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La mejor evaluación

Tallarico, Verónica Andrea

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXX

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXX

ISSN: 1668-1673

XXV Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación

Año XVIII, Vol. 30, Febrero 2017, Buenos Aires, Argentina | 195 páginas

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Resumen:

El objetivo de este trabajo es adentrarse en la temática de la evaluación a nivel universitario, mediante la exploración de diferentes corrientes evaluativas que actualmente se suelen utilizar para, tomando en cuenta las posiciones de algunos profesionales de la pedagogía, abrir un espacio de reflexión sobre un estadio del proceso de enseñanza/aprendizaje, muchas veces criticado e interpretado como una instancia de juicio del estudiante como ser humano y no como una oportunidad para mejorar sus niveles de desempeño, y también los del docente para que ambos no sólo alcancen sus objetivos, sino también recuperen el placer que implica enseñar y aprender en sí mismos. 

Palabras clave: evaluación – pedagogía – reflexión – enseñanza – aprendizaje

”La evaluación, si bien es un proceso complejo, parece inevitable” (Perrenoud)

El objetivo de este trabajo es tomar el tema de la evaluación universitaria como muestra del complejo proceso de prueba y selección que también se da en las sociedades occidentales en general y en la nuestra en particular para así desmitificar sus efectos y pasar a considerarla como un estadio natural del proceso de enseñanza/ aprendizaje como oportunidad para interpelar no sólo el desempeño del estudiante y su aprender, sino también el del docente y su enseñar y que no sea una instancia de juicio del primero como ser humano, sino un espacio de reflexión compartido. 

Para comenzar, nos preguntamos si la evaluación que se hace en el sistema educativo se hace porque en él se creó o porque forma parte inherente del ser humano ya que, consideramos que en la sociedad se clasifica, se evalúa y se da espacio a las personas en todos los ámbitos, incluido el personal. Aceptamos al otro, nos acercamos al otro (y viceversa), a partir de haberlo evaluado, calificado, clasificado y aprobado y sentirnos excluidos o no aceptados hace que naturalmente tendamos a observarnos y promover cambios, si los consideramos necesarios. Por ende, podríamos decir que la evaluación en la universidad podría responder a un modo de regular que ya está incorporado y naturalizado por la sociedad. 

Entonces, ¿qué pasaría si promoviéramos diferentes modelos de evaluación centrados en el ser humano y la inclusión? Tal vez, podríamos generar un cambio de tipo cultural capaz de impactar en el desarrollo de personas que en su vivir y quehacer aprendan a ser menos clasificantes y expulsivas para ser más abiertas y receptivas. En nuestra intención de encontrar una respuesta, elegimos considerar la corriente de pensamiento que relaciona la instancia de evaluación en educación como un juego arbitrario y estigmatizante que ejerce el sistema educativo sobre el estudiante, siendo su brazo ejecutor el docente, con el fin de ponerlo a prueba, medirlo, calificarlo, clasificarlo para validarlo o eliminarlo, si no logra superarlo. Para contraponer la idea que la evaluación es una herramienta básica del sistema educativo universitario que puede ser utilizada para mejorar la calidad del proceso de enseñanza/aprendizaje, el compromiso de sus partes y sus resultados, siempre y cuando responda a los siguientes interrogantes: ¿qué se pretende evaluar en la universidad? ¿Cómo se evalúa lo que se pretende evaluar? ¿Para qué se evalúa? ¿En qué momentos evaluar? Nos gustaría remontarnos a la evolución de la actividad evaluativa en la educación desde Comenio (1998), quien en su Didáctica Magna consideraba que “el examen está indisolublemente ligado al método”. Esto básicamente implica que si el alumno no aprende, el docente debería revisar su método para apoyar el proceso de aprendizaje, quedando así en primer plano el compromiso del docente con el resultado del proceso de aprendizaje. Es recién, a partir del siglo XIX que el examen decide la calificación y promoción del estudiante. De este modo, paulatinamente se fue perdiendo el placer de aprender y estudiar para centrarse en el resultado del examen. Según Perrenoud (2008),”En la práctica el resultado es el que cuenta con dos efectos perversos muy conocidos la preparación rápida y superficial para el examen y la fullería… No construyen una verdadera competencia. Pero permite ilusionarse”. “El realismo manda a no aprender por placer, a no interesarse por la realidad, plantear preguntas, reflexionar, sino a estar preparado para el día de la prueba decisiva”. “El sistema clásico de evaluación favorece una relación utilitarista, incluso cínica, con el saber” (1985). Se separan así los objetivos del docente y del estudiante ya que, si bien ambos necesitan pasar la instancia evaluativa, dejan en segundo plano el aprendizaje como resultado. 

Entonces, si la evaluación es un proceso inevitable ¿qué elegimos?, seguir por el camino de la evaluación tradicional que se presta a la extorsión y a la especulación y que, además, sitúa a docentes y estudiantes en campos diferentes, en la que no faltan estrategias para ganar, o vamos hacia una evaluación de tipo formativo que tenga como centro y objetivo recuperar el espacio pedagógico de la evaluación en el proceso de enseñanza/aprendizaje que ponga al docente y al estudiante en el mismo campo, de modo tal que se puedan generar relaciones basadas en la colaboración y la trasparencia para que los estudiantes puedan volver a experimentar el placer en el acto de aprender, lo que les permitiría afrontar los desafíos de la vida, no sólo los de la universidad y, al mismo tiempo, los docentes puedan centrarse en el método de enseñanza con el foco puesto en el aprendizaje como resultado y no en cumplir con el programa a rajatablas y así generar espacios de retroalimentación consciente y constructiva. 

Si tomamos las palabras de Anijovich (2010) con respecto a la retroalimentación como acción que da lugar tanto al docente como al estudiante en el proceso evaluativo, veremos que “si la retroalimentación permite detectar fortalezas y debilidades, obtener orientaciones y generar espacios sistemáticos para el intercambio de percepciones, experiencias y saberes, contribuirá a rediseñar cursos de acción, desarrollar aprendizajes más profundos y desempeños más eficaces”. La evaluación, entonces, sería realmente formativa. 

Tomando lo expuesto anteriormente, se propone que la evaluación, como poderosa herramienta a disposición del proceso de enseñanza/aprendizaje, se articule, en principio, en tres momentos específicos, al inicio, durante y al final de la cursada pero que, además, sea continua, y para que ello ocurra es necesario que se entable un diálogo constructivo y permanente entre docentes y estudiantes. 

De este modo, los resultados de la evaluación diagnóstica permitirían recoger información preliminar valiosa sobre cómo es la relación bagaje previo de los estudiantes y objetivos de aprendizaje y recursos del docente para tomar decisiones pertinentes y oportunas que faciliten el proceso de enseñanza/aprendizaje que se está iniciando. Las evaluaciones parciales darían una aproximación al cómo se está construyendo el saber durante el proceso de desarrollo de la materia en función del resultado de la relación dialéctica entre docentes y estudiantes que permitiría rever y profundizar no sólo conceptos y didáctica aplicada sino también la relación, en una palabra, corregir el rumbo, motivar; mientras que las evaluaciones finales, también llamadas de resultados, si se basaran en devoluciones generadoras hacia los estudiantes y los docentes, aportarían la conclusión de lo sucedido durante todo el proceso que se dio en un lapso de tiempo determinado. Si ambas partes comprendieran que ese lapso de tiempo determinado no solo se refiere al período de la cursada, sino que sus efectos se prolongan más allá de ella y de la carrera universitaria misma, entonces, la necesidad de construir un diálogo permanente que abra el espacio al no sé, al hacer juntos, al dar y darse la oportunidad de dudar y cambiar, a la apertura hacia nuevas y diferentes maneras de realización y reflexión, sería inevitable. Pero para que eso ocurra, es necesario que el docente asuma la responsabilidad de iniciarlo y sentar las bases de una relación basada en el respeto, la aceptación, el reconocimiento y la legitimación de todos aquellos que, de ella, forman parte. 

Se pasaría de la estigmatización de la ignorancia a poner el foco en las herramientas con las que se debería contar en la vida y en las sociedades, cada vez más complejas, y se permitiría la posibilidad de realizar sueños, dando lugar a la inclusión basada en la pluralidad y la diversidad (tanto de estudiantes como de docentes), sin considerar como competencia la herencia cultural del individuo sino su capacidad para lidiar con la realidad que le toque gestionar, se podría pasar, como dice Perrenoud (2008) “de la lógica del conocimiento a la lógica del aprendizaje”. 

De este modo, el docente tendría la oportunidad de sentirse protagonista de su propia práctica profesional, definiendo el qué, cómo y para qué de su espacio de enseñanza para darse, él también, la posibilidad de aprender, mejorar y desarrollarse y dejar de ser un partícipe necesario del engranaje educativo. Podría darle lugar a la reflexión sobre su modo de accionar, tomando como información válida y de primera mano los resultados de la evaluación que propone a sus estudiantes para pasar del yo te evalúo, para cumplir con el mandato del sistema, al cuando te evalúo a vos, también me evalúo yo, recuperando así el placer de la enseñanza por la ense- ñanza misma, mejorar el hacer, abrir caminos, generar posibilidades y dejar huella. 

Para concluir, consideramos que al ser la evaluación un proceso complejo e inevitable, si se usara como herramienta para identificar puntos débiles y fuertes del proceso enseñanza/aprendizaje, de consecuencia, promovería una fuerza positiva que permitiría la retroalimentación para la mejora académica continua. El estudiante podría tener un nivel de consciencia superior sobre su desempeño y así elegir cómo desea perfilar su carrera dentro y fuera de la universidad. Por ende, la mejor evaluación sería el resultado de un acuerdo entre alumnos y docentes que incluya a la institución educativa, al Estado que fija las políticas educativas y a la sociedad toda que, en última instancia, será quien reciba los efectos del quehacer de quienes pasaron por la universidad y es allí donde éstos deberán demostrar sus verdaderas competencias profesionales, esas competencias que les permitan ser validados e integrados en el mundo del trabajo, además de contar con las herramientas que les permitan afrontar y enfrentar aquello que la propia vida les depare.

Referencias bibliográficas 

Comenio, J. A. (1998). Didáctica magna. México: Editorial Porrúa 

Perrenoud, P. (2008). La evaluación de los alumnos: De la producción de la excelencia a la regulación de aprendizaje. Buenos Aires: Colihue 

Camilloni, A. (2010). La validez de la enseñanza y la evaluación: ¿Todo a todos? En Anijovich, R. (Comp.) (2010) La evaluación significativa. Buenos Aires: Paidós

Nota: Este trabajo fue desarrollado en la asignatura Evaluación a cargo del profesor Matías Panaccio en el marco del Programa de Capacitación Docente.

Abstract: The objective of this work is to study the thematic of university level evaluation, through the exploration of different evaluative currents that are currently used to take into account the positions of some professionals of pedagogy, open a space for reflection on a Stage of the teaching / learning process, often criticized and interpreted as an instance of the student’s judgment as a human being and not as an opportunity to improve his or her performance levels, as well as those of the teacher so that both will not only achieve their goals, but Also recover the pleasure of teaching and learning in themselves. 

Key words: evaluation –pedagogy – reflection – teaching - learning 

Resumo: O objetivo deste trabalho é adentrarse na temática da avaliação a nível universitário, mediante a exploração de diferentes correntes evaluativas que atualmente se costumam utilizar para, tomando em conta as posições de alguns profissionais da pedagogia, abrir um espaço de reflexão sobre um estádio do processo de ensino/aprendizagem, muitas vezes criticado e interpretado como uma instância de julgamento do estudante como ser humano e não como uma oportunidade para melhorar seus níveis de desempenho, e também os do professor para que ambos não só atinjam seus objetivos, sina também recuperem o prazer que implica ensinar e aprender em si mesmos. 

Palavras chave: avaliação - pedagogia - reflexão - ensino - aprendizagem 

(*) Verónica Andrea Tallarico. Diseñadora gráfica (Universidad de Buenos Aires). 


La mejor evaluación fue publicado de la página 141 a página143 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXX

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