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Lazos mortales (Segundo premio)

Avellaneda, Daniela

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº75

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº75

ISSN: 1668-5229

Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Introducción a la Investigación. Proyectos Ganadores Primer Cuatrimestre 2016 Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Comunicación Oral y Escrita. Proyectos Ganadores Primer

Año XIII, Vol. 75, Septiembre 2016, Buenos Aires, Argentina | 170 páginas

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La infancia 

Transcurría el año 1993. En Argentina Menem peleaba por su reelección y en EEUU Bill Clinton asumía como presidente. También fue el año en el que se estrenó la película Las Tortugas Ninja 3 y en el que Checoslovaquia dejó de existir. 

Sofía Aristegui vivía junto a su familia en Ranelagh, una pequeña localidad residencial ubicada en el Gran Buenos Aires. En esa época, Sofía tenía siete años y su hermano Lucas seis. Los dos iban al mismo colegio de doble escolaridad. Pepe, su papá, estaba prácticamente todo el día trabajando en sus tanques de fibra de vidrio, a los que armaba y luego instalaba en algún lugar de la provincia. Pilar estaba bastante cansada de esta situación, ya que prácticamente criaba a sus hijos sola. 

La espera 

Uno de los últimos días mayo, Sofía estaba en el colegio. En un momento de la mañana, una profesora le avisó que no los iba a retirar su mamá, sino la madre de una compañera. A la noche, aproximadamente a las 21, fue su mamá a buscarlos...

La noticia 

Era el 28 de mayo de 1993 y llovía torrencialmente. Por este motivo, Pilar manejaba más despacio de lo habitual, razón por la cual el viaje se hizo eterno. Sofía y Lucas no sabían qué pasaba, y su mamá no hablaba. 

Llegaron a su casa y fueron a la cocina a comer algo. Pilar les pidió que se sentaran, y rezando que de su boca salieran las palabras indicadas, les dijo: “Chicos, pasó algo hoy a la mañana. Su papá enfermó repentinamente y tuvieron que operarlo de urgencia, pero no resistió. Su papa murió. Ahora va a estar con sus abuelitos cuidándolos desde el cielo”. Sofía era muy chica y no sabía qué hacer. Su mamá llorando los abrazó, pero los niños no dijeron nada. Se escuchaba a Tato Bores de fondo en la televisión que estaba prendida en el Living. Sofía sabía que era algo triste, no llegaba a comprender aún la magnitud de lo ocurrido, pero al sentir la tristeza de su mamá, ella también lloró. 

El derrumbe 

Pepe era el sostén de la familia. Tras su muerte, Pilar tuvo que hacerse cargo de la empresa y de cubrir todos los gastos. Pero esto no funcionó. Al año la empresa quebró, y la poca estabilidad que la vida de Sofía tenía en ese momento, se derrumbó para siempre. 

Empezaron a vender las propiedades que tenían, tuvieron que ir a otro colegio, se mudaron y ya no veían a sus amigos. Tampoco tenían relación con la familia de su papá y sólo veían esporádicamente a una parte de la familia de su mamá. Todo esto hizo que a lo largo de los años, creciera en Sofía un gran rencor contra su madre. 

La adolescencia 

Después de haber atravesado un periodo de profunda tristeza, Sofía recuerda con mucha alegría sus 17 años. En ese momento, su mejor amiga era Daniela, compañera de clase, y con quien pasaba todas sus tardes entre mates y charlas. 

Un viernes, salieron a bailar a Elsieland, un boliche bastante popular en Quilmes. Siempre hacían lo mismo. Decían que iban a la casa de su amiga Analía, pero allí se quedaban unas horas, se cambiaban, y se tomaban el micro “de Lucy” que salía de la estación. Analía nunca iba con ellas. 

En una de esas salidas conocieron a Bárbara, con quien Sofía empatizó desde un principio. Bárbara era un año más chica y vivía en Ezpeleta. A Daniela no le caía muy bien, por lo que Sofía se juntaba a solas con ella. 

Era el verano del 2002. Hacía mucho calor, por lo que Sofía y Bárbara se quedaron en la casa de esta última, amparadas por el alivio del ventilador. La mamá de Bárbara era una mujer muy misteriosa. A Sofía le generaba cierto miedo, pero al mismo tiempo curiosidad. Un día, Bárbara le contó a Sofía que su mamá tenía visiones y podía leer el futuro. Sofía, muy ansiosa, le pidió si se la podía leer a ella. 

Las cartas 

Bárbara habló con su mamá y accedió a leerle las cartas. Para esto, Sofía visitó la casa de Bárbara unos días después. En ese momento, Sofía salía con Marcos, un chico tres años más grande, que también conoció en Elsieland. La relación con Marcos no venía bien, y Sofía tenía la duda de si Marcos la engañaba. Puntualmente, esto era lo que quería saber. 

La mamá de Bárbara le dijo que no se preocupara porque Marcos la amaba, pero resultó terminar hablando de la muerte de su papá. Le dijo que él no murió de un ataque cardiaco, sino por un trabajo que le hicieron. Ella se preguntaba, ¿quién sería capaz de hacer algo así? ¿Quién podía odiarlo de forma tal de querer matarlo, dañar a él y a toda su familia?

La información 

Sofía no sabía si creer o no. Podía ser verdad como ser un invento. Lo habló con su hermano Lucas, pero él no creía en nada de esas cosas. Era bastante agnóstico en general. Así que ante la respuesta de su hermano, prefirió no comentárselo a nadie e investigar un poco sobre el tema. Revisando el altillo de su casa, encontró un baúl con ropa, documentos y otras cosas que eran de su papá y que su mamá había guardado. Sofía descubrió que su papá había tenido una familia antes de la que formó con su mamá, pero que fallecieron todos en muy poco tiempo por diversos motivos. Intentando saber más sobre el tema, pero sin decirle a su madre lo que la bruja le había insinuado, habló con ella para intentar obtener un poco más de información, aunque sin éxito, ya que su madre no pudo decirle mucho más. Sofía dejo de indagar en el tema pero sin olvidarlo… Transcurrió el tiempo y Sofía ya a sus 21 años, se recibe de organizadora de eventos. Conoce a Rodrigo en uno de ellos. Él tenía seis años más que ella, era bueno, divertido y caballero. La pasaban muy bien juntos. Rodrigo tenía una familia grande. Un hermano mellizo, casado y con tres hijos. Compartía mucho tiempo con ellos. Sofía se llevaba muy bien con su concu- ñada, iba a su casa a tomar mates con ella, jugaba con sus hijos, y pasaban horas charlando. Tan buena era la relación, que a los pocos meses a Sofía se le pasó el amor por Rodrigo, pero no quería cortar la relación para no perder a su familia política. Una tarde de abril, Sofía charlaba con Guadalupe, su concuñada, quien le confesó que tenía visiones y que su hija también las tenía. Además, tenía la necesidad de expresarlas. Tenía un don. Sofía estaba maravillada. Quería pasar la mayor cantidad de tiempo posible con ella. 

Parte de su don era poder ver el futuro a través de las cartas, y Sofía otra vez se sintió atraída por averiguar cosas sobre la familia anterior de su padre, cosas que por otras vías no podía averiguar. 

La familia 

Los hermanos las dejaron solas para que pudieran charlar tranquilas. Guadalupe sabía muy bien que Sofía ya no quería a Rodrigo, no hacía falta recurrir a las cartas para saber eso, así que el tema ni se tocó. Hablaron de trabajo, de estudios, hasta que surgió el tema de su papá. 

Guadalupe comenzó a contarle a Sofía lo que veía. Pepe se había casado y había tenido dos hijos. El primero murió por una enfermedad, y el otro en un accidente de tránsito. Tras esto su mamá no soportó esas pérdidas y se enfermó de cáncer. A pesar del dolor, Pepe continúo su vida. 

Al tiempo, Pepe conoció a Pilar y su relación fue tan intensa que a los cuatro meses se casaron. Pilar quedó embarazada pero perdió a la bebé a los dos meses. Sofía se sorprendió mucho por esto ya que su madre no le había contado nada al respecto. A medida que Guadalupe hablaba, Sofía la miraba con atención. La deslumbraba. Guadalupe continuó hablando, hasta que de pronto se detuvo, como si una visión oscura se le hiciera presente. Mira a Sofía y le pregunta, “¿Es posible que tus padres discutieran con frecuencia?”. Sofía busca en su memoria recuerdos de su infancia, cosas que para autoprotegerse había bloqueado y le responde “Ahora que lo mencionás, creo que sí…. No recuerdo mucho porque papá no solía compartir mucho tiempo con nosotros, trabajaba mucho, pero sí. Cuando llegaba a la noche nos mandaban a mi hermano y a mí a dormir. Pero recuerdo discusiones y haber escuchado varias veces a mamá llorar”. 

Guadalupe interrumpe a Sofía diciéndole que su madre pensaba en pedirle el divorcio a su papá. Inmediatamente, un pensamiento tomó de rehén a Sofía ¿Sería posible tal delirio? ¿Podría su mamá haber matado a su papá y a su familia anterior? ¿Acaso no tenía idea de quién era su madre? Sofía exaltada le pregunta ¿Pero quién hizo esto? 

“Alguien muy cercano a tu padre fue quien los ha perjudicado. Pero a quien lo hizo no le fue gratuito… Todo lo que uno da, vuelve”. 

El final 

Ese día Sofía volvió a su casa muy revolucionada. Le pidió encarecidamente a su mamá de poder hablar. Al borde del llanto, le imploró que necesitaba saber la verdad de lo que había pasado con su padre. Su madre conmovida le dijo: “Tu padre guardaba muchos secretos, y en ocasiones discutíamos por ello. Yo no podía soportar más sus reservas, y hasta llegué a decirle que quería el divorcio. Fue muy difícil sostener esta familia, pero en el último tiempo de vida que compartimos con él, pude llegar a comprenderlo. Tu papá lo hizo para protegernos. Antes de conocerme a mí, él tuvo otra familia. Sufrió mucho al perderlos. No llegó a contarme en detalle qué sucedió, pero sí mencionó que sus hermanas sabían la verdad”. 

Para Sofía, esto no era suficiente. Decidida a llegar al fondo de lo que pasó, fue en búsqueda de sus tías, a las que no conocía. Rastreó información en guías, en Internet, en álbumes familiares, en recuerdos, documentos y en viejas libretas de su padre, hasta que en una de ellas encontró una foto. Al principio no entendió de qué se trataba, pero al mirar con detenimiento llegó a la conclusión de que la fotografía era de dos tumbas en un cementerio. Eran las tumbas de sus tías. Murieron juntas el 21 de enero de 1997, tal como estaba grabado en la lápida que compartían. Y aunque estaba difuso debido al desgaste de la foto, pudo leer también grabada una frase que le sonó muy familiar: “Todo lo que uno da, vuelve”.


Lazos mortales (Segundo premio) fue publicado de la página 142 a página143 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº75

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