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No todas las aulas son iguales

Gallego, Daniel [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXX

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXX

ISSN: 1668-1673

XXV Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación

Año XVIII, Vol. 30, Febrero 2017, Buenos Aires, Argentina | 195 páginas

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Resumen:

Este paper se desarrolla en base a las experiencias vividas en las aulas, y las sensaciones y aprendizajes que el autor ha recibido a lo largo de los años de enseñanza. 

Palabras clave: enseñanza – aprendizajes – magia

Me permito compartir una vivencia personal; de esas que se transitan de dos maneras posibles: con experiencia y sin experiencia. Y aunque la vivencia sea la misma, nos permite llegar a conclusiones totalmente diferentes. Ésta que les describiré a continuación me sucedió con ya muchos años de experiencia como docente en diversas universidades. 

Describo la situación: Después de años de dar clases en la Facultad de Diseño y Comunicación de la Universidad de Palermo, me surgió la posibilidad de tomar un cargo directivo en otra facultad. Desde una mirada optimista y constructiva me dije: “puedo aplicar todo lo aprendido en tantos años de docencia y plasmarlo en la gestión académica”. Sonaba idealista, es cierto. Pero así he sido siempre ¿Por qué cambiar ahora? 

Hasta ese momento suponía que el crecimiento en cualquier profesión era en un solo sentido: hacia arriba, o hacia adelante como más guste. Y me pareció inmejorable acceder a un cargo desde donde pudiera unificar ciertos criterios didácticos. 

Todos sabemos que los alumnos de hoy no son los mismos que los de hace 5 años atrás, entonces ¿Qué mejor que unificar esfuerzos para lograr un ida y vuelta constructivo y de mutuo aprendizaje con ellos? En mis últimos años al frente del aula fui comprendiendo que el tan mentado millenial no es otra cosa que un chico con inseguridades y temores que -igual que nosotrosse mantiene oculto bajo una máscara techie de persona hiperconectada con todo y con todos, siempre lista para una respuesta rápida y por lo general graciosa, irónica. No necesito ser sociólogo para leer entre líneas que ese alumno busca respuestas para el futuro. Pero como ni nosotros mismos sabemos cómo será ese futuro, se encierran en vivencias instantáneas, esporádicas y pasajeras. Con sus compañeros seguro, pero también con los docentes. Nos ponen rótulos según una ligera percepción de la primera o segunda clase y no podremos nunca salir de ahí. Opinión que, además suele refrendarse por compañeros que han cursado con anterioridad la misma materia. 

Etiquetar se le dice hoy a eso. Y está de moda. 

El tema en cuestión es que –por más que uno como docente atienda todas las razones que definen a los alumnos de hoy- para llevar adelante un proyecto pedagógico desde una posición directiva hay que cumplir ciertos requisitos que varían según la universidad de la que se trate. 

En mi caso, en particular, uno de esos requisitos era dejar la posición docente en otras universidades donde trabajase para carreras de publicidad o diseño. Así de simple y así de concreto. Respetando esa norma fue que tuve que alejarme de la UP. Y de sus aulas. Y de su gente. Y luego de plantearle al Decano esta situación, me despedí de esta facultad. Con cierta pena, porque aquí pasé momentos muy lindos y me sentí valorado y respetado. Pero se abría una nueva etapa y era necesario transitar ese camino. 

De esta manera – y con el foco en el nuevo desafíoaposté todo mi empeño en construir un clima armonioso desde las aulas hasta cada rincón de ese nuevo lugar. Nadie sabe más que yo todas las ganas que puse en que las cosas salieran bien. Pero después de un tiempo de ensayo, a prueba y error, sin bajar nunca los brazos, me di cuenta de algo que hasta ese momento no había sabido describir, aunque intuitivamente lo percibía. 

La gestión se puede mejorar. Las clases se pueden mejorar. Las condiciones de enseñanza se pueden mejorar. Pero hay algo que es irremplazable: la magia. 

Si en el aula hay magia, es fácil extenderla en todas las direcciones. Pero la magia no se fabrica. Se tiene o no se tiene. 

Y darme cuenta de eso fue similar a que me corrieran una venda de los ojos. De repente y frente a mí, podía comprender que nunca todo depende exclusivamente de uno. Hay factores que no manejamos, no controlamos y a veces ni siquiera entendemos, pero que de una u otra forma inciden sobre el resultado final de cualquier empresa que nos propongamos realizar. 

Después de años de transitar por muchas aulas y muchos lugares pude llegar a (lo que para mí) es una verdad tan incuestionable como inexplicable: Las aulas de la Facultad de Diseño y Comunicación de la UP tienen magia. La percibimos todos, alumnos y profesores, autoridades y empleados. Y más allá de cuestiones propias del día a día, a mí me pasa algo especial con esta Facultad: me da orgullo decir que soy profe en la UP. 

Traté de incluir alguna cita interesante de alguien, notable, que hablase de la magia. Incluso me fijé en el diccionario para ver si citaba esa definición y después la relacionaba con el tema que estoy planteando en este texto. Pero me pareció medio rebuscado y trillado, así que voy por lo que para mí describe mejor esa magia: 

Yo creo que la magia que hay en las aulas de esta Facultad es eso que se sientes cuando cerramos la puerta del aula, miramos a todos los alumnos, respiramos hondo y en mi caso pienso: “a disfrutar la clase y a divertirnos”. Esa sensación la tuve algunas veces en otras facultades, especialmente en las primeras clases, pero lo que la experiencia me fue haciendo entender es que esa supuesta magia no era tal, sino el propio entusiasmo rotulado con esa palabra. Lo pude comprobar ahora. Porque los años pasan y sigo sintiendo esa magia, pero es imposible confundirla con el entusiasmo de estar de vuelta, desde hace poco en este lugar. Hace más de 10 años que tengo la suerte de trabajar aquí y sigo sintiendo lo mismo que en mi primera clase de aquel lejano marzo de 2005. 

Y está bien hacer otra aclaración para que determinemos bien a qué me refiero con la magia: No la confundo con el reconocimiento (que gratifica y se agradece) ni con el respeto que siempre tuvieron para conmigo, ni siquiera con ese vago concepto al que solemos llamar “buena onda”, que es aquel clima de trabajo relajado donde predominan las sonrisas, pero que no es magia sino una consecuencia de ella. No puede haber buena onda en un lugar que no tenga magia. En esos casos se suelen ver sonrisas forzadas y conductas bastante falsas. Esas situaciones las he vivido en agencias de publicidad, de promoción, canales de TV, radios y productoras. Y por supuesto, que también en facultades e institutos de todo tipo. Si como lector se ha llegado hasta aquí puedo suponer que le ha sucedido lo mismo al menos una vez: que un lugar “buena onda” de entrada se transforme con el tiempo en algo displacentero. 

Pero –al menos para mí- la magia genuina es otra cosa. Es esa que me hace dar clases de buen humor y bien predispuesto, escuchar a los alumnos y darle respuestas. A vivir cada clase como una aventura de final incierto, pero inevitablemente atractivo. Para mí es realmente especial sentir que un ámbito de trabajo tiene magia, e incluso aprendí a valorarla más que cualquier otra cuestión. Porque podemos trabajar en lugares donde haya gente más talentosa, o mejores instalaciones, incluso mejor “vidriera”. Pero a la corta o a la larga, si ahí no hay magia no lo vamos a disfrutar. Yo tengo una imagen muy nítida para describir esto: el despertador sonando y la primer frase del día amaneciendo en nuestro inconsciente “Uhhh…que mal! Hay que ir al trabajo!” 

Seguro te pasó alguna vez ¿no? En mi carrera he decidido que no me vuelva a pasar nunca más. Porque si alguna sensación placentera no puede describirse de manera concreta, solemos decir que es magia. Y a la vuelta de los años comprobé que las aulas de la Facultad de Diseño y Comunicación de la UP la tienen. 

De más está decir que después de 3 años, volví a esta facultad. Y la magia volvió a mis clases.

Abstract: This paper is developed based on the experiences in the classroom, and feelings and learning that the author has received over the years of teaching. 

Key words: Teaching – learning - magic 

Resumo: Este trabalho é desenvolvido com base nas experiências em sala de aula, e sentimentos e aprendendo que o autor tem recebido ao longo dos anos de ensino. 

Palabra chave: ensino - aprendizagem – Magic 

(*) Daniel Gallego. Licenciado en Publicidad (Universidad Nacional de Lomas de Zamora, 1997). Profesor de la Universidad de Palermo en el Área de Diseño Visual de la Facultad de Diseño y Comunicación. 


No todas las aulas son iguales fue publicado de la página 175 a página176 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXX

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