una mentira.

Opción 2 

México 

Los padres comenzaron a contarle a Celeste con lágrimas en los ojos, que el artículo del cual hablaba ese periódico era real, pero no decía toda la verdad. Su madre y él debieron ocultarse en Argentina y Luis Barragán los visitaba esporádicamente. Tenía un contrato con una empresa de arquitectura y por eso viajaba mucho. Su madre era francesa y su padre mexicano. Pero no era Luis Barragán. A su padre no lo había conocido, sabía que era un corredor de autos no muy bueno, su madre había conquistado el corazón del arquitecto ya estando embarazada de él. Celeste, asombrada por la confesión de su padre y después de largas horas de charla, decidió seguir indagando sobre su verdadero abuelo. Transcurrieron unos años, ya casada y con una hija, Amelie, viajó junto a su padre a México, donde investigaron para saber sus verdaderas raíces, pero sin olvidar que su abuelo iba a ser toda la vida el arquitecto Luis Barragán. Al llegar a destino, la nena no paró de repetir “Órale, wey” toda la estadía.

Celeste 

Un tema familiar, una búsqueda de querer saber sobre el pasado. El querer entender a veces quiénes somos en realidad, ¿qué es lo que buscamos? ¿Hasta dónde podemos llegar? Todos somos diferentes y todos actuamos diferente. La manera de vivir de estos personajes en particular se ve muy normal, pero la historia no es normal. Celeste buscará esa respuesta, se presentarán diferentes caminos, diferentes finales, pero uno en común: Amelie y la verdad ante todo. La familia para cualquiera de nosotros es muy importante, pero a veces puede marcarnos.

La información contendida en este libro no implica garantías ya que es anecdótica, histórica y producto de la memoria de la práctica y experiencia de la autora.

Conclusiones Personales 

Como conclusión puedo decir que me encantó hacer este relato, quiero agradecer a mi familia y novio, por el apoyo, a mi amiga Gabriela Celeste Barragán por dejarme contar esta historia ficcionada sobre ella. En referencia al cuento, dándole tres finales diferentes y brindando este contenido: el querer saber quién es uno y como puede, según lo decida en lector terminar la historia, me pareció fascinante.


¿Barragán? (Primer premio) fue publicado de la página 138 a página142 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº75

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