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Evaluar en tiempos de selfies

Pérez, Ramiro [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXX

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXX

ISSN: 1668-1673

XXV Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación

Año XVIII, Vol. 30, Febrero 2017, Buenos Aires, Argentina | 195 páginas

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Resumen:

Nos criamos en un clima de padres culpables y de hijos absueltos a priori. Y es cierto: los padres son culpables. Culpables del miedo: el miedo de educar, de invadir la intimidad del libre crecimiento del hijo, el miedo de cercenar sus derechos, de influir. Culpables de no ser padres o de serlo únicamente a la defensiva. Nos sentimos liberados de miles de prejuicios, pero por otra parte estamos maniatados por el no saber qué hacer. El miedo paraliza y no le hace bien a nadie. Tampoco a los hijos. 

Esta breve descripción del rol del adulto mayor de época que nos recrea Jaime Barylko, bien nos puede trazar un interrogante a nuestro ensayo ¿Son parte hoy del acto de evaluar estos miedos? 

Evaluar implica pensar y eso requiere de esfuerzo, y para lograrlo es imperioso alejarnos de la realidad, algo fundamental a la hora de querer resolver conflictos en el paradigma de una nueva aula. 

Palabras clave: educar - transformar - reformar - experimentar - potenciar - humanizar - debatir – futuro

Pensar implica un esfuerzo y sostenerse en pie también lo es, hay que vencer a la fuerza de gravedad que nos intenta aplastar. Entonces permitámonos considerar el acto de aprender como tal, un estadío donde luchamos por elevarnos, superarnos. Pero en verdad ¿de qué nos elevamos? Se entendería a primera mano como el intento por superar nuestra mediocridad, un lugar donde libramos una gran batalla contra la fuerza de gravedad que nos trata de alejar del saber y del aprender. 

Lo notable es que esas batallas nunca terminan en el simple acto de la contienda del campo mismo, sino que continúan en una peor que es en el campo de la evaluación, del resultado, donde muchas veces la victoria se convertirá en derrota o viceversa. Quizás a esta altura la pregunta obligada que debemos hacernos es la de entender qué disputa se da entre valores y valoraciones. 

Estas dos instantáneas caprichosas, desvinculadas y casi fortuitas podrían ser el punto inicial en el desasnar de nuestra duda. José Ingenieros dice que no hay hombres iguales, y los divide en tres tipos: el hombre inferior, el hombre mediocre y el hombre superior; no arremete contra los dos primeros, sino que describe a los tres y exalta al idealista. Dos vecinas en un barrio de un suburbio intercambian noticias de la cuadra y mencionan los ascensos sociales del hijo de Roberto como alguien que supera obstáculos establecidos y lo aprueban diciéndole al unísono “que tenga buen día Martín”.

Sin esas rayas a los costados, sin esos límites señalados, la gran libertad del camino era un caos de ceguera y miedo, incertidumbre y vacilación. 

Ahora es distinto. Faltaban esas rayas. Ahora están, y los límites, lejos de oprimir al viajante, lo liberan, lo protegen. 

¿En qué consisten los límites? En eso, en delimitaciones del camino, en cercos protectores, en marcos contenedores y referenciales. 

No son un fin en sí, son un instrumento para realizar fines. Cuando ellos están uno puede actuar y elegir.  

Hasta, si quiere, puede salirse del camino. También para salirse hay que conocer los límites. 

Eso: los límites son para que pueda haber libertad. Justamente lo contrario de lo que podría pensarse: no cercenan la libertad, la otorgan. 

Las rayas no son el camino; el camino está entre ellas, y dentro de ese estar entre ellas tú puedes elegir el ritmo, el movimiento, el desplazamiento, la velocidad, el rumbo, el qué, el cuándo, el cómo, y si quieres dejas de moverte, te detienes, y todo lo que tu fecunda imaginación te proponga. Lo puedes realizar sabiendo qué va adentro y qué va afuera de esos límites, de esas rayas. Y eliges. Esa es tu libertad, y la tienes porque tienes límites. (Barylko, 1995, p.3). 

La idea de remarcar el sentido de libertad dentro de una secuencia que va del cero al diez, a esta altura se la entiende como apropiada para poder comprender al mero acto de evaluar como una función mucho más amplia, menos arbitraria e inserta del acto pedagógico. 

Valorar y evaluar 

Desgranemos un poco estas dos palabras y entendamos a la valoración como la importancia que se le concede a una cosa o persona. El término nos habilita a aplicarlo en diversos ámbitos, pero sin dudas nos remite a la consideración que se tiene de un elemento con respecto a una mirada subjetiva. Ahora bien, cuando nos acercamos a evaluar vemos que es estimar el valor de las cosas no materiales. 

Si lleváramos estos términos a la economía encontraríamos cierto parecido a la relación que se encuentra en un billete, ese papel que está en nuestra mano que se debate entre su valor nominal y su valoración. 

Todo esto no depende únicamente de personas aisladas, sino de procesos sociales que se pueden entender como difíciles de manipular aunque puede tener algún grado de valoración propia en función de las circunstancias personales.

Juntar las piezas 

Bajo aspectos binarios o arbitrarios la evaluación actuaría como un acto simple de documentar un proceso que difícilmente se lo pueda calificar como aquel que está inmerso en el proceso de enseñanza. 

En cambio y en contrapartida de lo expuesto, si la evaluación la insertamos en un escenario de un aula amplia y horizontal el desafío se nutre y enriquece de modo sustancial. 

Una empresa que trabaja en la consolidación de una práctica educativa basada en la diversidad, que considera menester tener un marco de referencia que permita conjugar las demandas de una evaluación formativa e integrada. 

Bien describe Barylko la situación del adulto moderno cuando expresa que nos sentimos liberados de miles de prejuicios, pero por otra parte estamos maniatados por el no saber qué hacer. El miedo paraliza y no le hace bien a nadie. 

Rescatando los límites como esos que no son un fin en sí sino que son un instrumento para realizar fines no nos queda más que construir un nuevo paradigma de evaluación y valoración formativa que inspire a la evolución.

Pensando en el Yo democrático 

Planteando la evaluación como ese miedo a sortear o una barrera a superar ineludiblemente recae en la imagen de algo que para ser superado requiere de trabajo intelectual, generosidad y sobre todo dedicación. 

La simple idea de que este acto está inserto en el proceso de enseñanza es comenzar a desasnar el camino en pos de llenar de valores a la mera valoración nominal de una nota. 

La consideración y moderación de los momentos de evaluación enriquecen y comprometen el acto de enseñanza y aprendizaje.

En un régimen disciplinario, la individualización es en cambio “descendente”: a medida que el poder se vuelve más anónimo y más funcional, aquellos sobre los que se ejerce tienden a estar fuertemente individualizados; y por vigilancia más que por ceremonias, por observaciones más que por relatos conmemorativos, por medidas comparativas que tienen la “norma” por referencia, y no por genealogías que dan los antepasados como puntos de mira; por “desviaciones” más que por hechos señalados. (Michel Foucault, 1975, p.117) 

Reconocer el aula como ese desafío superador de la fuerza de gravedad a la que está sometida, manifestando su necesidad de romper con la idea unificada de individuos formateados de igual manera bajo aspectos arbitrarios, es vislumbrar un horizonte que incluya valoraciones y valores en un equilibrio justo y democrático del proceso de aprendizaje. Sanos objetivos en pos de entender qué es el desafío de evolucionar.

Referencias bibliográficas 

Barilko, J (1995) Los hijos y los límites. Buenos Aires: EMECE. 

Foucault, M (1975) Vigilar y castigar. Buenos Aires: Siglo XXI.

Nota: Este trabajo fue desarrollado en la asignatura Evaluación a cargo del profesor Matías Panaccio en el marco del Programa de Capacitación Docente.

Abstract: We grew up in a climate of guilty parents and acquitted children, a priori. And it’s true: parents are guilty. Culprits of fear: fear to educate, to invade the privacy of free child growth, fear of curtailing their rights to influence. Guilty of not only parents or be defensive. We are freed from many prejudices, but on the other hand we are hamstrung by not knowing what to do. Fear paralyzes and does not do anybody any good, neither children. This brief description of the role of adult over time that recreates Jaime Barylko, it can trace a question to our rehearsal. Are these fears a part of the act of evaluating, today? Evaluate involves thinking and that takes effort, and to achieve this, it is imperative to get away from reality, which is essential when trying to resolve conflicts in a new classroom paradigm. 

Key words: Education - transform - reform - experience - boost - humanize - debate - future 

Resumo: Criamos-nos em um clima de pais culpados e de filhos absolvidos a priori. E é verdade: os pais são culpados. Culpados do medo: o medo de educar, de invadir a privacidade do livre crescimento do filho, o medo de cercear seus direitos, de influir. Culpados de não ser pais ou do ser unicamente à defensiva. Sentimos-nos libertados de milhares de preconceitos, mas por outro lado estamos maniatados pelo não saber que fazer. O medo paralisa e não lhe faz bem a ninguém. Também não aos filhos. Esta breve descrição do papel do adulto maior de época que nos recreia Jaime Barylko, bem nos pode traçar um interrogante a nosso ensaio ¿São parte hoje do ato de avaliar estes medos? Avaliar envolve pensar e isso requer de esforço, e para o conseguir é imperioso afastar da realidade, algo fundamental à hora de querer resolver conflitos no paradigma de uma nova sala de aula. 

Palavras chave: educar - transformar - reformar - experimentar -apoiar - humanizar - debater - futuro 

(*) Ramiro Pérez. Diseñador Gráfico (Universidad de Buenos Aires)


Evaluar en tiempos de selfies fue publicado de la página 85 a página86 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXX

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