Estudiantes Internacionales Estudiantes Internacionales en la Universidad de Palermo Reuniones informativas MyUP
Universidad de Palermo - Buenos Aires, Argentina

Facultad de Diseño y Comunicación Inscripción Solicitud de información

  1. Diseño y Comunicación >
  2. Publicaciones DC >
  3. Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº75 >
  4. Sufrir, escaparse y retornar (Segundo premio)

Sufrir, escaparse y retornar (Segundo premio)

Ciccioli, Tatiana

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº75

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº75

ISSN: 1668-5229

Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Introducción a la Investigación. Proyectos Ganadores Primer Cuatrimestre 2016 Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Comunicación Oral y Escrita. Proyectos Ganadores Primer

Año XIII, Vol. 75, Septiembre 2016, Buenos Aires, Argentina | 170 páginas

descargar PDF ver índice de la publicación

Ver todos los libros de la publicación

compartir en Facebook


Licencia Creative Commons Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional

Mi abuelo se llama Ricardo Ciccioli, nació el 21 de mayo de 1929 en San Ginesio una localidad de Macerata, provincia de la región de Marcas, Italia.

Corría el año 1925 cuando la miseria y falta de oportunidades laborales invadieron el país y Antonio junto con Ana (embarazada de su segundo hijo) y el pequeño Fulvio deciden probar suerte en Argentina. Ese mismo año arriban en nuestras costas y se instalan en una casa en la localidad de villa Urquiza. 

Pero ni la mejor situación económica, ni el paso del tiempo lograron que se adaptaran al país por lo cual tomaron la decisión de regresar a Italia junto a sus dos hijos. Aquí Ana queda embarazada de su tercer hijo, Ricardo. Al nacer mi abuelo su padre Antonio decide regresar a Argentina en busca de oportunidades laborales. La familia quedó divida, Antonio residía en Argentina y Ana con sus hijos en Italia. Para ese entonces Ricardo asistía a la escuela dónde terminó la primaria y cursó dos años del secundario. Fue durante este último período en que comenzó la segunda guerra mundial. 

A medida que la guerra avanzaba hacia 1942-43 se iniciaron los bombardeos aliados y ello interrumpía las clases con frecuentes toques de sirena. Por lo cual se hizo imposible seguir asistiendo. Ricardo, con sólo diez años de edad, cada vez que escuchaba el ruido de los motores de los aviones acercarse, su corazón se aceleraba por el miedo, corría nervioso por el campo hasta alcanzar el refugio. 

Durante su dictadura, Mussolini había dado la orden de entregar a cada ciudadano italiano 200 gramos de pan por día como única fuente de alimentación. Para poder conseguir su único alimento diario debían presentarse en la municipalidad y pedir un bono que se canjeaba en la panadería por la escasa comida. Como ésta era insuficiente recurrieron a un tío, que era sacerdote, éste tenía una amante que trabajaba en una chacra próxima, que era quién les proveía, cuando se podía algo más de comer, generalmente frutas y verduras que sacaba a escondidas. 

Interrumpidos sus estudios mi abuelo se dedicó a asistir a su tío como monaguillo en la misa de los domingos. 

Para entonces Ricardo llevaba tiempo sin ver a sus hermanos los cuales combatían en bandos diferentes, uno era fascista (Fulvio) y el otro guerrillero (Nello). Un día llegó la voz de que su hermano Fulvio lo habían dado por muerto. Como era de esperar toda la familia se puso de luto y fue un día muy triste para todos. Ese mismo día por la noche tocaron la puerta, y al abrirla su madre casi desfallece al comprobar que su hijo estaba parado frente a ella, vivo. Él aprovechó esta situación para desertar. 

Pero el plan fracasó, pues los fascistas se enteraron que Fulvio había sobrevivido y no se había presentado en Macherata. Fue entonces cuando mandaron a quemar su casa y matar a toda la familia. Gracias a que su casa era lindante con la comisaría no pudieron incendiarla, pues se habrían destruido ambos edificios. Por esa causa los comisarios fueron a avisarle a la familia lo que sucedía y ellos escaparon salvándose una vez más de la muerte. 

Escaparon a la ciudad vecina de Tolentino a vivir con unos familiares. Ignoraban entonces que en este pueblo los alemanes iban casa por casa registrando a todos en busca de guerrilleros. 

La casa estaba ubicada en un promontorio de difícil acceso, por lo que al arribar la patrulla alemana, éstos no quisieron subir y en su lugar pidieron que alguien bajara para responder a sus preguntas. El elegido fue Ricardo, que al ser interrogado por los soldados respondió que sólo estaban sus tíos, no dijo nada sobre su madre y hermano. Los alemanes no le creyeron y le pidieron que volteara para fusilarlo. Cuando todo parecía perdido apareció de casualidad un fascista que estaba con los alemanes que les dijo “Solo es un niño, déjenlo ir, seguro dice la verdad”, la suerte aún estaba de su lado.

Luego de este suceso, el pueblo queda liberado de la guerra y mi abuelo junto a su madre y hermanos vuelve a su antigua casa. Pero con la situación devastadora que estaba viviendo el país y más la ayuda de Antonio quien desde Argentina les compró pasajes para emigrar a nuestro país. 

El 9 de octubre arriban a las costas argentinas y conoce por primera vez a su padre. Como la casa era muy pequeña, parte de la familia fue a vivir momentáneamente a la casa de una pareja que Antonio conocía. Esta pareja tenía una nieta de 14 años llamada Elda Bontempo que vivía en Rufino pero de vez en cuando venía de visita. 

El 14 de octubre de ese mismo año consigue su primer trabajo en General Motors pero el sueldo no era suficiente para ayudar a su familia así que dos días después consigue un trabajo de taxista en el turno noche. 

Mientras trabajaba, de vez en cuando se tomaba tiempo para escribirle cartas a aquella joven, Elda, nieta de los dueños de la casa donde se alojaban. 

El amor fue creciendo con el paso del tiempo y cuando fallece el padre de mi abuela, la joven junto a su madre deciden dejar atrás su vida en Rufino y venir a vivir a Buenos Aires para estar cerca de su amado. Con quien años más tarde se casa y tienen dos hijos: Marisa y Carlos, mi padre. 

En 2014 sus hijos le obsequiaron a sus padres un viaje a su tierra natal, a Italia en homenaje a su tenacidad y ejemplo de vida permanente. Con 85 años cumplidos uno puede imaginar las fuertes emociones de quien vuelve al país que lo vio nacer y en el que vivió toda su infancia. Era la primera vez que subía a un avión y su primer contacto con el pueblo italiano luego de 68 años en Argentina. Este viaje le dio una inmensa alegría, pues le permitió volver a sus raíces, donde encontró su casa, la cual seguía intacta, visitó primos que no había visto desde la guerra y durante todo el viaje sólo habló en italiano ni una palabra en español.


Sufrir, escaparse y retornar (Segundo premio) fue publicado de la página 144 a página145 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº75

ver detalle e índice del libro